Dos veces tentada @zoraidarosecristal
El verdadero villano

Hola tesoros, este es el último capítulo de este libro, y si hare el tercer libro que le sigue, pero antes debo hacerles una seria consulta, para entender bien el siguiente libro primero necesitan leer otro libro de la saga principal pues contiene muchos detalles importantes para la trama, que como saben trata de Inuyasha y Kagome como protagonistas, así que díganme en comentarios ¿voy primero con el libro de Inuyasha y Kagome para que se enteren de dichos detalles o prefieren que salte directamente al tercer libro de esta saga de Sesshomaru y Rin? Espero sus respuestas pronto.

El verdadero villano

Tan casualmente como fuera posible, lancé una mirada a lo lejos, fingiendo sonreír a alguien bajo el sendero peatonal. Solo otro yokai reuniéndose con un amigo, nada que ver aquí. Cuando pude seguir sintiendo su mirada fija sobre mí, me dirigí en dirección hacia el lugar que había estado mirando, esperando que el fregar de la piel en versión de un tratamiento desodorante al que me había sometido hubiera removido todos los rastros de la esencia de Sesshomaru en mí. Entonces elegí a una persona casual, yendo hacia ella.

- ¡Hola! - dije en rumano como si fuéramos viejas amigas.

Algo me perforó en la espalda, un duro golpeteo doble que me hizo girar rápidamente, salpicando café a la persona más cercana a mí. Mientras el hombre comenzaba a murmurar maldiciones, otro doble golpeteo me golpeó justo en el pecho. Miré hacia abajo. Líquido plateado rezumaba de dos agujeros en mi chaqueta, pero antes de que mi mente registrara que me había disparado, el instinto tomo posesión. Salté hacia arriba, escaneando la multitud y golpeando el techo del túnel en menos de un segundo. Una pieza de concreto explotó cerca de mi cabeza y me giré lejos tan rápido como pude.

La gravedad me llevó de vuelta abajo entre la multitud. Caí sobre unas pocas personas, inadvertidamente golpeando sobre ellos. Tan pronto como golpeé el suelo, los gritos empezaron. No podía ver nada a través del mar de piernas que me rodeaba, lo que significaba que el tirador no podía verme, tampoco. Aun así, no iba a usarlos como cubierta. Balas de plata líquida podían ser peligrosas para mí tanto como eran para los humanos, sin embargo, gracias a la insistencia de Sesshomaru, estaba usando un chaleco antibalas bajo mi ropa. La gente a mi alrededor no tenía esa protección.

Empecé a gatear lejos de la multitud, lanzando mi taza de café a un lado después de notar con incredulidad que la había estado sosteniendo todo el tiempo. Mientras gateaba, presioné el cable bajo mi bufanda. No la había visto hacer eso, pero no me tomó poderes mentales adivinar quién me había disparado.

- La trampa fue descubierta… Y disparo balas de plata liquida. - dije cortamente.

Alcancé el final de la multitud y me levanté. Como si atrajera mi mirada, vi a Sarah en medio de las aterrorizadas personas, casi casualmente metiendo su arma en su chaqueta. Debió pensar que las balas de plata hicieron su trabajo y estaba muerta bajo la estampida de la multitud. La voz de Sesshomaru ladró a través del auricular.

- No te enfrentes a ella. Ve a la estación Crangasi. Estaremos allí pronto. - Sarah giró, de cualquier manera sintiendo mi presencia o escuchando la voz de Sesshomaru sobre el ruido de los transeúntes.

Miró fijamente hacia mí por lo que tomó un segundo, aunque se sintió una eternidad. No sé qué me poseyó para levantar mi mano cubierta de café sobre mi rostro, pero lo hice, usando el líquido y el material del guante para quitar el grueso maquillaje que ocultaba mi cicatriz. Cuando vio esto, su mirada topacio oscuro se volvió rojo y desnudó sus dientes en un gruñido.

- Tú. - Esperaba que fuera por su arma de nuevo. O cargara hacia mí; lucía tan furiosa como yo me sentía.

La guiaría lejos de las personas si cargaba, y si disparaba hacia mí, al menos no le dispararía a un espectador. Pero Sarah no hizo ninguna de esas dos cosas. En lugar de eso, levantó sus manos y gritó algo en un idioma que no podía reconocer. Como tirados por cuerdas invisibles, todas las personas que huían empezaron a detenerse en sus pasos. Entonces dieron la vuelta y se dirigieron hacia mí, sus manos estiradas como garras y sus expresiones asesinas. Sobre la horda, vi como el gruñido de Sarah se convertía en una sonrisa de suficiencia. Entonces corrió por el túnel del subterráneo en la dirección contraria de Gara de Nord.

Murmuré una maldición mientras empezaba a caminar a través de la multitud, tratando de no lastimarlos mientras los empujaba lejos. No recibí la misma consideración. Mi cabello era jalado, múltiples puños me golpearon, y era regularmente mordida por una mujer prendida a mi pierna y no podía alejarla a pesar de que la arrastrara al correr. Mi primer intento para usar mi control mental yokai no funcionó. Lo estaba haciendo mal o el hechizo de Sarah era muy fuerte. Logré quedar libre solo después de haber perdido mi chaqueta, bufanda, y varios trozos de mi pantalón cortesía de la chica mordedora. Entonces corrí rápido antes de que el resto de la pandilla se uniera a la aglomeración. Mientras corría hacia la estación Crangasi, apreté el cable cercano a mi cuello.

- Se fue hacia el túnel M1 - grité, entonces dejé escapar un gemido mientras miraba el fin del cable destrozado golpeando la camiseta antibalas.

Alguien debió de haberlo rasgado en dos. Sin vacilar, me giré alrededor y empecé a correr en la misma dirección que Sarah lo había hecho. Sin manera de decirle a Sesshomaru a dónde estaba yendo, si no la seguía, ella conseguiría escapar antes de que su gente se reuniera en el metro. Un estridente sonido y una luz cegadora señalaron a un tren dirigido directamente hacia mí. Salté sobre mis pies y sobre el borde de concreto del túnel, abrazando las paredes mientras continuaba tan rápido como podía caminar a lo largo de la ancha cornisa. Cuando el subterráneo me pasó, el viento proveniente de la velocidad trato de absorberme en la ruta, sin embargo mis nuevos músculos me sostuvieron a la pared mientras me fijaba. Una vez que se hubo ido, salté hacia abajo corriendo sobre el camino, mi mirada fija iluminando la oscuridad con rojo.

Si no fuera por mi visión mejorada, podría haber ignorado la ranura en el túnel a través de la vía que marcaba la entrada a otro pasillo. Ninguna luz brilló desde dentro y las paredes estaban mojadas por lo que lucía como una fuga, dejando un profundo y sucio charco en frente de la entrada. Debía ser uno de los muchos pasajes no usados que componen el laberinto subterráneo del metro. Me detuve, lanzando una mirada entre este y el resto del túnel. ¿Si fuera Sarah, por cuál camino iría? Viendo una huella de pie en el lodo llevando hacia el pasadizo alegró mi mente. Corrí sobre la vía y entré en la angosta entrada, haciendo una mueca ante el olor que sugería que los indigentes usaban esto como refugio. Ahora no había objetivo en tratar de rastrear a Sarah por su esencia, aunque sobre el hedor capté un olor raro a tierra. ¿Era ella? Si era así, necesitaba cambiar su perfume.

Corrí más rápido cuando escuché sonidos en frente, casi como un histérico rasguño. ¿Tenía Sesshomaru personas introducidas en el pasadizo del otro lado y la capturaron? El angosto túnel era bifurcado al frente así que no podía ver. Solo en caso de que Sarah estuviera esperando con una arma apuntada a mi cabeza, me encorvé así era unos pocos centímetros más baja de lo que esperaba, entonces miré al otro lado de la esquina. Lo que lucía como cientos de ojos brillantes miraban tras de mí. Ese sonido de rasguño incrementó. Hice molestos sonidos de piar mientras una masa de pelaje gris y colmillos cargaban contra mí.

- ¡Tú, perra! - grité bajo el pasadizo.

Sarah no había acabado con los trucos. Ahora al parecer había hechizado cada rata en estos túneles para atacarme. A pesar de mi repugnancia, empecé a correr hacia ellas. Los yokais no pueden obtener rabia, entoné mentalmente mientras docenas de roedores se lanzaban contra mí, como pensando que estaba cubierta en carne. Aplasté varios de ellos, mientras seguía hacia adelante, pero solo los que se mantenían acuchillándome con dientes y garras. El dolor explotó en casi cada parte de mí excepto lo que estaba cubierto con mi camiseta antibalas. Algunos caían mientras masticaban la goma del traje de buzo y mordían entre mi piel repleta de corriente, pero más de ellos tomaron su lugar.

Quería bailar tontamente mientras me zarandeaba de ellas, aunque continúe despejando los horribles roedores que podía alcanzar mientras corría. Si Sarah pensaba darme una carga de balas de plata liquida contra mí mientras estaba distraída por los resultados de su último hechizo, estaba muy equivocada. Mi negativa a apartar la vista de lo que había adelante es por lo que los vi. Largas formas abrazando la pared de la siguiente esquina, cubiertos de suciedad que casi se mezclaban con el frío y húmedo concreto. Capté un olorcillo de ese extraño olor a tierra aun sobre el hedor de las ratas y el olor de mi propia sangre y cuando paré de correr, debieron adivinar que los había divisado porque salieron de su escondite. Toda una docena de ellos.

Lucían como humanos, pero sus ojos brillaban con un brillo interior que las personas normales no tenían. Ese no era el rojo de los yokais y no tenían colmillos, aunque se movían con una velocidad que solo provenía de una habilidad supernatural. Cuando sus bocas se abrieron obscenamente anchas mientras cargaban contra mí, supe lo que eran. Onis, me di cuenta con un sentimiento de hundimiento. Y los onis comían personas, incluyendo yokais.

Con las ratas aún masticándome, me quité el guante derecho. Una fina línea blanca latía de mi mano, cada vez más gruesa, hasta que llegó al suelo. Los onis lo miraron sin el más mínimo miedo, algo que no era necesariamente bueno. Si hubiesen sido pobladores de túneles atacándome porque parezco sabrosa, habrían cesado una vez hubiese demostrado no ser una presa fácil. Si Sarah había logrado enseñarlos para que hicieran eso, entonces, como las ratas, hubieran continuado viniendo hacia mí hasta que todos ellos estuviesen muertos. O yo lo estuviera.

No tenía tiempo para preguntarme cuál era su motivación. Tres de ellos cubrieron la distancia entre nosotros con la rapidez propia de un guepardo. Saqué el látigo y lo moví en círculos, enviando más corrientes en él ya que me pareció sentir la resistencia de los cuerpos. Multitud de golpes sonaron y la oleada de corriente eléctrica a través de mi cuerpo hizo que las ratas abandonaran rápidamente el barco. Entonces saltaron de nuevo sobre mí, justo a tiempo para permitirme ver que había decapitado a dos de los tres onis. El tercero estaba tirado en el suelo, tratando de sacar la parte inferior de su cuerpo del enorme tronco bajo el que estaba enterrada su parte superior.

Con un rugido, la manada restante de ellos cargó. Giré el látigo a mí alrededor, como si fuese un lazo mortal, la corriente cortando a través de todo lo que se atrevió a entrar en contacto con él. Dos onis más cayeron sin vida al suelo uniéndose a una creciente pila de ratas, como la corriente, que subió en mí hasta niveles que nunca antes había manifestado. Chasqueé el látigo hacia otro oni que se había acercado demasiado y cayó partido en dos. La manada me rodeó con más cautela ahora pero, por la mirada vacía de sus ojos, no tenían el control de su voluntad. Querían seguir intentando matarme, sin importar las consecuencias. Si no hubiese estado en una lucha a vida o muerte, me hubiera maravillado ante el grado de poder de Sarah. ¡"Salpicada" de magia, mi culo!

Otros dos onis cayeron en pedazos cuando sus embestidas se encontraron con el haz blanco alrededor de sus cuellos. Sólo quedaban cuatro para irme, y gracias a mi nueva fuerza de yokai, mi brazo no estaba cansado. Más ratas comenzaron a caer sobre mí, de modo que el traje de goma se rompió en muchos sitios, y la electricidad se filtró como el agua por un colador. Los cuerpos de los roedores crujieron bajo mis pies cuando comencé mi ofensiva, embistiendo a los onis en lugar de retroceder, mi látigo acuchillando sin piedad a través de ellos y las ratas que todavía venían hacia mí desde todas las direcciones.

Ahora sólo un oni permanecía de pie. Cuando lo tuve a mi alcance, chasqueé el látigo en señal de victoria, pero éste se esfumó donde golpeó. En lugar de atravesar al oni, pareció rebotar en él. Miró hacia abajo para confirmar que seguía de una pieza y entonces sus labios se retiraron imposiblemente lejos, revelando una sonrisa como las fauces abiertas de una serpiente. Oh, mierda. Sacudí la mano derecha como para forzar más jugo en ella, pero la cadena colgando de ella solo parpadeaba de la forma que las linternas hacían cuando se estaban quedando sin batería. Entonces giré, lista para correr pero en el extremo opuesto del túnel, nuevos gruñidos hicieron eco, seguidos de una nueva ola de aire con olor a humedad y tierra. Mi camino de fuga estaba bloqueado.

El oni al que no había podido matar comenzó a andar hacia mí. Aterrada y sin más opciones, comencé a tirarle ratas. Éstas rebotaron en su descomunal marco, ineficaces para detenerle como lo habían sido para mí. Como si quisiera resaltar eso, cogió una, mordiéndole la cabeza y escupiéndola hacia mí. Detrás de él, dos de los onis caídos se movieron, uno de ellos saltando hacia mí con una única pierna, el otro arrastrándose a través de una alfombra de ratas muertas, porque no tenía nada por debajo de la cintura. Tendría una oportunidad contra un oni. No contra muchos de ellos. El miedo me hizo inmune a los pinchazos de dolor de las ratas que no habían sido electrocutadas, pues seguían mordiéndome por todo el cuerpo. Pronto serían más que roedores dándose un festín a mi costa.

A pesar de que nunca había sido más poderosa, todavía era impotente para parar mi propia muerte. Así que cuadré los hombros, pateando las ratas lejos de mis pies. Las haría ganarse su comida. Antes de comerme, tendrían que atraparme. Justo cuando empecé a dar el primer paso, el túnel se iluminó con un resplandor naranja que era un tanto siniestro y lo más agradable que jamás había visto.

- ¡Rin, agáchate! - la voz de Sesshomaru tronó.

Me dejé caer hasta el suelo, poniéndome cara a cara con incontables ratas, vivas y muertas. En el momento siguiente, un infierno rugió por todo el túnel, cubriendo todo lo que estaba por encima de tres metros sobre el suelo. Cuando el fuego se precipitó sobre mí en oleadas ardientes, me tapé la cabeza con los brazos y empujé mi cara más cerca de la asquerosa masa de cuerpos. Era mejor que estar cerca del fuego lanzado con la fuerza de un centenar de géiseres.

Segundos después, unas manos se cerraron sobre mis brazos. Traté de zafarme, pensando que el oni que se arrastraba me había alcanzado, pero luego me di cuenta de que las manos estaban calientes como un horno. Cuando ellas apartaron mis brazos de mi cabeza, no me resistí, y cuando una bota pateó el enjambre de ratas a mí alrededor, no dudé en sentarme a pesar del rugido constante de las llamas. Sesshomaru se agachó. Exceptuando el perímetro de medio metro a nuestro alrededor, el fuego llenaba el túnel del techo al suelo, tan fieramente que no podía oír nada más que el crujido de las llamas.

Entonces me levantó en sus brazos y comenzó a andar a través del abrasador muro naranja y rojo. El muro se abrió ante él como cortinas retenidas por manos invisibles. Mientras andaba, pegué fuerte a las ratas que aún seguían encima de mí, tirándolas hacia las llamas. En el momento en que llegó al final del túnel, donde había una puerta cerrada, había sólo unas pocas a mi izquierda que no podía alcanzar. Sesshomaru abrió la puerta, llevándome a un túnel muy reducido que podía haber sido un pasillo de servicio abandonado. En lugar de estar lleno de llamas, este lugar estaba lleno de gente de Sesshomaru. Bueno, todos menos uno.

Sarah tenía a cuatro yokais refrenándola, lo cual podría no haber sido suficiente teniendo en cuenta que su verdadera fuerza reside en la magia. Sin embargo, con una sola mirada, vi por qué Sesshomaru no estaba preocupado de que lanzara algún hechizo sobre sus hombres. Ella no podía pronunciar una palabra. Su boca estaba tan llena de plata que algunos fragmentos sobresalían de sus mejillas.

- ¿Dónde conseguiste esa mordaza? - pregunté. Él me dejó en el suelo, mandando lejos a las ratas que se aferraban a mi espalda antes de aplastarlas bajo sus pies.

- Fundí algunos cuchillos de plata juntos y se los metí en la boca. - A veces, adoro su lado oscuro.

- Rin ¿Por qué no esperaste en la estación de Crangasi como ordene? ―me preguntó, agarrando mis hombros ahora que todas las ratas se habían ido.

- Ordenó a los pasajeros que me atacaran y entonces uno de ellos rompió mi micrófono. No podía decirte qué camino había tomado así que la seguí. – explique inocentemente.

- ¿Por qué? - preguntó con aún más énfasis.

- Porque ella estaba huyendo. - Parpadeé.

- Cuando me enteré de que los onis iban por ti, lo único que me importó fue llegar a tiempo. ¿Cuántas veces tengo que decirte que significas más para mí que la venganza? Puedo vivir sin derrotar a mis enemigos, pero no puedo vivir sin ti. - Su agarre se apretó mientras una ola de frustración y otra, la emoción más fuerte se apoderó de mí.

Antes de que pudiera contestar, me aplastó contra él, su boca cubriendo la mía en un ardiente beso. Olvidé que estaba cubierta de sangre, suciedad y pelo de rata. No me importaba que una habitación entera estuviese mirando, ni nada más. Le besé de vuelta con todo el alivio que sentía al estar viva para hacerlo. Ahora que la lucha se había acabado, todo el miedo que había contenido vino de golpe, recordándome lo cerca que había estado de perderlo todo. Sesshomaru tenía razón. Los enemigos iban y venían, las batallas se ganaban o se perdían, pero nada importaba más que lo que teníamos. Todo lo demás era reemplazable. Cuando finalmente se separó, lentas lágrimas caían por mis mejillas.

- Te amo - susurré.

- Yo también te amo, por eso tengo la intención de encerrarte en casa tan pronto como lleguemos. - Él las limpió, con una sonrisa sardónica torciendo su boca.

- No lo necesitarás. Me quedaré allí alegremente. - Dejé escapar una risita acuosa. Manoseé mi chaleco antibalas, la única cosa que no había sido masticada o hecha trizas por las ratas.

- Esta fue una buena idea. Debes aspirar a ser un agente encubierto. Sarah me echó una mirada y comenzó a disparar. - La brillante sonrisa de Sesshomaru me recordó al fuego que tanto formaba parte de él, seductor pero mortal, consumiéndose y sin embargo vivo.

- Fue su determinación para matarte lo que conllevó su perdición. Cuando hechizó a los onis pobladores de túneles a ese estado asesino sin sentido, bloqueó la salida detrás de ella, dejándola sin ningún sitio para huir excepto hacia mí. - Me volví y miré a Sarah con una oleada de frío que no sabía que era capaz de hacer.

- Es hora de llevarla a casa, y espero que tengas una bonita y enorme estaca con su nombre escrito. –

Algunos de los hombres de Sesshomaru se quedaron atrás para asegurarse de que ninguno de los onis que sobrevivieron al fuego se encaminaran a las estaciones del metro y trataran de comerse a los viajeros inocentes. El resto de nosotros regresó a su casa a través de helicópteros. Tan pronto como aterrizamos, lo seguí y al séquito de guardias de Sarah hacia la mazmorra. Después de ser cubierta por ratas suficientes para provocarme pesadillas estridentes, podía desear una ducha más intensamente de lo que Midas había codiciado el oro, pero estaba viendo esto pasar. Sesshomaru ordenó encadenar a Sarah al enorme monolito de piedra.

Luego hizo traer a Shrapnel desde el otro lado de la mazmorra para ser amarrado a su lado. Él había hecho todo lo posible para matarme, pero no podía dejar de sentir una punzada de compasión ante el dolor en su expresión cuando la vio. Sarah, por otra parte, no parecía estar en absoluto molesta por la situación de su amante. De hecho, su mirada pasó por encima de él de una manera que sólo podía ser descrita como molesta.

- Realmente él fue sólo un peón para ti, ¿no es verdad? - le pregunté con repugnancia.

No respondió, por supuesto. A pesar de ser capturada, amordazada con plata y enfrentar un futuro verdaderamente horrible, Sarah no estaba acobardada. Su mirada pasó sobre mí de la forma que las mujeres perfeccionaron cuando querían arrasar tu autoestima sin decir una palabra, sin embargo, todo lo que hice fue sonreír lo suficientemente amplio para mostrar mis nuevos colmillos. Podía estar cubierta de mugre, sangre y pelo de rata, pero un yokai de siglos de antigüedad no tenía nada que ver con las miradas de menosprecio que había recibido mientras asistía a la escuela secundaria con una zigzagueante cicatriz, una cojera y la capacidad creciente de golpear a cualquier persona que me tocaba.

- ¿Te dije que fue un placer verte otra vez? - casi ronroneé.

- Aunque tú no recuerdas la primera vez que nos conocimos, ¿verdad? - La mirada que Sesshomaru me disparó era casi tan sorprendida como la de ella.

- Si pronuncias una palabra de magia, te llenaré con suficiente plata para volverte loca antes del amanecer. - Luego se acercó a Sarah, arrancando la plata de su boca.

- No sé de qué estás hablando, querida. Nunca te he visto antes de esta noche. - Sarah miró a Sesshomaru durante un largo y silencioso momento antes de mirar hacia mí despectivamente.

- No te culpo por olvidarlo. Estabas ocupada mirando a una niña llamada Dawn que estaba actuando bajo mi nombre escénico. Pensabas que era yo, y ese fue el por qué detonaste la bomba justo después de que ella entró en nuestro remolque. - Ahora su mirada pasó sobre mí con calculada intensidad.

- Usaste tu cabello y un sombrero para cubrir tu cicatriz - dijo al fin.

- Hábito. Ahora, vamos a ver cuál es tu peor pecado. - Con suerte, eso nos llevaría a quienquiera que fuera con el que estaba trabajando. Llegué hasta ella y retrocedió tanto como sus restricciones le permitían.

- No me toques. - No le respondí, pero agarré su brazo con mi mano derecha.

Sólo una corriente débil de electricidad se deslizó en ella. Había utilizado la mayor parte de esta en los onis que había enviado para matarme. Entonces el calabozo desapareció, transformándose en una habitación que no parecía muy diferente porque consistía completamente en muros de piedra. Parecía familiar, pero lo siguiente que experimenté me hizo olvidar eso. Para el momento en que esos entornos se desvanecieron estaba mentalmente de regreso en el monolito de piedra, quité mi mano.

- Eres una puta enferma - suspiré.

- ¿Qué? - preguntó Sesshomaru al instante. Me quedé mirando a Sarah con odio.

- Ella necesitaba un hechizo contra el fuego, pero no era lo suficientemente fuerte para hacerlo sin cruzar hacia el tipo más oscuro de magia. Y aun así lo hizo. Y esa magia había exigido el más alto precio: el alma de un recién nacido. - Había visto muchas cosas terribles a través de mis habilidades, pero nunca había visto algo tan brutal como eso.

- ¿Un hechizo de protección contra el fuego? - repitió Sesshomaru.

- ¿Crees que esa era la única defensa que necesitabas contra mí? - Ella no dijo nada a eso.

- Te conozco, Sarah. Nunca me enfadarías sin un protector, así que dime quién es. Rehúsate y lo voy a averiguar después de que hayas experimentado más agonía de la que puedas imaginar. - Entonces Sesshomaru suspiró.

- No tengo ningún protector. Ella apartó la mirada.

- Si, lo tienes, a pesar de que lo traicionaste porque él quería a Rin viva. - Él se echó a reír de esa manera escalofriante, sin sentido del humor.

¿Por qué Sesshomaru pensaría eso? Cada mensaje que Sarah envió a Shrapnel después del atentado había sido demandándole que me matara. Entonces recordé lo que dijo Hannibal después de que me había secuestrado. Eres tres veces más valiosa viva. Muerta era la única manera en que Sarah me quería, así que Sesshomaru estaba en lo cierto. Alguien más había estado tirando de sus cadenas al menos parte del tiempo. Ella me miró. Con el odio puro que esperaba en su mirada; el miedo, no lo esperaba. Después de la amenaza de Sesshomaru, ¿por qué tendría miedo de mí? Yo ya había hecho todo lo que podía, aunque averiguar su peor pecado había revelado sólo repugnante información, inútil...

- Sesshomaru, espera - dije, algo acerca de esa sala de piedra persistiendo en mi memoria.

- Shrapnel te dijo todo lo que sabía acerca de mis habilidades pero tú sabes más, ¿verdad? Como, por ejemplo, mi capacidad para sentir las esencias de otras personas en la piel de alguien más. – dije lentamente, la idea aun formándose en mi mente.

Su mirada se amplió mientras su aroma cambiaba a un aroma asquerosamente dulce. Sabía lo que era eso. Lo había olido por toda esta mazmorra. Era el olor del miedo. Sesshomaru lo notó, también. Su expresión cambió, los rasgos cincelados cambiando de helada amabilidad a granito esculpido.

- ¿Quién es él? - Tres palabras suaves que lograron ser llenadas con toda la amenaza de un millar de gritos amenazantes. Me quedé mirando a Sarah, midiendo los picos de odio y miedo en su mirada mientras me acercaba.

- ¿Sabes qué acerté a escuchar la primera vez que me vinculé a ti? Le dijiste a Shrapnel, "Lo que sea que ella pueda haber valido para él viva, es menos peligrosa para nosotros muerta". En ese momento, Shrapnel pensó que el "él" era Sesshomaru, pero realmente querías decir tu nuevo protector, ¿no es así? Él estaba interesado en mí y ya tenías dentro la pista. - Dejé escapar una breve carcajada.

- Sarah volvió a entrar en tu vida justo para el tiempo en que yo entré a la de Sesshomaru, ¿no es así? - Entonces miré a Shrapnel.

El dolor arrugó su rostro, pero Shrapnel no dijo nada. Tal vez todavía estaba tratando de protegerla. Lo más probable es que estaba bajo los efectos de un hechizo. Tal vez no había traicionado a Sesshomaru o tratado de matarme por su propia voluntad. Una mano ardiente se deslizó a lo largo de mi brazo mientras Sesshomaru se acercó, pero él no me miraba. Su mirada estaba fija en Sarah.

- Su protector debe ser poderoso o no te preocuparías por él. También es un enemigo mío o no se atrevería a arriesgarse a mi ira usando a una de mis ex- amantes para secuestrar a otra. Eso deja una pequeña lista. Más pequeña todavía si estaba interesado en Rin antes de que Shrapnel te hablara de sus habilidades. - Una lista muy pequeña, por cierto. De hecho, solo podía pensar en un nombre, y aunque no parecía posible, se ajustaba a los hechos, directo con la orden de Hannibal de capturar o matar.

Esa no había sido la primera vez que a un yokai le habían sido dadas esas instrucciones con respecto a mí, y mientras la preferencia de Sarah había sido muerta por encima de viva, su protector no estuvo de acuerdo. Lo curioso era, que todo el mundo excepto Maximus y Sesshomaru pensaban que mis habilidades psíquicas se habían ido cuando Hannibal me secuestró. El protector de Sarah estaba o bien jugando a que regresarían... o sabía otra razón por la cual yo sería un rehén valioso. Sólo otro yokai había adivinado cómo se sentía Sesshomaru realmente por mí, incluso antes de que lo hubiera admitido a sí mismo. El mismo yokai que había intentado utilizar mis habilidades contra Sesshomaru antes incluso de que yo lo conociera. Había sido la razón por la que primero estuvimos juntos, pero Naraku había muerto en un infierno hace meses. ¿Verdad? Di otro paso más. Sarah se agitó en sus restricciones, los ojos brillando de un color rojo escarlata y la boca llena de colmillos de pronto mientras escupía amenazas tan virulentas como inútiles eran.

- Cállala y mantenla quieta - dije en voz baja.

Sesshomaru tenía su mandíbula en un agarre irrompible antes de que la última palabra saliera de mi boca. Su otro brazo golpeó en su cintura tan fuerte que escuché varias costillas romperse. A diferencia de la vez que Shrapnel pulverizó mi caja torácica, su dolor duraría unos pocos segundos hasta que sanara. A menos que ella siguiera luchando, así era. Cerré los ojos cuando la toqué, contenta de que mis habilidades me permitieran revivir los peores pecados de una persona una sola vez. Entonces dejé a mi mano derecha a la deriva, buscando otras esencias en su piel. Allí, en la parte superior del brazo. Una fresca, incrustada con la rabia que reconocí al instante como perteneciente a Sesshomaru. Mi mano recorrió más allá, encontrando otra en la parte posterior de su cuello. No reconocí la impresión así que seguí adelante, tocando su rostro mientras ignoraba los ruidos furiosos que ella hacía en su garganta.

Alguien que la amaba había dejado una huella en su frente, y con una punzada, reconocí la esencia de Shrapnel. Seguí, al no encontrar nada más en la parte superior de su cuerpo. Había llegado a su muñeca izquierda cuando lo sentí. Un hilo con una esencia muy familiar, hecha por alguien tocándola con la suficiente amenaza para dejar una huella permanente en su piel. Dejé caer mi mano y abrí los ojos.

- Es él - dije, simplemente, cuando encontré la mirada de Sesshomaru. Sus ojos parecían a punto de estallar en llamas rojos y un flujo de lava de ira se vertió sobre mis emociones.

- ¿Qué debo hacer para matar a ese insecto? - murmuró él.

- Cuéntame cómo conspiraste con Naraku, y puedes comenzar con cómo demonios se las arregló para sobrevivir a esa explosión. - Entonces soltó a Sarah. Para el momento en que se movió a la parte delantera del poste, su atronadora expresión había cambiado a una encantadora sonrisa y ese flujo de lava de rabia a un glaciar de determinación.

- Creo que sé la respuesta. Quema algo en ella. - le dije, mirando a Sarah sin piedad.

Ambas piernas fueron pasto de las llamas. Ella gritó, retorciéndose en sus ataduras. Shrapnel comenzó a gritar también, suplicándole a Sesshomaru que se detuviera. Él no lo hizo hasta que todo, desde sus muslos hacia abajo, estaba cubierto de carne carbonizada y ennegrecida. Mientras yo observaba a Sarah empezar a curar con sólo las capacidades regulares que todos los yokais tenían, la pieza final del rompecabezas cayó en su lugar.

- Tú no trabajaste ese hechizo contra fuego para ti misma. Lo hiciste para Naraku, el único yokai que era a la vez tan fuerte como Sesshomaru y tan comprometido a hacerle daño como tú lo estabas. Ese es el por qué él no dudó en desencadenar esa explosión cuando lo habías atrapado en la montaña. Sabía que si lo encontrabas ahí, la única forma en que saldría con vida era si pensabas que estaba muerto. Al igual que lo hizo hace siglos. - Mi mirada se volvió hacia Sesshomaru.

- El truco más grande que el diablo alguna vez sacó fue convencer al mundo de que él no existía - murmuró Sesshomaru, sonando como si lo estuviera citando de memoria. Luego sonrió a Sarah.

- Ahora, querida mía. Vas a decirme dónde está. De una manera u otra -dijo en su tono más cordial.

Continuara…

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