Dos veces tentada @zoraidarosecristal
De vuelta al secuestro

De vuelta al secuestro

Los ojos rojos de Maximus hipnotizaron a un motorista que pasaba para llevarnos a un Motel 6 en la frontera con Indiana. Una vez allí, me forcé a comer la comida para llevar que Maximus me había conseguido aunque viajar con parte de un cuerpo había matado mi apetito. Después me duché antes de caer rendida en la segunda cama libre. A pesar de haber dormido pocas horas los últimos dos días, estaba completamente despierta, Maximus, por otra parte, pareció caer dormido tan pronto como su cabeza tocó la almohada.

Eché un vistazo a la bolsa de plástico en la mesa entre nosotros. Al menos el olor de la crujiente... lo que fuera que contenía de Adrian. No podía arriesgarme a usarlo de enlace a la mujer yokai de nuevo durante unos días. Necesitaba dosis regulares de sangre de yokai para continuar viva incluso cuando no estaba sobre utilizando mis habilidades, o haciendo frente a las persistentes secuelas de un aura piroquinetica integrada en mí. De nuevo, me encontré envidiando a los yokais, esta vez por su curación instantánea. Si no fuera humana, podría empezar a rastrear al asesino de Adrian ahora en lugar de dentro unos días. Estar limitada por mi frágil mortalidad era frustrante, pero había rechazado mi oportunidad de cambiar de bando.

Con Jaken muerto y la ruptura con Sesshomaru, no había otro yokai en el que confiara lo suficiente para ser mi "maestro". Sesshomaru había estado en lo cierto sobre que era un vínculo inquebrantable. Dudaba sentirme lo suficientemente cerca a otro yokai para querer esa conexión permanente con él. Aun así, el descanso, alimentación regular y sangre de yokai debería recuperarme lo suficiente para rastrear a quien quería matarme sin arriesgarme a otra hemorragia o ataque cardíaco. Incluso si abandonaban, yo lo intentaría de nuevo en unos días. La cara bonita del yokai moreno cruzó por mi mente, trayendo una nueva clase de determinación. Jaken y Dawn merecían ser vengados y mi familia merecía estar a salvo. Parar a esa mujer, y quien fuera que la enviara, valía el riesgo.

Flotaba en un avión privado de lujo, sabiendo enseguida dónde estaba, en el avión de Sesshomaru. Él estaba sólo a unos metros, llevaba un abrigo gris marengo sobre pantalón y camiseta negros. Era el mismo traje con el que lo imaginaría en la morgue, pero no estaba amenazando a nadie ahora. Sus ojos estaban cerrados, el cabello plateado cayendo sobre sus hombros hasta mezclarse con su ropa oscura. Tenía que ser otro sueño. Ya que nada de esto era real, podía hacer lo que secretamente había deseado estas dos últimas semanas. Floté sobre Sesshomaru y descendí hasta estar a su lado, extendiendo la mano para acariciar su rostro. No sentí su mandíbula. En cambio, mi mano desapareció a través de su cara.

Aun así, tocarlo respondía a una necesidad que me había desgarrado noche y día desde que le dejé. Incluso aunque todo se había ido al infierno y Sesshomaru podría ser la persona de la que estaba huyendo, no pude evitar tocar su mejilla, sus cejas y finalmente sus labios. Una parte de mí lo odiaba por su trato cruel, pero el resto todavía lo extrañaba tanto que dolía.

- Veo que tus poderes han vuelto, Rin. - Me aparté, huyendo hacia el otro lado del avión. Los ojos de Sesshomaru todavía estaban cerrados, pero la curvatura sardónica de su boca me dijo que no había imaginado las palabras.

- Esto es sólo un sueño - declaré, más para mí que para él.

- Y estamos en tu avión porque le dijiste a Maximus que estabas volando a América, así que mi subconsciente usó ese detalle. - ¿Ves? Nada de qué preocuparte, me tranquilicé. Lástima que no se callara para que pudiera disponer de unos momentos más de solaz. Fíjate que ni en un sueño, Sesshomaru podía ser cooperador.

- Estás con Maximus. - Una afirmación, no una pregunta. Me encogí de hombros aunque él no podía verlo.

- Eso no es asunto tuyo. - Aparecieron llamas, ascendiendo desde sus manos hasta sus brazos.

- Oh, pero lo es. - Entonces sus ojos se abrieron y se sentó, mirando alrededor como si quisiera adivinar mi ubicación. Agité la mano hacia los lados, agradecida cuando no miró en mi dirección. Sesshomaru siempre parecía saber dónde estaba antes cuando le espiaba, otra prueba de que nada de esto era real.

- Dejó de ser asunto tuyo cuando te alejaste sin siquiera mirar atrás - dije, disfrutando la oportunidad de descargar algo de dolor. ¡Gracias, subconsciente!

- ¿Alejarme? ―Su resoplido se las apañó para ser al mismo tiempo despectivo elegante.

- Te ofrecí todo y lo despreciaste. He tenido enemigos menos despiadados en su trato. - Lo tomé de los hombros pero mis manos le atravesaron. ¡Demasiado para meter algo de sentido en él!

- ¿Despiadada? ¿Yo? Todo lo que quería era que me amaras, pero según tú, ESO era pedir demasiado. - Las llamas se apagaron. Bien. No quería soñar con él explotando accidentalmente su avión.

- Palabras. Compartí mi casa, mi cama y mi sangre contigo, te ofrecí un lugar en mi vida para siempre. ¿Qué son las palabras comparado con eso? - Su tono era afilado.

- Oh, Sesshomaru, si creyeras eso, me habrías dicho lo que quería oír sólo para apaciguarme. No lo hiciste, lo que prueba que decir "Te amo" significa más para ti que todo lo demás. - Suspiré, mi ira disipándose tan rápidamente como lo habían hecho las llamas. Sus cejas se unieron como nubes de tormenta.

- Suficiente de esto. Dime dónde estás. - Casi digo, "South Bend, Indiana" porque, ¿qué peligro había en decírselo al Sesshomaru de los Sueños? Entonces me paré.

- Estoy en la esquina de No es Asunto Tuyo y Jódete. - ¿Por qué iba a satisfacer al Sesshomaru de los Sueños, tampoco?

- No me pongas a prueba. Sabes que la explosión de la tubería de gas no fue un accidente. - Su puño se cerró bruscamente, golpeando el reposabrazos.

- Y también sé quién podría haber estado detrás de eso - repliqué con maldad aunque no lo creía. Sus puños se abrieron y cerraron. Si esto no fuera un sueño, juraría que olía a humo.

- No puedes creer que fuera yo. - Otro encogimiento de hombros que no podía ver.

- Maximus dice que tu orgullo podría haber provocado una pequeña venganza por dejarte. - Un ruido escapó de Sesshomaru demasiado visceral para ser llamado gruñido.

- Ha firmado su propia sentencia de muerte dos veces, entonces. - Incluso imaginariamente, no se podía razonar con él.

- Necesito despertarme. Este sueño apesta. – murmure cansada.

- ¿Estás dormida? ¿Por eso tu voz es débil y no puedo agarrar la mayoría de tus pensamientos? - Las alarmas empezaron a sonar. Mejor que esto fuera mi subconsciente siendo MUY creativo. Debió tomar mi silencio como un sí. Sesshomaru sonrió, de una expresión aprensiva a una de exasperante satisfacción.

- No contactas conmigo cuando estás despierta, pero me alcanzas en tus sueños. Eso debería decirte en quien confías en realidad. - Comencé a pellizcar mi brazo. Fuerte. Sueño o no, era demasiado molesto seguir hablando con él.

- Piensa en esto cuando te despiertes - continuó, miel de acero goteando en cada palabra.

- Maximus siempre te ha deseado. Desde la explosión, te ha hecho creer que es tu salvador y que no puedes confiar en nadie más. ¿Una feliz coincidencia? - ¡Despierta, despierta!, canté mentalmente.

- Maximus no me haría daño, como tú has estado haciendo incluso cuando no era tu intención. –dije en voz alta.

- Voy por ti, Rin. Si te preocupas por Maximus, entonces le dejarás y contactarás conmigo con tu ubicación. Eso le dará una oportunidad de correr. De otro modo, me verás matarle cuando te alcance. - La sonrisa de Sesshomaru se desvaneció, aunque sus labios se echaron hacia atrás, revelando los colmillos más largos que había visto nunca. "¡No te atreverías!" tembló en mis labios, pero no lo dije en voz alta porque sabía muy bien que lo hacía.

- No sé por qué alguna vez pensé que te quería - fue lo que solté en su lugar, miedo y rabia haciendo mi tono brutal. Algo relució a través de la cara de Sesshomaru que, en otro hombre, se le habría llamado dolor. Pero eso era imposible. Incluso en un sueño, a Sesshomaru yo no le importaba suficiente para herirle. Eso resultó cierto cuando su expresión se endureció otra vez.

- Te veré pronto - dijo, asintiendo como despedida.

Una oleada de furia me sentó de un golpe en la cama. Mi abrupto movimiento sobresaltó a Maximus, que se despertó mucho más alerta. Todavía estaba procesando el hecho de que mi sueño había acabado cuando él estaba justo delante de mí, grandes manos enmarcando mi cara.

- Otra vez no - murmuró, cortando su muñeca con un colmillo.

- Para - protesté cuando sostuvo su muñeca sangrante contra mi boca, pero eso y apretar su brazo no supuso ninguna diferencia.

- Traga - dijo con severidad. Lo hice, maldiciendo a los yokais y su prepotencia todo el tiempo. Cuando finalmente retiró su muñeca, le empujé, pero tuvo tanto efecto como una mosca intentando tirar un muro de ladrillos.

- ¿Qué demonios? - espeté. Rozó mi nariz antes de mostrarme su dedo rojo.

- Empezaste a sangrar, no iba a esperar a ver si tu corazón se paraba de nuevo, también. - ¿Otro sangrado de nariz? Pero no había estado usando mis poderes... Bajé la mirada. Sip, los guantes estaban todavía puestos, además de que era completamente imposible conectar con alguien mientras dormía. Aun así, las coincidencias se acumulaban.

- Llama a Sesshomaru - dije, presa de un impulso casi desesperado por probar que estaba equivocada.

- ¿Por qué? - Sus cejas se elevaron.

- Para ver si él… (Amenaza tu vida, te dice que me ponga al teléfono, algo así), suena raro - acabé sin convicción. Maximus se quedó mirándome, el escepticismo escrito en toda su cara.

- Es importante - le dije, agarrando su brazo. Después de otra mirada penetrante, se acercó a donde había tirado su abrigo y sacó su móvil.

- Sesshomaru - dijo después de una breve pausa.

- Lo siento, debo haber marcado involuntariamente el último número que me llamó... - Esperé reteniendo el aliento, esperando oír mi nombre en medio de una explosión de amenazas. Pero aunque podía distinguir la voz de Sesshomaru en la otra línea, hablaba demasiado baja para que las palabras fueran claras. Después de un minuto, Maximus colgó y se encogió de hombros.

- Sonaba bien. - Dejé escapar el aliento en un suspiro que parecía venir de mi alma. ¡Sólo un sueño!, trompeteaba en mi mente. No importa cómo me sentía o mi sangrado nasal espontáneo, si hubiera sido real, Sesshomaru se habría revuelto contra Maximus tan pronto como oyó su voz...

Me quedé inmóvil, con las garras de la duda deslizándose por mi columna. ¿Lo habría hecho? Sesshomaru dijo que me apartara de Maximus y luego le contactara. Si Maximus supiera que la mentira sobre mi supuesta muerte se había descubierto, no me dejaría fuera de su vista el tiempo suficiente para que hiciera eso. Sesshomaru también insinuó que Maximus podría estar detrás de la bomba de la tubería de gas. Sí creía eso, ¿arriesgaría la ventaja que le daba mi habilidad de contactar con él en sueños? No. Sesshomaru era astuto hasta el punto de ser un sociópata. Nunca revelaría esa ventaja hasta que fuera demasiado tarde. Naturalmente, había otra posibilidad. Sesshomaru podría no revelar que había contactado con él en sueños sólo para fastidiarme.

- ¿Vas a decirme por qué acabo de hacer una llamada de mentira a mi maestro? - La voz irónica de Maximus pasó a través de mis reflexiones. Incluso aunque no creía las insinuaciones que el Sesshomaru de los Sueños había lanzado, persistentes dudas me impidieron contestar con la verdad.

- Yo, Um, tuve un sueño en el que su avión se estrellaba - dije, intentando mantener su mirada a pesar de la sensación de tener "¡Mentirosa!" escrito en luces de neón en mi frente. Un gruñido.

- Tienes que superarle. Te volverás loca si no lo haces. - ¿Volverme loca?, pensé con tristeza. Todas las señales indicaban que ya lo estaba.

El sudor humedecía mi ropa y mis músculos gritaban, pero continué elevando y bajando mis piernas con un ritmo suave y controlado. Ciento treinta y nueve... ciento cuarenta...

- Tienes que parar. Esto no es sano. - Los brazos de Maximus estaban cruzados, sus guapos rasgos fruncidos en una mueca. Le ignoré y seguí levantando las piernas. Unas manos frías se cerraron alrededor de mis tobillos, impidiéndome seguir con mi siguiente serie de elevaciones.

- Lo digo en serio, Rin. Para. - Le miré fijamente.

- Suéltame. - Su agarre sólo se estrechó.

- No hasta que me digas lo que has comido los últimos días. - Solté algo mitad risa mitad jadeo por el esfuerzo.

- ¿Debería comenzar con mi mejor amigo volado en pedazos o saltar a la parte donde piensas que su asesino podría ser mi ex-novio? - ¿O incluso quizás tú?, añadió mi desagradable voz interior.

Traté de ignorar esa voz, pero se estaba haciendo más fuerte. Maximus decía que no sabía lo de mi resistencia al fuego, pero podría haberlo oído cuando estaba viviendo con Sesshomaru. Me había ayudado a encontrar el que puso la bomba, pero, ¿y si fue porque sabía que Adrian ya estaría muerto? Desde entonces, había sido inflexible en que siguiera buscando a la yokai, citando preocupación por mi salud. Pero, ¿y si el ataque al corazón nunca sucedió? ¿Y si la única consecuencia de abusar de mis poderes era una hemorragia nasal?

- Algo más te está molestando - dijo Maximus, soltando mis tobillos.

- El ejercicio me ayuda a mantenerme fuerte y lo necesitaré para vincularme mañana a la yokai. Ya he esperado suficiente. - Me senté y cuidadosamente elegí mis palabras.

- Algunos días me recuerdas a Sesshomaru. - Maximus gruñó.

- ¿Qué quieres decir? - pregunté bruscamente.

- Tu obsesión con la venganza. Lo próximo que querrás será estacarle un palo por donde ya sabes una vez que la encuentres. - La idea era atractiva, pero...

- No es sólo venganza. Mi familia va a tener dianas en la espalda tan pronto como los asesinos descubran que estoy viva. Además, sigo teniendo pesadillas donde Sesshomaru nos encuentra. El ejercicio me ayuda a dormir sin tenerlas. - Luego cambié de táctica.

Todo era verdad. Me permití una noche tranquila ayer y me arrepentí cuando el Sesshomaru de los Sueños me dijo que se estaba acercando a mí. No era real, pero me desperté con una hemorragia nasal y una sensación de premonición igualmente, los cuales escondí de Maximus. Su mirada gris se tiñó de rojo.

- Hay otras maneras de cansarte antes de dormir. - Esta fue la primera vez desde nuestro beso que me había hecho una insinuación; bastante caballeroso teniendo en cuenta que habíamos estado encerrados en la misma habitación durante los últimos tres días.

Estaba a punto de rechazarlo suavemente cuando esa voz interior rugió a la superficie. ¡Esta es tu oportunidad! Quítate los guantes y tócale. Si la esencia de la morena está en algún sitio de él, es que es culpable como el infierno. Me quedé quieta. ¿Podría ser tan cruel? Estás nadando con tiburones, espetó esa voz despiadada. O te crecen los dientes o te comen. La mirada de Maximus se hizo más brillante. Poco sabía por qué estaba considerando su oferta. La culpa competía con el frío sentido práctico. Maximus sólo había sido amable conmigo, pero, ¿cómo de bien le conocía? Además, Sesshomaru le había conocido durante siglos, y aun así Maximus estaba actuando a sus espaldas ahora.

El rostro de Jaken destelló en mi mente, seguido por el de mi padre y el de Gretchen. Alguien había asesinado a mi mejor amigo y le haría daño a mi familia para obligarme a salir. No podía permitirme ser ingenua y confiar cuando por el contrario podía asegurarme. Muy despacio, me quité los guantes. Los ojos de Maximus se hicieron más brillantes, bañando la habitación en un suave resplandor esmeralda. Luego se acercó y se arrodilló, cada movimiento deliberado, como si algo de repente me pudiera sobresaltar. Y podría. Mi corazón latía tan rápido que me hizo marearme un poco.

Estaba a punto de jugar una versión sensual de la Ruleta Rusa con un yokai de casi mil años y dos metros de altura en cuclillas delante de mí. Había una línea muy fina entre la supervivencia y la imprudencia, y en este momento, no estaba segura de en qué lado caían mis acciones. Maximus se acercó con andar lento y leonino. Cuando estaba a sólo unos centímetros de distancia, inhaló y frunció el ceño.

- ¿Qué pasa? - Malditos los yokais y su habilidad para descifrar emociones por el aroma. Miré mis manos y de nuevo a él.

- No quiero hacerte daño, pero no quiero ponerme los guantes de nuevo. - Las mentiras eran más convincentes cuando se salpicaban de verdad.

- Yo... quiero tocarte. - Me tragué un nudo que no era por completo por el nerviosismo.

Un gruñido bajo envió escalofríos sexys por mi columna vertebral. Antes de volver a respirar, ya estaba en sus brazos. Me besó con una intensidad que brevemente me hizo olvidar mi objetivo. Entonces me puso en su regazo, colocándome hasta que estuve a horcajadas. Un bulto grande sobresalía entre mis muslos. Agarró mis caderas y me apretó contra él, esa dura longitud frotando mi punto más sensible. Me quedé sin aliento, pero con un toque de desesperación. Se sentía bien, pero también... sin sentido.

Con claridad repentina, comprendí la diferencia entre la lujuria y hacer el amor. Si yo tuviera sexo con Maximus, disfrutaría de la misma manera que disfrutaba la comida china... con la certeza de que muy pronto, me sentiría vacía otra vez. ¡Maldito Sesshomaru! Incluso en los brazos de otro hombre, el recuerdo de ese yokai duro de corazón me atormentaba. Aparté la boca.

- Maximus, para. - Sus manos se detuvieron, pero le dio a mi cuello un largo y hambriento lametón.

- ¿Qué pasa? - Para empezar, no eres el hombre del que todavía estoy enamorada. Además de eso, no estoy segura de que pueda confiar en ti.

- Yo... es demasiado pronto. - Bajé la cabeza mientras decía las palabras, dejando que mis dedos jugaran sobre sus hombros como si me disculpara.

No había rastro de esencias extrañas ahí. Me senté de nuevo con un suspiro, arrastrando mis manos hacia abajo por sus brazos. Una esencia demasiado familiar apareció, haciéndome maldecir a Sesshomaru en silencio otra vez. No sólo estaba en mi piel; en la de Maximus también. Sus manos se deslizaron por mis muslos.

- Demasiado pronto para sexo, quizás, pero hay otras cosas que podemos hacer. - Detuve sus manos, bajando por sus brazos para agarrarlas.

- Lo siento. Es, ah, demasiado pronto para eso también. - Su suspiro de decepción me hizo sentir culpable. ¡Buju! Se burló mi conciencia. A esa desviada voz interna no le importaba. Me urgía a agarrar las manos de Maximus con el pretexto de preocupación mientras buscaba trazos de esencia incriminatorios.

- Está bien. - Mostró una sonrisa torcida.

- No voy a hacerme viejo. - Otro rastro de esencia estaba impreso en su mano derecha, pero no pertenecía a la yokai morena o a Sesshomaru. Quien quiera que fuera se sentía muy culpable cuando él, o ella, tocaron a Maximus, pero si no era la mujer asesina, no era asunto mío.

- Gracias por entenderlo. Yo, ah, creo que me daré una ducha ahora. - dije antes de retirar mis manos y levantarme.

Ni siquiera necesitaría una fría. Por tercera vez, maldije a Sesshomaru. No era justo que fuera el único hombre que inflamaba mi corazón y mi cuerpo. Allá donde estuviera, esperaba que mi recuerdo todavía le quemara dentro y fuera, también. Maximus también se levantó. Entonces su cabeza se inclinó como si escuchara... y estuve en el suelo, su gran cuerpo protegiéndome de la explosión de cristal. Sobre el ruido de nuestra ventana, le oí gemir. Lo sentí temblar tan violentamente que su agarre se hizo insoportable, pero antes de poder gritar, me soltó. Luego tomó varios cuchillos y saltó.

Yo también, el voltaje surgiendo de mi mano derecha con un tiro doble de miedo y adrenalina. ¡Sesshomaru debe habernos encontrado! Esta era la misma forma en que había asaltado una habitación de hotel la primera vez que nos conocimos. Esperaba que el fuego pronto nos rodeara, pero no fue así. En cambio, otra ráfaga de disparos sonó. Maximus me tiró al suelo y me protegió una vez más, pero esta vez, no se levantó cuando el bombardeo se detuvo. Se dejó caer hacia adelante, la agonía desnuda en su cara tan vívida como los agujeros sangrientos en todo su cuerpo.

- Las balas son de plata líquida… ¡Corre! - dijo con voz ronca.

Me quedé horrorizada. Incluso las capacidades regenerativas de un yokai no serían capaces de expulsar eso, y no sólo casi paralizarían a Maximus, se sentirían como ácido quemando a través de él. Lo empujé de encima de mí, pero no para correr. Para lanzar un haz eléctrico a través de quien intentara disparar con ese veneno de nuevo. Me quité los guantes, sombríamente satisfecha con el resplandor sobrenatural que inundaba mi mano derecha. Entonces las levanté dejando escapar un gruñido.

- ¿Quieres matarme, Sesshomaru? ¡Tendrás que venir por mí! - Una risa burlona se unió a esta declaración.

La puerta no se abrió, voló a través de la habitación para estrellarse contra la cama. Una figura encapuchada apareció en el marco de la puerta, el rostro en sombras, pero alcancé a ver ojos rojos y una sonrisa despiadada. Me puse tensa, mi corazón batiendo incluso cuando la canalización eléctrica en mi mano se hacía más intensa. ¿Podría matar al hombre que amaba para proteger al hombre al que no lo hacía?

- Si quieres que viva, no te muevas. - La luz de la luna cayó sobre el rostro del hombre con la capa, dejando al descubierto el cabello corto negro, una mandíbula suave y una boca amplia y llena. No era Sesshomaru, descubrí, o nadie a quien reconociera. ¿Quién demonios era? El desconocido sonrió de nuevo, mostrando los colmillos.

- Tienes preguntas, pero sólo tenemos tiempo para responder a una. ¿Va a vivir o a morir? Si quieres que muera, pelea conmigo. Perderás porque no he venido solo y luego te llevaré de todas maneras y le mataré. Ven conmigo por tu propia voluntad, sin embargo, y le dejaré vivir. - Dedicó un guiño menospreciativo a Maximus, que se retorcía de dolor.

- No le escuches - consiguió decir Maximus. No miré hacia él porque eso requeriría apartar los ojos del desconocido; un error que no cometería.

- ¿Por qué debería confiar en ti? - pregunté con gran sarcasmo. Sus ojos brillaron rojos.

- Porque preferiría no perder mi mejor ventaja sobre ti. - Esa sola frase lo decía todo. Quienquiera que fuese, no era estúpido. Tampoco era uno de los hombres de Sesshomaru. Sesshomaru no intentaría utilizar a Maximus como ventaja contra mí. Sabría que era inútil ya que ya me había dicho que iba a matarle. Las sirenas sonaban a lo lejos. El desconocido suspiró.

- Se acaba el tiempo, pajarito. ¿Qué va a ser? - Mi mano dolía por la sobrecarga de las corrientes que corrían por ella, pero lentamente, la bajé. Ahora no era el momento. Maximus maldecía entre entrecortados gemidos de dolor. El desconocido sonrió.

- Escuché que eras lista. Esperemos que tu amigo lo sea también. - Algo duro se clavó en mi pecho. Miré hacia abajo y vi lo que parecía un dardo saliendo de mí. Cuando volví a mirar al desconocido, mi visión ya estaba empezando a desdibujarse y mis piernas se sentían como si hubieran sido reemplazadas con gelatina.

- Asegúrate de que recoges sus guantes. - Fue lo último que oí antes de que todo se oscureciera.

Cuando volví en mí, no abrí los ojos ni alteré mi respiración. En vez de eso, tomé inventario mientras pretendía que continuaba inconsciente. Dolor de cabeza, sin sorpresa, pero aparte de eso me sentía bien. Mis brazos estaban atrás de mi espalda. El grosor alrededor de mis dedos eran guantes, la tensión alrededor de mis muñecas y tobillos eran restricciones. La incómoda mordaza en mi boca se explicaba por sí misma. Entonces seguí con el entorno. El cabeceo y balanceo debajo de mi tenían que ser ondas, lo que significaba que estaba en un barco. Algunos de mis secuestradores estaban en la parte superior, por las voces, pero podía decir que había alguien en la habitación conmigo. Así que cuando abrí mis ojos, mi mirada aterrizó en el yokai de cabello negro que había disparado en el hotel la noche anterior. La única sorpresa que mostró fue un parpadeo.

- No esperé que estuvieras despierta tan pronto - arrastró las palabras. Mire hacia abajo a mi mordaza y de regreso a él, levantando una ceja. El tradujo el silencioso mensaje.

- ¿No necesito decirte que gritar no servirá de nada? - Rodeé mis ojos. ¿Qué era esto, el día del amateur? Sonrió antes de abandonar la esquina contraria.

El yokai lucía alrededor de mi edad, pero juzgué que tendría al menos cien años de edad. Los yokais viejos tenían una... cierta mirada, como si los siglos les dejaran una sensación de pesadez tangible. Mi captor sin nombre no tenía eso y si yo tenía suerte, tampoco ninguno de los otros que estaban en este bote. Los yokais jóvenes eran fáciles de matar.

- Agua - dije una vez que la mordaza fue removida.

Entre eso y las secuelas de ser drogada, mi boca estaba tan seca que mi lengua se sentía como un calcetín arrugado. El yokai desapareció y regresó con una lata de Coca-Cola. Incluso mejor. La cafeína me ayudo con mi dolor de cabeza, y mirarlo destapar la soda, significaba que no había manipulado el contenido, por lo que no estaba a punto de ser drogada nuevamente. Tragué saliva cuando el yokai lo alejo de mis labios, lo que significaba que dejé escapar un gran eructo en el momento que deje de tragar. Si ese eructo fue dirigido al rostro de mi secuestrador, bueno, no era mi culpa. Estaba atada.

- Encantador -dijo secamente.

- Perdí mi preocupación por las sutilezas sociales cuando le disparaste a mi amigo con plata liquida. Hablando de él, quiero verlo. - repliqué en un tono uniforme.

- No estás en posición de hacer demandas, pero sí, él sigue vivo. - La boca del yokai se torció.

- No deseas llevarme ante él, bien - dije, pensando rápido.

- Asumo que sabes que consigo impresiones síquicas desde un toque, así que quítame estos guantes y déjame tocarte. Entonces sabré si me dices la verdad. - El yokai se rió entre dientes, pululando un color rojo brillante de sus ojos.

- ¿Tocarme? ¿No querrás decir usar ese látigo eléctrico mortal que puedes manifestar para cortarme por la mitad? - Me congelé. ¿Cómo sabia él acerca de eso? Además de Sesshomaru, Maximus y unos pocos guardias de Sesshomaru, todos quienes me habían visto usar ese látigo estaban muertos.

- Ese es el porqué de esos guantes de goma. Por si acaso. - continuó, imperturbable.

- ¿Cuál es tu nombre? - pregunté, alegre de haber soñado casual. Sus labios se estiraron aún más.

- Llámame Hannibal. - Le devolví la sonrisa.

- Está bien, Hannibal, ¿que deseas que haga? ¿Usar mis habilidades para encontrar a tus enemigos? ¿Decirte si alguien está traicionándote? O, ¿leer el pasado desde un objeto? - Hannibal rió, y pensé que fue más Dr. Evil que glacial, presentimiento suficiente para arrastrarme hacia afuera.

- No quiero hagas nada, pequeño pajarito. Soy solo el chico de las entregas. Ni siquiera sé a quién te estoy llevando. Todo lo que sé es que vales tres veces más viva, pero si intentas algo, muerta sigue siendo una buena paga para mí. - Hannibal me hizo un alegre gesto antes de salir del cuarto.

No dije nada, tratando de pensar una forma de sacarme de esta situación. No iba a dejar que me entregaran a algún villano desconocido. Buscaría una forma de escapar aunque eso me matara. Ese hecho no me detendría. Después de todo lo que había pasado, prefería una muerte temprana luchando, que vivir con más pesar de la que ya tenía. Cada diez minutos, uno de mis secuestradores me revisaba. Había visto unas cuatro caras diferentes además de Hannibal, y desde los paneles como paredes, la cama matrimonial, el cortinaje y el tamaño de la habitación, quien sea que los haya contratado tenía mucho dinero. Si no estuviera atada a una barandilla para discapacitados, habría disfrutado viajando en un barco tan bonito.

La única ventana tenía las cortinas cerradas, pero por la falta de luz filtrada, debía seguir siendo noche. Imaginando que Hannibal había estado diciendo la verdad acerca de que no había estado tanto tiempo inconsciente. El lago Michigan era el más grande cerca del hotel y era más largo que algunos mares, así que podría pasar un tiempo hasta que llegáramos a nuestro destino. O podríamos llegar en cuestión de minutos. Eso es el porqué de mi concentración, tratando de canalizar todas las corrientes de mi cuerpo en mi mano derecha. Después de varios minutos, la sobrecarga de electricidad comenzó a tomar forma en lo que se parecía a una punta. Esto empujó contra mi guante, buscando la grieta más pequeña para liberarse de su pesada jaula engomada.

No existía tal abertura, pero mi objetivo era hacer una. Mejor morir tratando de escapar que humildemente ser entregada a quien me quería viva o muerta. Jamás me habría rendido a Hannibal, pero no había anticipado que sabía del alcance total de mis capacidades, y la vida de Maximus había estado en la línea. Es probable que ya esté muerto, susurró mi asquerosa voz interior. ¡Te entregaste para nada! Mis dientes se apretaron. Cómo odiaba la parte oscura de mí que continuamente me predecía fracaso o inutilidad. Eso me había llevado al suicidio a los dieciséis años, pero no me derrotaría ahora. Redirigiendo hacia mi mano derecha, más corrientes aparecieron. Si esa punta de electricidad se hacía más aguda y lo suficiente fuerte, perforaría a través de la goma y sería libre.

Vamos, urgí silenciosamente. Perfora, cariño, perfora. ¿Fue mi imaginación, o la capa de goma alrededor del pico de energía se estaba... abollando? Mi corazón latía con fuerza, por la excitación o por el estrés. No necesitaba un doctor para decirme que tanta electricidad era demasiado peligrosa para mi salud, pero me mantuve concentrada, dispuesta a que aquellas corrientes crecieran y se estiraran. El sudor cubría mi labio superior, mi visión se nublaba y todo mi cuerpo comenzó a temblar, aun así me mantuve concentrada...

Luz blanca inundo la habitación y brevemente oí un ¡zzzt! justo antes de que crujiera el suelo bajo mis pies. Miré hacia abajo, tan eufórica como ligeramente aterrada de ver un pequeño y asimétrico agujero. Buenas noticias: había roto mi guante. Malas noticias: también podría haber perforado un agujero por todo el bote hasta el casco del barco. No oí ningún paso, pero no tenía la expectativa de que cualquier extraño sonido no fuera investigado. Segundos después cuando el guardia de la espesa barba y el cabello largo y negro apareció en la puerta, de inmediato cubrí el agujero en el piso. Por supuesto, si de ese agujero comenzaba a salir agua a borbotones, estaba muerta.

- ¡Tienes que dejarme ir! - improvisé, golpeando contra el poste, causando más alboroto.

- Yo, umh, ¡tengo que hacer pis! - El guardia, al cual había apodado Capitán Morgan debido a su look, sacudió su cabeza en disgusto.

- Humanos - murmuró. Entonces desapareció.

Esperé con el aliento contenido, pero no reapareció y el agua no comenzó a salir disparada de debajo de mi pie. Entonces exhalé con alivio y una determinación implacable. Diez minutos más hasta la próxima guardia para comprobarme. Durante ese tiempo, tenía que liberarme y una vez hecho, tendría que matarlos a todos. Afortunadamente, conseguí soltarme sin perforar más agujeros en el suelo, pero escasamente pude hacerlo sin que me vieran tras la puerta antes de que el siguiente guardia viniera a revisarme. Maldije mi latido de corazón al tiempo que escuchaba esos tenues pasos que se acercaban.

¿Podría el guardia adivinar que no seguía asegurada a la baranda? Si era así, estaba asegurándome mi propia muerte. La advertencia de Hannibal hizo eco a través de mis pensamientos. Muerta sigues siendo un buen día de pago para mí... Nervios y miedo se agregaron al disparo de electricidad en mi mano, haciendo que una pequeña lluvia de chispas saltaran de esta. El aire se sentía sofocante, y capté un olor a ozono. Entonces el guardia se detuvo en la entrada antes de irrumpir a través con un susurro.

- ¿Qué? - Mi muñeca chasqueó, el arco cruzo a través de él antes de que pudiera pensarlo.

El guardia rubio no pronunció otra palabra, pero su boca se seguía moviendo cuando su cabeza golpeo el suelo. El resto de él permaneció de pie por pocos segundos, sus brazos agitándose como si aún tratara de conservar el equilibrio. Estaba muy ocupada para sentirme asqueada. El miedo fue un combustible para aumentar la adrenalina a través de mí, actuando como cables para mi corriente. Eché un vistazo hacia debajo del corredor, no había nadie, y pensé una manera de atraer a otro guardia en la habitación sin despertar sospechas.

- ¿Qué estás haciendo? - pregunté en una estridente voz.

- ¡Detente! Quita tus asquerosas manos de mí. - Me interrumpí haciendo un sonido como de una bofetada y luego lloré de dolor. Después de eso, hice ruidos de gimoteos irregulares intercalados con lloriqueos.

- ¡No, no, detente! - Momentos después, Hannibal gruño.

- Te dije que no dañaras la mercancía, Stephen. Folla a otra en vez de esta. - Mi muñeca crujió tan pronto como Hannibal cruzo el umbral, pero él dio una mirada al cuerpo y golpeo la puerta hacia mí. El látigo de corriente cortó su cintura en vez de su cuello, pero no lo suficientemente profundo. Seguía de pie.

- ¡Perra! - gruño Hannibal mientras algo rojo golpeaba el suelo.

Parte de mí estaba gritando horrorizada, pero mi instinto de supervivencia sobrepaso a todo lo demás. Aníbal rió hacia mí, y yo azoté otra chisporroteante corriente hacia él. Esto corto a través de su hombro todo el camino hacia debajo de su lado, cubriéndome de un velo rojo mientras él tomaba velocidad al llegar hacia mí. Lo empujé lejos. Él cayó, pero la mitad que tenía su cabeza se desplomo hacia mí. Solo unos pocos centímetros de carne unían su lado izquierdo a su torso, ¿y todavía seguía vivo?

- Perra - dijo con voz ronca. Abrí desmesuradamente los ojos. ¿Podía hablar también? No quería ver qué más podía hacer Hannibal. Otro estallido de corriente de una larga forma en Y lo hizo caer, pero no tuve tiempo de soltar un suspiro de alivio. Más pasos sonaron en el corredor.

- ¿No me invitaron a la fiesta? - preguntó una entretenida voz.

No espere por él para que viera que la "fiesta" había tomado un giro letal. Tan pronto como los pasos se acercaban, azoté un cerrojo en el corredor, golpeando al que parecía el capitán Morgan. Él miró fijamente hacia mí con una extraña expresión en su rostro. Entonces todo al norte de su mandíbula se deslizo hacia abajo, golpeando el suelo con un ruido sordo que hizo eco de su cuerpo momentos después.

- ¿Qué demonios? - Una reciente urgencia de adrenalina se disparó a través de mí. El cuarto guardia miro fijamente hacia los restos del capitán Morgan con incredulidad.

Entonces desapareció por las escaleras con velocidad yokai. Corrí detrás de él, desesperación o agotamiento haciendo que mi corazón se sintiese como si fuera a estallar. El yokai estaba casi en los controles, presionando un botón mientras volteaba a mirar atrás hacia mí. El látigo cortó a través de su rostro, pero estaba demasiado lejos para matarlo. Di otro latigazo hacia él mientras llegaba a la cubierta tan rápido que me caí. Inmediatamente, algo pesado se estrelló contra mí, agarrándome antes de golpear mi cabeza contra la fibra de vidrio. El quinto guardia se había unido a la pelea. Mi visión flotó mientras el dolor ardía en mi mente, pero si me centraba en eso, estaría muerta. En lugar de proteger mi cabeza como instintivamente quería hacer, extendí mi mano derecha contra el yokai, disparando todo lo que tenía adentro hacia él.

Inmediatamente, su peso se había ido. Gateé hacia atrás tan deprisa que casi me salía por la borda, pero agarré la barandilla justo a tiempo. Entonces esperé, mirando alrededor buscando frenéticamente a mi atacante. Nadie se apresuraba hacia mí. Nada se movía, en realidad. Usé la barandilla para ponerme sobre mis pies, mi mente continuaba en alarma mientras las náuseas y el oleaje hacían difícil encontrar mi equilibrio. No había dado otro paso cuando tropecé, maldiciendo mi torpeza. Entonces miré hacia abajo... y no pude apartar la mirada.

No me tropecé porque siguiera con los efectos secundarios de un golpe en la cabeza contra el casco. Tropecé porque el suelo estaba cubierto de lo que lucía como lasaña. Me tomó unos pocos segundos para traducir el significado. No era lasaña. Eran los restos del yokai que salto sobre mí. Mientras tanto; el otro yokai estaba desplomado sobre los controles, marchitándose lentamente como todos los yokais hacían cuando morían de verdad. Empujé tanta electricidad a mi atacante que había explotado. Estaba indecisa entre reírme de alivio y el deseo de gatear de vuelta a la baranda y vomitar hasta que me desmayara. Había querido matar a mis captores y lo había hecho, y todavía no había entendido el alcance de mis habilidades. Como de costumbre, la vida no esperaba hasta que estaba lista para mostrarme lo que tenía guardado.

El sonido de varios golpes tiró de mi enfoque de la terrible vista a mí alrededor. Venían de la cubierta, y cuidadosamente se mezclaron con esperanza. ¿Era Maximus? ¿U otro guardia tratando de atraerme hacia abajo a la misma trampa que yo le había hecho a sus compañeros? Fui a la angosta escalera, mirándola con resignación. Mi cuerpo entero estaba agotado pero la pelea podría no haber terminado. Los chicos malos no tomarían un descanso pero tampoco podría hacerlo yo. No me moleste en deslizarme por las escaleras. Con mi cautela, no podía escurrirme sobre un yokai que sabía que estaba llegando. Mi única defensa era mi mano derecha, y esta se sentía como una bombilla de luz que estaba a un toque del interruptor para quemar. Los golpes continuaron, desde abajo del suelo a pesar de que estaba debajo de la cubierta ahora. ¿Tendría este barco otro nivel?

Me encogí en cada cabeceo y balanceo del barco, anticipando el sexto atacante que se lanzaría contra mí. La única puerta abierta a lo largo del pasillo era la que estaba llena de cuerpos, pero no estaba sola. Los continuos sonidos probaban eso. Buscaba al final del corredor cuando escuché otro golpe vibrando bajo mi pie. Salté hacia atrás, débiles chispas saltando de mi mano, antes de notar el pestillo en el suelo. Una bodega de carga se mantenía asegurada del exterior. Eso descartaba el inminente ataque de un sexto guardia. Otro golpe sonó. Maximus, pensé, haciéndome caer de rodillas de alivio. Halé del cerrojo, tiré de la puerta... y miré fijamente.

- Por favor - murmuró una chica manchada de rojo. Sus ojos estaban cerrados y más formas ensangrentadas estaban junto a ella. Quería levantarla pero no la toqué. Incluso drenada, la vitalidad en mí podía dañarla y ella estaba muy cerca de la muerte. La directiva de Hannibal a Stephen sonó en mi mente. Folla a alguien en su lugar. No había sido la única carga que Hannibal había recogido.

- Todo va a estar bien. - La ira hizo que mi voz sonara más fuerte de lo que me sentía. Los ojos de la chica revolotearon abiertos.

- ¿Quién eres? - balbuceó.

- Soy la persona que asesino hasta el último de los yokais en este bote - le dije. Después de ver el contenido de la carga, ya no rechazaba mis habilidades. De hecho, estaba contenta de haber hecho esos cinco guardias añicos. Ella sonrió frágilmente, entonces su desvaneció y cerró los ojos. Agité la puerta para obtener su atención.

- No. Necesitas permanecer despierta, y si alguien más está vivo, necesitas despertarlos, también. Dime que lo entiendes. - Sus ojos se abrieron, su color azul me recordó a los de Gretchen. Parecían ser los mismos, también. Mi rabia creció.

- Lo haré. - Entonces empezó agitar la forma más cercana a ella.

- Levántate, Janice. La ayuda está en camino. - Me levanté, impulsada por una fría determinación. Tan maldito como esto era. Entonces abrí cada puerta en el pequeño corredor. Dos eran almacenes, uno era un baño, y el cuarto...

Me apresuré hacia adelante. Maximus estaba en el suelo en una pequeña habitación, cinta alrededor de su boca y algo que parecía un alambre de plata estaba desde sus tobillos hasta su cuello. Este se envolvía firmemente a su alrededor y desaparecía entre su piel en algunos lugares, como si sus movimientos lo hubieran profundizado. Me corte los dedos tratando de quitar el alambre, pero podía ayudar con la mordaza. La arranqué, golpeando su rostro cuando él siguió sin abrir los ojos.

- Maximus, despierta. - No hubo respuesta.

Si no fuera por el hecho de que los yokais se volvían una cascara marchita cuando morían, podría pensar que había llegado demasiado tarde. Entonces, con insoportable lentitud, abrió los ojos. Lo miré fijamente con horror. Lo blanco estaba manchado con líneas de gris oscuro. Una mirada más cercana reveló que por debajo de la sangre seca, había manchas similares en su piel.

- Ellos nunca sacaron la plata liquida de ti - susurré.

No hubo respuesta de parte de Maximus. Sus ojos rodaron hacia atrás y se estremeció tan fuerte que el alambre arrancaba trozos de piel. Jaken me había dicho lo que le pasaría a un yokai si la plata liquida permaneciera en su sistema el tiempo suficiente. Esto no mataría a Maximus. Le haría algo peor: degradaría su cerebro hasta que se convirtiera en un demente, y una vez que llegara a esa etapa, no habría modo de volver atrás. Aún si cortaba el alambre de él, el veneno real seguiría destruyéndolo desde el interior. Maximus no podía ayudarme a salvar a los humanos moribundos en la bodega de carga. No podía salvarse incluso a sí mismo.

Continuara…

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