Dos veces tentada @zoraidarosecristal
¿Caballero o dragón?

¿Caballero o dragón?

Un resplandor naranja precedió a su aparición, mostrando que el monolito de piedra en el centro no estaba vacío como la última vez que había estado en la mazmorra. Dos yokais colgaban clavados de las cadenas de plata incrustadas en la roca, un tercero empalado en frente de ellos. Cuando Sesshomaru se acercó, más luz de sus manos llameantes mostraba cuál parte de él, a lo largo del poste de madera, había entrado de primero.

- Eso es enfermizo. - Suspiré, temporalmente distraída.

- Has comprado para ti mismo algo de tiempo doloroso para pensar, Jameson. - Él hizo caso omiso de eso, apuntando un dedo flameante al guardia.

- ¡Pero ella está sangrando! - protestó el guardia, dándome un pequeño empujón hacia adelante.

- Así que vienes y me llamas - dijo Sesshomaru fríamente. Las llamas en sus manos desaparecieron mientras se apoderaba de mi mandíbula, volviendo mi cabeza y forzadamente evitando que mirara a sus prisioneros.

- No la traigas hasta aquí sin permiso, nunca. Una semana en el poste te recordará eso. - continuó él, hablándole aún a Jameson, mientras me miraba.

- No iba a dejar que te tiraras uno de tus habituales actos de desaparición, así que lo engañé fingiendo que me había desmayado - le espeté, tratando sin éxito de golpear la mano.

- ¿Quieres castigar a alguien? Castígame. - Él agarró un puñado de mi cabello. Entre eso y su agarre en mi mandíbula, no pude moverme cuando se inclinó, colocando directamente sus labios por encima de mi oreja.

- Te estoy castigando. Sufrirás de culpa cada día que él esté en ese poste. Entonces, tal vez la próxima vez, lo pensarás dos veces antes de engañar a mis guardias. - susurró.

Empujé su pecho en el mismo instante en que mi liberó, así que terminé empujando sólo aire. Sesshomaru se paró a unos metros, casi invisible contra la oscuridad con su camisa gris marengo y pantalón negro. Si no fuera por el resplandor escarlata viniendo de sus ojos, no habría sabido dónde estaba.

- Ahora, discúlpate por interrumpir. - No susurró. En su lugar, la orden resonó en el interior cavernoso. A pesar de eso, no pude contener mi bufido.

- Preferiría sangrar hasta la muerte. – me negué.

- Si fueras cualquier otra persona, esas serían tus últimas palabras. – De repente, me estaba acordando que el calabozo era un lugar de donde la mayoría de las personas que entraban nunca salía.

Había asumido el asalto aquí desde mi punto de vista: iba a quebrar a mi ex-novio de una nueva manera por su solapada manera de romper una promesa, y tenía que conseguir pasar a través de algunos de sus compinches primero. Desde la perspectiva de un yokai, había engañado a guardias altamente capacitados, traicionando a su Maestro, para llevarme a la que se suponía que era la zona más segura de su casa. Que hubiera hecho eso en frente de combatientes enemigos probablemente lo hizo peor. Supongo que el equivalente humano sería perra golpeando a mi ex novio en su boda, mientras le contaba a todo el mundo que tenía un pene pequeño, sin embargo, eso tendría consecuencias a corto plazo. Con el sistema feudal basado en el miedo bajo el que vivían los yokais, las repercusiones de esto podrían durar durante siglos, y yo ni siquiera podría reclamar ya más la exención de la novia.

- Por fin, empiezas a entender - dijo Sesshomaru, la ironía fijándose en su tono.

Ya no veía el guardia rubio que había engañado para traerme aquí abajo, pero incluso si Jameson se había ido, seguía escuchando. Todos los guardias que había engañado estarían escuchando, y ellos repetirían mis siguientes palabras al resto del personal de Sesshomaru, quienes las repetirían a otros yokais, quienes eventualmente las repetirían a sus enemigos. Yo podría preferir cualquier represalia que Sesshomaru se viera obligado a repartir tomándola como disculpa, pero esto era más grande que yo.

Eso no significaba que estaba pasando por alto lo que él le había hecho a Maximus. Voy a pasar de largo hoy, pero si te niegas a verme después de esto, voy a hacer que me empales con el equipo que escoja, pensé desafiante. Entonces me aclaré la garganta y pronuncié una disculpa que nunca tuve la intención de dar.

- Por favor, perdona la intromisión. No debería haber llegado hasta aquí y lo siento. - Mi tono era bueno, pero si pequeñas chispas se disparaban de mi mano derecha en señal de protesta, no podía hacer nada acerca de eso. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Sesshomaru.

- Te perdono, pero sólo porque dijiste "Por favor". - Imbécil, pensé. Entonces me quejé ante el coro instantáneo de "¡Por favor!" mezclado con los gritos por liberación de los presos de Sesshomaru. No me asombraba que estuviera tan enfermo de la palabra.

- Sólo soy misericordioso con una persona al día. Como va el dicho, hoy no es tu día y mañana no se ve bien, tampoco. - lanzó él por encima del hombro. Luego su mirada aterrizó de nuevo en mí.

- Ahora, pídeme que te cure. - REALMENTE te estás extralimitando, pensé, mirándolo.

- Mi mazmorra, mis reglas. - Enseñó sus dientes en una encantadoramente feroz sonrisa. Mentalmente, lo maldije en inglés y rumano.

- ¿Me darías algo de tu sangre para curarme? - Otro destello de dientes, ahora con colmillos.

- Ven y consíguela. - Me acerqué a él de la misma manera que lo haría a una cobra balanceándose y levantada, con extrema precaución.

Estar en cercana proximidad a Sesshomaru era peligroso, sobre todo porque los dos aún teníamos sentimientos el uno por el otro. La extraña suerte de "tiempo fuera" que habíamos experimentado en el avión había terminado, por lo que tocarlo ahora era jugar con fuego, literalmente, y él se había asegurado de que no tuviera otra opción. Si la tienes, susurró mi voz interior. ¡Recibe una paliza en su lugar! Hice una pausa, considerando eso, y Sesshomaru me jaló hacia él. A pesar de mi ira, era la que sentía descargas de electricidad chisporroteando en mí cuando su cuerpo tocó el mío. Por el segundo más breve, cerré los ojos, saboreando la sensación. Entonces los abrí de repente y miró hacia él en desafío.

- ¿Vas a darme tu sangre o no? - Su sonrisa había desaparecido, reemplazada por labios apretados y salvaje intensidad. Luego levantó su muñeca, la mordió profundamente, y la sostuvo sobre mi boca.

No alejé la mirada mientras separaba mis labios, tomando ese cálido líquido, fuertemente aromatizado. Nunca pensé que extrañaría el sabor de la sangre, pero con un trago, sabía que había extrañado la suya. Mis párpados se sentían pesados con el tipo más extraño de dicha, sin embargo, me negué a cerrarlos. Mantenerlos abiertos resultaba casi tan traicionero. La mirada en sus ojos cuando sellé mis labios sobre los pinchazos y chupé envió calor disparado directamente a mi centro. ¿Has extrañado esto, también?, susurró una parte oscura de mí. No fue mi odiada voz interior; esta venía de otro lugar. Un lugar que se sentía como si sólo se encendiera a la vida cuando Sesshomaru estaba cerca. Sus labios se abrieron, mostrando la punta de sus colmillos.

- Pregúntame de nuevo y te mostraré. - ¿Una amenaza? ¿Una promesa sensual? ¿Ambos? Humedecí mis labios. Incluso ambas me darían más placer de lo que podía soportar...

- No - dije, la sencilla palabra haciendo eco de mi vehemencia.

Su abrazo era mi droga de elección, y como cualquier adicto sabía, una muestra era demasiado, y mil no eran suficientes. Entonces lo empujé. Algo peligroso ardía en su mirada, pero no hizo nada para detenerme. Varias antorchas se encendieron a la vida, permitiéndome encontrar mi camino a la salida sin tropezar o andar a tientas.

- Quise decir lo que dije. Todavía tenemos que hablar. - Una vez que la alcancé, me volví hacia él.

- Preséntate en mi salón privado, a las diez de esta noche. De lo contrario, voy a considerar el asunto cerrado. - Su salón privado, el mismo lugar que solía cruzar cada mañana, porque unía su dormitorio con mi antigua habitación.

Preferiría enfrentarme antes a un pelotón de fusilamiento que ir allí, pero si me negaba, Maximus podía permanecer encerrado en esta mazmorra durante siglos. La sonrisa que Sesshomaru me dedicó antes de que desapareciera en la oscuridad dijo que ya sabía lo que yo había escogido.

Entre en la sala exactamente a las diez de la noche. Sesshomaru estaba en el sofá, dos vasos de vino y una botella de obsidiana frente a él. El televisor estaba apagado, y la luz de la chimenea lanzaba un suave resplandor sobre el color ladrillo del sofá. Recuerdos me asaltaron sin piedad como mi temor. Sesshomaru y yo habíamos pasado muchas tardes relajándonos con una botella de vino en ese sofá. Habíamos hecho otras cosas también. Sin invitación, amablemente se deslizo junto a mí, que no tuve nada que hacer ante el fuego abrazador.

- ¿No sabes por qué pedí hablar contigo, no es así? - Trate de hablar con aspereza. Él rió, medio gruñido y medio ronroneo entretenido, haciendo un caos de mis sentidos, que mis cabellos se pararon.

- ¿Piensas que estoy tratando de seducirte? Que presuntuosa, considerando que nunca permitiría que una ex amante volviera a mi cama. - Lancé una mirada a las copas de vino, la luz romántica, y finalmente a él de nuevo. Si Sesshomaru no estaba seduciéndome, entonces estaba tentándome con aquello que yo no podía tener.

Me había vestido con un simple vestido marino que llegaba hasta mis rodillas. Su pantalón negro se aferraba a su parte inferior, mientras su camisa blanca contrastaba como nieve sobre su chaqueta de color ébano a medida. La camisa estaba abierta, revelando su garganta y unos cuantos centímetros de su pecho. Sus mancuernillas plateadas destellaron cuando capturaron la luz del fuego, y su largo, oscuro cabello estaba peinado hacia atrás, todo mejorando la luz para sus esbeltos, sensuales rasgos y captando también sus impresionantes ojos. Lo único que faltaba era el caliente maquillaje cubriendo esa parte descubierta de su pecho. Así que ningún tribunal en el mundo podía entender esta cacería sexual. Su sonrisa se amplió. Maldición, olvidé cantar algo para mantenerlo fuera de mis pensamientos.

- Bien, ambos estamos aquí por razones totalmente platónicas y vamos a dejar esto como esta - dije, odiando como de ronca se estaba volviendo mi voz.

- Bien. - Repentinamente él estaba a solo centímetros, poniendo a nivel de mi ojo su cuello y la piel que solo imaginaba untar con chocolate. Tragué. Piensa en la mazmorra y en su promesa rota, no en cuán intoxicarte sabe siempre que está cubierto de tu postre favorito. La imagen de la mazmorra ayudo.

- Debes dejar ir a Maximus - le declaré, mi voz fuerte ahora.

- No. ¿Vino? - Parpadeé, enfado cubriendo mi deseo.

- Prometiste que no lo torturarías, pero ser aprisionado en una mazmorra por siglos cuenta como tortura. - Sesshomaru saco un vaso y bebió de él cuándo yo me negué con una afilada sacudida de cabeza.

- No, no lo es. Desde que tuve mi primera experiencia con ambos, te puedo asegurar que tortura y aprisionamiento son dos cosas diferentes. - dijo, continuando con ese terriblemente sereno tono.

- Estas siendo sutil. Sabes exactamente qué te estaba pidiendo que me prometieras. - Se encogió de hombros.

- Hago honor a mi palabra según como fue dada. Si quieres más tal vez deberías ser más específica. – otro lavado de manos.

- Estaba drogada. – le gruñí cansada de tener que especificar hasta el mínimo detalle al negociar con él

- Y yo estaba siendo coaccionado. Muchos podrían considerar eso como una razón para invalidar una promesa. Yo no, y Maximus sabía lo que le costaría el traicionarme. Por ti no le costó lo que debería haberle costado. - replico, fijando su estrecha mirada en mí.

- Esto es exactamente lo mismo que hiciste con Jaken. - Estaba furiosa.

- Dándome una promesa que después usaras para hacer juegos de palabras con ello, entonces te ofendes porque te llamo mentiroso. - Sesshomaru estrelló su vaso tan fuerte que me sorprendí que el eje no se hubiera roto. En ese momento fue hacia la puerta. Cuando la abrió, pensé que iba a ordenarme que me fuera. Al instante, él se fue.

- ¿A dónde vas? - le pregunté.

- A matar a Maximus. Si soy un mentiroso, podría obtener algo bueno de ello. - fue la réplica que lanzo al aire.

- Espera. - Él iba ya al final del pasillo sin tiempo para que corriera y lo alcanzara, pero tras mi frenético grito, se dio la vuelta.

- No puedes elegir los dos caminos, Rin. Ambos, si soy un mentiroso o no, y si no lo soy, entonces no tienes causa para estar llorando por lo que le estoy haciendo a Maximus. - La frustración hizo que fuera directo a la yugular.

- Él es la única razón de que sobreviviera a la bomba de gas. ¿Eso no significa nada para ti? - Él vino hacia mí con la tranquilidad de un depredador, haciendo que el pasillo se encogiera a mí alrededor.

- Sí, lo hace. Eso es por lo que perdone el que me dijera que estaba revisando a su gente cuando en realidad estaba acosándote. No perdonaré, sin embargo, sus repetidas mentiras después de la explosión. Esas no fueron para salvarte. Ellas eran para alejarte de mí porque te quería para sí mismo. - Cuanto más se acercaba, más me alejaba instintivamente. No fue hasta que vi los paneles de caoba que me di cuenta que él me estaba maniobrando de nuevo hacia la sala.

- Realmente pensaba que estabas detrás de esto - murmuré.

- Tú creías eso, pero Maximus sabía que no mataría a una chica inocente por rencor. - Sesshomaru rodó sus ojos.

- Él pensaba que tu orgullo herido te haría más homicida de lo normal. – balbuceé insegura.

- No, él quería follarte. - Su tono incluso se desvaneció, reemplazado por uno que sonaba como maquinillas de afeitar sobre vidrio roto.

- Si él creyera cualquier cosa de lo que te dijo, era solo por aliviar la culpa por traicionarme. Él te quería desde el principio. Cuando descubrí que estabas viva, me pregunté si lo habías conseguido y que los dos arreglaron la explosión para desaparecer juntos. - Sus ojos cambiaron de dorado a escarlata en un pestañeo.

- ¿Piensas que maté a un montón de personas para fingir mi propia muerte y así poder huir con Maximus? - Si mi voz fuera más alta el vidrio más próximo podría haberse roto.

- Tú creíste que ordené tu muerte por mi orgullo herido, porque me dejaste. Su mirada recayó en mí.

- No pretendas ser la parte ofendida cuando también llegaste a la conclusión equivocada. - Ante eso, mi temperamento explotó.

- De los dos, ¿quién es más probable que haya matado a esas personas? - Su sonrisa fue como la de un tiburón; solo dientes y nada de humor.

- Yo, pero tú deberías de saberlo mejor. Martin, a quien torturé el día en el que lo conocí, me contacto al otro día de la explosión porque sabía que yo no haría eso. Sin embargo, tú, mi una vez apreciado amor, estabas muy convencida sobre dejarme creer que estabas muerta. - Apenas escuché la última parte de la frase. Mi mente se agarraba a solo una cosa, conmoción reemplazando el enfado.

- ¿Jaken te contacto después de la explosión? Pero eso no puede ser... él no estaba... – no podría creerlo, tanto que ni siquiera podía terminar la oración.

- No murió en la explosión - me informo Sesshomaru, sus labios curvándose.

- Terriblemente cruel de mi parte dejarte creer que alguien que te importa está muerto, ¿no? - Rabia colándose junto a una ola de felicidad. Esos dos sentimientos en contraste, eran mucho. Le gruñí a todo pulmón a Sesshomaru.

- Maldito. - Mientras lágrimas de felicidad brotaban de mis ojos. Me agarró, sosteniéndome a centímetros del suelo. A esta altura, teníamos los ojos al mismo nivel, y la expresión en su cara me hubiera hecho dar un paso atrás si hubiera podido.

- No. Tú eres la única que me ha golpeado sin represalia, pero ya no eres más mi amante así que no voy a ser indulgente de nuevo. - dijo, la palabra cayendo como un martillo.

No tenía la intención de golpearlo. Era verdad que había querido sacudirlo hasta que sus colmillos castañearan, por permitirme pensar que mi mejor amigo estaba muerto, y debía esperar a que contactara a Jaken, pero ese deseo se drenó mientras miraba fijamente sus ojos. Su expresión era estruendosa que debería tener miedo, pero algo diferente a miedo se asentó en mí. Incapaz de evitarlo, eché un vistazo a su boca. Lucía muy dura, pero sabía que si me inclinaba unos centímetros, no se sentiría de esa manera... Repentinamente su boca cubría la mía, probando que estaba equivocada. Sí se sentía muy dura. La piel de su mentón era liza y firme, también, además de que tendría moretones por la fuerza con que me tiró hacía él. Y nada se había sentido mejor.

Éxtasis estalló, quemando todo a su paso. Le devolví el beso con tanta fuerza que rasgué mi labio con sus colmillos, sin registrar ninguna punzada. Todo lo que sabía era su sabor, como un vino especiado con la oscuras de las fantasías. Como sus brazos me apretaban mientras su calor quemaba a través de mi ropa. La sensualmente brutal manera en que su lengua se entrelazaba con la mía, y la imperiosa necesidad que tenía de tocarlo tan rápido como mis manos podían correr sobre su cuerpo. Lo necesitaba tanto como las respiraciones que se colaban entre sus besos, pero otra emoción fue más fuerte, dándome la fuerza necesaria para empujarlo lejos de mí a pesar de que todas las células de mi cuerpo protestaron.

- ¿Qué estás haciendo? - logré decir. Su rostro era nada menos que feroz, y si su mirada hubiera sido más caliente, me habría quemado bajo su escrutinio.

- Nunca has tenido sexo enojada. Estoy a punto de mostrarte de lo que te has estado perdiendo. - Tras esas palabras, el latido entre mis piernas se volvió dolorosamente intenso. A pesar de eso, lo detuve cuando se abalanzó a besarme de nuevo.

- Dijiste que nunca tomas a una ex amante de nuevo. - Su boca descendió a mi cuello con un efecto devastador.

- Ya me has probado que eres la excepción a mis reglas. - Esos labios de fuego hacían que la presión de sus colmillos fuera mucho más erótica. Sin embargo, un sentimiento profundo cortó entre toda la pasión que hervía en mí.

- No todas tus reglas. – murmure.

- No estarás satisfecha hasta que no me tengas de rodillas. ¿Verdad? - Sesshomaru hizo un sonido demasiado fuerte para considerarlo un gruñido.

- ¿Por qué no? Me pusiste sobre las mías. - salió de mí con toda la imprudencia de mi corazón todavía roto.

- Te dije que no podía elegir ambos caminos, y eso era verdad para los dos. - Me soltó tan abruptamente que tuve que utilizar el sofá para no perder el equilibrio. Sin su cuerpo pegado al mío, sentía frío a pesar del agradable calor que había en la habitación.

- ¿De qué estás hablando? - ¿Me había perdido de algo?

- Soy Sesshomaru el Empalador. He sobrevivido durante más de quinientos años porque si alguien se cruza en mi camino, lo mato, y si soy traicionado, obtengo mi venganza. Te dije esto cuando nos conocimos, y a ti todavía te molesta cuando lo hago. - dijo, mordiendo cada palabra.

- Oh, no tienes que recordarme cuán despiadado eres - dije, amargura saltando a la superficie.

- Obviamente lo hago - replicó. Tomó mi rostro con sus manos intensamente sintiéndose como hierro.

- Dices amarme, pero el hombre al que amas no existe. Ese hombre no hubiera sobrevivido años de peleas y violaciones cuando era un niño porque su odio no lo hubiera dejado quebrarse. Ese hombre no hubiera empalado a veinte mil prisioneros para aterrorizar a las tropas porque el miedo era la única ventaja que tenía, y ese hombre podría no haber aprisionado a uno de sus mejores amigos por mentirle por una mujer de la que estaba enamorado. No soy ese hombre. - Dejó caer sus manos bajaron y dio un paso atrás, su expresión seguía siendo alarmantemente intensa.

- Ya ves, no me quieres amándote. Quieres la versión que creaste. El caballero, cuando soy el dragón y siempre lo seré. - Entonces se fue.

En ese momento, a pesar de que lo llamé, no se detuvo. En los segundos que me tarde para llegar al pasillo, se había ido. Las dos ventanas del extremo aun vibrando por su salida a través de ellas. Bajé al segundo piso, muy molesta por las acusaciones de Sesshomaru, caminé junto a mi familia sin verlos.

- Rin ¿Cuál es tu problema? - espetó Gretchen, quitando mi atención de la sala de estar que acababa de pasar.

- ¿Cuál es mi problema? No sabría por dónde empezar. - Risa histérica burbujeó, pero la reprimí.

- Gretchen, quiero tener una palabra con tu hermana. - La mirada de mi padre se posó sobre mí, capturando mi cabello revuelto, mi boca hinchada, y chispeante mano derecha.

- Adelante, no te estoy deteniendo. - Ella se encogió de hombros.

- Él quiere decir que te vayas - dije con cansancio. Esto era lo último que necesitaba, pero lo había puesto en un infierno recientemente, y todos sabían cómo los reembolsos funcionaban. Ella se levantó.

- Eres afortunada que Sesshomaru cubrió mis gastos por el año. – murmuro en voz baja.

- ¿Qué? – exclame.

- Gretchen, fuera - ordenó mi papá. Ella lo hizo, dejándome sola con mi padre.

Me desplomé en el sofá opuesto a él, notando la diferencia entre ésta sala de estar y la que había dejado. Los colores eran más claros y no había armas o escudos barbáricos sobre la chimenea. Todo de una vez, odié la decoración de albaricoque y crema y la blanca chimenea con la insípida pintura al óleo de un paisaje sobre ella. Este cuarto carecía de complejidad, ferocidad, pasión... Carecía de todo lo que era Sesshomaru.

- Así que está cubriendo los gastos de Gretchen por el año. Eso es muy generoso de su parte. – Por supuesto él no me había dicho eso. Sesshomaru raramente mencionaba sus actos atentos.

- Él puede permitírselo. - Mi papá miró alrededor con intención.

- Él también puede hipnotizarla para que olvide que lo conoció y enviarla de vuelta a su apartamento sin un centavo - dije en un tono tajante.

- Vamos, papá. Da crédito donde es debido. - Esa cabeza de sal-y-pimienta se levantó.

- Lo hago. Él prometió que nos devolvería a nuestras vidas cuando el peligro hubiera pasado y le creo. Pero se rehúsa a prometer dejarte en paz, y por cómo luces ahora, ha hecho un buen trabajo en sus intenciones de no hacerlo. - Yo era una mujer adulta, pero nunca pensé que alguna vez me sentiría cómoda discutiendo mi vida sexual con mi papá.

- Esto no es lo que crees. No estamos juntos de nuevo. - En este caso, sin embargo, él no tenía nada por lo que preocuparse.

- Tú aún estás enamorada de él - dijo categóricamente.

¡No según Sesshomaru!, se burló mi voz interior. Él cree que estoy enamorada de una versión de él que no existe. Di una profunda respiración. Si pudiera arrancar esa voz, la mandaría a la luna con todas las corrientes que le había lanzado. Pero pensar de esa forma me hizo aumentar a Gollum en el Señor de los Anillos. Pronto estaría discutiendo con mi propio reflejo.

- ¿Cuándo el amor ha resuelto algo? - fue lo que respondí. Mi padre gruñó.

- Eres demasiado joven para estar tan agotada. - Levanté mi mano derecha con una risa corta.

- Recuerdas qué veo con esta, ¿verdad? Los peores pecados de todos, así que quizás puedo sólo tener veinticinco, pero no he sido joven por un largo tiempo. - Estuvo en silencio por varios minutos.

- Supongo que no lo has sido. - Al final, asintió.

- Pero, bebé, tienes que mantenerte lejos de Sesshomaru. En mis décadas en la milicia, he conocido todo tipo de hombres duros, pero nunca he mirado dentro ninguno de sus ojos y sentido miedo. Cuando miro a los suyos, es como si alguien caminara sobre mi tumba. - Luego se inclinó hacia adelante, bajando el volumen de su voz a un susurro.

Una reacción racional considerando que Sesshomaru no era un soldado promedio, mercenario, señor-de-la-guerra, o a cualquier otra cosa con la que mi papá lo comparara. En muchos sentidos, él era un trozo salvaje de la historia pasando entre nosotros, con todo sólo tenía una respuesta. Aunque era la última cosa que mi padre quería escuchar, era también la verdad.

- No me siento de esa forma cuando lo miro. - Luego me levanté, llena de una renovada determinación.

- Buenas noches, papá. Hay algo que necesito hacer. - ¿Sesshomaru pensaba que amaba a una falsa versión de él porque no podía manejar al completo Drácula? Se lo probaría, y a mi odiada voz interna, que estaba equivocado.

Me aseguré de cantar mentalmente la canción más molesta que pudiera pensar en caso de que Sesshomaru hubiera regresado. Lo que estaba a punto de hacer quizás fuera peligroso, pero ¿cuándo mi vida no era un riesgo? Además, las últimas dos veces que había usado mis poderes, sólo había obtenido un sangrado de nariz. También tenía la sangre de Sesshomaru hoy, así que eso disminuía el peligro. En breve, sería ahora o nunca. Una vez en el primer piso, evité el comedor, la biblioteca, y conservatorio por un cuarto que usualmente evitaba. El cuarto de Armas, como yo lo llamaba. Este cuarto estaba solamente en segundo lugar luego de las mazmorras en los recuerdos sangrientos. Estaba lleno con cota de malla, armaduras, espadas, largos cuchillos curvos, mazos, escudos, lanzas, ballestas, y picas, más abolladuras de rodamientos, manchas, y otras evidencias de uso. Incluso estar cerca de ellas hacía que mi mano derecha hormigueara, como si las esencia en esos objetos estuvieran alcanzándome.

La última vez que había estado aquí, mantuve mi mano derecha pegada a mi lado porque no había querido saber las espeluznantes historias que los objetos contenían. Esta vez, la extendí, buscando los eventos que habían convertido a Sesshomaru en el hombre que él pensaba que yo no podía amar. La primera cosa que toqué era una larga lanza.

Levanté mi lanza con un grito que se hizo eco por miles de soldados detrás de mí. Superados en número o no, preferiríamos morir que permitir que Valaquia fuera conquistada. Luego urgí a mi caballo por la colina empinada, oyendo el tronar de cascos mientras mis hombres me seguían...

Esa imagen se desvaneció y fui después por el escudo, tocando el emblema de dragón martillado en el metal.

Una nube de flechas oscureció el cielo. Levanté mi escudo y me preparé, esperando a ver si vivía o moría. Una vez que mi escudo paró de estremecerse, me levanté, cortando las flechas pegadas de él con un duro golpe de mi espada. Luego sonreí a pesar de la sangre corriendo por mi frente. Aún no muerto...

Mi corazón empezó a correr por esos ecos de batalla, pero no me iba a detener. Acaricié un mazo de apariencia perversa después.

Me senté en mi trono, sin mostrar signos de la rabia corriendo a través de mí. Mehmed pensó intimidarme escogiendo a tres de mis ex carceleros para acompañar a su enviado. Estaba equivocado.

- ¿Su devoción les impide quitarse los turbantes en mi presencia? - repetí. Luego sonreí a mis torturadores de la infancia.

- Déjenme ayudarles a asegurar que sigan puestos. Sosténganlos. - Mis guardias sujetaron a los oficiales mientras traía el mazo y varias largas picas. Luego, mi rabia transformándose en fría resolución, clavé sus turbantes a sus cabezas.

- Aquí está mi respuesta a los términos del sultán. - Después de que el tercero cayera sin vida al suelo, arrojé el sangriento mazo al horrorizado enviado.

Salí de ese recuerdo hacía otro más rápido que los que había registrado cuando toqué el siguiente. Mi visión se arremolinó mientras más imágenes del pasado superaban el presente. Entonces vislumbré a una mujer con un exuberante cabello castaño, pero cuando intenté ver su rostro, se puso borroso. Luego ella se había ido mientras tocaba algo más en mi determinación de ver todo lo que Sesshomaru pensaba que no podía manejar. Dolores fantasmas y malditas emociones dentro de mí con cada objeto nuevo, viniendo tan rápido y violentamente que comencé a perder el foco en lo que era real. Ya no era más una mujer buscando validación sobre sus sentimientos por su ex amante.

Yo era Sesshomaru Basarab Dracul, permutado por mi padre a una infernal prisión política siendo un niño, luego fui un hombre joven, peleando guerra tras guerra para mantener mi país libre, sólo para ser traicionado por mis nobles, la iglesia, e incluso mi propio hermano. Luego fui abandonado por el yokai que era mi Sir, viudo por una mujer quien me evitaba por mis actos, y aprisionado de nuevo por Naraku, un yokai quien deseaba reinar Valaquia a través de mí. Traición, dolor, y muerte fueron mis compañías constantes, con todo no podía permitirles romperme. En vez los usaría para romper a mis enemigos.

- ¡Rin! - Como si proviniera de muy lejos, oí la voz de Sesshomaru.

Lo sentí agarrarme, pero no podía verlo. Mi visión había sido reemplazada con rojo. Sesshomaru llamó mi nombre otra vez, pero su voz se hizo borrosa. Pronto no podría escucharlo o sentirlo. Bien. ¿No podía ver que estaba tratando de dormir? Algo se vertió en mi garganta y la conciencia regresó. A través de una roja niebla, vi el rostro de Sesshomaru. Sentí sus brazos fuertes alrededor de mí mientras su muñeca presionaba en mi boca.

- Rin, ¿puedes oírme? - preguntó, moviendo su muñeca para permitirme responder. Parpadeé, pero el rojo no dejaba mi visión. Luego le entregué el objeto que aún estaba aferrado en mi mano, vagamente notando que era una antigua corona.

- Estás equivocado - susurré.

- Realmente te amo. - Si Sesshomaru respondió, no lo escuché. Una explosión de mareos seguidas por un dolor ciego rasgó a través de mi mente, y luego no sentí nada en lo absoluto.

¿Se puede estar despierto lo suficiente para escuchar qué pasa a tu alrededor, pero también lo suficiente atontado para no hacer nada ante eso? Porque al parecer durante las siguientes horas, permanecí en un extraño estado de semiinconsciencia, escuchando fragmentos de las voces de Gretchen, de mi padre, de Sesshomaru e incluso de Jaken. En un punto de la conversación, empezaron a gritar, pero cuando las cosas se volvieron inteligibles, caí en el olvido de nuevo.

Cuando volví, estaba supremamente alerta por dos cosas: el olor a sangre y el sonido de tambores. Entre ese olor y los irritantes buh-boom, buh booms, no había manera de que pudiera dormir, lo que apestaba porque estaba realmente cansada. Con sorprendente reticencia, abrí mis ojos, viendo un brillo pálido y borroso, con varas plateadas encima de mí.

- Dejen de... tamborilear - chirríe.

Algo oscuro bloqueo mi visión. Eso me tomo varios parpadeos antes de que me diera cuenta de que era la cara de Sesshomaru. Su barba incipiente era abundante, y su cabello grumoso y tieso en algunos lados. Tenía la misma desordenada apariencia de las personas después de pasar la noche bebiendo, pero me sorprendía ver a Sesshomaru luciendo como alguien al final de un ataque de tequila. Y, al aspirar, ¿él era el que olía a sangre? ¿Qué era lo que estaba pasando?

- ¡Papá, Rin despertó! - Gretchen grito excitada cortando a través del aire. Los tamborileos se hacían más ruidosos, también, su ritmo aumentando como si más gente se uniera a la banda. Yo gemí, cerrando mis ojos. ¡Alguien, por favor, haga que pare!

- Ambos, largo. Esto es mucho para ella - Sesshomaru manifestó.

- ¡Ella es mi hija! ¡Tú lárgate! - gritó mi padre. Eso hizo que abriera mis ojos. Hugh Dalton raramente alzaba la voz, y ¿a nadie le importaba que esa maldita banda sonara como si golpeara acero a ritmo de tambores?

- Váyanse. Ahora - chasqueó Sesshomaru, sus ojos destellando rojos.

Iba a discutir sobre él usando su control de mentes con mi familia, excepto que tres cosas se hicieron evidentes. Lo primero que pensé eran varas plateadas era altos postes IV, estaba usando nuevos guantes de goma, y una vez que Gretchen y mi papa dejaron el cuarto sin una palabra, el único tamborileo que escuchaba provenía de mi pecho.

- ¿Qué está pasando? - pregunte haciendo una mueca de dolor ante el estallido de mi voz.

- ¿Y por qué luces como si hubieras rodado en el piso de un matadero? - agregue, en shock de que mi intento de susurrar también había sido demasiado ruidoso. Sesshomaru me miró fijamente, su expresión cambio de una intratable que le había dedicado a mi familia, a una que solo podía describir como cariñosa.

- Estoy cubierto de sangre por que te estabas desangrando hasta morir en mis brazos y no he podido cambiarme de ropa todavía. - Mi boca cayó abierta

- ¿Me morí? - grité. Una breve sonrisa revoloteo en su cara.

- No estás gritando. Tienes gran cantidad de mi sangre en tu cuerpo así que tus sentidos están híper-elevados. Eso es por lo que piensas que el latido de tu corazón es un tambor, y que los latidos de tu familia son más tambores. - Ojeé los postes de IV de nuevo. Una bolsa con líquido claro colgaba de allí, pero las otras tenían grueso líquido rojo.

- ¿Sigues dándome tu sangre? - pregunté/grité.

- Acabas de salir hasta ahora del coma - fue su réplica. ¿Morí y estuve en coma? ¿Podía este día ser peor?

- ¿Cuánto tiempo? - pregunté, bajando la voz tanto como fuera posible.

- ¿En coma? Tres días. ¿Muerta? Seis minutos, cuarenta segundos. - Él se sentó de vuelta en su silla, golpeteando el reposabrazos mientras su mirada iba de dorado a reluciente a escarlata brillante.

- Sesshomaru... - No necesitaba súper sentidos para escuchar la furia en su voz, o para adivinar la razón tras ello.

- No. - La sola palabra reverbero en lo que ahora me daba cuenta parecía una desordenada habitación de hospital. Un desfibrilador con marcas de quemaduras estaba en la esquina, agujas hipodérmicas estaban desparramadas en el mostrador, y una oscura máquina de electrocardiograma estaba junto a la puerta.

- La próxima vez que decidas usar tus poderes de manera excesiva, recuerda esto - dijo con el mismo duro tono.

- Te traeré de vuelta con lo que sea necesario, así que si valoras tu humanidad, no lo hagas de nuevo. - Entonces se levantó, dándome un vistazo de la mancha de sangre, arrugada, y decididamente olorosa antes de que se agachara y me acariciara la mejilla.

- ¿Y en cuanto a por qué lo hiciste? eso lo discutiremos una vez que te hayas recuperado. Otro día de sangre y descanso en cama debería ser suficiente. Ahora, tengo negocios que atender y tú tienes otra visita. - dijo, su voz baja y gutural.

- Hola, chica. - Jaken apareció en el marco de la puerta, su expresión mostrando timidez y alivio. Sesshomaru dejó caer su mano, sin decir otra palabra. Quería que se quedara, pero él probablemente quería una ducha y cambiarse de ropa, y no podía culparlo. Además, tenía a alguien para abrazarme... y pedirle una explicación.

- Ven aquí, Jaken - dije, esperando que fuera solo mi oído supersónico el que hiciera que eso sonara como si lo estuviera gritando.

Un bulto se instaló en mi garganta a medida que se iba acercando. No pensé que volvería a ver su baja y fornida figura, de uno veinte de altura o ese espeso cabello negro de nuevo, y cuando uso la silla de Sesshomaru para así poder pararse y abrazarme, no pude detener el flujo de lágrimas.

- Te extrañe, pequeña mocosa ¿Y podrías parar con las experiencias cercanas a la muerte? Si mi corazón aun latiera me habrías dado ya más de 500 infartos - murmuró, palmeándome mi húmeda mejilla.

- Debes decírmelo - replique, aspirando.

- ¿Qué paso? Vi el remolque. Nadie podría haber sobrevivido a eso. Él le dio a mi hombro una última palmadita antes de desenredarse de mis tubos y sentarse.

- Estas en lo correcto, pero no estaba allí cuando la línea de gas estalló. Después de nuestro último acto, estaba caminando de vuelta al remolque con Dawn. Entonces vi a esa mujer al otro lado del estacionamiento, sola… engullendo una caja de helado… - Empecé a reírme en medio de una punzada de pena por Dawn. Jaken amaba el sabor dulce en la sangre, era algo conocido para mí.

- O sea que tus dulces dientes, o colmillos, salvaron tu vida. - Mi sonrisa decayó, y no pude ocultar el dolor en mi voz.

- ¿Por qué no me buscaste después de la explosión? - le pregunte.

- Seguí llamándote a gritos pero no viniste. Solo Maximus lo hizo. - Él dejo salir un suspiro.

- Sabía que tú estabas en el remolque de Hammer porque te vi entrar. Pero entonces la explosión... - Sus rasgos se endurecieron.

- Todo lo que estaba en un radio de 50 kilómetros fue destruido. Incluso al doble de esa distancia, la mujer de la que bebí estaba herida. Sabía que eso te habría matado, pero de todas maneras traté de llegar a ti. El calor derretía mi piel antes de que pudiera alcanzar el remolque de Hammer, así que tuve que regresar. En ese momento todos los gritos... la gente estaba atrapada en sus autos o corriendo seguidos del fuego. No podía salvarte, pero traté de salvar a tantos de ellos como pudiera. Después de que las ambulancias se hubieran llevado a los más heridos, me fui. No podía quedarme y ver cómo extraían tu cuerpo. - Su voz se agrieto en la última palabra. Tomé su mano, contenta con mis nuevos guantes que me permitieron tocarlo sin mandarle corriente.

- Y entonces llamaste a Sesshomaru - terminé, un trozo cada uno.

- Él no tomo la noticia muy bien. Me hizo investigar a dónde iban a ser llevados los cuerpos, y entonces saltó en su jet. Le dije que no habría mucho de ti para convertir, pero no me escuchó. - Jaken expulsó un gruñido.

- ¿Convertir? - repetí antes de entender el significado.

Los onis eran personas que habían bebido sangre de yokai, después mataban a esa persona e intercambiaban su corazón con el corazón de un yokai. Desde que estaba en dieta de sangre de yokai y Sesshomaru sabía que era resistente al fuego al mismo tiempo, él sabía que una transformación era posible, si la explosión no me había arrancado miembro a miembro... ¡Eso era lo que estaba haciendo en la morgue cuando lo vi en la visión! No quería ver mi cuerpo porque estaba apenado o para regodearse, como había pensado. Lo hacía para traerme de vuelta.

- Convertirte en un oni. Serías la misma, pero frecuentemente, necesitarías comer lo otro, otro tipo de carne. - dijo Jaken, no pensando en que ya me lo figuraba. Se encogió de hombros.

Yo seguía dándole vueltas a este descubrimiento. ¿Sesshomaru habría sabido tan pronto como vio esos huesos que yo seguía viva? ¿O no lo había notado hasta que me había "oído" espiándolo? Y la pregunta más importante: ¿Por qué, si le importaba lo suficiente como para volar al extranjero y correr hacia una morgue para levantarme de la muerte, actuó de forma tan indiferente cuando lo deje?

- Luces pálida, Rin. Me iré, y te dejare descansar. - Eso lo oí, pero cualquier otra cosa que dijo después, no la escuché.

- Dormí por tres días, así que no puedes pensar que estoy cansada. - Lo estaba, pensé. Aunque, todavía tenía algunas cosas que hacer primero.

- ¿Puedes encontrar a mi papá y a Gretchen? Sesshomaru les ordeno salir, pero ahora puedo soportar sus latidos de corazón. - Y sus voces. Recordé que todo sonaba como gritos por el momento.

- Por supuesto. - Jaken aclaró su garganta.

- Debes saber algo. Cuando tuviste la hemorragia tu corazón se detuvo, Sesshomaru perforó tus arterias con los tubos de infusiones y te inundo con su sangre. En ese momento tomó el desfibrilador y mando choques eléctricos a tu corazón, para que volvieras a la vida. Si eso no hubiera funcionado, hubieras despertado como una no-muerta, y no hubiera habido nada que tu padre pudiera hacer para detenerlo. - Cerré mis ojos. ¿Fueron esos los gritos que escuché en mi estado de semiinconsciencia? Te traeré de vuelta haciendo cualquier cosa que sea necesaria, Sesshomaru había dicho, y aparentemente lo decía en serio. Le importaba más de lo que él admitía. ¿Había esperanza para nosotros después de todo?

La Dra. Natalie Romanov era el médico en la casa de Sesshomaru, y a diferencia de los otros miembros de su personal, no era nada agradable. Cuando le pregunté en broma si era su primera paciente este año, pensando que un doctor no podría ser llamado mucho en una casa de yokais, Natalie replico que monitoreaba a todos lo humanos de Sesshomaru para asegurarse de que estaban lo suficientemente saludables para alimentarlo y asistía a las víctimas de tortura desde que era una experta en manipulación neuromuscular. Bueno, yo pregunté. Después de que se fue, mi papá y Gretchen vinieron a verme. Les pedí disculpas por Sesshomaru poniendo su golpe mental en ellos, lo cual no altero a mi padre en nada.

- No quería irme, pero mis piernas me llevaron fuera de la habitación de todos modos. ¿Él puede hacer que haga lo que quiera, no es así? - Gretchen, particularmente satisfecha, se veía más fascinada que enojada.

- Sí - dije, odiando que los rasgos de mi padre se endurecieran como si fuera a tragar un vaso molido. En ese momento el murmuro algo bajo su aliento, sin mis súper sentidos, nunca hubiera podido escucharlo.

- No, él no está usando control mental en mí. Por un lado, toda la sangre yokai que bebo me hace inmune a esto. Por el otro, si lo hubiera hecho, no habríamos roto, porque podría haberme hecho creer que estaba encantada con todo lo que había entre nosotros. - Mi padre me miró fijamente, la sospecha dando paso a la convicción en su rostro.

- Qué me escuches prueba lo peligroso que es ese hombre para ti. Te está cambiando a algo inhumano. Dejarlo ha sido la decisión más inteligente que has tomado. - Gretchen se encogió de hombros.

- Después de ver como actuó cuando ella casi muere, empiezo a entender por qué está con él. - Entonces su voz se endureció.

- Y en serio, Rin. Esta es la segunda vez ahora. - Cerré mis ojos, la culpa asaltándome.

Sí, esta era la segunda vez que Gretchen me veía balancearme al borde de la muerte, pero a diferencia de mi intento de suicidio a los dieciséis, esto había sido un accidente. Esto no hacía que el miedo disminuyera. De muchas maneras, el accidente con el cable de electricidad puso a Gretchen en medio del infierno, mucho más que a mí, lo único es que ella no tuvo las gratificaciones extras.

- Lo siento - dije, abriendo mis ojos.

- Ten a tu novio agregando dinero a mi cuenta de terapia para mantener mi cuenta de gastos. - Otro encogimiento de hombros mientras ella actuaba como si no le importara.

- Tú no tomaras nada más de él, y ya no es su novio. - Mi padre uso su voz de teniente coronel.

- Estoy teniendo en cuenta eso, y si no es más su novio, alguien debería decírselo. Tú viste como enloqueció cuando ella casi muere. Y no se movió de su lado hasta que despertó. - Eso usualmente conseguía obediencia inmediata por parte de Gretchen, pero esta vez, pasó desapercibido por ella.

- ¿Sesshomaru no se movió de aquí en los tres días completos? - Estaba estupefacta. Ella asintió.

- Como una de sus gárgolas de piedra. - Mi padre le dio a Gretchen una mirada tal que, si ella hubiera sido alguien más, eso hubiera sido el preludio de un puñetazo.

- Es suficiente - ladró.

- No, no lo es - dije bruscamente.

- No tienes el derecho a callarla nada más porque a ti no te gusta la verdad. Sin importar los problemas que Sesshomaru y yo hayamos tenido, ha sido un amigo fiel que ha salvado mi vida, y la de ustedes, la de Gretchen más de una vez, así que como mamá solía decir, si no puedes decir nada agradable... Cierra la puta boca - finalicé.

- Estoy contento de que estés mejor, pero no quiero que tu hermana se vea atrapada en este inframundo de muertos vivientes, y no importa cómo lo disfraces, porque eso es lo que es. - Mi padre se levantó, sus labios débilmente oprimidos, con el ceño fruncido mientras cojeaba a la puerta.

No replique porque la ira podría hacerme decir algo de lo que me arrepentiría. No pedí las habilidades que me hicieron un imán de secuestradores para los muertos vivientes, y atraer a mi familia al peligro porque ellos representaban una buena carnada para los chicos malos. Mi papá sabía eso, aunque seguían echándome la culpa aún de todos modos. Gretchen espero hasta que él se fue antes de hablar, también.

- Wow. Eso fue bastante egoísta de su parte. - Por una vez, mi pequeña hermana y yo estábamos completamente de acuerdo.

Continuara…

Anonymous reviews have been disabled. Login to review. 1. Prologo 765 0 0 2. Cuatro semanas antes… 7294 0 0 3. Trampa de fuego 5926 0 0 4. Bombardero 4808 0 0 5. De vuelta al secuestro 5923 0 0 6. No puedes escapar de mí 6349 0 0 7. ¿Caballero o dragón? 7066 0 0 8. Eres solo mía 8767 0 0 9. Pareja moderna 4060 0 0 10. Traidor 5305 0 0 11. Sangre 6178 0 0 12. Estrategia conyugal 4716 0 0 13. Bruja 3570 0 0 14. El verdadero villano 5224 0 0 15. Aviso de la autora 1 0 0