Dos veces tentada @zoraidarosecristal
Trampa de fuego

Trampa de fuego

El coche se detuvo en el interior del hangar. Abrí la puerta inmediatamente, sin querer que Maximus o Shrapnel lo hicieran por mí. A unos diez metros de distancia, un reluciente jet de color marfil esperaba. Bajo mi miseria, me pareció una buena cosa viajar de regreso a Estados Unidos en el avión privado de Sesshomaru. Incluso si mis problemas eléctricos desaparecían por arte de magia, si intentaba un vuelo comercial, mi expresión sombría garantizaría ser "seleccionada al azar" para un cacheo. Un joven de cabello rojizo esperaba en la escalera plegable al lado del avión, pero al verme, se precipitó hacia abajo.

- ¿Dónde están sus maletas, señorita? - preguntó en inglés con acento.

- No tengo. – murmure.

- Sí que tiene. Están en el maletero. - respondió Maximus, saliendo del asiento del conductor.

- Te dije que no quería ninguna de esas cosas. Vine con la ropa a la espalda y así es como pretendo irme. - Sólo la presencia de Gretchen me impedía perder los estribos.

- Te las llevas todas, órdenes de Sesshomaru. Lo que hagas con ellas una vez que estés en casa depende de ti. - dijo Maximus en un tono que hizo apurarse al pelirrojo a la parte posterior de la limusina.

Sesshomaru no debía querer ningún recuerdo mío estorbando en su casa. En una ocasión me dijo que si alguna vez quería salir de esta relación, me dejaría ir sin discutir. Tuve que admitir que el hombre cumplía su palabra. No sólo no había discutido, no lo había visto desde la noche que dejó mi habitación. Ni siquiera para decir adiós antes de que Gretchen y yo nos fuéramos al aeropuerto. No importa lo mucho que intentara decirme a mí misma que era lo mejor, dolía más que cualquier cosa que hubiera sufrido.

- Está bien - le dije, forzando una sonrisa para beneficio de Gretchen.

Mi caustica hermana había sido inusualmente protectora conmigo los últimos dos días. Me recordó lo cerca que habíamos estado antes del accidente que se cobró la vida de nuestra madre y me había dado mis habilidades. Yo le decía que estaba bien, así que no podía arruinarlo informando a Maximus de que preferiría ir desnuda a torturarme con los recuerdos manteniendo las cosas que Sesshomaru me había comprado. Además, él tenía razón. Podría tirarlos a la basura después.

- Bueno... adiós - dije cuando Maximus y el otro hombre terminaron de transportar el equipaje desde el maletero al avión. Él sonrió ligeramente.

- Todavía no. Voy a viajar contigo para asegurarme que eres entregada de forma segura a Jaken. - Entregada, como un paquete. Una vez más, me mordí la lengua para no perderlo delante de mi hermana.

- ¿Qué pasa conmigo? ¿A nadie le importa si consigo llegar a mi apartamento de una pieza? - Gretchen resopló.

- Shrapnel cuidará de ti. - Maximus asintió con la cabeza al calvo yokai de piel de moka que salió de la parte de delante de la limusina.

- Pensamos que Jaken no querría volver a verme. - Él sonrió, mostrando sus dientes blancos y perfectos.

Dado que Shrapnel había torturado a Jaken una vez, probablemente no. Por otra parte, Jaken podría no estar muy contento de verme, tampoco. Mi mejor amigo y compañero de feria me había advertido no involucrarme con Sesshomaru. Parece que le debía una disculpa a Jaken. Se la daría, probablemente mientras caía en sus brazos y sollozaba. No había dejado de llorar desde la noche que Sesshomaru se fue. Con Jaken, sin embargo, finalmente podía dejar de fingir que no estaba devastada por la ruptura. Él siempre había estado ahí para mí y lo necesitaba ahora más que nunca. Eché una última mirada alrededor, odiando esa parte de mí que esperaba que Sesshomaru se hubiera presentado, diciendo todo lo que se había negado a decir antes. Luego sonreí a Gretchen, preguntándome cuándo sería capaz de hacerlo sin que se sintiera como una mentira.

- De acuerdo, hermanita. Vayámonos a casa. - Dieciocho horas después, Maximus y yo llegamos a Gibsonton, Florida, también conocido como Showtown, . El calor y la humedad me asaltaron en cuanto me bajé del coche. Era sólo mayo, pero la temperatura tenía que estar cerca de los cuarenta grados.

- ¿Por qué huele a estiércol de elefante? - Maximus salió, también, mirando las casas alineadas como manchas de masa en una línea de montaje de panadería.

- Es Betsy - dije, señalando la casa modular gris.

- Sus entrenadores tienen un corral para ella en su patio... - Mi voz se apagó al mirar más allá de la línea de casas. Debería haber sido capaz de ver el remolque de Jaken ya que éste era el camino más corto hacia el que de caravanas, pero el lugar donde su Winnebago de 1992 debería estar estaba vacío.

- Oh, no - gemí.

- ¿Qué pasa? - De forma instantánea Maximus estaba en alerta, un cuchillo de plata apareció en su mano.

- Nada en lo que vaya a ayudar un cuchillo - dije, maldiciendo para mí misma.

- Por una vez, Jaken debe haber decidido emprender el camino rápido. - Dos cejas doradas se elevaron.

- ¿No está aquí? – murmuro viendo a su alrededor como si eso fuera a invocarlo.

- No. Debería haber llamado, pero Jaken nunca comenzaba la temporada pronto. - Además, quería decirle en persona lo que había pasado. Maximus guardó su cuchillo y sacó un móvil.

- Llámalo. Averigua dónde está. - Le lancé una mirada hastiada.

- No conoces a Jaken cuando está en la carretera. Ya lo estaría haciendo bien si recordara llevar su teléfono, ni pensar en cargarlo o responderlo. Pero no te preocupes. Conozco otra manera de saber dónde va a estar la feria. - Después de una breve parada para hablar con algunos de los otros feriantes, Maximus y yo salimos a la carretera de nuevo.

Al menos Gretchen y Shrapnel habían continuado el viaje en avión después de dejarnos en Florida. Si pensara que tenía una oportunidad de convencer a Maximus de que me dejara tomar un autobús, lo habría hecho, pero él no se iría hasta que hubiera cumplido con las instrucciones de su señor al pie de la letra. Varias horas más tarde, en un estacionamiento de feria al norte de Georgia, vi una casa rodante con nuestros nombres artísticos de El Poderoso Jaken y La Fantástica Frankie pintados en el lateral.

- Ahí - dije, señalando la caravana.

Maximus estacionó tan cerca como pudo. A esta hora previa al amanecer, todo estaba tranquilo en la sección de empleados de la feria. Salí, tan cansada que casi tropiezo con los vehículos, tiendas de campaña y las jaulas por el camino, sin embargo, me sentía aliviado también. Volvía a mi antigua vida donde Jaken y yo viajábamos de un estado a otro realizando nuestra actuación. En unos pocos meses, si tenía suerte, mi tiempo con Sesshomaru hasta podría sentirse como un sueño extraño, lejano y no dolería tanto. Impulsada por ese pensamiento, golpeé la puerta del remolque.

- ¡Jaken, abre! Soy yo. - La puerta se abrió tan rápido que me golpeó.

Pude vislumbrar una mata de cabello negro tupido antes de que el agarre rápido de Jaken me salvara de caer. Entonces me encontré envuelta en un fuerte abrazo por la cintura. Me incliné hasta que estuve a la altura del metro veinte de Jaken y lo abracé de nuevo con tanta fuerza que la corriente le hizo gritar.

- Lo siento - jadeé. Se rió entre dientes.

- Es mi culpa. Olvidé prepararme para uno de esos. - Entonces Jaken se retiró para echarme su primer vistazo real. Inhaló, y su boca se frunció en una línea delgada mientras que el verde envolvía sus ojos castaños.

- Hueles fatal, mocosa. ¿Qué ha pasado? - Sabía que no estaba hablando de que hacía un día que no me duchaba. Los yokais podían oler las emociones y probablemente le estaba sirviendo un plato de hedor de corazón roto.

- Lo que me habías advertido - le respondí con un intento poco convincente de indiferencia.

- Supongo que soy una de esas personas que aprenden por las malas. - Jaken suspiró antes de darme otro abrazo, y luego me dio unas palmaditas en la espalda cuando me soltó.

- Nadie ha muerto de un corazón roto todavía, así que sobrevivirás. Ahora ven dentro, parece que vayas a desmayarte. - Me sentía así, también.

- ¿Qué está haciendo él aquí? - Entonces Jaken frunció el ceño, mirando detrás de mí.

- ¿Cómo crees que ha venido? - respondió fríamente Maximus.

- Ahora ayúdame con este equipaje. - Estaba a punto de reiterar que no lo quería cuando alguien apareció en el remolque detrás de Jaken.

- ¿Quién está ahí? - preguntó una voz femenina atontada.

Si la luz de la luna no hubiera atravesado las nubes en ese momento, la oscuridad me habría hecho perderme la mirada tímida que apareció en el rostro de Jaken. Justo después me di cuenta de por qué. Una chica delgada con el cabello largo y negro parpadeó adormilada hacia nosotros, y no podía tener más de veinte años.

- ¡Jaken viejo verde! ¡Tú tienes ciento treinta y ocho! - exclamé antes de darme cuenta de la hipocresía de esa declaración.

- No es lo que piensas, trabajamos juntos… Soy la nueva Fantástica Frankie. - dijo la chica con una sonrisa vacilante.

Maximus me ofreció manejar cinco estados lejos de Gretchen. Jaken se negó y dijo que teníamos que resolver esto. No sabía cómo, pero no estaba dispuesta a involucrar a Maximus en nada más. Le di un abrazo y le dije que estaría bien. Eso era bastante fácil de decir. Tal vez pronto, incluso me lo creería. Jaken espero hasta que Dawn, el verdadero nombre de la nueva Fantástica Frankie, volviera a la cama en mi antigua habitación antes de ofrecer su idea.

- Le diré si puede terminar este evento, entonces ella tendrá que buscar otro trabajo. Bill, el hombre escarabajo, podría necesitar una asistente. – se rasco la barbilla pensativamente.

- No puedes hacer eso - dije. El cansancio hacia mi voz aguda.

- Ser una cirquera no es la primera ni segunda opción de una carrera para nadie. ¿Dawn está desesperada, verdad? - El asintió con tristeza.

- Sip, además tiene múltiples cargos por hurto. La gente parece olvidar que comer no es gratis. Ella podría pasar un largo tiempo, si la atrapan. - Y así venia Jaken al rescate de esta chica, dándole un trabajo, un lugar donde vivir y la seguridad de una mirada roja a cualquier policía sospechoso que anduviera alrededor. Había hecho lo mismo por mí cuando tenía la edad de Dawn y estaba un poco más desesperada. No podía tomar la mejor oportunidad que tenía esta chica, sin importar mis circunstancias de mierda. Le sonreí y espere que no pareciese una mueca.

- Mira, no puedes echarla. No te preocupes por mí. Yo, ah, tengo algunas joyas que puedo vender y mantenerme durante un año más o menos. – Algo bueno de Sesshomaru es que insistió en que me fuera con todo lo que me había dado.

- Mientras tanto, voy a crear mi acto en solitario. - Él se inclinó sobre la mesa plegable y agarró mi mano.

- Quédate aquí hasta que hayas hecho algunas reservaciones para este acto. – me dijo firmemente.

- No, realmente... – quise negarme, el remolque de Jaken era solo la mitad de grande que el cuarto de baño de Sesshomaru.

- No discutas mocosa - me cortó, apretando mi mano.

- No eres mi hija de sangre pero te amo tanto como a Vera, Dios la tenga en gloria, así que cállate y busquemos un lugar para que puedas dormir. - Me reí de eso, conteniendo las lágrimas del pasado que en cambio ahora fueron causadas por la felicidad.

- También, te amo Jaken, y siempre he pensado que el sofá es realmente cómodo. – señale esa cosa que llevaba en la sala del remolque desde la era glaciar.

Ella es bastante buena, pensé una semana después de ver la actuación de Dawn con Jaken. Por supuesto, él había hecho algunas de las volteretas más complicadas de su rutina, pero Dawn tenía un buen sentido del espectáculo que superaba sus debilidades acrobáticas. Para el momento final en que había aterrizado en sus hombros, casi pude imaginar que me estaba viendo a mí misma. Nos parecíamos debido a nuestros cuerpos y el largo cabello negro. Aparte de querer protegerla de la ley, no era de extrañar que Jaken no se hubiera molestado en cambiar el nombre artístico de Dawn del que yo había usado. Dudaba que cualquier espectador que hubiera visto antes el acto se diera cuenta que me habían remplazado por una más joven y menos electrizante modelo.

Había ido a su espectáculo para demostrar que estaba de acuerdo como habían resultado las cosas. Dawn era una dulce chica que necesitaba este trabajo y yo tenía otras opciones. Limitadas, pero no obstante tenía opciones. A partir de esta noche; estaba recuperando mi vida. Ovacionar a Jaken y a Dawn era el paso uno. El paso dos era hablar con Edgar. Él era apodado "El Martillo" por sus feroces tácticas de negociación, pero era más honesto que un prestamista promedio. A pesar de las garantías de Jaken de quedarme todo lo que yo desease, la caravana realmente era demasiado pequeña para tres personas, incluso si uno de nosotros era un enano.

La mayor parte del público se fue mientras Jaken y Dawn hacían sus reverencias. Esperé en la sección más alta de las gradas, queriendo evitar el mayor contacto con los espectadores. Usaba los guantes especiales, pero incluso el contacto casual se sentiría como electricidad estática si alguien me llegara a tocar. Ese era el porqué de que llevara mangas largas y pantalones largos, aunque hicieran ochenta grados en la tienda. El sombrero, bueno, eso y mi cabello cubrían la cicatriz de los curiosos espectadores. Cuando vi que no había nadie en la parte superior de las gradas excepto yo y una atractiva morena, me levanté. Ella también lo hizo, sin dejar de mirar hacia el escenario como si esperara que Jaken y Dawn reaparecieran. Pero ellos no lo harían, este era el final del espectáculo.

Estaba a punto de decirlo cuando la mujer salto de la parte superior de las gradas, con más gracia que una medallista olímpica. Eso, más el salto de treinta metros, me dijo que no era humana. Ella debió darse cuenta que la había descubierto porque me miró con sus ojos cambiando a roja.

- No has visto nada - dijo ella.

Asentí, sin molestarme en decirle que ya sabía acerca de su especie. O del yokai que había estado bebiendo las últimas semanas para controlar mi energía interior de matarme. Significaba que era inmune a su control mental. Ella se fue y yo continué bajando por las gradas en mi humanamente ritmo, haciéndome una nota mental de decirle a Jaken, que había yokais en la audiencia de hoy. A partir de ahí, me dirigí al estacionamiento para empleados. El remolque de Edgar no estaba lejos del de Jaken, pero él deseaba hacer negocios en su lugar. Tal vez le preocupaba que mi amigo yokai utilizara la mirada roja para que pagase más por las joyas si presenciaba nuestra transacción.

Edgar no era inmune a su control mental y él cómo algunos cirquero, sabían qué era Jaken. Golpeé antes de oír una voz ronca que me invitaba a pasar. Una vez hecho, parpadeé por la luz. Edgar tenía varias lámparas encendidas, lo mejor para valorar lo que tenía dentro de mi bolso.

- Frankie - dijo, utilizando el nombre que la mayoría de los cirqueros utilizaba en mí. Sonreí irónicamente al huesudo hombre de cabello cano.

- Una de ellas. - Edgar indicó la mesa del comedor.

Me senté frente a él y comencé a vaciar el contenido de la bolsa de terciopelo del interior de mi bolso. Esta era la primera vez que me había atrevido a mirar las joyas, y silenciosamente me propuse ser impasible. No funcionó. Cada pieza tenía un recuerdo que desgarraba mi corazón. Cómo se sentían los cálidos dedos de Sesshomaru cuando deslizó la pulsera de rubí y diamante en torno a mi muñeca. Los impresionantes aros de aguamarina que había dicho que hacían juego con mis ojos. Sus labios en mi garganta cuando sujeto el collar de diamantes negros alrededor de mi cuello. Entonces el antiguo anillo de oro con el emblema del dragón...

Me congelé, sosteniéndolo en vez de ponerlo en la mesa. ¿Por qué Sesshomaru incluyó esto con las cosas que había preparado para mí? Edgar no pareció darse cuenta de mi sorpresa. Estaba demasiado ocupado mirando las otras piezas a través de una lupa.

- No hay errores en las piedras...excelente mano de obra y diseño... con el grado más alto de oro y platino. Quien sea que haya sido, debiste aferrarte a él un poco más de tiempo. - Miro hacia mí mientras aún sostenía la lupa en su ojo.

- Algunas cosas son más importantes que el dinero - repliqué, aún aturdida por la presencia del anillo. Sesshomaru decía que solo los yokais de su línea tenían uno de esos. ¿Alguno de sus sirvientes habrá cometido el error de incluir esto con las otras piezas?

- ¿Qué tienes ahí? - Edgar finalmente noto lo que yo agarraba algo.

- Nada. - Me moriría de hambre en la calle antes de vender esto. Él sonrió.

- ¿Tratando de abrir mi apetito con algo que no puedo tener? Buen intento, pero he visto todos los trucos antes... - Un rugido ensordecedor lo interrumpió. Entonces el remolque completo se estremeció y las ventanas se hicieron añicos. No tuve tiempo de gritar, antes de que un muro de fuego nos tragara a los dos.

- ¡Tenemos a uno vivo! - Deseé no haber oído la voz. Así no habría sentido el dolor al darme cuenta de su lado perverso.

Y de forma adicional a eso, había algo muy pesado que estaba encima de mí y me dolía respirar. Entonces me arrepentí de respirar y oler la esencia de carne quemada que llenaba mis pulmones. Realmente me arrepentí de abrir mis ojos. Un ennegrecido cráneo envuelto en una horrible y pálida manta fue lo primero que vi. Eso me presionaba, aplastando mis extremidades y enviando fisuras de agonía a través de mí. Grité, pero eso surgió como un ahogado suspiro.

- No te muevas - indicó una urgente voz. Estiré mi cuello lo más que podía. A la derecha del cráneo, detrás de la retorcida manta, había un casco de bomberos.

- Te vamos a sacar de ahí - continuó, su voz amortiguada por una máscara de aire.

- No te muevas. - No podía aunque quisiera. Mis ojos ardían, pero antes de parpadear, vi que el cráneo encima de mí no usaba una manta. Lo que lo cubría era demasiado duro y grueso, como plástico...

El último vestigio de confusión fue disipada. No era plástico. Era la mesa blanca de acrílico que estaba entre Edgar y yo cuando la explosión ocurrió, lo que significaba que el ennegrecido cráneo pertenecía a Edgar. El fuego debió estar tan caliente que derritió la mesa alrededor de él como una asquerosa cubierta. Eso, decía algo más de la pesadez que me inmovilizaba.

- ¿Qué sucedió? - me las arreglé por decir.

- ¿Hay alguien más herido? - El bombero no contestó. Pregunté otra vez, pero mi única respuesta fue una máscara de oxígeno sobre mi cara. Entonces afloró la actividad mientras más bomberos llegaban y trataban de despejar los escombros que había sobre mí.

- Se ve como si los muebles se hubieran derretido alrededor de ella - murmuró uno de ellos, la incredulidad era clara en su voz.

- ¿Cómo es posible que siga viva? - Yo sabía la respuesta, pero esa era la menor de mis preocupaciones. Jaken y Dawn se habían ido a su remolque para cambiarse después de terminar su espectáculo. Y eso era solo unos pocos metros más allá. ¿Y si la explosión los había alcanzado también?

- Mi amigo es un enano - dije obviando cuanto dolía hablar.

- Su remolque no está lejos. ¿Alguien lo ha visto? - No hubo respuestas, pero ellos intercambiaron miradas de lastima.

Entonces recordé las palabras que me habían despertado. ¡Tenemos a uno vivo! Miedo mezclado con dolor me atravesó. Jaken era un yokai, pero no era a prueba de fuego. Solo yo lo era. ¿Y si Edgar no era la única persona que había muerto esta noche? Incliné mi cabeza hasta que moví la máscara de oxígeno parcialmente a un lado.

- ¡Jaken! ¡Jaken! ¿Dónde estás? – Entonces, olvidando el dolor, comencé a gritar tan fuerte como pude, esperando desesperadamente que estuviera vivo y pudiera oírme.

Fuertes manos forzaron la máscara a su lugar. Alguien dijo que me dieran un sedante. Seguí gritando, aumentando mi angustia ya que solo trabajadores médicos aparecían. Jaken debía venir ya. Incluso con todos los otros ruidos, él debería haberme oído. Grité más fuerte en desesperación. ¡Por favor, Jaken, por favor que estés bien! De pronto, se despejó un camino donde la gente estaba agrupada alrededor de mí. El alivio se convirtió en confusión cuando recibí una mirada del yokai que se arrodillo a mi lado.

- Rin, estas viva - susurro Maximus.

Empezó a decir algo más, pero mi oído fallaba y mi boca se sentía algodonada. La última cosa que vi fueron sus ojos cambiando del roja mientras se levantaba y se daba la vuelta. Para el momento en que desperté, no estaba adolorida. El horrible hedor seguía ahí, como si alguien hubiera hecho un asado y lo hubiera frotado en mi cuerpo. Tosí aliviada, mis pulmones ya no se sentían como puños cerrados. Entonces abrí mis ojos. Paredes de color mostaza vieja encontraron mi mirada. Nada lindo, pero mejor que ese carbonizado cráneo. Me giré, viendo el resto de la pequeña habitación de una sola mirada. Eso hizo que el rubio yokai en el lado opuesto de la cama se viera aún más grande y más imponente. Tenía demasiadas preguntas, como el por qué estaba desnuda bajo los cobertores, pero mi primera preocupación no había cambiado.

- Jaken. ¿Está...? - No pude terminar la frase.

- Se ha ido, Rin. - El tono de Maximus era amable, pero las palabras me golpearon con más fuerza que los cables de electricidad que me habían tocado cuando tenía trece años.

Contuve el aliento hasta que terminó en un sollozo. Al mismo tiempo, algo oscuro me rozó, causando que mi mano derecha despertara. Quería hacer algo mucho más que llorar. Quería arremeter a Maximus con todo el voltaje que tenía en mí, por decir algo tan horrible que no podía, ¡no podía!, ser cierto, pero todo lo que podía hacer era pelear por mantener el control mientras absorbía la noticia de que mi mejor amigo había muerto. Maximus no trato de consolarme. Cualquiera podía sentir el peligro en mi chispeante mano o a él no le importaba cómo me sentía. Entonces mis sollozos disminuyeron mientras la sospecha atravesaba mi dolor

- ¿Qué paso? ¿Y qué estás haciendo aquí? ¡Tendrías que estar en Rumania justo ahora! - Su boca se torció.

- No cause la explosión, si es eso lo que estas pensado. Si lo hubiera hecho, te hubiese matado cuando vi que sobreviviste. Que tú estés viva es una prueba de que no estoy detrás de esto. - Corriente aún palpitaba en mi mano-

- ¿Quién está detrás de esto? – sisee.

- No lo sé. - Maximus se levantó y empezó a caminar, difícil ya que sus tres zancadas cubrieron el largo de la habitación. Sus ropas estaban rotas y manchadas de hollín, haciéndome preguntar otra vez dónde estaba el chico siempre listo cuando ocurrió la explosión.

- El bombero dijo que fue un corte en la conexión del gas… Lo llamaron un accidente. Pero como se rompió justo al lado del remolque de Jaken. Lo dudo. - continuó.

- ¿Pero por qué alguien querría matar a Jaken? - estallé. Se volvió con una dura mirada en mi dirección.

- No creo que alguien lo quisiera. - Lo llamaron un accidente. Pero como se rompió justo al lado del remolque de Jaken. Lo dudo. ¿La explosión era para mí? De ser así, casi funcionó. A pesar de mi prueba al fuego, estuve cerca de ser aplastada por un muerto. Maximus debió darme algo de sangre para sanarme.

- Si alguien quiere matarme, ¿por qué no solo me dispararon a la cabeza? -pregunté, la pena haciendo aburrida mi voz.

- Querían que luciese como un accidente. - Apreté mis ojos. Las lágrimas no me ayudarían a encontrar a quien mató a mi mejor amigo.

- ¿Qué piensa Sesshomaru? - Maximus se detuvo y se volteó, con una inescrutable mirada en su rostro.

- No le dije de la explosión, y mucho menos que sobreviviste a ella. – revelo casi avergonzado.

- ¿Por qué no? Hemos terminado, pero dudo que este feliz de oír que alguien intento matarme. - Maximus no dijo nada. Bajo esos duros rasgos y hermetismo, vi una visión de compasión. Y lo entendí.

- No. Él no podría. - dije, en voz baja.

- ¿Ah sí? Tú fuiste quien se hizo tan cercano a él como para humillarlo como nadie más lo ha hecho desde Naraku, que fingió su muerte por siglos. Y ya viste cómo Sesshomaru reaccionó a eso. - Maximus dejó escapar un sombrío bufido.

- ¿Yo lo "humillé"? Le dije a Sesshomaru que lo amaba solo para que me dejara en claro lo que yo siempre significaría en su vida, que estaba solo unos pasos más arriba que sus compañeras no muertas de cama. - Si no hubiera estado tan destrozada por la muerte de Jaken, me hubiera reído.

- Verdad. Pero eso es más de lo que le ofrece a cualquiera de sus otras amantes, y sin embargo lo rechazaste. Y luego, lo abandonaste. - respondió Maximus sin dudar.

- ¿Lo abandone? - repetí incrédula.

- Ninguna mujer jamás ha dejado a Sesshomaru. Sarah, su amante antes que tú, incluso trato de seducir a Shrapnel tratando de poner celoso a Sesshomaru después que su relación terminara. – arquee una ceja.

- ¿No funcionó verdad? - no pude evitar preguntar.

- Además de cortar su protección a Sarah porque ella uso cruelmente a Shrapnel para su propio beneficio contra él, no le importó. – se encogió de hombros.

- ¿Cuánto tiempo duro Sesshomaru con ella? - Pero eso es más de lo que le ofrece a cualquiera de sus otras amantes, y sin embargo lo rechazaste. Y luego, lo abandonaste. Maximus pensó por un momento.

- Alrededor de treinta años. - Estaba impresionada.

- ¡Eso es tanto tiempo como para ser una vida! Y Sesshomaru salía de esa relación sin una mirada atrás, probablemente a mí ya me habrá olvidado. - Maximus me dirigió una mirada antes de volver a su caminata.

- No lo creo. Independiente de lo que siente o no siente por ti, tu doble rechazo lo quemara por años. - ¿Lo suficiente para incitarlo a matarme? El pensamiento me hizo sentir como una víctima de ahogamiento que había sido sumergida una vez más.

- Digamos que Sesshomaru quiere verme muerta. Dudo que fuera tan cobarde como para fingir una explosión por un corte de gas cuando pudo haberme matado cuando aún estaba en su castillo. – recalque, Sesshomaru podía ser bruto en asuntos del corazón pero jamás un tonto en matar a sus presas.

- Sí, pero entonces tendría que haber matado a Gretchen y a tu padre también, haciendo que todo el proceso tuviera un aspecto muy emocional de su parte. - Una especie de cansado cinismo en su rostro fue remplazado por piedad.

- Ser emocional es visto como debilidad entre los yokais. Sesshomaru sabe que sus enemigos caerían como lobos si sospecharan de alguna debilidad en él. - Primero la muerte de Jaken, luego la comprensión de que la explosión era para mí, ahora la sugerencia que mi ex novio tal vez esté detrás de esto. Cerré mis ojos. ¿Cuánto más podía tolerar?

- Tu eres la mano derecha de Sesshomaru ¿No debería informarte si está planeando matarme? - fue lo que dije después de una larga pausa.

- ¿Ahora qué? - Maximus guardo silencio por bastante tiempo, así que abrí mis ojos.

- No creo que lo hiciera - dijo finalmente.

- Él sabe que tendría un problema con ello, y, ¿para qué forzar mi lealtad si no necesitaba hacerlo? En su lugar, podría ordenar a alguien que tu muerte pareciese un accidente. Si no hubiera estado ahí, puede que tal vez lo hubiera creído. - Regresando a la pregunta

- ¿Por qué estás aquí? - Él suspiró, regresando a la cama al otro lado de la mía.

- En parte porque deseaba asegurarme que Jaken realmente te permitiera quedarte con él a pesar de haberte remplazado con otra chica. Necesitas la sangre de yokai para mantener a raya tus niveles de electricidad de matarte. Si Jaken no seguía proveyéndotela, habría hecho otros arreglos. Pero, por sobre todo Rin, no volví a Rumania debido a lo que siento por ti. - Si no hubiera estado sobrecargada de pena, me habría sorprendido. Por cómo estaban las cosas, solo pude reunir un poco de sorpresa. Maximus se inclinó hacia adelante, apartando mi cabello hacia atrás.

- Te lo dije cuando nos conocimos, eres hermosa, audaz y tus habilidades me fascinan. Como también tu coraje, tu lealtad y tu fuerza para abandonar al hombre que amabas porque sabías que él jamás te amaría. - Más sorpresas, pero eso era trivial en comparación a mi angustia y la necesidad de vengar a mi mejor amigo y a la joven chica quien nunca tuvo una real oportunidad en la vida.

- Maximus, eres realmente atractivo y estoy halagada, pero no puedo ni siquiera pensar en eso ahora. - Se enderezó, con una pequeña sonrisa en su boca.

- Lo sé, pero tendremos esta conversación de nuevo. - No discutí, estaba demasiado ocupada imaginando quién estaba detrás de la explosión.

Todavía dudaba que fuese Sesshomaru, pero si Maximus pensaba que era posible, no debía lanzar la precaución al viento y descartar automáticamente la idea. Además, incluso si yo tenía razón y Sesshomaru no estaba detrás de esto, dudaba que la noticia de mi supuesta muerte lo remeciera. Él había salido de su camino para demostrar que yo no significaba mucho para él. Me sacudí ese pensamiento antes de que me deprimiera aún más.

- Necesito un poco de ropa. - Maximus se levantó y rebuscó la maleta en el armario.

- Estos no te quedaran, pero el fuego quemó tu ropa y no he tenido tiempo de conseguirte otras nuevas. - Entonces saco una camisa y unos bóxer.

- Esto está bien - dije aceptando las ropas.

Tan pronto como lo toqué, imágenes a color explotaron a través de mi mente…

Metí mi ropa en la maleta y la cerré de golpe. Hora de llevar a Rin a casa. Nadie esperaba que dejase a Sesshomaru, sin embargo debía, y pronto estará a un océano lejos de él. Sonreí ante el pensamiento. Pudo rechazarme una vez, pero eso fue antes de comprender que Sesshomaru no podía darle lo que necesitaba. Yo puedo, y finalmente ahora tengo una oportunidad real con ella.

- Maximus ¡Ha vuelto! - murmuré de vuelta a la habitación del hotel con sus podridas y amarillas paredes rodeándome una vez más. Maximus sacó un encendedor, elevando la llama.

- ¡Eso duele! - Sostuve mi mano sobre ella, y de inmediato la retiré con un grito.

- ¿Estás diciendo que durante varias semanas no lo hizo, porque el aura de Sesshomaru te mantuvo a prueba de fuego? - Cerró el mechero.

- Eso es. El fuego pasaba sobre mí como lo hace con él. ¿Cómo más explicas que sobreviviera a una explosión que fue tan intensa que destruyó el remolque en el que estaba? - Y mató a otro yokai, no lo dije en voz alta. Si pensaba en la muerte de Jaken, empezaría a llorar y no pararía.

- Estar en esas intensas llamas debe haber agotado los restos de su aura sobre ti - dijo Maximus en tono pensativo.

- Sesshomaru me contó que tus habilidades psíquicas funcionaban mal. ¿Por qué no me dijo de esto? - Luego frunció el ceño.

- ¿Tal vez porque nunca lo había hecho antes y quería mantener su capacidad de mantener a alguien temporalmente a prueba de fuego en secreto? - Suspiré. No quería pensar en Sesshomaru ahora.

- Quizás - reflexionó.

No me importaba por qué Sesshomaru no se lo había dicho a nadie. Mi protección contra el fuego se había ido, mis habilidades estaban de vuelta, y alguien que había intentado matarme había asesinado a mi mejor amigo, una chica inocente, y a muchos otros, también. Encontrar a esa persona y hacerle pagar era mi nueva meta en la vida.

- Está bien, recoger impresiones de un objeto funciona. Vamos a ver si aún puedo encontrar a alguien en el presente. - Y diciendo esto, acaricié la mesita de noche con mi mano derecha.

Mesas, puertas y otros accesorios son áreas de alto tráfico para improntas emocionales. De inmediato, varias imágenes cruzaron por mi mente. Me moví a través de ellas hasta que encontré el hilo más fuerte. Entonces me concentré en él, en busca de la persona en el otro extremo de ese camino de esencia invisible. La habitación del hotel se transformó en una oficina decorada en tonos beige. Un hombre cuarentón estaba sentado detrás de un escritorio, equilibrando el teléfono con el hombro, mientras tomaba una libreta.

- No, eso no es lo que acordamos - dijo mientras garabateaba.

- No me importa lo que su abogado quiera... ¡por el amor de Dios, ya está recibiendo la mitad de mi cheque en pensión alimenticia y manutención de los niños! - Aunque todo estaba ligeramente turbio como siempre eran las imágenes en el presente, la palabra PUTA en el bloc de notas estaba clara. No deberías haber engañado a tu esposa en moteles cutres, pensé, soltando el enlace y trayéndome de vuelta a la realidad.

- ¿Funciona? - Maximus se quedó mirándome sin parpadear.

- Sí. - Una implacable anticipación empezó a crecer dentro de mí. Ahora podía empezar a cazar a la persona que mató a Jaken. Todavía no creía que fuera Sesshomaru, pero si estaba equivocada...

- Maximus, gracias por sacarme de debajo de los escombros, sanarme y traerme aquí. Te debo mi vida. Pero ahora tienes que irte. - Hice una pausa para tomar una respiración profunda.

- ¿Qué? - Dos cejas doradas se elevaron.

- Si Sesshomaru está detrás de esto, no puedo confiar en ti - le dije sin rodeos.

- Puede que yo te guste, pero los dos sabemos que no vas a traicionar siglos de lealtad por un capricho pasajero. - Esperaba muchas respuestas. La risa que sonaba como piedras de moler juntas no era una de ellas.

- No me conoces tanto como piensas - dijo, y luego me agarró la mano derecha. Mi poder respondió, llevándome del presente hacia su pasado.

Múltiples heridas me cubrían, pero estaba jubiloso. La Ciudad Santa era una vez más nuestra.

- ¡Allah Akbar! - gimió una voz por encima de nuestros gritos de victoria.

Tontos. Si su Dios era realmente genial, no habríamos vuelto a tomar Jerusalén. Los supervivientes de la batalla, la mayoría mujeres y niños, nos miraban con odio asustado. Entonces la voz de mi primo Godfrey sonó.

- ¡Hombres de Dios! Destruyan la suciedad que ha ensuciado Jerusalén. ¡Que nadie sobreviva! - Me quedé helado. La luz del sol se reflejaba en cientos de espadas cuando los otros soldados levantaron sus armas. A continuación, las espadas cayeron acompañadas de gritos agudos.

- ¡Obedece! - exhortó el caballero más cercano a mí. Él no dudó cuando atacó a los que tenía delante.

- ¡Dios lo quiere! - continuó Godfrey rugiendo mientras se unía a la destrucción.

- ¡Hay que limpiar esta ciudad! - Una forma se precipitó hacia mí. Por reflejo, lo agarré, mirando hacia abajo la cara llena de lágrimas de un niño, con los ojos marrones muy abiertos mientras sollozaba una petición de clemencia en su lengua nativa. De repente, se calló, la sangre brotando de su boca. El caballero a mi lado sacó su espada chorreando de la espalda del niño.

- Tenemos órdenes - ladró.

- No te niegues. ¡Dios lo quiere! - Dejé caer el niño sin vida. Entonces, con la mandíbula apretada, levanté mi espada y me dirigí hacia los supervivientes.

Volví de ese recuerdo horrible con rastros de electricidad disparando desde mi mano. En algún momento, Maximus se había soltado, prudente ya que ahora quería apuntar esas corrientes sobre él.

- Sé lo que viste - dijo rotundamente.

- Está para siempre grabado a fuego en mis pesadillas. En aras de la lealtad, una vez seguí una orden terrible. Después, la culpa casi me destruyó. No voy a ser ese hombre otra vez. Sesshomaru es implacable al proteger su línea y las bajas en la guerra suceden, pero nunca ha asesinado a mujeres inocentes y niños. Si eso ha cambiado, también lo ha hecho mi lealtad hacia él, pero no por tu bien. Por el mío. - Me quedé mirando a Maximus. Había esperado que tuviera un oscuro pecado, la mayoría de la gente lo tiene, sobre todo yokais de siglos de antigüedad, pero no había previsto lo que me había mostrado.

- ¿Cómo pudiste haber luchado en esa batalla y ser cambiado a yokai por Sesshomaru? ¿No tuvieron lugar las Cruzadas cientos de años antes de que Sesshomaru naciera? -pregunté finalmente.

- Lo hicieron, pero la Caballería del Templo de Salomón tenía rituales secretos. Uno de ellos involucraba beber sangre en lugar de vino en una imitación de la Última Cena. Para los miembros de los ocho Templarios Originales, como yo, la sangre no era humana, aunque no lo sabíamos. Pensábamos que nuestra mayor fortaleza y curación acelerada venía de Dios. - Sonrió con fuerza.

- ¿Fuiste engañado para beber sangre de yokai? He estado allí. ¿Cuándo supiste lo que era? - resoplé.

- Siglos más tarde, cuando me encontré con Sesshomaru. En realidad fue un alivio. Pensé que no podía envejecer porque Dios quería seguir castigándome por derramar sangre inocente en su nombre. - Parte de la ira que había sentido se desvaneció. Lo que Maximus había hecho era terrible, pero había vivido con la culpa por más tiempo de lo que podía imaginar. No necesitaba más recriminaciones de mi parte.

- Um... bien. - Vaya respuesta trivial, pero demasiado había pasado en las últimas horas.

Me froté la cabeza, sintiendo la esencia de Sesshomaru bajo mis dedos. Había dejado huellas por todo mi cuerpo. Dejé caer mi mano, sin querer vincularme accidentalmente con él. Con su lectura de mente, era una de las pocas personas que podían decir cuando estaba siendo espiado psíquicamente. Así era como nos conocimos, y en el caso improbable de que hubiera tratado de matarme, no estaba por hacerle saber que había fallado. Los ojos me ardían ante la idea, pero obligué al dolor a retroceder. La supervivencia en primer lugar, y luego los corazones rotos, me recordé con tristeza.

- Tengo que volver a la feria. Y no puedes venir conmigo - le dije a Maximus.

Continuara…

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