Dos veces tentada @zoraidarosecristal
Bombardero

Bombardero

- ¡Me veo ridículo! – Refunfuño Maximus por enésima vez. No me giré, sino que continué a zancadas por los restos del estacionamiento de empleados como si perteneciera a allí. Pasamos junto a algunos reporteros mezclados con la multitud de espectadores. La explosión había atraído tanto a los mirones como a los desconsolados.

- Tú eres el que insistió en venir. Por lo menos ya no pareces una reencarnación de Eric el Rojo, lo que es llamativo, por cierto. - hablé bajo para que sólo me escuchara él.

- ¡¿Y esto no lo es?! - Una burla.

Ahora sí que le eché un vistazo, cabello negro y espeso cubría cada centímetro de su piel expuesta y cejas pronunciadas que había aplicado con cola y un poco de plastilina. Teniendo en cuenta la falta de tiempo, había hecho un buen trabajo haciéndole parecer como si tuviera hipertricosis, más comúnmente conocida como la enfermedad del hombre lobo.

- No, en una feria no lo es. - Mi disfraz era menos dramático.

Llevaba una peluca corta rubia que hacía juego con el color de mi barba hirsuta nueva, además de cerca de dos kilos de inserciones de gel para darme la talla doble D que la naturaleza no se había molestado en darme. Mi cintura y las nalgas estaban acolchadas de manera similar, completando una figura de proporciones irreconocibles. Maquillaje de teatro cubría mi cicatriz donde la barba no lo hacía, y gafas oscuras completaban mi look de incógnito. Bueno, de incógnito para una feria. La mayoría de ellas tenían al menos una mujer barbuda. Por la mirada que el policía de barriga cervecera nos echó a Maximus y a mí, habíamos tenido éxito con la elección.

- Les dije a todos ustedes que se mantuvierais apartados - ladró. Levanté mis tetas falsas más arriba en sus confines encorsetados.

- Mi remolque apenas sufrió daños ¿Por qué no puedo ir a tomar mi bolso? ¡Necesito dinero para pagar una habitación de hotel! - le dije, señalando la caravana que tenía menos hollín.

- Te has dado cuenta de la gran explosión, ¿no? Una vez que terminemos nuestro trabajo, todo el mundo puede venir por sus cosas. Hasta entonces, alójate con un amigo. ¿No tiene Lobezno una manada a la que pueda llamar? - El oficial se volvió para irse tras su réplica mordaz, pero el gruñido de Maximus lo detuvo. Supongo que se estaba tomando su nuevo disfraz muy en serio.

- Quieres que... - comenzó el oficial, sólo para quedarse callado cuando la mirada de Maximus se encendió, hipnotizándolo.

- Vamos a pasar - dijo en voz baja y resonante. El oficial asintió.

- Por supuesto. - Había días en que envidiaba a los yokais. Este era uno de ellos.

- Qué bueno que viniste. No me gustaría esperar y arriesgarme a que borren todo rastro de la esencia del asesino - murmuré mientras Maximus y yo nos agachábamos bajo la brillante cinta de la escena del crimen.

- Yo también. - Incluso con el cabello falso, vi su expresión sombría.

- Camina con nosotros. Si alguien pregunta somos testigos a los que estás entrevistando. - Entonces al oficiar ahora obediente asintió. Teniendo en cuenta todos los policías, bomberos, empleados de la compañía de gas y demás personal apresurado, teníamos pocos minutos antes de que nos detuvieran.

Con nuestra nueva escolta, nos dirigimos al remolque de Jaken. Incluso varias horas después de la explosión, el aire era aún espeso con una mezcla de gas, caucho quemado y otras cosas indecibles. Me obligué a no vomitar, pero el impulso era fuerte. También lo fue el impulso de estallar en lágrimas cuando vi la ennegrecida cáscara hueca que nos había servido como casa a Jaken y a mí durante años. La mitad de ella se había ido, ya sea desintegrada por el calor feroz o estallada en innumerables trozos.

Mirar la cáscara arruinada hizo que la plena realidad de la muerte de Jaken me golpeara. Una pequeña y tonta parte de mí había esperado secretamente que hubiera sobrevivido y que no me hubiera escuchado cuando le llamé gritando anoche. Esa esperanza se extinguió tan completamente como su vida cuando la explosión ocurrió. La destrucción fue tan completa, que dudaba que encontraran suficientes restos como para que lo enterrara. A pesar de mi voluntad, un rastro húmedo y caliente se deslizó por mi mejilla.

- No - dijo Maximus en voz baja.

- Este no es el momento. - Limpié la lágrima errante y cuadré los hombros. Tenía razón. El duelo vendría después. Ahora, tenía que averiguar quién apagó la vida de Jaken. Sin embargo, mirando alrededor, no estaba segura de por dónde empezar. ¿El gran cráter delante de lo que solía ser el remolque de Jaken? ¿Por encima de la línea de gas?

- ¿Qué has encontrado hasta ahora? - preguntó Maximus. Me volví, pero la pregunta no iba dirigida a mí.

- El último de los incendios fue apagado hace sólo un par de horas, así que no mucho - respondió el oficial con voz monótona.

- Cinco muertos, tres más desaparecidos. La compañía de gas lo ha apagado así que estamos comprobando las tuberías. Encontramos algo en el pozo cerca de un trozo retorcido de tuberías... - Sus ojos marrones claros fijos en Maximus como si estuviera pegado.

- Enséñamelo - interrumpió Maximus. El oficial comenzó a caminar hacia una zona de tiendas de campaña repleta de personas que llevaban chaquetas de ATF. Tiré de la manga de Maximus.

- Hay demasiados - le susurré.

- Vuelve - dijo Maximus al oficial, que obedeció.

- Obtén el objeto y reúnete con nosotros fuera en la sección este de la barricada. No dejes que nadie sepa lo que estás haciendo. - El agente se fue. Seguí a Maximus a la sección de la barricada donde había menos espectadores. Después de diez minutos, el corpulento oficial estaba de vuelta.

- Ten - dijo, sacando una bolsa de debajo de su camisa.

Lo tomé, mis voluminosos guantes de goma disipando cualquier preocupación sobre las huellas dactilares. Esa había sido la siguiente prioridad después de que Maximus comprara todo lo necesario para nuestros disfraces. Entonces levanté la bolsa, frunciendo el ceño. El celofán transparente revelaba algunos trozos arrugados de alambre y lo que parecía ser un trozo de plástico.

- ¿Eso es todo? - El agente asintió.

Maximus me llevó a una cabaña solitaria a unos treinta metros de distancia. Antes de la noche anterior, había sido un puesto de comida. Ahora que estaba vacío, el olor áspero de humo químico sustituía al de las palomitas de maíz, algodón de azúcar y el olor de los pasteles. Me quité el guante derecho con un suspiro. Dejaría huellas en esta ocasión, pero no tenía otra opción. Luego acaricié la pieza de plástico.

Lo primero que reviví fue un investigador encontrando este fragmento. A partir de sus pensamientos, sabía que no era de plástico, sino de titanio, un material usado a veces en la fabricación de bombas. Por debajo de eso, tenía una mínima impresión de otra persona cavando en la oscuridad, pero el rastro era demasiado débil. El fuego debía haber quemado la mayor parte del rastro.

- Tenías razón. No parece ser un accidente - le dije.

- Lo sabía ¿Viste quién lo hizo? - murmuró Maximus.

- No. - Acaricié uno de los otros cables, decepcionada cuando las únicas impresiones eran las de otro investigador de la escena del crimen.

Luego toqué el último alambre y el puesto de comida se desvaneció. Silbaba mientras presionaba los cables en el plástico, entonces usé finos fórceps quirúrgicos para trenzar los extremos alrededor del gatillo. Después de examinarlos, cerré la carcasa sobre el dispositivo y me eché hacia atrás, quitándome la máscara. Terminado. Miré con orgullo la bomba. De lejos, mi mejor trabajo. Lástima que nadie apreciaría su intrincado diseño, pero la mayor parte se desintegraría con la detonación. Justo como el cliente quería. Esa imagen se disolvió y estaba de vuelta en el puesto de comida con un enorme yokai disfrazado de hombre lobo. Le sonreí a Maximus con una frialdad de la que no me había creído capaz.

- Tengo al fabricante de la bomba. - Su nombre era Adrian, y tomó dos días vincularlo para descubrir dónde vivía.

Uno de los inconvenientes de la búsqueda de personas en el presente era no estar dentro de sus cabezas. La gente no tenía su dirección tatuada en sus antebrazos, así que determinar su ubicación no siempre era fácil. Adrian tampoco me ayudó ese primer día. En su mayoría durmió. A la mañana siguiente, se dirigió a un local de Starbucks, ordenó un espresso doble, y luego leyó las noticias en su iPhone.

Veinte minutos más tarde, Maximus y yo estábamos de camino a Chicago. Él conducía. Caballeroso o controlador, no lo sabía, y después de varias horas, no me importaba. Me había quedado la mayor parte de la noche anterior tratando de determinar la ubicación de Adrian. Por encima del sueño perdido, vincular con alguien por lapsos muy largos de tiempo me drenaba. Había estado determinada a mantenerme despierta en caso de que Maximus cambiara de opinión acerca de compartir la conducción, pero en algún momento entre Atlanta y Chicago, me quedé dormida.

Flotaba por encima de un pasillo blanco. Puertas de principio a fin, una ancha, con un teclado numérico de ordenador al que una mujer de cabello rizado se sentó a un lado, las otras tan anodinas como para ser monótonas. Esa segunda serie de puertas se abrieron y Sesshomaru las atravesó caminando. Su abrigo estaba abierto, los lados revoloteando como alas oscuras. Jadeé, tratando de desaparecer en el techo, pero él no pareció notar mi presencia. Continuó por el pasillo a un ritmo que tenía el médico detrás de él corriendo para mantenerse al día.

- ¿Quién es usted? - La guardia de cabello rizado se levantó.

- Cállate y abre esa puerta - gruñó Sesshomaru.

Él me había adelantado, así que no pude ver si sus ojos estaban iluminados. Incluso si no lo estaban, la violencia apenas contenida en su voz debe haber sido suficiente para la guardia. Marcó unos cuantos números en el teclado y la puerta ancha se abrió. Tan pronto como el médico lo alcanzó, Sesshomaru lo agarró por el cuello, levantándolo sobre sus pies.

- Ahora, muéstrame su cuerpo. - Otro gruñido que palpitaba con la promesa de la tumba.

El médico asintió con la cabeza tanto como el puño de Sesshomaru alrededor de su cuello le permitió. Sesshomaru lo soltó, y una vez que se enderezó, el médico se apresuró a entrar en la habitación, con Sesshomaru justo detrás de él. Sabía que debía marcharme, pero no pude dejar de flotar hacia la puerta abierta. Antes de que la alcanzara, escuché un crujido metálico y luego la voz áspera de Sesshomaru.

- Ahora vete. - El doctor salió corriendo de la habitación, con la cabeza pasando por mis piernas mientras su cuerpo brevemente convergía con el mío.

Mi estado informe debería haberme preocupado, sin embargo, estaba extrañamente des preocupada. Si estaba muerta, no había nada que pudiera hacer para cambiar eso. Además, mientras no tuviera un cuerpo real, Sesshomaru no sabría que estaba aquí. Floté más allá de la guardia, que estaba acurrucada detrás de su silla, murmurando algo que sonaba como una oración. A pesar de que nadie había sido capaz de verme hasta el momento, solo me asomé dentro de la habitación. Esta tenía varias mesas de metal, un largo fregadero con varios sumideros, y una pared enteramente hecha de lo que parecían ser cabinas cuadradas de acero.

Sesshomaru estaba de pie junto a una cabina abierto en la pared. Una plancha sosteniendo una bolsa negra de plástico sobresalía frente a él. Su cabeza estaba inclinada, oscuro cabello ocultaba su expresión mientras abría la cremallera de la bolsa. El fuego lo rodeó desde las manos a los hombros mientras miraba su contenido. Entonces, muy lentamente, esas llamas se extinguieron mientras llegaba a su interior. Ahora sabía dónde estaba. Una morgue, y aunque tenía una buena idea de lo que había en la bolsa, tenía que estar segura. Flotaba por encima, manteniéndome cerca del techo, y miré hacia abajo.

Mi primera sorpresa fue lo poco que contenía. Un cráneo, dos fémures, y una columna vertebral compuesta por piezas suficientemente grandes como para que yo lo identificara. Después de eso, sería la conjetura de alguien saber qué eran los otros añicos carbonizados. Mi siguiente sorpresa fue ver a Sesshomaru acariciar los huesos. Él trazó la curva de la columna vertebral, la longitud de los fémures, y luego el cráneo, todo con un toque tan suave que apenas los perturbó. Todavía no podía ver su rostro, pero la luz penetrando a través de su cabello era tan intensa que casi esperaba que quemara los huesos como dos láseres escarlatas.

Mi mayor sorpresa fue oírlo suspirar "Rin" mientras acariciaba los huesos. ¿Pensaba que eran míos? Pero Sesshomaru estaba en Rumania y yo supuestamente había sido volada en pedazos en Georgia... Espera. Sesshomaru había hablado con la guardia y el doctor en inglés. Miré a mí alrededor. Las señales estaban en inglés, también. ¿Había ido Sesshomaru a Georgia, al enterarse de mi supuesta desaparición? Si era así, ¡me hubiera gustado saber lo que estaba sintiendo en este momento! ¿Satisfacción, si de verdad él estaba detrás de la bomba de la gasolinera? ¿O pena, si alguien más la había plantado y pensaba que el contenido de esta bolsa era todo lo que quedaba de mí?

Su cabeza permanecía inclinada, ocultando su expresión. ¡Mira hacia arriba, Sesshomaru! Rugí en silencio. Si él sonreía mientras acariciaba los restos, esto confirmaría mis peores sospechas, pero, ¿y si el dolor estaba dibujado en su rostro en su lugar? De repente, levantó la vista, y parecía estar mirando directamente a mí. Eso seguía sin responder mi pregunta. Su mirada era tan brillante que su expresión era borrosa en comparación.

- Rin... -

Di un salto, pero no fue Sesshomaru, quien dijo mi nombre. Era la voz de otro hombre, acompañada por un zarandeo fuerte. Salté en estado de alerta, la morgue transformándose en el asiento delantero de un coche. Maximus soltó mi hombro, frunciendo el ceño antes de volver su atención a la carretera.

- Debe haber sido un sueño. Comenzaste a temblar. - No lo dudaba. Mis manos todavía temblaban y no dejaba de mirar alrededor del coche como si esperara que Sesshomaru apareciera por arte de magia.

Había tenido sueños vívidos antes, pero ninguno se había sentido así de real. Miré mis manos, aliviada de que todavía tenía mis guantes. No sólo mantenían mi corriente dentro, también mantenían mi capacidad para accidentalmente conectar con alguien. No que me hubiera vinculado a alguien en mi sueño antes. Conectarse tomaba concentración, y dormir era la antítesis de la concentración.

- Todavía estás temblando. ¿Estás bien? – me pregunto.

- Sí. No es nada. Ni siquiera recuerdo de qué trataba el sueño. Su ceja levantada dijo, Mentira, más elocuentemente que las palabras, pero no insistió y yo fingí que no había mentido. - le contesté.

- Ahora que estás despierta, vincúlate al bombardero. Estamos a sólo una hora de Chicago. Si él no está en casa, quiero saber a dónde fue. - Buena idea. Saqué la bolsa que había amarrado en el contenedor de bebida y luego me quité el guante derecho.

Habíamos devuelto la bolsa plástica de evidencia al oficial menos una pieza de alambre. Froté ese cable, pasando por alto las primeras imágenes para concentrarme en la repetición de Adrian silbando mientras hacia la bomba. Su impronta era tan fuerte como antes, pero cuando traté de seguirlo de regreso a su fuente, me fui contra una pared de ladrillos de... nada. Lo intenté de nuevo, concentrándome hasta que el sonido de tráfico se desvaneció en suave ruido blanco. Aunque me concentré con todas mis fuerzas, no pude encontrar nada al final de ese rastro de esencia.

- ¿Todavía está en casa? - presionó Maximus. La frustración se mezcló con un sentimiento de aprensión.

- No lo sé. No puedo verlo. O estoy temporalmente sin energía, o... - No tenía necesidad de terminar la frase. Los labios de Maximus se presionaron en una dura línea. Luego pisó el acelerador.

Las luces parpadeantes, la cinta de la escena del crimen, y el hedor del humo se estaban volviendo demasiado familiar. Habíamos tenido que estacionar a más de una cuadra de distancia ya que la calle donde Adrian vivía estaba acordonada. Aunque no podía ver los números de ninguna casa a esta distancia, apostaría que la de Adrian era la que los bomberos todavía seguían regando.

- Hijo de puta - espetó Maximus.

- Quien sea que esté detrás de esto no le gusta dejar cabos sueltos - contesté, mientras que por dentro, maldecía.

Dudaba que esto se tratara de un caso de una bomba accidentalmente detonada mientras Adrian trabajaba con ella, aunque estaba segura de que había sido una puesta en escena para parecer de esa manera. Todavía teníamos una oportunidad de ver lo que realmente pasó, pero teníamos que darnos prisa. Aunque si el asesino todavía estaba en la zona, no lo estaría por mucho tiempo.

- Maximus, ve allí y tráeme un hueso del cuerpo. - La confusión cruzó por su rostro. Luego sonrió. Eso fue lo último que vi antes de que se alejara a toda velocidad, recordándome a un enorme león, cargando. Menos de un minuto después, oí un disparo y el sonido de una sirena policial. Entonces ya estaba de regreso con un pedazo de algo chamuscado en la mano.

- Vamos - dijo a la vez.

Hice una mueca ante el olor de carne quemada. Si sobrevivía a todo esto, podría volverme vegetariana. El hedor no pareció molestar a Maximus. Metió el trozo en su abrigo y me llevó de regreso a nuestro coche mientras más sirenas se disparaban. La policía probablemente no había visto cada detalle de lo que acaba de suceder, pero por los sonidos, sabían lo suficiente como para alarmarse. Me metí en el coche, aguantando una arcada cuando el interior cerrado hizo peor el hedor. Maximus rápidamente nos alejó a toda velocidad.

- Aquí. - Después de unos pocos minutos, sacó el pedazo ennegrecido de su abrigo y lo soltó en mi regazo. No pude evitarlo, grité. Él pisó el freno, haciendo que la cosa golpeara el parabrisas con un sonido húmedo. Grité de nuevo cuando eso golpeó de nuevo en mi regazo, manchando mis pantalones de hollín y cosas más pesadas, y gruesas.

- ¿Qué tiene de malo? - Él miró a su alrededor, una mano en el volante, otra sosteniendo un enorme cuchillo de plata.

- ¿Qué tiene de malo? - repetí, días de dolor y estrés haciendo mi voz chillona.

- Dejaste caer una parte de un cuerpo quemado sobre mí sin ni siquiera una advertencia, ¡eso es lo que está mal! - Sus cejas se juntaron.

- Pero tú me pediste que consiguiera eso. – me recordó.

- ¡Sé que lo hice! - Frustrada, saqué mi cabello de mi cara sólo para sentir algo viscoso.

Un vistazo a mi mano enguantada fue la gota final. Acababa de regar sustancia viscosa ennegrecida del bombardero en mi mejilla. Arrojé la parte del cuerpo en la dirección de Maximus y me bajé del coche. Mis guantes viscosos fue lo próximo que salió mientras corría hacia la acera más cercana. Luego me quité mi chaqueta, pero antes de que la tirara, la arrugué y froté furiosamente mi mejilla. Mi camisa también tenía repugnantes manchas en esta, así que también se fue volando, dejándome en nada más que un sostén, pantalones vaqueros, y zapatillas de deporte. Corrí por la acera sin ninguna idea real de lo que estaba haciendo o a dónde iba. Todo lo que sabía era que no podía soportar estar cubierta de la sustancia viscosa, apestosa, de mi intento de asesino, por otro segundo.

- ¡Rin! - Hice caso omiso del grito, no es que importara. Maximus me atrapó en el siguiente segundo, girándome alrededor para encararlo.

- No me toques ¡Lo tienes sobre ti! - le espeté, el pensamiento racional sustituido por una mentalidad de animal herido.

Su chaqueta y su camisa estaban en el suelo antes de que yo pudiera parpadear. A esta hora, las tiendas alrededor de nosotros estaban cerradas, pero las farolas mostraban cada centímetro de la parte superior de su cuerpo en crudo alivio. Al igual que Sesshomaru, Maximus tenía muchas marcas descoloridas de viejas cicatrices, pero a diferencia de Sesshomaru, su pecho era suave. Sin vello crespo oscuro, solo piel pálida y tensa, estirada sobre los músculos que ondulaban cuando me envolvió en sus brazos. No se estremeció mientras las corrientes se deslizaban sobre él al tocar mi carne desnuda. En su lugar me acercó más.

- Está bien. Estás a salvo ahora.- dijo suavemente.

No me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba oír eso hasta que lo dijo. Todo el dolor, la soledad, y la angustia de las últimas dos semanas se sublevaron, buscando consuelo en cualquier lugar en que pudiera ser encontrado. No sé si él inclinó la cabeza o si yo levanté la mía. Todo lo que sabía era que me estaba besando, y por primera vez desde que toda esta terrible prueba comenzó, no me sentía sola y rechazada. Cuando su lengua se deslizó en mi boca, le di la bienvenida. Él me había besado antes, meses atrás, y en ese entonces, había sentido un leve placer pero ninguna emoción real. Esta vez, estaba llena con tal dolor de soledad que exploré su boca tan a fondo como él lo hizo con la mía. No importaba que no fuera el hombre que yo amaba. Lo único que importaba era que él estaba aquí.

- Ojala no me preocupara tanto por ti. - Después de unos momentos, Maximus se alejó.

- ¿Qué? - pregunté sin aliento. Los yokais pueden no necesitar oxígeno, pero yo no podía besar así sin pagar un precio. Sus ojos se parecían al semáforo cercano de lo rojos que estaban.

- Estás estresada, cansada y vulnerable emocionalmente. No voy a tomar ventaja de eso, pero si me preocupara menos por ti, Rin... - Su voz se profundizó.

- ... estaríamos en el callejón más cercano con tus piernas envueltas alrededor de mi cintura justo ahora. - El calor debería haber aumentado ante esa imagen explícita.

En su lugar, un cubo de hielo de vergüenza se apoderó de mí. ¿Qué estaba haciendo? A pesar de mis acciones, no quería empezar nada con Maximus. Quería encontrar al asesino de Jaken, quien esperaba que no llegara a ser Sesshomaru, asesinar a esa persona, y luego llorar por mi mejor amigo mientras ponía mi vida de nuevo en orden. Involucrarme con el hombre que era la mano derecha de mi ex no estaba en ninguna parte de mi lista. Maximus debió haber sentido el cambio porque me dejó ir, su mirada de regreso del esmeralda brillante al gris ahumado.

- Exactamente mi punto - dijo él, la sequedad grabada en cada palabra.

- Lo siento. No era mi intención, ah... - Crucé los brazos sobre mi pecho, deseando no haber tirado mi chaqueta y la camiseta

- Ahórratelo - interrumpió secamente. Entonces su voz se suavizó.

- Entiendo. Necesitabas sentir algo bueno en medio de todo desmoronándose a tu alrededor, incluso si era sólo por un momento. Los humanos no tienen un monopolio sobre eso, Rin. Los yokais lo necesitan a veces, también. - Luego él recogió su camisa y abrigo descartados, dándome una simple y dura mirada antes de darse la vuelta.

- Pero en este momento, tenemos que volver al coche y entonces tú tienes que averiguar quién mató al que hizo la bomba. - No tomó mucho tiempo encontrar las imágenes que buscaba.

Aunque nada estaba más densamente lleno de recuerdos que los huesos de una persona, la muerte no es un espectáculo para todos. Lástima que las imágenes funcionaban como clips de películas dentro de un rollo de película en vez de estar yo misma dentro de la cabeza de Adrian cuando su asesino llamó.

- ¿Quién es? - replicó Adrian al llamado, como si no estuviera mirando hacia el otro lado de la puerta por una cámara de seguridad.

- No estés aburrido, querido - fue la réplica que recibió. Mis cejas se levantaron.

El asesino de Adrian era una mujer. Ella no tenía un acento mucho más bonito que su discurso, pero dudaba que su nacionalidad fuera americana. Adrian minimizó la pantalla antes de abrir la puerta. La mujer entró, usando anteojos oscuros y un pañuelo alrededor de su cabeza. Para empeorar las cosas, lo que podía ver de su rostro estaba borroso. Qué momento para mi visión psíquica de necesitar un descanso.

- Siéntete como en tu casa ¿Tienes sed? - Adrian arrastró las palabras, cerrando la puerta tras ella.

- Por supuesto - ronroneó ella. Ese tono me hubiera gritado, ¡Peligro! Pero Adrian parecía no notarlo.

- ¿Qué sería? - le preguntó.

- Cuando haya acabado, tu sangre - le respondió amablemente.

Él se dio vuelta, sorprendido, y se congeló cuando ella se quitó los anteojos. Aunque su rostro era aún borroso, el inhumano resplandor de sus ojos llegó a través de la claridad. Casi podía ver la voluntad de Adrian siendo robada bajo esa hipnótica mirada. Si no hubiera hecho una bomba para matar a mi mejor amigo, me hubiera apiadado de él.

- Vas a borrar todo registro de nuestros negocios, desde las transacciones bancarias a la cámara de vigilancia de tu puerta - dijo la mujer.

¡No!, pensé, pero por supuesto eso no cambió las acciones de Adrian. Él fue a su computadora, arrancando un montón de archivos y luego metódicamente los borraba. Incluso borró las copias de seguridad y también los respaldos fantasmas, muy a mi pesar.

- Está hecho - dijo inexpresivamente una vez que había terminado. La mujer se quitó el pañuelo. Cogí un flash de su rico y oscuro cabello antes de que todo se volviese confuso otra vez.

- Hora de tomar ese trago, querido. - Entonces tiró de la cabeza de Adrian a un lado y mordió su cuello. Cuando murió, la visión se terminó, mi frustración creció. Ni una vez conseguí un buen vistazo de su cara.

- uno sesenta y cuatro, sesenta kilos, cabello negro y un ligero acento que podría ser gales, inglés, escocés o irlandés. - Maximus frunció el ceño.

- ¿Eso es todo lo que tienes? ¿Una yokai que podría ser del Reino Unido? - Sabía cuán inútil era esa información.

- Voy a tratar de vincularme con ella otra vez, a ver si funciona mejor esta vez. - A pesar de mi disgusto, por segunda vez froté la pieza quemada que Maximus había arrancado del cuerpo quemado de Adrian.

- ¿Rin? ¿Estás bien? - Destellos de luces seguidos de una sensación de balanceo, pero cuando me concentre aún más, esas imágenes se desvanecieron y empecé a sentirme mareada.

- Bien. Solo un poco mareada - murmuré, intentando otra vez.

Después de un momento, tuve una visión de una mujer que llevaba la misma ropa que la asesina de Adrian, pero eso y el grueso trozo de cabello coloreado de nuez eran el único medio por el cual podía estar segura que era ella. Sus rasgos eran completamente indistinguibles. La pequeña y azul habitación se sacudió, lo cual era extraño. Entonces toda mi atención se centró en lo que ella estaba diciendo.

- ... no, no fue demasiado arriesgado... me encargué de eso, querido. Está muerto, poniendo fin a cualquier posibilidad de que esto pueda ligarnos a nosotros. - Por como hablaba, debía estar al teléfono. Me quedé mirando el punto borroso que era su cara, concentrándome, pero en vez de mejorarlo, causó una peor confusión.

- Estas exagerando. Incluso si hubiera sospechas, no conducirían a ninguna parte. Independiente que ella le hubiera servido estando viva, es menos peligrosa para nosotras muerta... - continuó.

Traté de concentrarme más en ella, pero entonces mi mareo volvió con una venganza. Me zumbaron los oídos también, y sentí algo húmedo goteando de ellos. Maximus maldijo. Entonces el auto se volvió tan fuertemente que coleó, añadiendo el estrellarse a mi lista de preocupaciones. Sin embargo no era capaz de expresar una queja, y ahora lo único que veía eran grandes manchas negras. Eso no puede ser bueno, pensé, justo antes de que algo duro me golpeara la frente. Tuve unos minutos de feliz nada hasta que me di cuenta que me estaba ahogando en un líquido sabor cobrizo.

- ¡Traga, maldita sea! - Traté de escupir, pero una mano me tapo la boca.

Dejarlo no era una opción, lo hice, realizando una mueca cuando reconocí el sabor. Sangre de yokai. Puré de monedas de un centavo hubiera sido menos repugnante. Abrí los ojos para encontrar a Maximus inclinado sobre mí. Mi cinturón de seguridad estaba fuera y mi asiento estaba completamente reclinado. Al menos se había detenido por completo antes de ignorar la carretera.

- Asqueroso - dije una vez que finalmente dejo caer su mano.

Él no pareció ofendido tanto como aliviado. Ahí fue cuando noté que ambas manos estaban manchadas de rojo, como también el frente de su camisa. No todo esto podía ser de Maximus forzándome a beber su sangre. Toda esa falta de pulso debe significar que los yokais no sangran mucho cuando son cortados. Añadiendo que el volante había sido arrancado, yo me había perdido algo grande.

- ¿Que sucedió? - Arrojó el volante a la parte posterior antes de volver al asiento del conductor.

- Comenzaste a sangrar por los ojos, oídos y nariz. Entonces tu corazón se detuvo. Tuve que hacer RCP y darte sangre hasta traerte de vuelta. - Oyendo como estuve tan cerca de morir debió aterrorizarme, pero todo lo que pude murmurar fue un cansado: "Este día apesta" La expresión de incredulidad de Maximus me dio ganas de reír, una aún más irracional respuesta, pero, ¿qué se supone que debía hacer? No podía llorar porque eso no arreglaría nada y tampoco teníamos el tiempo para que me meciera mientras me recuperaba, que era la única otra cosa que me parecía atractiva.

- Debo estar usando mucho poder en lapsos muy cortos - dije.

- Además, ya no soy a prueba de fuego, pero los restos del aura de Sesshomaru podrían estar jugando con mi sistema. Entre los dos, debería haber adivinado que mi cuerpo no podría manejarlo. - Maximus aún me miraba como si no pudiera creer mi indiferencia acerca de mi casi muerte.

- ¿Que sucedió con el volante? - Lo ignoré, dirigiendo mi atención a cuestiones más importantes.

- Estaba en mi camino cuando necesitabas ayuda - fue su respuesta.

- Bien. - Forcé una sonrisa que debió estar demasiado ladeada.

- Gracias. Es una lástima que debamos conseguir otro auto ahora. - Sus dientes destellaron en una sonrisa sin sentido del humor.

- Ese es el último de nuestros problemas. - Genial.

- ¿Cuál es el peor de ellos? - Maximus sacó su celular y lo movió hacia mí.

- Esta es la tercera vez que Sesshomaru trata de ubicarme. Debo contestar o sospechará. - No sonó pero la pantalla se ilumino, mostrando una llamada.

- ¡No lo...! - Maximus alzó un dedo.

- Ni siquiera respires fuerte - murmuró antes de contestar el teléfono con un breve.

- ¿Sí? - Me congelé cuando oí la voz de Sesshomaru, esa familiar, cadencia culta me afecto bastante por unos pocos momentos, no respiré.

- Maximus - dijo mi ex fríamente.

- ¿Interrumpo algo? - Unos ahumados ojos grises se clavaron en los míos mientras Maximus respondió.

- Nop, ¿por qué? - En tono tan casual que parpadeé. Buen mentiroso, anoté para futuras referencias.

- Porque esta es mi tercera llamada. - Fue la implacable replica de Sesshomaru. Supuse que era demasiado tarde para no considerarlo un sospechoso.

- Dejé mi celular en el auto mientras encontraba a alguien para comer - dijo Maximus con soltura.

- ¿Está todo bien? - Incluso si no estuviera a unos centímetros de distancia en un espacio cerrado... aun así habría oído el latigazo de respuesta de Sesshomaru.

- No, todo está mal. ¿Cuándo fue la última vez que viste a Rin? - No pude evitarlo, ahogué un audible respiro. Maximus me miró con el ceño fruncido antes de responder.

- La semana pasada, cuando la dejé en el remolque de Jaken en Atlanta. - No hubo nada de Sesshomaru por un tiempo, me pregunté si estaba hablando en voz demasiada baja para un oyente no yokai.

- ¿Estas aún ahí? - Disipando esa idea.

- Sí. - Una palabra, forzosamente dura que me estremecí. Algo tenía a Sesshomaru furioso. Deseaba agarrar el teléfono y demandar saber si había tratado de matarme, pero por supuesto, no lo hice. Espere, respirando tan superficialmente como podía a pesar de mi acelerado corazón.

- ¿Por qué preguntas por Rin? - probó Maximus, aun haciendo un gran trabajo de sondeo y engaño. Otro silencio incómodo. Entonces Sesshomaru respondió:

- Está muerta. - En un tono tan casual que lagrimas brotaron de mis ojos. Incluso si él no lo hubiera ordenado, no le importaba. Oír la apatía en su voz me cortó en lugares que ni siquiera sabía que tenía. Debí hacer algún sonido porque Maximus frunció el ceño mientras mantenía el dedo en los labios en la orden universal de silencio. Entonces dijo:

- ¿Qué? ¿Ahora? - Con tan creíble impresión que mentalmente lo eleve de Buen Mentiroso a uno Fantástico.

- Una instalación de gas cerca del tráiler de Jaken. Me han dicho que murieron dos instantáneamente en la explosión. Me voy a América esta noche para regresar los restos de Rin a su familia. - ¡Oh mierda! En medio de todo, había olvidado que Gretchen y mi padre también creerían que había muerto. Comencé una mímica a Maximus para detener a Sesshomaru, pero él puso una mano sobre mi boca, apretándola cuando gruñí.

- Eso es terrible - dijo, bajando la ventanilla del auto con su otra mano.

El ruido del tráfico pronto se fusiono con mis gruñidos, amortiguándolos. Si no me hubiera salvado la vida dos veces en la pasada semana, me habría quitado los guantes y le habría dado energía suficiente para hacerlo brillar, pero todo lo que hice fue pincharlo. Bueno, eso y lo mordí. Se lo merecía.

- Sí, trágico. Encuéntrame en Atlanta mañana. Vamos a volar a donde Gretchen. - dijo Sesshomaru, sonando aburrido esta vez.

- Eso… podría ser difícil - replicó Maximus, mostrándome sus colmillos mientras yo seguía mordiendo la parte carnosa de su mano. Lo tomé como un "Sigue mordiendo y te muerdo de vuelta", así que lo dejé después de un furioso final.

- ¿Por qué? - La frialdad volvió a la voz de Sesshomaru.

- Te dije que estaría revisando a alguna de mi gente mientras estuviera en Estados Unidos. Al parecer un par de los más jóvenes se han aficionado a la alimentación abierta. Tengo que tratar con eso, por supuesto. – explico calmadamente.

- Por supuesto - Sesshomaru casi ronroneo.

- Si no castigas su desobediencia ahora, ¿quién sabe qué traiciones causen en tu contra en el futuro, no? - Por como las fracciones de Maximus se endurecieron, también pensó que esos comentarios eran más una advertencia que una instrucción.

- Entrega mis condolencias a la familia de Rin - dijo, modulándome no hagas ningún sonido. Ya que su mano aún estaba sobre mi boca, no podía, pero mi mirada prometió que no habíamos terminado con esto.

- Lo haré - contesto Sesshomaru. Entonces colgó. Los yokais no eran aficionados a decir adiós, como aprendí hace algunos años viviendo con Jaken. Una vez que hizo una doble comprobación de que la llamada realmente había terminado, Maximus retiro su mano de mi boca.

- No podemos dejar que mi familia crea que he muerto. Es… es demasiado cruel. - fueron mis primeras palabras.

- ¿Qué es más importante? ¿Su seguridad, o su tristeza temporal? - replicó, clavándome con una dura mirada.

- ¿Seguridad? ¡Ellos no tienen nada que ver con esto! – chille furiosa.

- Aún no. Pero lo estarán, si revelas que estas viva. ¿Crees que pueden engañar a Sesshomaru? Un solo respiro y sabrá que solo fingen dolor. - contesto sin piedad.

A pesar de su lógica, estaba rota. Mi papá era fuerte, pero no sabía cuánto podría tolerar Gretchen. Ella aún tenía cicatrices emocionales por haberme encontrado después de mi fallido suicidio una década atrás cuando mis nuevas habilidades estaban a punto de romperme.

- Aún no creo que Sesshomaru esté detrás de la bomba. Puede que no le importe que esté muerta, pero si nos apoyamos en su orgullo, él será un infierno de aliado mientras buscamos a la persona responsable. - La mirada que Maximus me dio era molesta y compasiva.

- También sería un peor enemigo si te equivocas, y entonces, ¿qué crees que le pasara a tu familia? - Golpeé mi puño contra el asiento del auto. Si, lo sabía. Sesshomaru los usaría en mi contra. Incluso si no estaba detrás de esto, el real asesino lo haría, si se filtraba que aún estaba viva. La mejor manera de proteger a mi familia era dejándolos creer que estaba muerta y esperar que algún día me perdonaran por el engaño.

- Ellos van a odiarme por esto. - Suspiré.

- Pero estarán vivos para odiarte - señaló Maximus, y eso es lo más importante. Le lancé una sombría mirada cuando noté algo más.

- Incluso si Sesshomaru no es el responsable, ¿qué vas a hacer cuando descubra que le has mentido todo este tiempo? - Por la cerrada expresión de Maximus, él ya había pensado en eso.

- Tendré que convencerlo de que no me mate - dijo, su voz tan expresiva como si estuviera hablando de un juego. Cerré mis ojos, golpeada por una repentina e irracional urgencia de rezar. Eso era más fácil de decir que de hacer, y ambos lo sabíamos.

Continuara…

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