Dos veces tentada @zoraidarosecristal
Eres solo mía

Hola chicos, mega capitulo aquí, pensé ne hacerlo más corto pero seguro me iban a colgar por dejarlos esperar la última parte del mismo, ahora espero que lo disfruten y porfa comenten entre más comentarios más me apuro en subir el siguiente capítulo.

Bye, Bye

Eres solo mía

Con la ayuda de Gretchen, tomé una ducha, alegre de lavar el resultado de tres días de estar en coma y en resumen muriendo. Luego tomé un bol de sopa y una siesta, despertando para otra revisión de la Dra. Romanov y más visitantes como Sandra, Joe, y los otros humanos de los que me había hechos amiga pasaron. Por la mañana, Jaken y Gretchen volvieron a venir. Incluso mi padre trajo libros, así tenía algo que hacer aparte de mirar el goteo de mi intravenosa, pero la persona que más quería ver nunca se apareció. La mañana siguiente, el Dr. Romanov anunció que estaba lo suficientemente bien para dejar la enfermería. Estaba emocionada. Estar atrapada en una pequeña, y sin ventanas, habitación mientras la intravenosa de suero-y-sangre-de-yokai podría haber curado mi cuerpo a las mejores condiciones, pero era como el infierno en mi mente sobre estimulada. ¿Por qué Sesshomaru no había vuelto? Había pasado tres días a mi lado cuando estaba en coma pero ahora que estaba mejor, ¿yo ni si quiera garantizaba hacer correr la corriente?

Quizás él sólo estaba preocupado que podría perder su arma psíquica, se burló mi voz interior. Cállate, espeté en respuesta. Sesshomaru no me había pedido extraer la impresión de ningún objeto desde que regresé. Verdad, había pasado la mayor parte de ese tiempo inconsciente, pero eso no significaba que él sólo se preocupara por mis habilidades. Mi antipática pequeña voz interior podría susurrar todo el veneno que quisiera. No me alejaría del hecho que algo todavía ardía entre Sesshomaru y yo. En cuanto al por qué me había evitado en las pasadas veinticuatro horas, intentaba averiguarlo.

Cuando dejé la enfermería, fui a mi habitación, tomando una ducha luego de liberar mi electricidad reprimida en el pararrayos que Sesshomaru había colocado afuera de mi ventana. Luego fui al antiguo armario, abrí las puertas, y miré. Vacío. Ni siquiera permanecía una sola percha. Luego fui a las cómodas, abriendo cada una con creciente incredulidad. Hasta el último punto de ropa se había ido. Si no fuera por las toallas y la bata en el baño, estaría desnuda. Apreté esa bata a mí alrededor y tiré la larga borla en la puerta. Luego de un par de minutos, el yokai de aspecto albino llamado Oscar apareció.

- ¿Cómo puedo ayudarla? - preguntó con una inclinación.

- ¿Sabes qué ocurrió con las ropas en esta habitación? – pregunte señalando el armario vacío.

- Sí. - Esperé, pero cuando no dijo nada más, apreté mis dientes y lo intenté de nuevo.

- ¿Y no están más aquí porque? - Un lento parpadeo.

- Porque usted no se está quedando aquí por más tiempo. - ¿Qué? Mi mente trono como una explosión nuclear.

- ¿No lo estoy? - repetí en caso que hubiera caído en un breve coma y lo oyera mal.

- Eso es correcto - dijo él con otra inclinación.

¡¿Sesshomaru me estaba echando?! Claro, él estaba enojado porque había usado excesivamente mis poderes, pero no podía creer que hiciera algo tan drástico. ¡Te dije que a él realmente no le importabas!, se jactó mi voz interior. ¡Cómeme!, le rugí de vuelta.

- ¿Dónde está ahora Sesshomaru? - pregunté, esperando que mi excesivo sentido de la audición hiciera la pregunta sonar como un chillido.

- En su habitación. – señalo calmadamente.

- Gracias. - Me aparté de Oscar antes de marcharme hacia las escaleras.

Luego subí, sosteniendo la parte baja de mi bata junta así no deslumbraría a nadie. Nadie pasó en la escalera. El largo pasillo en el cuarto piso también estaba vacío. Tomé el desvío a la izquierda, preparándome para la pelea que tenía por delante. No iba a dejar a Sesshomaru hacer esto. Teníamos demasiados negocios sin resolver entre nosotros. Entré en su habitación sin tocar. Él nunca ponía seguro a su puerta, probablemente porque cualquiera que entraba sin su permiso estaba tentando a la muerte. Ya había muerto una vez esta semana, así que eso no iba a detenerme.

- Necesitamos hablar - dije.

Afortunadamente, las luces estaban prendidas así que él debería estar despierto. Aunque estaba determinada a tener esta conversación, Sesshomaru no era el Sr. Sol cuando recién despertaba. Cerré la puerta, mi mirada pasando alrededor. Su habitación estaba dividida en cuatro secciones: la mini-biblioteca, como yo llamaba a la parte con sofás y estantes de libros de pared-a-pared; el dormitorio; el baño; y su armario. Sesshomaru salió de ese armario en pantalones y chaqueta de color de las nubes de tormenta. Su camisa de seda pura era unos tonos más clara, como lo era el grueso, y largo pañuelo que colgaba con elegancia casual alrededor de su cuello. Debí encontrarlo antes que hubiera terminado de vestirse porque sus pies estaban desnudos, lo que hizo su acercamiento incluso más silencioso de lo usual.

- Antes que digas nada, escúchame. - Levanté una mano. Sin esperar a ver si él aceptaba, seguí adelante.

- Te conozco, al verdadero tú, y aunque no me gusta todo porque tienes una maestría en tortura medieval, sin mencionar una renuencia a admitir sentimientos más allá del afecto o lujuria, lo que cualquier psiquiatra te diría que tienes problemas con el compromiso... - una respiración profunda para la próxima parte.

- Aún te amo, Sesshomaru. A ti, el dragón, no el imaginario caballero, y no te estoy dejando echarme porque yo... yo creo que me amas, también. - Estaba sin respiración por decir muchas palabras con tan poco oxígeno entre ellas.

A través de mi empático sino elocuente discurso, Sesshomaru seguía acercándose a mí. La esencia de canela, picante, y humo llenaba mi nariz. Esta debía ser su esencia natural, algo que no había notado antes que mi nariz recibiera sus mejoras. Lo miré fijamente, deseando tener sus habilidades lectoras-de-mente porque su expresión no me daba nada. Todo lo que deduje buscando en su rostro fue que su barba estaba de nuevo en sus ensombrecida longitud de las ocho en punto y sus ojos de dorado derretido estaban rociados con escarlata.

- Estás en lo correcto - dijo él por fin, su tono repleto con cosas que no podría nombrar.

- ¿Sobre qué? ¿La tortura excesiva, problemas con el compromiso, o la otra cosa? - Su sonrisa era tentadora y aterradora, como ser azotada y descubrir que disfrutas del dolor. No pude detener el escalofrío que corrió a través de mí mientras miraba al hombre que aún tenía un tan peligroso agarre sobre mi corazón.

- Todo ello. - Él se apoderó de mí mientras hablaba, una mano enredándose en mi cabello mientras la otra se extendía a lo largo de mi espalda. Su calor era nada en comparación a sus labios cuando los presionó en mi garganta.

- ¿Sabes lo que sucedió la última vez que amé a alguien? - gruñó contra mi piel con tal violencia templada que mi escalofrío se convirtió en un estremecimiento. Asentí.

- No, no lo sabes. - Otro gruñido letal.

- Sólo sabes cómo murió ella. Déjame decirte cómo vivió... con miedo. Mis acciones la horrorizaban, como te horrorizan a ti. Mis enemigos la explotaron, como te explotaron a ti, así que fue más que un ejército armado lo que hizo que se lanzara de nuestro techo. Fui yo. - Él se había asegurado de decir esto cuando sus colmillos estaban en mi garganta, como si necesitara un ejemplo literal de cómo de precaria sería la vida si estuviera con él. En respuesta, mis brazos se levantaron, entrecruzándose alrededor de su cuello. Uno a la vez, tiré de mis guantes. Luego hundí mis manos en su cabello, dejando surgir la electricidad a través de él mientras lo sostenía más cerca de mi cuello.

- Yo no soy ella. - Estaba satisfecha que las palabras vibraran por mi vehemencia. Quería que fuera capaz de sentirlas tan bien como oírlas.

- Eres el hombre más aterrador que alguna vez he conocido, pero no estoy asustada de ti. En cuanto a tus enemigos, déjalos venir. Los sobreviví una vez y lo haré de nuevo. - Su risa atormentó mi cuello, caliente, áspera, y más sedosa que cualquier material cubriéndolo. Luego levantó su cabeza, y su mirada sostuvo la mía prisionera mientras me hipnotizaba.

- Deberías estar asustada. Muy asustada. Antes, te dije que si querías terminar las cosas entre nosotros, te dejaría ir, pero, Rin… mentí. - su voz se profundizó.

- ¿Eso significa que ya no estás tratando de echarme? - Las palabras sonaban como una amenaza, sin embargo, fui incapaz de detener la sonrisa que tiraba de mi boca.

- Mira. - Él se giró, mirando hacia la entrada de su armario.

Con una mirada inquisitiva, fui hacia el armario. Sí, aún era del tamaño del remolque en el que había vivido con Jaken, y sí, aún pensaba que el sistema automático que movía sus atuendos a lo largo con el accionar de un interruptor era genial. ¿Así que, qué era...? Mi aliento contenido coincidió me arrastraba hacia él, sus brazos rodeándome desde atrás.

- ¿Eso responde tu pregunta? -

Lo hacía, había completamente malentendido las declaraciones de Oscar, "Usted ya no se está quedando más aquí." Pensé que se refería a la casa de Sesshomaru. A lo que se refería era en esa habitación. Toda la ropa que había tenido en mi armario y cómodas estaban aquí, los sujetadores ocupaban la sección que una vez usaron las corbatas de Sesshomaru. Incluso cuando había estado en su vida como novia, ninguna de mis cosas había estado aquí. Habían estado en la habitación contigua donde dormía a veces, también. Sesshomaru no podía haber sido más claro sobre quererme de vuelta, pero en su forma usual, había asumido porque quería algo, era eso. Si íbamos a arreglar las cosas, eso tenía que parar.

- No puedes mover mis cosas a tu cuarto sin hablar conmigo primero. ¿Qué si no quiero tomar las cosas tan rápido? - Me di vuelta, tratando de refrenar mis agitadas emociones.

- Estuviste a punto de morir para probar que soy el hombre que amas, sin embargo ¿esto es excesivo para ti? - Un bufido escapó de él.

- Sólo se requiere una persona para amar, pero se requieren dos para hacer que una relación funcione. Si vamos a intentarlo de nuevo, se necesita más que tu manera o tu súper-manera, Sesshomaru. - Levanté mi mentón. Sus manos se deslizaron por mis brazos mientras me miraba en una forma que me hizo pensar en los gritos eufóricos y la sangre chorreando de acero. La posesividad era tan trivial en comparación.

- No quiero intentar nada, quiero que te cases conmigo. - Pensé que había estado sorprendida antes. Ahora realmente sabía lo que la palabra significaba. Por varios momentos, estuve convencida que no lo había oído correctamente. La sonrisa de Sesshomaru tenía un toque de salvajismo.

- El amor es una terrible debilidad. Les da a tus enemigos el blanco perfecto, nubla tu juicio, te hace imprudente... y eso es en un buen día. - Sus manos continuaron acariciando el camino a mi cintura, su calor apenas se reducía por el material de mi bata.

- En un mal día puede destruirte. - siguió, su voz tornándose dura.

- Nunca quise someterme a eso de nuevo, así que sí, te mantuve lejos. Y casi te dejo ir para probarme a mí mismo que no significabas más que mis amantes previas. Y luego llamó Jaken, diciendo que habías sido asesinada. - Su agarre se apretó dolorosamente antes de que me liberara, sus manos apretándose en puños a sus lados.

- No me preocupaba por nada entonces. No aplastar a mi enemigos, proteger a mi gente, o cómo exasperantemente estabas esperando que me comportara como un hombre moderno, como si pudiera hacer caso omiso de medio milenio de vida, basándome en tu capricho. - Ese último comentario era injusto, pero lo abordaría más tarde.

- Luego fui a la morgue y vi que esos huesos no eran tuyos, oí tu voz de nuevo en mi cabeza. - Sus ojos se cerraron.

- Y una vez más, nada más importaba. - Su boca se torció mientras abría sus ojos.

- Luego, por supuesto, descubrí que saliste corriendo con Maximus porque pensaste que era el que trató de matarte. Me enfureció, pero estaba determinado a encontrarte. Una vez que lo hice, me enfadaste no menos que antes, aunque al pasar un par de días, me di cuenta que era muy tarde. - Sesshomaru ahuecó mi rostro mientras me miraba con una intensidad que hacía latir mi corazón como un martillo pilón.

- Te amo, Rin, y nada más importa. - Nunca pensé que la alegría podía ser una sensación física, pero no estaba imaginando la corriente que se extendía desde la cabeza a los dedos de los pies. Mi garganta contraída, mi pecho expandiéndose, y mis dedos hormigueando. Mientras tanto, algo roto hace mucho en mi alma parecía reintegrarse a su lugar, y aunque no lo sentía físicamente, era igual de real, y poderoso.

- También, te amo, Sesshomaru. - Habría dicho más, excepto que su boca quemó la mía con un beso tan apasionado, que no podía respirar. Era incluso difícil pensar más allá del ferviente, revoltoso mantra de ¡te amo necesito quererte! Levantó su mano e, increíblemente, me detuvo cuando comenzaba a desabotonar su camisa.

- No hay tiempo para eso - murmuró. Estaba incrédula.

- ¿Tienes cosas más importantes que hacer? – Yo no las tenía. De hecho, si mis pezones se pusieran más duros, la tela se rompería donde mi bata rozaba sobre ellos.

- No más importante, pero ambos vamos a estar muy ocupados hasta la ceremonia esta noche. - Miró hacia abajo como si juzgara por sí mismo y un áspero ruido se escapó de él.

- ¿Ceremonia? ¿Qué ceremonia? - La sonrisa que me destelló era en parte de diversión y parte salvaje.

- Nuestra ceremonia de matrimonio. - Estuve dividida por un segundo.

- Yo no acepté eso. - Todo esto es un sueño. Tenía que serlo, porque él no acababa de decir que nos casaríamos esta noche.

- ¿Estás diciendo que no? - Su sonrisa se desvaneció.

- No. Er, no, no, pero no, ya sabes... - Sabía que no tenía sentido, aunque mi mente estaba girando con alegría, conmoción, e incredulidad. Al mismo tiempo, la parte racional de mí espetó, ¡Contrólate, Rin! Una que balbuceaba y que mágicamente se había transformado en una belleza sureña del siglo diecinueve, abanicándome mientras jadeada.

- ¡Es todo tan repentino! - Me di una sacudida mental y lo intenté de nuevo.

- Sé que mi malentendido con la cosa del anillo antes nos llevó a la ruptura, pero como dije entonces, no era sobre pescar una propuesta. Era sobre ti estando abierto al amor... - Él rió, lo que me detuvo en la mitad de la oración porque no era su sensual risita o incluso la desdeñosa, su risa de me burlo-de-ti-con-mi- superioridad. Era algo nuevo, y si tuviera que etiquetarla, tendría que decir estás dentro ahora escrito en todas partes.

- ¿Qué pensabas que pasaría cuando hiciste que me diera cuenta que me había enamorado de ti? ¿Qué querría salir más? ¿Estar comprometido para estar comprometido? - Otra risa que mi hizo poner la carne de gallina a pesar del calor de su cuerpo. Luego su risa se esfumó y se inclinó hasta que su boca estuvo a milímetros de la mía.

- Como si me conformaría con nada menos que hacerte completamente mía, tan pronto como fuera posible. - Estaba tan cerca que sus rasgos eran una mancha, aunque sus ojos nunca fueron más brillantes. Cerré los míos y no hizo ninguna diferencia. Aún podía ver los suyos a través de la protección de mis párpados.

- Soy tuya - susurré, y no fue sólo una declaración. Era una promesa. Mientras hablaba, me froté contra él, ansiando más de sus manos en mí. Por un abrasador par de segundos, él cumplió, besándome con tal intensidad que mis rodillas se doblaron.

- No a menos que te cases conmigo. - Cuando comencé a desabotonar su camisa de nuevo, se apartó, sus labios se curvaron en una sensual sonrisa cruel.

- ¿Estás usando el sexo como chantaje? - Mi boca cayó abierta.

- ¿Quién te dijo que jugaba limpio? - Esa sonrisa se ensanchó.

- Sí quiero casarme contigo, Sesshomaru. Esta noche es muy pronto, pero... - Mis labios se torcieron pero esto era demasiado serio para bromear.

- ¿Por qué? - Ninguna pizca de humor coloreaba la pregunta. Con retraso, noté por qué estaba tan serio. Con ese conocimiento, mi belleza sureña previa a la guerra estalló a la superficie.

- ¡Porque todo esto es tan repentino! - Luego de una explosión que incluso Scarlett O'hara habría despreciado, traté de explicar de una manera más elocuente.

- Quiero que nuestra boda sea especial. No tengo un vestido, tú no tienes padrino, y en vez de flores, tenemos cadáveres en los postes decorando la fachada de la casa. – murmure.

- Las flores están en camino, igual que mi padrino, tres costureras están listas para hacer cualquier vestido que desees, y los cadáveres haré que los bajen - replicó sin perder el ritmo.

Si tenía costureras esperando más las flores y un padrino en camino, él no estaba sólo serio sobre querer casarse esta noche. Él lo estaba planeando. Un tira y afloja colosal crecía dentro de mí. Amaba a Sesshomaru y quería pasar el resto de mi vida con él; no tenía dudas sobre eso. Su arrogancia y complejidad me llevarían a una pared, además que nunca me acostumbraría a su hábito de empalamiento; no tenía dudas sobre eso, tampoco. ¿Podría un largo compromiso cambiar algo de lo dicho? No, pero el dicho "Casada con prisa, tiempo para arrepentirse" era famoso por una razón...

- ¿Mencioné que honro la costumbre de pagar un precio por la novia? - preguntó en un tono casual, como si su mirada no se estrechara mientras escuchaba mis pensamientos.

- En caso que no estés familiarizada, un precio por la novia es donde el novio otorga un regalo a su nueva esposa - siguió.

- El regalo se supone que debe ser un reflejo del valor que el novio le da a su novia. Debido al valor que tienes para mí, no importa lo que pidas, si está en mi poder para conceder, será tuyo. - Me endurecí al empezar a escuchar su descripción, insultada que Sesshomaru pensara que podía superar mis preocupaciones con dinero.

Luego él acarició las palabras al final de la oración hasta que brillaron tan claramente como la manzana que la serpiente le ofreció a Eva. ¿Qué pensaba él que quería? Me amaba, ese había sido mi más grande deseo, y no recordaba cantar "Mocosa Material" alrededor de él últimamente... La comprensión cayó. Cualquier cosa en su poder para conceder, no importa lo que sea. TÚ, DESPIADADO diabólico hombre, pensé, espantada y admirándolo al mismo tiempo.

- Déjame adivinar, ¿no pagas a menos que me case contigo? - Una astuta sonrisa curvó sus labios.

- Correcto. -

- Realmente no juegas limpio cuando se trata de algo que quieres, ¿cierto? - dije.

- No tienes idea. - Sus ojos brillaron. Una promesa y una amenaza. Eso describía mi decisión ahora, la que sostenía la esperanza de una increíble felicidad tan bien como el potencial para un corazón roto irreparablemente.

- Me dijiste que quieres casarte conmigo… No me preguntaste. - dije, con voz gutural por todas las emociones crecientes.

Probablemente no lo había notado. Para él, no habría mucha diferencia entre las dos, y eso ejemplificaba muchos de los problemas en nuestra relación. ¿Ves? No puedes casarte con él ésta noche o ninguna otra noche, ¡ustedes dos NUNCA durarán!, espetó mi voz interior. Sesshomaru miró hacia mí, dorado tragándose su mirada hasta que no quedó ningún rastro de escarlata. Luego, su expresión la misma mezcla de desafío e invitación, lentamente se arrodilló ante mí.

- Rin Dalton, mi único amor verdadero, ¿me harías el honor de convertirte en mi esposa? - Pude haber llevado a Sesshomaru a arrodillarse al final, pero en muchas formas, él nunca se agacharía. Sabía eso tan seguramente como sabía que siempre lo amaría, y eso sólo me dejaba una respuesta.

- Sí, Sesshomaru, me casaré contigo. Esta noche. - Mi odiada voz interna nunca me había guiado correctamente antes. Estaría condenada si empezara a escucharla ahora.

Ahora sabía en qué había estado Sesshomaru ocupado ayer cuando no había venido a verme: preparándose para una boda sobre la que yo no sabía nada. No había bromeado sobre las costureras, las flores y todo lo demás. Su personal iba tropezándose a velocidad borrosa, colocando decoraciones, haciendo suficiente comida para un ejército a juzgar por el caos cerca de la cocina, y sacando tantas velas que el condado de al lado sufriría pronto de escasez de cera. A diferencia de la frialdad que había experimentado antes, la gente de Sesshomaru era ahora todo sonrisas, y si una persona más se inclinaba ante mí, esperaría que una tiara brotara por arte de magia de mi cabeza.

Pero antes de elegir un vestido o alguno de los otros puntos en mi lista de Cosas Urgentes por Hacer, tenía que hablar con mi familia, incluso con el yokai con el que no compartía lazos de sangre. Sesshomaru se sentó junto a mí en el Salón de Tapices. Imágenes de la vida medieval, batallas y naturaleza estaban tejidas intrincadamente en las enormes cubiertas de las paredes. El techo tenía cajas interiores talladas en diseños que reflejaban escenas de las tapicerías. El efecto era impresionante, pero no creo que mi padre lo apreciara en ese momento. Él me miraba con el mismo horror que había visto en las caras de la gente justo antes de ser ejecutados.

- ¿Te vas a casar con él esta noche? - Gretchen, por una vez, fue más cortés.

- Eso explica por qué todo el mundo está corriendo como si tuvieran el culo en llamas. - La cara de Jaken estaba cuidadosamente en blanco, pero su mirada iba de Sesshomaru a mí de una forma que difícilmente podría describirse como feliz.

- ¿Por qué la prisa? - preguntó Gretchen.

- No estás embarazada, ¿verdad? - Entonces miró a mi cintura.

- Los yokais son incapaces de dejar embarazadas a humanas - dije. El alivio cruzó la cara de mi padre pero yo era ambivalente. Incluso si Sesshomaru fuera humano, sabía desde que era adolescente que no podría tener hijos. Ningún bebé podría sobrevivir al alto voltaje de mi cuerpo. Entonces el gesto de mi padre se endureció.

- No puedes esperar que dé mi bendición a este error desastroso. - Las palabras iban dirigidas a mí, pero Sesshomaru respondió.

- No le insultaría pidiéndosela. Ambos conocemos su desaprobación y ambos sabemos que no me importa. La opinión de Rin es la única que importa y ha dicho que sí. - Mi padre lanzó una mirada calculadora a los elementos de plata de la bandeja delante de él. Sesshomaru le dirigió una sonrisa encantadora.

- Nunca lo lograrías. - Durante un segundo, no entendí. Entonces mi boca se abrió.

- ¡Papá! ¡¿Pensando en estacar a mi prometido con un cuchillo de plata?! - Jaken saltó sobre mi padre.

- Hugh, necesitas calmarte. Vamos a dar una vuelta, ¿eh?- murmuró mientras lanzaba miradas cautelosas a Sesshomaru

- Eso no es necesario, no le mataré - dijo Sesshomaru en el mismo tono que la mayoría de la gente usaba para hablar sobre el tiempo.

- Esto es demasiado retorcido. Voy a tener a Drácula de cuñado. - murmuró Gretchen.

- No esperaba que esto te hiciera feliz. Esperaba que no te volviera un homicida. He vivido con un yokai durante años, ¿recuerdas? No son tan diferentes a nosotros. - Ignoré eso, todavía mirando fijamente a mi padre.

- ¿Crees que me opongo porque es un yokai? - espetó mi padre.

- Si te casaras con Jaken, te daría mi bendición porque es un buen hombre. Él... no lo es. - un dedo apuntó en dirección a Sesshomaru -

- Viste los cadáveres en el jardín, ¿verdad? - Suspiré.

- Como si no lo supiera antes. Te lo dije, Rin, puedo leer a la gente y, sin duda, Sesshomaru es la persona más violenta que he conocido. - Mi padre dejó escapar un sonido de burla.

- Tienes razón. - Sesshomaru no se había movido de su posición relajada, ni había perdido su sonrisa afable. Hizo un gesto con la mano a Gretchen y Jaken.

- Ustedes dos están resignados a esta boda, así que dejen la habitación. - Gretchen se levantó, echando una mirada de reojo a mi mano.

- Todavía no hay anillo de diamantes. Esto es lo que pasa cuando no te haces difícil de conseguir, hermanita. - Giré los ojos.

- Si lo que preguntas es por mi permiso de ayudarme a diseñar el vestido, reúnete conmigo en la biblioteca dentro de media hora. - Jaken me dirigió una larga mirada.

- Espero que sepas lo que estás haciendo, mocosa - dijo. Luego siguió a Gretchen fuera de la habitación.

Miré de nuevo a Sesshomaru, percibiendo que mi padre y él estaban participando en un concurso de miradas. Los ojos de Sesshomaru eran de su color normal dorado profundo, pero incluso sin el realce vampírico, Hugh Dalton no tenía ninguna posibilidad.

- Papá, sé que tienes ciertas opiniones sobre Sesshomaru, pero una vez que llegues a conocerlo, estoy segura... - empecé, sólo para que la risa de Sesshomaru me detuviera.

- Eso no ayudará porque tiene razón. Soy un hombre violento y siempre lo he sido. Cuando tenía la mitad de su edad y era humano, invité a los nobles locales a mi casa a una fiesta. Mientras todavía tenían comida colgando de sus labios, los maté a todos y la consideré una noche excelente. – dijo sin miramientos.

- Demasiada información - murmuré. Hizo caso omiso de eso, encontrándose con la mirada azul áspera de mi padre.

- Esto es lo que no sabes: nunca soy violento sin motivo. Esos nobles habían traicionado a mi padre, dejándolo ciego y enterrado vivo. Algunos de ellos lo habían encerrado en su tumba por sí mismos, aun así vinieron a mi casa sin miedo porque me subestimaron. Usted no lo hace, que es una de las dos razones por las que le respeto. - Luego se inclinó hacia delante, su sonrisa se desvaneció.

- La otra razón es esta: la lealtad. Usted ha visto las riquezas que poseo y el poder que ejerzo, sin embargo, nunca ha pensado en utilizar a sus hijas para conseguir esas cosas para sí mismo. -

- Eso no es lealtad. Se trata de ser un padre - rechinó mi padre.

- Mi padre nos entregó a mi hermano pequeño y a mí a su peor enemigo a cambio de seguridad política. He visto cosas aún peores en estos siglos. La paternidad no es por lo que valora a sus hijas más que al dinero, el poder o incluso sanar su pierna, lo que puedo hacer. Es la lealtad y espero que la honre más ahora después de la pérdida que sufrió cuando la traicionó antes. - dijo Sesshomaru rotundamente.

No sé lo que me sorprendió más... Sesshomaru diciendo que podía sanar la pierna lisiada de mi padre o que le echara en cara su antiguo adulterio. Sesshomaru lo sabía por la culpa que yo todavía acarreaba por la muerte de mi madre. Le conté a ella lo de las cartas incriminatorias que encontré en la bolsa de mi padre porque estaba enfadada por trasladarnos lejos de mi entrenador para irnos con papá a Alemania. A los trece años, me preocupaba más entrar en el equipo Olímpico que el corazón roto de mi madre. Cuando ella lo dejó nos fuimos a casa de mi tía, donde murió intentando ayudarme después de que tocara una línea eléctrica caída. Mi padre también parecía aturdido, pero luego se levantó, golpeando con el extremo de su bastón a Sesshomaru.

- ¡¿Cómo te atreves?! - Las palabras temblaban de ira. Sesshomaru ni siquiera parpadeó.

- Me atrevo porque no quiero malentendidos entre nosotros. Soy todo lo que piensa que soy, pero amo a su hija, y lo que amo, lo protejo con toda la violencia que hay en mí, la que, como ha adivinado, es considerable. - El silencio cayó cuando Sesshomaru dejó de hablar.

Incluso su personal debía haber detenido sus frenéticos preparativos porque se podía oír un alfiler caer en la habitación de al lado. La cara de mi padre permanecía con líneas duras mientras yo estaba ocupada en un debate interno. Podría haber dejado fuera a toda la gente que había matado... ¿Por qué? Una búsqueda en Google habría revelado la misma cosa. Bien, pero sacar lo de la infidelidad de papá... ¿Fue maleducado mientras remarcaba su argumento? Este es Sesshomaru el "Empalador". Su argumento normalmente viene al final de un largo palo. Sí, pero los dos van a ser familia... ¿Oíste a Sesshomaru describir a su familia? Ni siquiera llegó a la parte donde su hermano pequeño intentó matarle. Y así una y otra vez. Como me temía, me había transformado en Gollum. Lo que al final dije después de unos segundos fue esto:

- No te culpo por estar enfadado, papá. Si mi hija me dijera que se iba a casar con el Príncipe de la Oscuridad no-muerto, me asustaría también. No tiene que gustarte ni aprobarlo, pero no puedes pararme, y espero... – Tragué para liberar el nudo que de repente tenía en la garganta.

- Espero que estés en mi boda. - Entonces me acerqué a él y besé su mejilla antes de dejar la habitación. Lo que fuera que mi padre, Gretchen o Jaken decidieran hacer, tenía una boda para la que prepararme.

En algún momento, estuve segura de que despertaría. No era la mocosa que tenía un exquisito vestido hecho a mano con rapidez para su boda por algo parecido a su hada madrina. Era la mocosa que perdió a su madre antes de que pudiera realmente llegar a conocerla. Aquella cuyos sueños se habían aplastado, cuya familia albergaba resentimientos, la que no podía tocar a nadie sin arriesgar sus vidas y la que se ahogó en la oscuridad por todos los pecados que sus habilidades le obligaron a vivir. Esa no se parecía a la mocosa del espejo. Mi vestido tenía un corpiño color crema solapado en el busto para aumentar mis modestas curvas. Debajo, una falda de gasa de múltiples capas tenía embutidos racimos de encaje y diminutas perlas. La chaqueta bolero de encaje dejaba mi escote al descubierto, pero abrazaba mi cuello y hombros antes de descender en mangas tan finas como telarañas.

Llegaban a mis dedos, con racimos bordados que ocultaban mi larga y zigzagueante cicatriz. Mi cabello estaba levantado, con un broche de diamantes por debajo del moño. El broche sostenía un enorme velo catedral, con más adornos de perlas. El frente del velo estaba actualmente echado hacia atrás por si necesitaba algún retoque final en el maquillaje. No, la mocosa del espejo no parecía haber sufrido de soledad, aislamiento o un flujo de imágenes de los peores actos que las personas se infringían unos a otros. Ella parecía feliz. Se podría atrever incluso a usar la palabra bendecida. ¿Acaso era extraño que me costara reconocer que era yo? Gretchen apareció en el reflejo.

- No se te ocurra llorar durante los votos. Arruinará tu maquillaje. - El comentario de mi hermana trajo una pizca de realidad en estas circunstancias irreales, pero estuvo bien.

Estaba aquí, con un vestido de satén sin tirantes de color amatista que mostraba las curvas para las que yo necesitaba un drapeado creativo para duplicar. El cabello negro por los hombros estaba recogido, añadiendo un aire de sofisticación y su maquillaje de ojos negro le hacía parecer mayor de sus veintidós años.

- Estás increíble - le dije.

- No - dijo, su voz suavizándose.

- Tú lo estás. - Entonces me sorprendió abrazándome. Bajo la laca y la leche hidratante, me llegó su aroma a limones y espuma de mar. Inhalé, sabiendo que nunca volvería a cruzarme con ellos sin pensar en mi hermana. Me dejó ir con un bufido.

- ¿Acabas de olerme? - Avergonzada, asentí.

- Toda la sangre que me dio Sesshomaru puso a toda marcha algo más que mi oído. - Otro bufido.

- Te vuelves más rara cada día, ¿sabes? - Entonces miró alrededor, pero las tres geniales costureras se habían ido.

- Bueno, ¿huelo bien? No puedes pedir, sobornar o robar perfume en este lugar. - ¿En una casa de gente con sentidos olfativos hiperactivos? No lo dudaba. El perfume sería como mazas para los yokais.

- Hueles bien - le aseguré.

Sonaron golpes en la puerta. Gretchen la abrió, mostrando a Jaken. Vestía un esmoquin negro que debía ser recién hecho porque él no tenía ninguno y le sentaba como un guante. Sus pobladas patillas estaban recién cortadas y su espeso cabello negro peinado hacia atrás, añadiendo un toque disoluto a su apariencia formal.

- Es la hora - dijo. Entonces se quedó mirando.

- Guau, mocosa. Las dos - añadió apresuradamente. Me giré para que Jaken pudiera ver mi vestido entero, con cuidado de no tropezar.

- Todavía no puedo creer que Sinead, Frances y Bertrice hicieran esto en seis horas. Esos yokais cosen tan rápido que casi incendian los hilos. - Mi voz se apagó cuando alguien más apareció detrás de Jaken. Hugh Dalton también llevaba un esmoquin, y su cabello negro grisáceo estaba recién cortado. Las líneas de su rostro parecían más marcadas, pero sus labios apretados se suavizaron un poco cuando me miró.

- No importa lo que piense acerca de esto, Rin, eres mi hija, por lo que no vas a caminar por ese pasillo solo. - Tragué saliva.

- ¡El maquillaje de ojos! - Gretchen susurró y me dio un codazo, pero sus ojos tenían un nuevo brillo, también. Hacía mucho tiempo que no habíamos hecho nada juntos como una familia. Jaken tomó a Gretchen del brazo.

- Vamos, guapa. Te voy a mostrar dónde ir. - Ella le dio a su cabello un retoque final y entonces me sopló un beso.

- Te veo pronto, hermanita. - Se fueron los dos.

- ¿Está segura de que quieres hacer esto? - Mi padre continuó mirándome. Entonces dejó escapar un suspiro que parecía venir de muy dentro.

- Estoy segura - le dije con voz firme. Me tomó del brazo. Mis actuales repelentes guantes de marfil sólo llegaban hasta mis muñecas por lo que absorbió una corriente, sin embargo, ocultó su mueca de dolor detrás de una sonrisa forzada.

- Temía que dijeras eso. -

Casi no reconocía la tercera planta. Los muebles de siempre se habían ido y las oscuras paredes estaban cubiertas de seda blanca. Más seda colgaba de los techos, creando un elegante efecto de abombamiento. El vestíbulo tenía flores situadas alrededor de las antorchas de piedra blanca que habían sido separadas con escudos pulidos entre ellas. Esos escudos recogían la luz del fuego y la reflejaban, bañando el pasillo entero con un resplandor dorado. El olor a mi sensible nuevo olfato le hacía el aire más pesado y más dulce. Caminar a través de él era como atravesar un túnel encantado. Jaken y Gretchen entraron por las puertas principales del salón de baile. Mi padre y yo les seguimos, y cuando aparecimos en la entrada, sonó música de órgano, arrebatándome un jadeo.

No fue la nueva apariencia del salón de baile lo que me dejó sin aliento, aunque el pasillo formado por pilares inmensos de rosas blancas y enormes candelabros antiguos decorados con cientos de velas, habían transformado la habitación en un paisaje de ensueño gótico. Fueron todas las caras que se giraron hacia nosotros. Debía haber dos mil personas, un mar de esmóquines negros rotos ocasionalmente por toques de color de las mujeres en trajes formales. ¿Había invitado Sesshomaru a toda la ciudad?, me pregunté con incredulidad. Ese pensamiento se desvaneció cuando eché un vistazo al novio. Sesshomaru estaba solo en una plataforma blanca elevada, con un dosel de vides entrelazadas al hierro que se alzaba varios metros por encima de él. No llevaba esmoquin.

Cómo le gustaba destacar. En contraste, su chaqueta de ébano tenía gruesas cuerdas trenzadas alrededor de sus hombros, me recordaba a lo que los reyes usaban en las ceremonias oficiales. Era abotonada hasta arriba, el alto cuello marcando la fuerte y cincelada línea de su mandíbula. Su pantalón era también negro, pero la capa que cubría sus hombros y se amontonaba a sus pies era escarlata. Sus bordes estaban adornados con armiño y una gran cadena de oro la mantenía cerrada, un colgante de oro y azabache del tamaño del puño de Sesshomaru colgaba del centro.

En resumen, estaba magnífico.

Caminé por el pasillo, apenas notando a nadie más. Incluso la presión de la mano de mi padre se desvaneció. El cabello de Sesshomaru estaba peinado completamente hacia atrás, revelando sus ligeros picos de viuda. La ausencia de las oscuras ondas hizo que sus rasgos delgados, cejas fuertes y altos pómulos fueran mucho más llamativos, y sus ojos de color dorado parecían penetrar en mi alma. Ven a mí, ordenaban silenciosamente. Incluso si quisiera negarme, no creo que pudiera. Estaba a unos seis metros cuando el fuego se deslizó hasta el dosel de hierro, serpenteando a través de todas esas vides talladas.

- Rin... - Mi padre se detuvo, apretando su agarre para retenerme.

- Está bien - dije. Nunca temería al fuego estando cerca de Sesshomaru.

Entonces permití que mi brazo se deslizara del agarre de mi padre, caminando esos últimos metros sola. El dosel seguía encendido pero ni una chispa perdida caía al suelo. En el momento en el que subí a la tarima y tomé la mano de Sesshomaru, el hierro se había aclarado por la intensidad de las llamas, hasta que parecía que el dosel de metal encima de nosotros se había convertido en oro fundido. Decir que siempre recordaría este momento sería insuficiente. Estaba tan deslumbrada que me tomó un segundo darme cuenta de que la tarima tenía escaleras por detrás, también.

Un hombre de cabello gris con una larga túnica blanca subió hasta nosotros. Luego se hizo la señal de la cruz mientras entonaba algo en latín. Una vez que terminó, todos se sentaron a un unísono casi perfecto. Este tipo de coordinación me dijo que la mayoría de nuestros clientes tenían que ser yokais. ¡No tenía ni idea de que tenías tantos amigos!, deslicé a través de mi mente antes de que me diera cuenta cómo había sonado. La boca de Sesshomaru se arqueó. Entonces, ¿el ministro, oficiante? comenzó a hablar en inglés, así que finalmente le entendí.

- Queridos amigos - dijo con un fuerte acento italiano.

- Estamos aquí para presenciar la unión de este hombre y esta mujer en los lazos del santo matrimonio. - Con mis habilidades, había revivido un montón de bodas.

También había revivido bastantes divorcios para saber que los votos que estábamos a punto de hacer tenían más del cincuenta por ciento de posibilidades de fallo, pero eso no me intimidaba. Me había enfrentado a peores probabilidades antes, y Sesshomaru bien valía la pena la lucha. Él sonrió ante eso: sabiendo, desafiando y, oh, tan sensual.

- Sin peleas - murmuró.

- Ahora es para siempre. Esta primera ceremonia es sólo para que tú y todos los demás también lo sepan. - ¿Primera ceremonia?, me pregunté, pero entonces el oficiador continuo.

- ¿Puedo tener los anillos? - Y me quedé helada. Con toda la actividad del día, había olvidado que no tenía anillos. ¿Ahora qué?

Para mi sorpresa, Gretchen subió a la tarima escoltada por Inuno. El egipcio de largo cabello debía ser el padrino de Sesshomaru. Le pasó algo a Sesshomaru, y mi hermana tomó mi ramo mientras presionaba algo dentro de mi mano. Miré hacia abajo, aliviada de ver bandas de oro retorcidas formando un anillo de aspecto inusual. Entonces la curiosidad me hizo mirar fijamente la mano cerrada de Sesshomaru. ¿Qué clase de anillo me daría?

- Pon el anillo en su mano - dijo el oficiador.

- ¿Tomarás, Sesshomaru Basarab, a esta mujer, Rin Dalton, como tu esposa...? – pregunto en tono solemne.

Las palabras se convirtieron en ruidos borrosos cuando vi el anillo de oro ancho que Sesshomaru deslizó en mi dedo, un dragón enjoyado estampado en su superficie. No necesitaba que Sesshomaru me lo dijera para saber que no se trataba de una réplica. Podía sentir palpitar las esencias de los antiguos príncipes que se lo habían puesto antes que yo, Sesshomaru incluido. No me había dado un anillo de diamantes ordinario. Me había dado el sello real de la línea Dracul, modificado para adaptarse a mi dedo. No escuché terminar al oficiador, pero:

- Lo haré. - Sesshomaru dijo primero en inglés, entonces en rumano.

El rugido inmediato de la audiencia me sacó de mi estado de shock. ¿No se supone que la celebración venía después de que ambos dijéramos nuestros votos? Entonces fue mi turno, y deslicé el anillo en la mano de Sesshomaru mientras decía los votos de amarlo, honrarlo y respetarlo. Ningún rugido sonó cuando acabé de hablar. De hecho, el lugar se quedó en absoluto silencio cuando el oficiador dijo que si alguien objetaba nuestra unión, debía hablar ahora o callarse para siempre. Para mi alivio, ni mi padre ni Jaken dijeron nada. De otra forma, alguien en esta multitud a favor del novio podría haberlos silenciado "para siempre" en ese momento. Entonces vinieron las palabras que nunca había pensado que oiría, marido y mujer, seguidas de un beso que abrasaba el alma y que nunca olvidaría. Esta vez, los aplausos fueron ensordecedores.

Descubrí quiénes eran el noventa y cinco por ciento de los invitados mientras aceptaba sus felicitaciones. Los miembros de primera generación de la línea de Sesshomaru, lo que quería decir yokais a los que había transformado él mismo. Aparentemente, su linaje era tan extenso que incluso su enorme casa no podía albergar a todos los yokais que su gente había transformado también. Dada su variedad de acentos, los descendientes no-muertos de Sesshomaru provenían de todas las partes del mundo. Debían haber dejado todo para correr hasta aquí esta noche.

Por otra parte, podrían haber tenido miedo de no hacerlo. No me imaginaba a Sesshomaru tomando "no me apetecía" como una razón aceptable para perderse su boda. Debido al gran número de invitados pase las primeras tres horas con mi mano enguantada siendo besada y oyendo nombres que nunca recordaría. La siguiente hora consistió en pequeños bocados de un festín tan grande que la ciudad cercana podría comer de las sobras durante días. Entonces vino una avalancha de brindis, hasta que tuve que aparentar beber o arriesgarme a caer borracha en mi propia boda. Gretchen no tenía tales preocupaciones. Había pasado la etapa risueña y avanzado hasta la fase de ¿es la habitación la que gira o soy yo? Mi padre se quedó cerca, observando a cada hombre no-muerto que la miraba dos veces. No había ofrecido un brindis, pero todavía estaba aquí.

El gigantesco reloj dio las dos de la mañana cuando Sesshomaru se levantó y me tendió la mano. La tomé, sorprendida por los aplausos que siguieron. ¿Era esa la señal para Nos vamos de aquí? Eso esperaba. Mi energía estaba empezando a decaer y no quería gastar la que me quedaba aquí, por muy increíblemente lujosa que fuera la recepción. Sesshomaru se rió bajo.

- Créeme, no lo harás. - Luego me levantó en sus brazos al son de más aplausos y las risas conocedoras de unos cuantos.

Ni siquiera tuve oportunidad de decir buenas noches antes de que saliéramos del salón de baile y subiéramos las escaleras. Entonces el pasillo se convirtió en un borrón que culminó en la puerta cerrándose con decisión detrás de nosotros. Yo no era la que había llevado a alguien más de cien metros en menos de cinco segundos, y aun así mi corazón empezó a saltar. A una velocidad diferente a la anterior, Sesshomaru dejó mi cuerpo deslizarse sobre él, tentadoramente centímetro a centímetro, hasta que me colocó sobre mis pies. Todo el tiempo mirándome con una intensidad que hacía que las palabras parecieran insultantemente triviales en comparación.

Olvidé las miles de personas con oído supernatural una planta debajo de nosotros. No me importaba que en algún lugar, una yokai y otros aspirantes a asesinos hubieran descubierto que estaba viva y que me había casado con Sesshomaru. Bajo el peso de su mirada, todo eso desapareció hasta que no hubo nada más excepto nosotros dos. Sesshomaru desenganchó la cadena de oro que sostenía su regia capa escarlata, cayó al suelo con un ruido sordo. Saqué el broche que sostenía mi velo y desenrollé el cabello del moño. El espumoso encaje cayó a mis pies al mismo ritmo que mi cabello se derramaba sobre mis hombros.

Sus manos se entrelazaron en esa masa oscura antes de deslizarse hacia abajo a los broches ocultos en mi espalda. Lancé un suspiro cuando el encaje y la gasa fueron reemplazados por el toque abrasador de sus dedos. Entonces intenté quitarle la chaqueta, pero mis guantes eran demasiado engorrosos. Me los quité, incluso antes de poder tomar el anillo que salía con ellos, Sesshomaru lo hizo. El verde brillando en sus ojos mientras lo deslizaba en mi dedo desnudo. Luego su mano bajo por su pecho, abriendo los botones como por arte de magia. Sólo tuve un segundo para ver su camisa debajo antes de que también se hubiera ido y estuviera desnudo de cintura para arriba. Bebí la vista de su pecho musculoso con la capa de vello oscuro y numerosas cicatrices.

Sesshomaru parecía lo que era, un guerrero que había hecho su camino a través de batallas que habían matado a hombres menores. Desnudo, no disminuía su plena masculinidad y su peligro inherente. En cambio, aumentaban, y no me gustaría que fuera de otro modo. Un gemido se me escapó cuando extendí la mano y puede tocar su dura y caliente carne. Deslizó el vestido por mis hombros y bajó cada manga por mis brazos, dejándome en corsé, bragas y medias de seda. Ni siquiera estaba desnuda, pero cuando su mirada se deslizó sobre mí, me sentí más expuesta de lo que nunca había estado antes. Sesshomaru parecía mirar más allá de mi piel en los lugares de mi alma que nunca había compartido con nadie, y en ese momento, los reclamó como suyos.

Y lo miré con la misma posesión. Lo que fuera que hubiera hecho, donde quiera que hubiera estado antes y quienquiera que fuera en el futuro, era mío. Si todavía tenía escudos en ciertas partes de su corazón, los derribaría o los explotaría hasta abrirlos. Puedes tener todo de mí, le dije silenciosamente, pero tomaré todo de ti a cambio. Su sonrisa fue sensual y desafiante, un reto a que mantuviera esa promesa. Entonces me tomó en sus brazos, su piel desnuda enviando ondas de calor hasta mis entrañas. Me levantó, pateando el vestido caído mientras su boca se cerraba sobre la mía.

Él sabía a champán y la sangre se derramó cuando picó su lengua con un colmillo. El dolor estalló cuando después picó mi lengua, aunque su sangre la sanó casi instantáneamente. El sabor a dorado aumentó y, cuando me retiré con aversión instintiva, su agarre se apretó.

- Creía que "todo de mí" incluía compartir la sangre del otro. - Poniendo a prueba mí voto ya. No esperaba menos, pero si pensaba que ondearía la bandera blanca, estaba equivocado.

- No te guardes nada. - Lo sentí sonreír sobre mis labios.

- No pretendía hacerlo. - Entonces me levantó, llevándonos no a la cama, sino a la chimenea.

Me puso sobre la alfombra de piel gruesa delante de ella, sus ojos nunca dejaron los míos mientras me quitaba los zapatos y las medias. Alcancé sus pantalones, pero sostuvo mis manos, sujetándolas por encima de la cabeza mientras desabrochaba mi corsé. Mi respiración se aceleró mientras caía, dejándome nada más que la ropa interior. El hambre en su mirada hizo que mis pezones se endurecieran, y cuando lo dejó caer más abajo, casi podía sentir mi sangre acelerándose. El deseo se apostó en todas las partes que quería que tocara mientras mis entrañas parecían palpitar con pulso propio. Había pasado demasiado tiempo desde que lo sentí dentro de mí. No quería esperar ni un segundo más. Intenté empujarlo dentro de mí, pero el agarre en mis muñecas se apretó.

- Todavía no. - Yo no estaba de acuerdo, y él podría tener mis manos sujetas, pero mis piernas no lo estaban. Enganché una alrededor de su cadera y froté la parte inferior de nuestros cuerpos juntos, un grito se me escapó al sentir su gruesa y dura carne. Su risa baja fue a la vez erótica y amenazante.

- Disfrutarás lamentando eso. - Su boca bajó entonces, su caliente y húmeda lengua haciendo que mis pezones hormiguearan con sus rápidos lengüetazos.

Soltó las muñecas para acariciar mi espalda antes de quitarme la ropa interior bajándola lentamente por mis piernas. Cada vez que alcanzaba sus pantalones, sin embargo, me bloqueaba con una risita. Una vez que las bragas desaparecieron, me apretó de nuevo, su cuerpo cubriendo el mío. Tuve unos pocos momentos para deleitarme con su peso, la sensación de sus músculos y la forma sensual en que el vello de su pecho rozaba mis pezones antes de que su boca se cerrara sobre mi pecho. Chupó hasta que los hormigueos se convirtieron en palpitaciones y cuando sentí alargarse sus colmillos, me arqueé en silenciosa invitación.

El placer siguió a la momentánea picadura en menos tiempo del que me llevó gemir. Entonces el calor se propagó, debido al efecto de las pequeñas gotas de veneno de sus colmillos. Succionó más duro antes de agarrarme y ponerme encima de él, cambiando a mi otro pecho. Tiró de él con fuerza, haciéndome que lo agarrara con creciente urgencia. Dejé mis piernas deslizarse hacia abajo hasta que me senté a horcajadas, y cuando la dureza dentro de sus pantalones rozó mi clítoris, las chispas se dispararon desde mi mano en una avalancha de sensaciones. Mordió al mismo tiempo, inundando mi pecho de calor y haciendo que mi pezón quemara eróticamente. Mi cabeza cayó hacia atrás mientras un sonido animal salía de mi garganta. Sesshomaru agarró mis caderas, moldeándome más cerca.

Entonces se arqueó hacia delante, aumentando la fricción mientras sus colmillos penetraban más profundamente. El doble asalto de placer fue demasiado. Grité mientras miles de terminaciones nerviosas se estimulaban a la vez. Ese grito se convirtió en un gemido mientras el éxtasis se apoderaba de mí, transformando la necesidad en dulce liberación. Mi pulso, que antes atronaba, pareció detenerse mientras la languidez caía sobre mis miembros, haciendo que los sintiera más pesados. La boca de Sesshomaru dejó mi pecho después de un lametón final. Se deslizó en un rastro ardiente sobre mi hombro y mi cuello antes de besarme, presionándome de nuevo contra la piel sedosa. Esta vez, apenas noté el sabor dorado en su boca.

Estaba demasiado centrada en la forma en que su lengua acariciaba la mía, la sensación de su duro pecho contra mis pezones demasiado sensibles y el deseo que se encendió de nuevo cuando se quitó los pantalones. Abrí las piernas, gimiendo cuando tomó mi muslo y se lo puso contra la cadera. Una deliciosa expectación provocó qué mis músculos internos se apretaran, poniéndome incluso más húmeda. Cuando llegó abajo y sus dedos invadieron mis profundidades, lo agarré y me arqueé con más exigencia que invitación.

Su risa terminó en otro beso ardiente. Esos dedos entraron más profundo, intensificando el dolor que me hacía moverme contra su mano. Mi respiración venía en jadeos apagados mientras continuaba besándome con mayor fiereza. Entrando voraz en mi boca con los labios y la lengua. Entonces, su mano detuvo su sensual tormento y se deslizó debajo de mis caderas, levantándome. Estaba más que preparada, pero era grande y había pasado mucho tiempo. Mis paredes internas se estiraban mientras se movía más profundo, y cuando toda su extensión empujó dentro de mí, se me escapó algo parecido a un sollozo.

Su mano dejó mi cadera para enredarse en mi cabello, el pulgar acariciando mi mandíbula. Su beso cambio también, igualando su lentitud mientras comenzaba a retirarse. Mi cuerpo no se había ajustado plenamente todavía, pero envolví mis piernas alrededor de él y le envié una única y ferviente orden. No pares y no te retires. Hizo un sonido. Más duro que un gemido, más primario que un gruñido. Entonces empujó hacia delante mientras sus colmillos se enterraban en mi garganta. Ambos sitios se encendieron con el azogue del dolor, seguidos de un placer fundido y abrumador. No tuve oportunidad de gritar antes de que otro empuje/mordisco enviara más sensaciones rompedoras a través de mí.

Mis uñas arañaron su espalda cuando la electricidad que no podía controlar entró en él. Sólo le hizo agarrarme más fuerte mientras continuaba moviéndose con esas embestidas entusiastas y duras. Cuando me di cuenta de que había dejado de morderme, no me importó. Podría haber seguido bebiendo hasta que no quedará nada. Siempre que se sintiera así, le daría la bienvenida. Mis sentidos se agudizaron mientras el placer seguía creciendo.

El aroma a humo y especias de Sesshomaru nunca había sido más intoxicaste. Su cuerpo era abrasador, sus musculosos muslos eran más duros que la piedra contra los míos y su boca voraz con todo lo que tocaba. Me sentí perdida en él y cuando los increíbles espasmos me sacudieron de dentro hacia fuera, me invadió la más extraña clase de vulnerabilidad. Él lo quería todo de mí y eso era lo que le había dado. ¿Significaba eso que no me quedaba nada?

- No - murmuró, la voz espesa por la pasión.

- Me tienes a mí, y te amo. - Entonces me besó, moviéndose más rápido y la realidad se hizo borrosa una vez más. Cuando su clímax surgió poderoso a través de él, no podía recordar lo que me había preocupado. Perderme a mí era ganarle a él, y viceversa. Eso bien valía la pena cualquier precio.

Continuara…

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