Dos veces tentada @zoraidarosecristal
Cuatro semanas antes…

Hola aquí el primer capítulo oficial de esta continuación del libro príncipe de la noche, espero que lo disfruten y aquellos que quieran que continúe subiendo sus capítulos favonios déjenme un lindo comentario, entre más me dejen más me apuro en traerles las actualizaciones, Bye.

Cuatro semanas antes…

Estaba de pie bajo una cascada de llamas. Bermellón y oro derramándose sobre mí, entrelazándose sobre mi cabello, separándose en arroyos a lo largo de mi cuerpo antes de deslizarse entre mis dedos y caer a mis pies. Las llamas eran tan densas que no podía ver entre ellas, reduciendo mi mundo a una brillante arena de tonalidades solares. Estar envuelta de esta manera debió matarme, pero estaba ilesa. Ni siquiera tenía miedo. Una extraña sensación de nostalgia me llenó en su lugar. Seguí tratando de atrapar una de las llamas pero nunca lo logré. El fuego podía cubrirme de pies a cabeza, pero se las arregló para evadir mi alcance.

- Rin - me llamó una voz, demasiado débil para discernir quién era.

- Vete antes que sea muy tarde. - La lógica me urgió a hacer lo que el desconocido decía, pero no quería. Las llamas tampoco parecían querer que me fuese. Ellas seguían cayendo sobre mí, acariciando en vez de quemar mi piel.

¿Ves? Ellas no me lastimarían. Pensé desafiantemente.

- Rin. Vete. Ahora. - Esa voz otra vez, más enfáticamente.

- No - repliqué, y traté de abrazar el fuego otra vez.

Como de costumbre, esas bandas iluminadas se deslizaron de mis manos, pero esta vez, su brillante color se oscureció. Cuando aterrizó en mis pies, parecían cintas hechas de alquitrán. Entonces bruscamente la cascada sobre mí se disipó, dejándome desnuda y temblando en la súbita y abrumadora oscuridad. El miedo volvió mi interior en hielo. La voz tenía razón. Algo malo estaba a punto de ocurrir... No tuve tiempo de correr antes de que el fuego iluminara la oscuridad otra vez. No se vertía sobre mí suavemente como hacía antes, sino que se estrelló contra mí por todas partes. El dolor me embistió cuando las llamas me atacaron con todo su devastador poder, carbonización y quemaduras en cada centímetro que tocaron.

- ¿Por qué? - lloré, solo la traición superaba la agonía que sentía.

- Te lo advertí - replicó la desconocida voz, a salvo fuera de la pared de fuego.

- No quisiste escuchar. - Entonces deje de oír, sólo mis propios gritos mientras el insensible fuego continuó aniquilándome.

- ¡No! - En mi cabeza la palabra aullaba de angustia; en la realidad, salió de mis labios en un susurro.

Eso fue suficiente para despertarme, sin embargo, me sacudí horrorizada hasta darme cuenta de que estaba cubierta en sábanas y no flamas. El único fuego existente estaba contenido de forma segura en el corazón del otro lado de la habitación. Tomé varias respiraciones profundas para ahuyentar los efectos de la pesadilla. Después de un minuto, mi corazón acelerado tomó un ritmo más normal. Con una punzada de consternación vi que la cama estaba vacía. Ahora no podía dejar de admitir que había tenido la misma pesadilla ayer, pero no me gustó que fuese más y más frecuente, como también dormir sola y despertar de esa forma.

Si fuera supersticiosa, me preocuparía que el sueño recurrente fuese un presagio, pero cuando conseguía advertencias del futuro, no venían en forma de vagas metáforas en mis sueños. Solían llegar con recreaciones sin misericordia donde tenía la experiencia sensorial completa de cómo iba a suceder, pero no había tenido uno de esos en semanas. Por mucho tiempo deseé que no me llegaran todas esas impresiones, e imágenes de los peores pecados, por medio de un solo toque, pero ahora que necesitaba esa habilidad, estaba de vacaciones.

Ese pensamiento me sacó fuera de las sábanas. Balanceé mis piernas por el costado del colchón y me bajé de la tarima levantada que hacía la gran cama, el cortinaje de la cama eran incluso más impresionante. Entonces caminé directo a la chimenea y me arrodille frente a ella. La mayoría de las llamas habían cesado durante la noche, pero los troncos desmoronados aún ardían. Aparté la rejilla y sostuve mi mano por un segundo, para sumergirla dentro de la madera que se derrumbaba.

La punzada de dolor me hizo jadear con alivio hasta que noté que eso venía de un solo dedo. El resto de mi mano se sentía bien a pesar de estar inmersa hasta la muñeca en los brasas que brillaban con vehemencia. Esperé otro momento para estar segura y entonces la saqué. Aparte de una astilla que sobresalía de mi dedo índice y una cicatriz de hace diez años, mi mano estaba intacta, ni un vello chamuscado. Diablos. Seis semanas después, y aún seguía inmune al fuego. Algunas mujeres cogían enfermedades veraneas de sus novios. Eso era leve en comparación a lo que el mío me había dado, inmunidad al fuego que inexplicablemente bloqueaba mi habilidad psíquica de recibir información por medio del tacto.

El salir con un "no oficial" Príncipe de la Oscuridad tenía sus consecuencias. Tiré de la astilla, chupando mi dedo a pesar de ser una de las pocas personas en la mansión que no disfrutaba del sabor a sangre. Entonces hurgué alrededor hasta encontrar una larga camisa masculina, estaba hecha de suave cachemira. Probablemente costaba más lo que solía ganar trabajando un mes en el circo, pero había sido tirada al suelo con indiferencia. Nunca había visto a nadie limpiar esta habitación, pero tampoco la había visto nunca sucia. Los sirvientes debían esperar como ninjas hasta que saliera para así dejar este lugar impecable otra vez.

Ellos no tendrían que esperar demasiado. Tenía que ir al baño, y a pesar de la esplendorosa habitación de mi novio, al baño le faltaba un inodoro. Al ser un yokai con siglos de antigüedad, no necesitaba uno. Me puse la camisa desechada. Era lo bastante larga para cubrir mi sostén y bragas, aunque nunca me encontraba con nadie en el camino de su habitación a la que era oficialmente mía. El piso que albergaba las dos habitaciones no era utilizada por nadie más. Esta privacidad y elegancia hacia un camino más digno que vergonzoso, al menos. Una vez de regreso a mi habitación, una pequeña versión del rojo medianoche y la magnificencia de la caoba de tonos claros que acaba de dejar, fui directo al baño.

- Luces encendidas - dije

- Tenue. - Cuando el haz de luz me hizo entrecerrar los ojos.

El suave ámbar iluminó el cremoso mármol, destacando su oro y las venas azul-verdoso. El vidrio de la ducha del tamaño de un auto compacto también se encendió, como también el sector del sanitario. La primera vez que había visto todos los adornos de fantasía me había intimidado. Ahora murmuraba por lo bajo cuando me apresuré a la esquina discretamente protegida.

- Cuarenta metros cada mañana porque no añade un inodoro a su cuarto de baño. No es más de lo que gasta cada noche en la cena ¡y él ni siquiera come! - Parte de mí sabía que la molestia era para enmascarar mi inquietud acerca del incremento de la cama vacía, pero mi vejiga se retorció como si estuviera de acuerdo.

Después de lidiar con esto, iría a la ducha, cuidadosa de tocar solo lo que pudiera con mi mano izquierda. A pesar de que la corriente estuviera apagada por el momento, no había necesidad de freír tuberías accidentalmente enviando una dosis de voltaje a través de ellas. Después de ducharme y vestirme, descendí cuatro tramos de la escalera principal. En la parte inferior de la escalera, había un pasillo de techos altos, columnas de piedra, antiguos escudos y frescos adornados repartidos frente a mí. Solo el jardín interior se mantuvo de parecer el escape gótico de Bill Gates. Y al final del pasillo estaba mi frecuente ausente novio, Sesshomaru. Sí, ese Sesshomaru, pero pocas personas cometían el error de llamarlo Drácula. Su plateado cabello estaba del mismo color que sombreaba su mandíbula por la tarde.

Las cejas enmarcaban sus ojos que eran una mezcla del cobre y rubí, y un suave tejido cubría su cuerpo endurecido de décadas de lucha cuando era humano. Como de costumbre, solo sus manos y cara estaban al descubierto. El resto de su cuerpo estaba cubierto por botas, pantalones oscuros y una camisa gris ahumado abotonada hasta el cuello. A diferencia de la mayoría de los hombres bien construidos, Sesshomaru no solía enseñar mucha piel, pero esos trajes a medida hacían alarde de su cuerpo como si corriera con pantalones cortos y una camisa sin mangas. Mi apreciación se vio interrumpida cuando vi que tenía un abrigo colgando de su brazo. Él no solo había salido de la cama mientras estaba durmiendo; también se había ido sin una palabra.

Otra vez. ¿Alguna vez has tenido un momento en que sabes lo que no debes hacer... y lo haces de todos modos? No necesitaba mis perdidas habilidades psíquicas para saber aquella verdad.

- ¿A dónde vas? - dije mientras cruzaba el pasillo que era el modo incorrecto de manejar esto, pero es lo que hice.

Sesshomaru había estado hablando con su segundo al mando, Maximus, un yokai rubio que se veía como un vengador vikingo vivo. A mi pregunta dos miradas se fijaron en mí, una gris y cuidadosamente neutral, la otra cobrizo rojo y sardónica. Me tensé, deseando poder desaparecer esa pregunta. ¿Cuándo me había convertido en una de esas molestas y pegajosas novias? Cierto, después de decir la razón de por qué Sesshomaru sigue interesado en desaparecer, se burló de mí, mi insidiosa voz interior. ¿Crees que es coincidencia que haya estado actuando distante después de que perdiste tus habilidades psíquicas para espiar a sus enemigos?

Inmediatamente después, me puse a cantar Thats the way de la banda KC and Sunshine en mi cabeza. Sesshomaru no era solamente un yokai extremadamente poderoso que había inspirado la historia más famosa de no muertos en el mundo. También podía leer mentes humanas. La mayoría del tiempo. Sus labios se curvaron.

- Uno de estos días, vas a tener que replantear tus métodos para mantenerme fuera de tu cabeza. - Si no lo conociera, me hubiera perdido la ironía que teñía su tono, aumentando su sutil acento y agregando un borde a su refinada voz. Dudaba que alguna vez perdonara al yokai que me había enseñado a bloquear mis pensamientos.

- Algunas personas consideran esa canción un clásico - repliqué, reprendiéndome a mí misma por lo que hubiera oído antes de detenerlo.

- Demostrando una vez más que el mundo no carece de tontos. – Sesshomaru se puso su abrigo, esa leve sonrisa nunca dejando su cara.

- Y tú no contestaste mi pregunta - contrarresté.

- Eso no fue accidental. - Mi mano se estremeció como cuando las corrientes subían por ella. Gracias a un incidente con la caída de unos cables de energía, todo mi cuerpo despedía electricidad, pero mi mano derecha era el conducto principal. Si no bloqueaba mi temperamento, podría comenzar a echar chispas.

- La próxima vez que desees despedirme, hazlo como lo hacen los hombres modernos. - Mi voz era áspera como papel de lija

- Sé vago y di que iras a hacer algunos trámites. Suena más cortes de esa manera. - Esa dorada mirada cambio a brillante rubí, la prueba visible de su condición inhumana.

- No soy un hombre moderno. - Por supuesto que no, ¿pero no lo mataría ser un poco menos complejo, exasperante y enigmático? ¿Al menos una parte del tiempo? Maximus deslizo una mirada en mi dirección antes de regresar su atención a Sesshomaru.

- Todo estará listo para tu regreso - indicó, luego hizo una reverencia y se marchó.

¿Qué se supone que significa eso?, se cernía sobre la punta de mi lengua, pero no me gustaría tener la respuesta. Eso no significaba que estaba dejando de ser positiva. Había terminado de preguntarme lo que sus crecientes ausencias hacían por nuestra relación. Si mi ser psíquicamente neutralizado significaba que sus sentimientos por mí habían cambiado, necesitaba decírmelo. Hice una pausa suficiente en mi canto mental para pensar: Cuando regreses, tendremos una conversación. Esta vez, su sonrisa fue lo suficientemente ancha para enseñar sus dientes. Sus colmillos no estaban afuera, pero su sonrisa se las arregló para llevar tonos de amante y depredador.

- Estoy deseando que llegue. - Entonces, el lugar en donde se encontraba estaba vacío.

Solo las macizas puertas del frente indicaban que había pasado a través. Los yokais no podían desmaterializarse, pero algunos maestros yokais podían moverse tan rápido que parecían hacerlo. Suspiré. En los últimos dos meses, que salía con Sesshomaru había demostrado ser tan apasionado y tumultuoso como el cine retrataba. Solo esperaba que Hollywood no tuviera razón sobre el destino de cada mujer que se enamoraba del infame Príncipe Oscuro. La idea era deprimente, pero no iba a sentarme a pensar. En vez de eso, deseaba participar en la más probada y venerable técnica de distracción femenina de todos los tiempos. Corrí escaleras arriba al cuarto de mi hermana.

- ¡Despierta, Gretchen! Nos vamos de compras. - Llamé a la puerta.

- Esta es la única cosa de Rumania que no ha apestado hasta ahora – dijo mi hermana mientras dejaba un montón de ropa frente a la cajera.

Cerré los ojos, sin saber a quién pedir disculpas primero: a la cajera por la observación de Gretchen sobre su país, o Maximus, que ahora tenía que añadir más bolsas a la media docena que ya cargaba. Esto es lo que pasaba cuando le dabas a mi hermana la tarjeta de crédito de otra persona. Sesshomaru tenía la permanente regla de que las compras de sus invitados fueran cargadas a su tarjeta. Podría reconsiderarlo cuando llegara la factura. Mis intentos de fomentar la frugalidad no habían funcionado, tampoco. Sólo había molestado a Gretchen hasta el punto que dejó de probarse las cosas antes de comprarlas.

- Estoy cansada. Deberíamos regresar - le dije, cambiando de táctica. La mirada azul de Gretchen se estrechó.

- De ninguna manera. He estado encerrada en el castillo de tu novio durante semanas a pesar de que su enemigo yokai tiene que estar muerto o Jaken y papá no habrían conseguido irse. - No señalé que nuestro padre y mi mejor amigo, Jaken, eran menos propensos a la imprudencia.

Las probabilidades eran escasas, pero si el némesis de Sesshomaru, Naraku había sobrevivido, entonces, Gretchen estaba más segura aquí. No podía mantener un perfil bajo si su vida dependiera de ello, como lo había demostrado. Eché un vistazo a la cajera, forcé una sonrisa, y agarré la manga de Gretchen para tirarla hacia mí.

- No hables de ya-sabes-qué en público - susurré.

- ¿Por qué? - replicó ella en el mismo volumen.

- La mitad de la gente de este pueblo sabe sobre yokais ya que Sesshomaru es el dueño y utiliza a algunos de ellos como aperitivos. En cuanto al resto, Maximus puede hipnotizarlos para que olviden lo que ya saben. - Mis ojos vacilaron mientras miraba a la cajera. Ella levantó una mano al yokai rubio y le dijo algo en rumano.

- No te preocupes, ella es leal a Sesshomaru - resumió para mí.

- Necesitas mostrar mayor discreción o la persona siguiente que hipnotice serás tú. - Entonces su tormentosa mirada gris se posó en Gretchen

- No lo harías - resopló ella. Maximus se irguió con su metro noventa y ocho, como si su densa musculatura no fuera lo suficientemente impresionante.

- He hecho cosas mucho peores para proteger a mi príncipe. - Aún tenía ganas de golpear a Gretchen, pero nadie, ni siquiera un amigo como Maximus, conseguía asustar a mi hermana pequeña.

- Ella lo entiende - le dije con frialdad.

- Y si no lo hace, yo seré la persona que se encargue de ella. - Maximus miró a Gretchen, hizo una inclinación apenas perceptible con su cabeza, y luego se inclinó hacia mí.

- Como desees. - Mis mejillas se sonrojaron. Desde que era la novia de Sesshomaru, los yokais en su línea hacían reverencias hacia mí como lo hacían con él, muy a mi pesar.

- Por favor para, odio eso. - Se enderezó, una mínima sonrisa tirando de su boca.

- Sí, lo recuerdo. - Cuando su mirada se encontró con la mía, por una fracción de segundo, vi al hombre que había aprovechado la oportunidad de salir conmigo cuando llegué por primera vez a Sesshomaru como una renuente refugiada.

- Tienen una hora más, si desean seguir comprando. Entonces tenemos que volver a la casa. - Entonces ese familiar velo cayó sobre los ojos de Maximus, y mi cortés y formal guardaespaldas estaba de vuelta.

- ¿Por qué? - pregunté, primero que Gretchen.

- Debido a que necesitan estar listas para los invitados a cenar de Sesshomaru. No quieren llegar tarde a cenar. – Respondió enfatizando esa última parte.

- ¿Invitados? ¿Quién? ¿Por qué no nos dijeron antes? - Gretchen fue más rápida esta vez.

- No les dijeron porque su asistencia es opcional - respondió Maximus. Entonces me sonrió ligeramente.

- Esperé para decirte porque parecías tener suficiente en tu mente. - Vergüenza y resignación se mezclaron en mi interior.

¿Todos sabían que Sesshomaru y yo estábamos teniendo problemas? Por supuesto que sí, le respondí a mi propia pregunta. Con las capacidades auditivas de los no-muertos, probablemente también sabían que Sesshomaru y yo no habíamos tenido relaciones sexuales en una semana, porque había tenido mi periodo. Suspiré.

- Parece que necesito comprar algo después de todo. - No lo había hecho a pesar de visitar varias tiendas, porque no quería sumar más a la aplastante cuenta que Gretchen había acumulado. Algo que no podía nombrar cruzó la cara de Maximus.

- No es necesario. Sesshomaru tiene tu vestido esperando en su habitación. - Primero se va sin decirme a dónde iba. Luego, invitados inesperados a cenar, y ahora un vestido elegido para mí. Mis ojos se estrecharon. ¿Qué pretendía?

- No vas a siquiera darme una pista sobre lo que está pasando, ¿verdad? - pregunté a Maximus.

- Como he dicho, he hecho cosas mucho peores para proteger a mi príncipe. - Su sonrisa era un poco demasiado tensa.

Una mirada al vestido me dijo que la cena no consistiría en Sesshomaru poniéndose al día con algunos viejos amigos que pasaban por aquí. Era de terciopelo plateado, tenía una pequeña cola y un escote en el frente que parecía tener incrustaciones de joyas diminutas de color negro. Tacones negros y guantes hasta el codo con el mismo tipo de incrustaciones forrados con repelente de goma, por supuesto, completaban el conjunto seductoramente extravagante. Me lo probé, no me sorprendió que se ajustara como si hubiese sido hecho con mis medidas precisas en mente. Incluso se las arregló para darme escote, un logro poco común con mis pequeños pechos.

Era el mejor vestido que había usado, pero lo habría cambiado y todos los otros caros regalos que Sesshomaru me había dado para cerrar la brecha cada vez mayor entre nosotros. Acaricié la suave tela, deseando que mis habilidades estuviesen de vuelta para saber si esta era su manera de hacer las paces por su reciente frialdad, o simplemente asegurarse de que me viera lo suficientemente bien para estar de su brazo esta noche. Cualquiera era una posibilidad con Sesshomaru. Por eso tenía que enfrentarlo más adelante, sin importar el resultado. Lo último que quería hacer era arreglarme, pero esta era claramente una ocasión formal.

Cuando terminé, mi cabello negro y liso colgaba en gruesos rizos y mi maquillaje era sutil, además de barra de labios carmesí oscuro que contrastaba muy bien con el vestido negro y mi piel pálida. Todos estos años en el carnaval del mundo del espectáculo me hicieron diestra en ataviarme a mí misma. También me hizo una experta en ocultar la cicatriz que iba desde la sien hasta mis dedos. Una brillante ola de color negro se cernía sobre esa parte de mi rostro, con más drapeado en el hombro derecho. Me puse los guantes por lo que sólo unos pocos centímetros de la piel de mi brazo mostraban evidencia del accidente que me había dado mis inusuales habilidades.

Habilidades que Sesshomaru había atrofiado cuando me envolvió con su aura repelente de llamas para protegerme de la explosión que Naraku detonó. El enemigo de Sesshomaru pensaba que me iba a llevar con él, pero sobreviví a aquel infierno. Mi supervivencia había tenido su precio. El destino no permitía que nadie se fuera con facilidad. Sacudí mi cabeza para no pensar en el pasado. Luego, sintiéndome todo menos festiva, me dirigí a la planta principal. Sesshomaru estaba esperándome en la parte inferior de la escalera. Su esmoquin negro debería haber sido demasiado severo con su falta de color, pero en cambio, parecía una versión sensual del Ángel de la Muerte. No podía dejar de temblar mientras su mirada me invadía.

El rubí brilló brevemente en sus ojos, y cuando tomó mi mano, sentí su calor incluso a través de mis guantes. Los yokais normales se sentían a temperatura ambiente, pero no Sesshomaru. La piroquinesis que lo hacía tan temido entre los suyos, también lo hacía más caliente que la mayoría de los humanos, cuando sus habilidades, temperamento o deseo cobraban vida.

- Te ves encantadora. - Su gruñido me hizo saber qué emoción le calentaba ahora, y una vez más me estremecí.

Mis sentimientos por él podrían estar llenos de dudas, pero mi cuerpo no estaba en conflicto. Me acerqué antes de darme cuenta, mis pezones tensándose tan pronto como su pecho rozó el mío. Luego algo más abajo en mí se tensó mientras su boca rozaba mi cuello, con su gruesa e incipiente barba rozando deliciosamente mi piel. Inhaló, el aire tocando mi piel como el más suave de los besos en mi pulso cuando lo dejó escapar. Entonces sus manos se cerraron sobre mis hombros, su calor maravillosamente potente. Un simple movimiento de sus dedos empujó mi cabello a un lado, dejando al descubierto el cuello. Di un grito ahogado cuando bajó la boca y dos colmillos duros y afilados presionaron contra mi piel.

El oscuro éxtasis de su mordida era sólo superado por hacer el amor con él, y me había perdido participar de ambos recientemente. Sin pensarlo, agarré su cabeza más cerca, casi temblando con anticipación.

- Ahora no. Nuestros invitados están esperando. – Él murmuró algo ininteligible y se alejó, con su mirada todavía iluminada de rubí.

¡No me importa!, fue mi primer pensamiento, seguido inmediatamente por: ¿Qué hay de malo conmigo? Sí, gente estaba esperando por nosotros, por no mencionar a varios guardias escondidos en este pasillo. Incluso si ninguna de las situaciones anteriores fuera cierta, tenía serios problemas que trabajar con Sesshomaru. Apaciguar mi libido debía ser la última cosa en mi lista de tareas pendientes.

- Cierto - dije, dejando caer las manos y alejándome. No lo miré, mientras recolocaba mi cabello por encima de mi hombro, cubriendo tanto de la cicatriz zigzagueante como pude. No estaba avergonzada, pero las inevitables miradas compasivas de las personas que la veían por primera vez, se habían vuelto viejas.

- Rin. - La forma en que dijo mi nombre me hizo levantar la cabeza. Los ojos de Sesshomaru habían cambiado de nuevo a su color caoba, el rojo en ellos era ahora sólo el anillo natural que rodeaba su iris.

- No te escondas de nadie - afirmó, empujando mi cabello fuera de mi hombro.

- Sólo los tontos sienten lástima por las cicatrices de los sobrevivientes y nunca debes doblegarte a los tontos. - Entonces extendió su mano, sus propias desvanecidas heridas de guerra recorrían su piel como diminutas rayas pálidas.

- Ven. - Tomé su mano, ocultando la emoción que constreñía mi corazón con invisibles bandas. Entonces comencé a recitar canciones en mi cabeza, ocultando la idea más peligrosa antes de que lo alcanzara. Esa es una de las razones por las que te amo. No te inclinas ante nadie. Desafortunadamente, ese mismo rasgo también podría separarnos.

Resultó que, reconocí a algunos de nuestros invitados, aunque un montón de caras nuevas también estaban presentes. Maximus estaba sentado a la mesa al lado de Shrapnel, el fornido y calvo, tercero al mando de Sesshomaru. Junto a él estaba Inuno, el yokai egipcio de largo cabello plateado a quien Sesshomaru describía como su sire honorario, un título que aún no acababa de entender. La rubia esbelta junto a Inuno era su esposa, Izayoi. Gretchen también estaba allí, sentada más lejos de la cabeza y viéndose molesta al respecto. Todo el mundo se puso de pie cuando Sesshomaru y yo entramos, lo que hizo aún más extraña la escena.

No habíamos llegado tarde, así que, ¿por qué estaba ya todo el mundo en la mesa? ¿No eran los anfitriones de la casa quienes se suponía recibían a los invitados antes de que tomaran sus asientos, no llegar últimos y tener a todo el mundo de pie y en posición firme antes que ellos? Los yokais, me decidí por enésima vez, tenían la forma más extraña de hacer las cosas. Sesshomaru me condujo a mi lugar habitual en la cabecera de la mesa, lo que causó algunas miradas entre los invitados que no reconocía. Una vez allí, me paré en la silla vacía a su derecha, dudando. ¿Me siento ahora, o espero una señal?

- Me alegro que hayan venido - dijo Sesshomaru, el tamaño de la habitación no disminuyó el tenor de su fuerte voz.

- Sé que algunos de ustedes viajaron grandes distancias para estar aquí. - Me esperaba algo más, tal vez un agradecimiento a aquellos huéspedes de lugares lejanos, pero luego se sentó en su silla.

Antes de Sesshomaru, nunca había imaginado que el simple acto de sentarse podía verse majestuoso e intimidante, sin embargo, él lo lograba en todo momento. Todos los demás se sentaron, así que yo lo hice también, deseando haber tenido un manual de Etiqueta de los No-muertos para Estúpidos. Por la forma demasiado fluida en que se movían, ninguno de los invitados era humano. Estaba acostumbrada a estar rodeada de yokais en un ambiente informal; o violento, pero este era mi primer acontecimiento formal. Si meto la pata en algo, será por tu culpa, le dije mentalmente a Sesshomaru mientras mostraba una agradable sonrisa en mi cara. Su boca se torció, la única indicación de que me había escuchado. Luego hizo un gesto a su izquierda.

- Rin, ya conoces a Maximus, Shrapnel, Inuno e Izayoi, pero permíteme presentarte al resto de nuestros invitados. - Mantuve esa sonrisa agradable durante todo un listado de nombres que esperaba que no se esperara que recordara, porque todos los veintiocho asientos en la gran mesa estaban ocupados.

La primera vez que había visto el comedor con su chimenea de pared, el techo de tres pisos, y la araña gigantesca, pensé que era una deslumbrante pérdida de espacio, ya que sólo yo y Sesshomaru comíamos aquí. Ahora su tamaño y esplendor resultaba práctico. Necesitaríamos otra mesa si invitaba a más amigos, y a juzgar por las joyas de las mujeres y resplandecientes trajes de los hombres, los presentes estaban acostumbrados al lujo. Yo no lo estaba. Tampoco Gretchen, que se veía tan incómoda como yo.

Nuestro padre había sido un hombre de carrera militar, por lo que habíamos crecido en un ambiente modesto que con frecuencia variaba dependiendo de su cambio de lugar de trabajo. Cuando me fui por mi cuenta a los dieciocho años, busqué trabajos que no implicaran tecnología o tocar a la gente; y todos los puestos de trabajo decentes bien remunerados requieren la una o la otra. Si no hubiera conocido a Jaken y no me hubiese unido a su acto de carnaval, podría haber terminado en la calle. Sin duda, no habría terminado con Sesshomaru, sonriendo a desconocidos a través de un mar de copas de cristal que los sirvientes llenaban con un líquido rojo oscuro demasiado espeso para ser vino. Esos mismos sirvientes luego llegaron con suficiente comida para alimentar a todos dos veces a pesar de que Gretchen y yo éramos las únicas humanas.

Los nervios me habían quitado el apetito, pero comí con entusiasmo fingido, preguntándome cuándo Sesshomaru revelaría el verdadero propósito detrás de esta ocasión. No invitaría a más de dos docenas de personas a su casa sólo para presumir. Sesshomaru era muchas cosas, pero pretencioso no era una de ellas. La bomba detrás de este evento cayó durante el postre. Acababa de poner en mi boca una cucharada de crème brûlée bourbon butterscoth cuando Sesshomaru se levantó y todo sonido se detuvo.

- Gracias a todos por venir - dijo en el repentino silencio.

- Como todos ustedes son amigos o miembros de honor de mi línea, quería que cada uno de ustedes presenciara mis acciones ahora. - Luego se colocó detrás de mí silla, apoyando su mano en mi hombro. Me resistí a la tentación de girar para poder verlo.

¿Qué está pasando?, pensé nerviosamente. Hizo caso omiso de la pregunta.

- La mayoría de ustedes saben que Rin ha sido mi amante durante los últimos meses. Además, también arriesgó su vida para salvar a mi gente y demostró una lealtad inquebrantable incluso durante tortura. Debido a su gran valor para mí, ahora le ofrezco un vínculo eterno, si ella acepta. - Luego se inclinó, su cálido aliento en mi cuello mientras susurraba sus siguientes palabras.

- Te has preguntado si me sentía diferente sobre ti, desde que tus habilidades disminuyeron. Que esto sirva como respuesta. - Alcancé a ver su mano llena de cicatrices antes de que colocara una pequeña caja de terciopelo delante de mí.

Mi corazón empezó a latir con fuerza mientras mi mente se sobrecargaba por el shock y la alegría. En el otro extremo de la mesa, oí jadear a Gretchen. De todas las posibles razones detrás de esta sorpresiva y lujosa cena, no esperaba esto. Las cosas habían cambiado entre nosotros, de la mejor manera posible.

- Sesshomaru, yo... - Mi pensamiento coherente y las palabras me habrían fallado, pero mis habilidades motoras no. Con las manos temblorosas de alegría, poco a poco abrí la caja de ébano.

Gretchen salió disparada de su silla para venir hacia mí. En algún momento, lágrimas de felicidad deben de haber salido de mis ojos porque el contenido de la caja era borroso. Aun así, pude distinguir un anillo. Una avalancha de felicidad me invadió. No fue sino hasta ahora que me di cuenta de lo mucho que amaba a Sesshomaru y el fervor con el que esperaba que él me amara también. Parpadeé para ver el anillo más claramente... y luego mi júbilo se convirtió en confusión. Maximus cogió el brazo de Gretchen antes de que me alcanzara, pero estaba lo suficientemente cerca como para mirar en el interior de la caja.

- ¡Tú tacaño, eso no es un diamante! - anunció con su falta de tacto habitual.

- ¿Qué tipo de anillo de compromiso es ese? - Me pregunté el porqué de su elección, también, ya que me di cuenta de que el anillo era una réplica de la herencia que había sido transmitido del padre de Sesshomaru a él. Sin importarme, amaría cualquier anillo de compromiso que me diera. Además, tal vez proponer con una réplica era una tradición de la familia Dracul...

- No es un anillo de compromiso - respondió secamente Sesshomaru a Gretchen.

- Es el símbolo de la membresía de mi línea. Todos los yokais que he hecho llevan uno. - Al oír estas palabras, mi extático revoltijo de pensamientos se cristalizó en una comprensión desgarradora…

No me está proponiendo matrimonio. ¡Sólo está ofreciendo hacerme yokai! Sesshomaru se enderezó y su mano dejó mi hombro. Había oído eso. Con lo que tenía rugiendo a través de mi mente, tendría que ser telepáticamente sordo para no haberlo escuchado. Sabía que debía cantar algo para que no oyera nada más, pero no podía pensar en un solo verso. Mi orgullo me gritó que actuara como si no lo hubiera mal entendido, sin embargo, lo único que pude hacer fue apretar la caja mientras mi alegría anterior se convertía en cenizas. Nada había cambiado, excepto que Sesshomaru pensaba que mi humanidad necesitaba una mejora, y había decidido que me informaría con una habitación llena de yokais como testigos.

Miré hacia arriba. Las miradas de los huéspedes saltaron lejos con rapidez, mientras que su cambio incómodo me dijo que Sesshomaru no era el único en descubrir mi mala interpretación. Si no me hubiera sentido como si mi corazón hubiese sido arrancado y flameado en frente de mí, me habría sentido mortificada.

- ¿Quieres que Rin se convierta en un yokai? ¡Eso es tan escalofriante! - La voz Gretchen rompió el silencio cargado.

- Maximus - dijo Sesshomaru. El yokai musculoso alzó a Gretchen con la mano sobre su boca antes de que pudiera parpadear. Normalmente, dichas manipulaciones a mi hermana me habrían indignado. Por el momento, estaba tratando demasiado duro reponerme para responder.

- Rin - comenzó Sesshomaru.

- No. - La palabra sacó con fuerza todas mis esperanzas rotas. Me levanté, casi volcando la silla, pero era salir de aquí ahora mismo o echarme a llorar, y todavía tenía el orgullo suficiente como para no hacer eso en frente de todos.

- Necesito un poco de aire - murmuré.

Y algunas maquinillas de afeitar para terminar el trabajo que comenzaste cuando tenías dieciséis años, mi odiosa voz interior suministró. Ignoré eso, comenzando a tararear la primera canción que me vino a la mente para ocultar mis pensamientos. Resultó ser Taps. Imagínate. Luego me fui tan rápido como mis nuevos tacones me pudieron llevar. Fui directamente a la pequeña habitación revestida de goma en el sótano que Sesshomaru había creado para mí. Una vez dentro, me quité el guante derecho. Tan pronto como lo hice, la electricidad saltó de mi mano como hilos chispeantes, como si las emociones que trataba de controlar se manifestaran en rayos de energía en miniatura.

Reuní esas corrientes en una cuerda vibrante y entonces la dirigí a la estatua de piedra de la habitación. Su cabeza se desprendió, rebotando en la base en la que estaba soldada. Otro chasquido de corriente y la estatua perdió un brazo. Entonces el otro brazo. Entonces todo por encima de la cintura, pero mi dolor en ebullición, decepción y humillación no disminuyó. A pesar de eso, sentí como que podría volverme nuclear en cualquier momento. No dejé de azotar la estatua hasta que yacía en decenas de pedazos irregulares. Antes de Sesshomaru, sólo había trabajado en suprimir mi poder, igual que había hecho con la soledad que venía de mi incapacidad para tocar a nadie sin dañarlo.

Sesshomaru había cambiado todo eso. Me enseñó a convertir mis habilidades en un activo y despertó sentimientos en mí que nunca había pensado que experimentaría. Era más que mi primer amante. También fue mi primer amor, pero me enamoré demasiado profundamente. A pesar de todas las advertencias, me atreví a esperar que un día, él podría sentir lo mismo por mí. Aquí es donde esa esperanza me había conducido: a un sótano, lanzando mis sueños machacados sobre un objeto inanimado. Miré los restos de la estatua y sentí una especie de sombrío parentesco. Como yo, solía ser sólida y completa. Ahora, también como yo, estaba tan destrozada por las emociones destructivas que ninguna de las dos sería la misma.

- Maldita sea - susurré, y no sabía si me dirigía a mí, o al yokai del que tontamente me había enamorado.

Mi precioso vestido estaba ahora húmedo por mis esfuerzos, pero no me importaba. No iba a volver a la cena. Todo el mundo había descubierto la razón por la que me había ido así que entenderían mi prolongada ausencia. Si no, que se jodan. Me había cansado de ser el entretenimiento de la noche. Agotada, subí los múltiples trozos de escaleras hasta mi habitación, contenta de no cruzarme a nadie por el camino. Con suerte, Sesshomaru estaría hasta tarde con sus invitados y no lo vería hasta mañana. Me daría un poco de la soledad que tanto necesitaba. Por eso gruñí cuando vi que mi habitación no estaba vacía. Sesshomaru estaba junto al sofá, con las manos entrelazadas detrás de él, afortunadamente el maldito estuche no estaba a la vista. Su mirada se fijó en mi aspecto sudoroso y desaliñado.

- ¿Te sientes mejor ahora? - preguntó con su franqueza habitual. Ni por asomo. Sólo verle rompió el frágil control que mis ejercicios eléctricos me habían dado.

- Estoy de gloria - le dije secamente.

- De hecho, aparte de la intención de emborracharme hasta desmayarme, nunca me he sentido mejor. - Una emoción que no podía nombrar cruzó su rostro. Luego su expresión se volvió de nuevo impasible.

- Me arrepiento de cómo resultó esta noche. Debería haber discutido mi oferta contigo en privado, pero nunca esperé que lo malinterpretaras de tal manera. - No sé lo que quería oír después de este fiasco, pero fuera lo que fuera, no era esto ni de cerca. Su férreo autocontrol echó más sal en la herida. Yo estaba apenas controlada, y él nunca me había mirado más frío y sereno. La ira se unió al resto de mis emociones turbulentas.

- El vestido, la cena de lujo, todas tus palabras halagadoras, el estuche… - Marqué los puntos con los dedos.

- En realidad, ¿qué se supone debía pensar? - Su bufido me cortó hasta el hueso.

- Cualquier cosa menos eso. Tú y yo hemos estado juntos pocos meses. ¿Sabes lo insignificante que es para alguien de mi edad? - Una nueva oleada de dolor hizo mi tono escaldado.

- Sí, tienes casi seiscientos años, pero en el mundo de hoy, cuando dices cosas como "vínculo eterno" antes de dar a tu novia una caja de anillo, ¡por lo general hay sólo un tipo de anillo en ella! – chille, ¿Cómo podía ser tan…?

- Durante siglos, a todos los yokais que he hecho se les ha dado una réplica de mi anillo, ya que es una prueba de la pertenencia a mi línea. Esto es útil si mi gente es capturada por aliados. O enemigos. - Le creí, pero no mitigó el ácido que continuamente se vertía sobre mis emociones.

- No lo entiendes - dije bruscamente.

- Tampoco hemos estado juntos mucho tiempo para mis estándares, pero tu desprecio ante la idea del matrimonio muestra cuán diferente valoramos esta relación. Ese es el problema real, y no puedo ignorarlo más. - Tenía la boca apretada y las llamas estallaron en la chimenea como si la cáscara se agrietara y se encendiera su ira.

- Realmente valoro nuestra relación. Nunca he compartido mi alcoba privada con nadie, excepto contigo... - No me importaba. Yo era la que había sido emocionalmente fileteada en público y ahora de nuevo en privado.

- Sin embargo, no puedes molestarte en instalar un inodoro – le interrumpí.

- Es como si siguieras indicándome: "Hasta aquí, no más allá" cada vez que puedes. - Ahora su mirada ardía rubí puro, todos los rastros de cobre se habían ido.

- Ofrecí una solución diferente a ese asunto esta noche. - Convertirme en un yokai en efecto negaría mi necesidad de un inodoro.

También aseguraría que me pasaría el resto de una larga vida antinatural amando a un hombre que nunca me querría más cerca que la longitud de un brazo. Sesshomaru era conocido por su crueldad, pero no creía que se diera cuenta de a qué destino cruel me estaría condenando si aceptara su oferta. Parte de eso era culpa mía. Había dejado el enfrentamiento emocional entre nosotros persistir durante demasiado tiempo porque no quería perderlo. El problema era que nunca le había tenido, como esta noche me había obligado a reconocer.

- No se te ocurrió que vería el anillo como una propuesta, ya que no tienes intención de ofrecerme alguna vez un compromiso real. Estuve de acuerdo con eso una vez. Ya no lo estoy. - A pesar del sentimiento de que mi corazón se estaba rompiendo dentro de mí, mantuve su mirada sin pestañear.

- No lo entiendes. - Su tono de voz era plano, incluso cuando las llamas cercanas aumentaron.

- El divorcio no existe para los yokais. Las personas pueden cambiar con el tiempo, muy pocos de los míos deciden casarse. Los sentimientos pueden desaparecer, pero una unión vampírica nunca lo hará. - Luego, sus manos cálidas y fuertes ahuecaron mi cara.

- Te estoy ofreciendo un compromiso real, un lugar en mi vida para siempre. Incluso si nuestra relación terminara, nuestro vínculo con el otro nunca lo haría. Déjame hacerte un yokai, Rin, y ver décadas deslizarse como días mientras estás a mi lado. - Quería decir que sí.

Las palabras temblaron en mis labios, pero las obligué a volver con una respiración entrecortada, inhalando. No me estaba ofreciendo algo diferente, sólo una versión más larga de lo que ya tenía. El hecho de que estaría dispuesta a arrojar mi humanidad como un traje viejo era prueba suficiente de que haría cualquier cosa por Sesshomaru, aunque todavía mantenía su corazón deliberadamente fuera de alcance. No podría vivir así, ya fuera como humana o como yokai. Si dolía tanto ahora, ¿cómo se sentiría después de décadas de amar a un hombre que me miraba como poco más que una compañera de cama agradable?

- Diré que sí con una condición. - declare, el solo se acercó más.

- ¿Y cuál es? - Él me acarició la cara.

- Puedes leer mi mente así que ya deberías saberlo. Te quiero, Sesshomaru, así que más que los lazos de sangre o la posibilidad de vivir para siempre, quiero que digas que me amas, también. - No me inmuté.

- Hemos hablado de esto. - Sus manos cayeron en puños a su lado.

- Lo recuerdo - le interrumpí.

- La primera noche que dormimos juntos, me dijiste que me darías pasión, honestidad, y monogamia, pero no amor, porque eres incapaz de ello. Lo creí entonces, pero lo llamo mierda ahora. ¿Te acuerdas de lo último que dijo Naraku antes de detonar esa explosión? - Por su mandíbula como granito, lo hacía, pero no lo iba a decir de forma voluntaria. Continué.

- Naraku dijo que me iba a matar con él porque eso te haría daño. Incluso tu peor enemigo podía ver que era más que una amante para ti, pero te niegas a ofrecerme nada más. Hasta que lo hagas, no puedo... - Mi voz se quebró, y a pesar de mi resolución, dos lágrimas se deslizaron desde mis pestañas. Las enjugué, obligándome a hablar a través del nudo en mi garganta, dolorosamente apretada por la emoción.

- No puedo estar contigo - resumí.

- Me duele demasiado estar cerca de ti, pero siendo continuamente rechazada. - Su expresión cambió a la incredulidad.

- ¿Me estás dejando? - Por su tono, la idea era más impactante que hiriente. Otro mazazo me golpeó en el pecho, haciendo que más lágrimas se deslizaran sin poderlas reprimir.

- ¿Qué otra opción tengo? Sé cómo terminará esto. Con mis habilidades, he revivido a través de incontables parejas. Incluso vi a mi madre dar todo a un hombre que seguía dejándola en segundo lugar y me niego a cometer el mismo error. - A pesar de saber que cada palabra era verdad, no podía detener la avalancha de pensamientos que corrían por mi mente.

Dime que me amas y me quedaré. Diablos, dime que estarás abierto a la IDEA de amarme y me quedaré. Dime cualquier cosa excepto que me resigne a estar siempre en un distante segundo lugar en la frialdad que mantienes alrededor de tu corazón. No dijo nada de eso.

- No es seguro. Hemos excavado gran parte de lo que quedó de su guarida en la montaña, sin embargo, todavía no hemos encontrado los restos de Naraku. Si se las arregló para sobrevivir, vendrá por ti. - ¿Esa era su mayor preocupación? ¿No el final de nuestra relación, sino su enemigo usándome contra él otra vez? Por un momento, no pude respirar por la manera en que salvajemente se desgarraba mi corazón. Pensé que estaba preparada para manejar un rechazo. Estaba tan, tan equivocada.

- Naraku está muerto - me las arreglé para decir con voz ronca.

- Incluso si sobrevivió, mis habilidades se han ido. No encontrar gente en la actualidad o ver en el futuro significa que no tendría ninguna utilidad para él. - ¡Dime que no es la única razón por la que quieres que me quede! irrumpió a través de mis pensamientos con toda la vehemencia de mi última esperanza.

Sólo mi fuerza de voluntad me impidió decirlo en voz alta. Sesshomaru sólo se quedó mirándome, su mirada cambiando de cobre a rojo rubí y de vuelta mientras el fuego rugía en la chimenea. Con cada momento de silencio, las lágrimas que no podía reprimir seguían deslizándose por mis mejillas. Luego, cada movimiento cortando como cuchillas a través de mis emociones, caminó a la puerta. Cuando llegó, se detuvo por un momento con la mano sobre la perilla. ¡No haga esto!, quería gritar. Te quiero; ¿no puedes siquiera intentar dejarte amar, también?

El fuego estalló tan alto que rompió la reja y lamió la pared, pero todavía no hablaba. Cuando llegó al techo, me dirigí hacia ella con un impulso instintivo de apagar las llamas, pero entonces se desvaneció en un silbido que no dejó nada más que un rastro de humo. Cuando me di la vuelta, Sesshomaru se había ido.

Continuara…

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