Dos veces tentada @zoraidarosecristal
Estrategia conyugal

Tercer capítulo en pocos días, agradezcan que acabe mis exámenes, y esta parte muchos la han esperado, espero la disfruten y ya conocen las reglas para seguir publicando más rápido.

Estrategia conyugal

Quería comenzar la conexión con Sarah inmediatamente, pero Sesshomaru dijo que el amanecer estaba cerca. Tomé su palabra dado que no sabía qué hora era. Además, Sarah no sabía que las gráficas habían cambiado. Ahora ella sería la única en ser irremediablemente estacada y una vez que el sol diera paso a la noche, la cacería empezaría. Dejamos el nivel más bajo y nos dirigimos a la habitación de seguridad en el cuarto piso. Estaba segura de que varios de los yokais nuevos estaban viviendo bajo el suelo cerca a la mazmorra, pero Sesshomaru tenía el equivalente a una suite presidencial para yokais a los que él quería favorecer. Sin embargo, tan pronto como estuvimos de vuelta al nivel principal de la casa, un exceso de sonidos me asalto.

El clamor de pasos por encima y por debajo. Numerosos sonidos metálicos en la cocina como si ollas y cacerolas estuvieran siendo usadas para hacer el desayuno. Voces de gente o aparatos electrónicos, y por debajo de todo, el rítmico palpitar de múltiples corazones. Mi estómago se apretó y pequeñas dagas pincharon mi labio. Casi allí, pensé con alivio al tiempo que pasábamos por el jardín interior y nos dirigimos hacia la gran escalera. Todo lo que tenía que hacer era conservar mi hambre de sangre por unos pocos minutos más.

- Rin, gracias a Dios. - La voz de mi hermana me hizo gemir ruidosamente. Gretchen corrió escaleras abajo, mirándome aliviada e histérica.

- Sus matones dijeron que estabas bastante herida para nosotros como para verte, lo cual es una mentira desde que te ves genial... - Otro sonido escapó de mi garganta que hizo que ella se detuviera a mitad de la frase.

- ¿Me acabas de gruñir? - preguntó con incredulidad. Sesshomaru miro hacia mí y entonces sus manos se cerraron sobre mis brazos.

- Quédate atrás - le dijo a Gretchen severamente.

Demasiado tarde. Dolor rasgo a través de mí, tirando de un interruptor en mi cerebro que me hacía incapaz de ver a la pequeña hermana que amaba. En vez de eso, solo veía la cura para mi agonía dentro de un paquete de carne que podía ser rasgado fácilmente. Los pocos siguientes momentos fueron una bruma de lucha seguida por el alivio mientras un imposiblemente y delicioso néctar se deslizaba por mi garganta, extinguiendo la quemazón que hacía que el fuego fuera un alivio en comparación. Después de que tomé cada gota, comencé a darme cuenta de un grito que consistía en la misma pregunta de pánico. "¿Qué está mal con ella, que está mal con ella? ¿QUÉ ESTÁ MAL CON ELLA?"

- Nada. - La voz de Sesshomaru.

Escucharlo despejó la prolongada locura, mientras un sentimiento de calma atravesaba a través de la capa de mis emociones. Él estaba detrás de mí, sus brazos franjas irrompibles que me detenían de lastimarla a ella o a cualquier otro. Me hundí en alivio contra él, la bruma sin sentido finalmente dejo mi visión. Gretchen estaba congelada en el último peldaño de las escaleras, ojos anchos y una expresión tan afligida que creí que se desmayaría.

- Está bien - le dije. Mi voz era ronca, pero al menos no era un gruñido brutal esta vez.

- ¿Está bien? - repitió.

- ¿Cómo puede estar bien cuando acabas de tratar de matarme? - No tenía respuesta para eso. Gretchen se sentó repentinamente, como si hubieran tirado de ella, y entonces puso su cabeza en sus manos.

- Ahora lo entiendo. Él tuvo que cambiarte por que estabas demasiado mal como para curarte. Ese es el por qué no nos dejaban verte. - A diferencia de su chillido previo, su voz fue un susurro. Calambres de diferentes tipos me hicieron retorcer interiormente. No había tenido la oportunidad de decirle que esto era algo que tenía decidido en el futuro. Ahora lo descubrió cuando intente comerla.

- Yo entendería si...si no puedes lidiar con eso - empecé. Su cabeza se levantó, su mirada azul brillando.

- No lo entiendes. Tú me salvaste, pero yo no pude salvarte a ti. - Su voz se rompió y lágrimas se derramaron de sus ojos.

- Lo siento. - Lágrimas brotaban de mis propios ojos.

- No. Si no me hubieras arrastrado lejos del coche antes de que este explotara, realmente habría muerto. - Ella lucho a través de la muerte de nuestra madre, mis habilidades de pesadilla, mi intento de suicidio, y mi huida cuando pensé que cortar los lazos con mi familia sería lo menor por hacer. Ella tenía sus propias fallas, pero debí saber que ni siquiera esto sería mucho para ella.

- ¿Jalaste a Rin fuera del vehículo? - Ante eso, Sesshomaru me soltó.

- Después de que ella cortó el cinturón de mi asiento, sí. Ella estaba en mal estado y yo estaba asustada de que moverla pudiera empeorar todo, pero eso iba a estallar. - Gretchen se tensó ante su tono cortante.

- Hiciste lo correcto - le dije, pensando, ¡no la presiones! Antes de recordar que no podía oírme.

- Sosténganla - manifestó Sesshomaru, asintiendo hacia mí.

- ¿Qué? - jadeé. Eso fue todo lo que obtuve antes de que dos guardias que no había notado me sujetaran, dándome débiles miradas de disculpa mientras me mantenían inmóvil entre ellos.

- Es por la protección de tu hermana - declaró Sesshomaru, avanzando hacia Gretchen. Ella lucía como si quisiera salir corriendo pero no se movió cuando se le aproximó.

- Tiende tu mano - le dijo en el mismo tono vigorizante. Vacilante, lo hizo. Sesshomaru la agarró y entonces sacó un cuchillo, su agarre se endureció cuando ella trato de jalarse.

- Sesshomaru - dije en tono de advertencia. Él no miró hacia mí. Al contrario, pasó el filo a través de su mano, cubriendo la mano de mi hermana con su sangre.

- Bebe, y sé conocida como una de mi gente. - le dijo. Gretchen le dio a la sangre en su mano una desagradable mirada. Entonces volvió su mirada a Sesshomaru.

- ¿No lo soy ya como tu hermana política? - Su mirada era de frío placer.

- No en el mundo yokai. - Luego ella me miró a mí.

- ¿Cuál es la trampa? - Recordé cuando le hice a Sesshomaru una pregunta similar antes de una igualmente irrevocable situación.

- Si haces esto y lo traicionas en el futuro, te matara - resumí sin rodeos.

- Como si no pudiera hacerlo ahora si lo traiciono. La ventaja es que, si hago esto y entonces alguien se mete conmigo, tendrá que responder a Sesshomaru, ¿verdad?

Escarlata brillo en su mirada.

- Eso es exactamente correcto. - Ella miró hacia su mano y la acerco a su boca como si el pensar demasiado en ello la haría perder su coraje.

- Puaj - dijo mientras lamía la mancha roja en su mano. Cerré mis ojos. Gretchen no era una niña y tomó esta decisión por su propia voluntad. Eso no me detuvo de preocuparme de que estaba dando un paso más lejos del mundo humano. Sin mencionar que papá se volvería loco cuando lo descubriera.

- Wow, es como líquido para la velocidad - murmuró ella. Entonces miró fijamente con asombro como sus rasguños, costras, y cardenales empezaban a desaparecer como si estuvieran siendo limpiado por un borrador invisible.

- ¿Qué está pasando aquí? - El tono furioso de mi padre cortó el aire como un machete. Me encogí al pensar en cómo me vería, empapada de sangre y contenida por dos fornidos guardias, y ese arrebato de sentimientos hicieron salir mis colmillos. Lo cual, claro, era la reacción incorrecta.

- No - susurró mi padre mientras miraba hacia mí, horror apretando sus rasgos. Entonces, empezó a bajar las escaleras tan rápido como su agarrotada pierna se lo permitía.

- ¿Qué fue lo que le hiciste? - tronó hacia Sesshomaru.

- Si dices alguno más de los pensamientos en tu cabeza, te quitaré la habilidad para hablar por un mes. - Sesshomaru le disparó a mi padre una hirviente mirada mientras caminaba hacia mí y entonces me recogía en sus brazos, los guardias inclinándose mientras retrocedían alejándose. La mandíbula de mi padre cayó.

- Ponme en el suelo, ya no me siento como una mordedora. - Yo me retorcí en los brazos de Sesshomaru. Esto tampoco era como había imaginado darle la noticia a mi padre.

- Está amaneciendo - replicó aun mirando hacia mi padre.

- Está bien, así que estaré cansada, pero eso no significa... - Mi boca dejo de funcionar. Lo mismo hizo cada musculo de mi cuerpo. Antes del siguiente latido del corazón de mi padre, estaba completamente inconsciente.

Me vine a despertar tan de repente, que me sobresalté. En un segundo, estaba muerta para el mundo, al siguiente, estaba de pie y hambrienta como el infierno, mi mirada lanzándose alrededor en busca de alimento.

- Ahí - dijo Sesshomaru, apuntando hacia la gaveta abierta en la pared.

Caí sobre la bolsa que contenía, desgarrándola como el tiburón de Tiburón. Cuando había terminado, la sangre goteaba de mi cara, manos y pecho. Sólo me volví consciente de que había empezado a lamerme a mí misma, cuando la baja risa de Sesshomaru rompió el trance inducido por el hambre.

- Debo admitir que esto me da ideas. - La vergüenza se impuso, dándome la fuerza para detener la limpieza de mis manos como algún gato loco. Sesshomaru se sentó en el colchón, apoyado contra la pared y las piernas extendidas casualmente.

- Fuiste de nuevo al calabozo. - Se había cambiado desde la última vez que lo vi, y aunque su camisa de color morado oscuro estaba impecable, al igual que su pantalón negro ébano, con un olfateo, sabía dónde había estado antes de venir aquí.

- Tal vez voy a tener que rociarlo con Febreze después de todo. - Su sonrisa contenía más que un toque de severidad.

- Acordamos que buscaría a Sarah de la otra manera. - Me pasé la mano por el cabello después de una lamida final.

- Contigo dormida, tuve que matar algo de tiempo. - Su voz era ligera, pero una corriente subyacente de mal humor rozó mis emociones. Suspiré.

- Sé que no estás acostumbrado a explicarte, pero así es el matrimonio. No estoy acostumbrada a despertar con un hambre incontrolable, por lo que los dos estamos pasando por una fase de adaptación. - Ahora otro tipo diferente de sonrisa curvó sus labios.

- Los tuyos sólo van a durar una semana. Los míos, toda la vida. - Me reí con sequedad.

- Si querías una esposa que nunca cuestionara tus acciones, no deberías haberte casado conmigo. - Algo más tentó mis emociones, deslizándose a través de ellas como franjas de fuego sensual. Un aroma más cálido y rico llenó la habitación, recordándome las especias a fuego lento y humo de madera.

- Concuerdo. Pero te quiero para algo más que servilismo. - Su voz era más gutural, endureciendo las cosas bajas dentro de mí.

Tragué saliva, el hambre de un tipo diferente haciendo que mis colmillos se alargaran. Se veía tan bien arreglado en su ropa a la medida, tan relajado apoyado contra la pared, pero sus emociones contaban una historia diferente. Podría ser la única con sangre y desaliñada, pero no era la verdadera criatura salvaje en la habitación. Y yo no lo querría de ninguna otra manera. Entonces sacudí mi cabeza para aclarar los pensamientos explícitos que comenzaron a inundarla. Tenía a una asesina que cazar más un padre traumatizado que calmar. Mi tarjeta de baile no tenía espacio para horas de sexo y Sesshomaru no hacía rapiditos.

- Tengo que ducharme - dije, y sonaba sin aliento a pesar de que no respiraba.

- Después de esto.- Su sonrisa se volvió peligrosamente carnal.

- Sesshomaru, realmente, hay tanto que necesitamos hacer... -

- ¿Recuerdas cuando dijiste que no aceptarías clasificar siempre de segundo para otros? Yo tampoco. - interrumpió con voz sedosa.

Él estaba a mi lado en un abrir y cerrar de ojos, presionando un botón interno en ese cajón retráctil. Otra bolsa de sangre apareció como si se tratara de una máquina expendedora. Antes de que pudiera hablar, Sesshomaru la aplastó contra su pecho, cubriéndose en riachuelos de color carmesí. La necesidad se levantó con tal ferocidad que aniquiló mi conciencia. No estaba avergonzada por cómo me lancé hacia él. No importaba que él arrancara mi ropa tan salvajemente como yo arrancaba la suya en mi búsqueda de la última gota, y realmente no importó cuando me apoyó en la pared y tiró de mis piernas alrededor de su cintura. Entonces no había nada, excepto el sabor de la sangre en su piel y la exquisita aspereza de su cuerpo sumergiéndose en el mío, una y otra vez, hasta que el éxtasis ardiente a través de mí hizo que me olvidara de mi hambre.

Eran las diez y cuarto cuando salí completamente vestida del baño. Sesshomaru estaba vestido de nuevo y esperando, ya que lo había hecho ducharse en otro lugar. De lo contrario, habría sido incluso más tarde, a lo que él no tenía reparos. Shrapnel no iba a ninguna parte, Sarah aún no sabía que había sido descubierta, y nuestra luna de miel ya había sido arruinada lo suficiente, indicó.

- Antes de que empiece con Shrapnel, tengo que ver a mi papá - le dije a Sesshomaru.

- Está muy asustado. ¿Puedes quedarte cerca en caso de que me golpeé la sed de sangre otra vez? - Sesshomaru había estado bebiendo vino, pero ante eso, lo dejó.

- Muchas personas que saben acerca de los yokais tienen dificultades aceptando la transformación de un ser querido. Esto puede causar sentimientos de miedo, alienación e impotencia. Para alguien acostumbrado a tener el control, como tu padre, esos sentimientos a menudo se magnifican.- Sus declaraciones cuidadosamente dichas me pusieron incómoda.

- No lo endulces. ¿Qué pasó? - Normalmente, Sesshomaru era contundente hasta el punto de la brusquedad. Definitivamente algo estaba pasando.

- No quiere verte en este momento, y está insistiendo en irse con Gretchen - respondió con su franqueza habitual. Tengo otras casas en donde estarían a salvo, pero me negué a que se fuera a menos que tú estuvieras de acuerdo con esto. - Ahora yo tenía fuerza sobrehumana, pero me sentí como si mis rodillas se hubieran convertido en gelatina.

- ¿Gretchen no quiere verme, tampoco? - Tal vez había malinterpretado su actitud antes...

- No, tu hermana fue vehemente sobre su estancia aquí, lo que sólo hizo a tu padre más decidido a llevársela con él. - Entonces Sesshomaru me dio una mirada cansada.

- Él no se da cuenta, pero está tratando de recuperar el control, donde no hay ninguno. Todavía te ama. Si no lo hiciera, su reacción a tu conversión en un yokai no sería tan emocional. - No dije nada, pensando en lo extraña que era la vida.

Cuando era una niña, el trabajo de mi padre nos trasladaba de un lugar a otro sin tener en cuenta lo molesto que eran esos trastornos. Ahora era mi situación la que lo mantenía desarraigado de la vida que él había construido. El karma es una perra, había dicho Kagome, pero no quería que mi padre recibiera ningún castigo merecido. Quería que fuera feliz, y estuviera a salvo.

- Déjalo ir, pero espera hasta mañana por la mañana. Quiero una oportunidad de hablar con Gretchen primero. - Mi voz era suave pero firme.

Sabía lo que era tener que irse, aunque sólo fuera para demostrarte a ti mismo que podías. En cuanto a Gretchen, era mejor que se fuera con él. Con mi nueva hambre voraz, no podía confiar en mí misma para estar a su alrededor. Además, las cosas estaban a punto de volverse más peligrosas por aquí, no menos. Entonces me levanté, dándole a Sesshomaru una sonrisa torcida.

- Ahora, vamos a ver si puedo encontrar a esa perra loca con la que solías salir. - Pensé que volveríamos a la mazmorra y recogería el rastro de la esencia de Sarah tocando a Shrapnel, pero Sesshomaru me llevó a la sala de armas en su lugar. Allí, me entregó una daga de plata con un diseño celta en la empuñadura de filigrana.

- Suyo - indicó él. Me tomó un segundo recordar por qué resultaba familiar. Entonces dejé escapar una breve carcajada.

- Claro que lo era. Toqué esta cuando estaba pasando por tus otras armas. Poco después de vislumbrar a la mujer conectada a esta, empecé a sangrar hasta la muerte. - Justo como era la intención del hechizo de vinculación de Sarah, aunque no había contado con que Sesshomaru estaría allí para revivirme.

O en Maximus haciendo lo mismo la otra vez que su vinculación causó daño letal. Ahora mi propio estado inhumano era todo lo que necesitaba para protegerme. El karma es una perra sonaba muy bien para estas circunstancias. Saqué mi guante derecho y toqué la linda arma. Para mi sorpresa, mi primer instinto fue zafarme. El metal hizo que mi piel picara de una manera que me hizo recordar a la vez que caí en un espacio de hiedra venenosa cuando era niña.

- Se siente... mal. ¿Es por la plata? - Su diversión se enredó a través de mis emociones.

- Te acostumbrarás a eso. Todos los yokais lo hacen. - Traté de ignorar lo irritada que el metal hacía sentir mi piel y me centré en la esencia que contenía. Después de unos minutos de concentración, imágenes incoloras se sobrepusieron.

Llegamos a mi puerta, pero cuando Sesshomaru empezó a irse después de desearme buenas noches, tomé su manga.

- Espera. - Entonces saqué el cuchillo de entre los pliegues de mi abrigo y se lo extendí a él primero por la empuñadura.

- Para ti - murmuré.

- ¿Qué es esto? ¿Un regalo temprano de Navidad? - Lo tomó, su boca curvándose en una media sonrisa.

- ¿Necesito una ocasión para darte un regalo? - le pregunté a la ligera. Él probó la hoja antes de guardarla.

- Perfectamente equilibrada. Gracias, Sarah. Es una maravilla. - Luego se inclinó, sus cálidos labios rozando los míos. Cuando empezó a alejarse, me aferré.

- No te vayas - susurré contra su boca.

- Uno de mi pueblo está perdido. No voy a esperar hasta mañana para buscarlo. - Él se echó hacia atrás con el ceño fruncido.

- Lo siento, por supuesto que no, querido - le dije, sabiendo bien que no debía señalar que podía enviar a otra persona.

- Buenas noches, Sarah. - Puso el cuchillo en su abrigo.

- Buenas noches, Sesshomaru. - Lo observé irse, ocultando mi frustración con una sonrisa en el caso de que mirara hacia atrás.

No lo hizo. Él nunca lo hacía, y sus visitas se habían vuelto poco frecuentes. No había vivido trescientos años sin saber lo que eso significaba. Estaba empezando a cansarse de mí. Mi sonrisa se volvió frágil. Había estado demasiado tiempo sin la protección que merecía y no estaba a punto de perder mi casa al lado de tan poderoso yokai. Arriesgado o no, era hora de emplear medios más persuasivos para mantener a Sesshomaru conmigo. Si era cuidadosa, nunca sabría la causa de su afecto recién descubierto.

Mi vínculo con el recuerdo se disolvió y volví a la realidad para encontrarme agarrando el cuchillo tan fuerte, que había cortado mi mano.

- ¿Acaso Sarah se mudó contigo poco tiempo después de que ella te diera esto? - Entonces me quedé mirando a Sesshomaru, una sospecha creciendo.

- Creo que sí, ¿por qué? - Su frente se arrugó.

- Sólo me preguntaba. ¿Sabías que ella estaba en la magia? - Se encogió de hombros.

- Sabía que estaba interesada, pero la magia está en contra de la ley yokai así que una búsqueda más seria no valía la pena el riesgo para ella. – típico.

- O estaba más envuelta de lo que aparentaba. - ¿Y si no era coincidencia que Sarah fuera a vivir con él poco después de que decidiera utilizar medios más "persuasivos" para evitar que él la despidiera?

Si era así, entonces no estábamos tratando con un aficionado que incursionó en un ocasional hechizo, sino con una bruja en toda regla que podría ser más peligrosa de lo que incluso Sesshomaru o yo nos diéramos cuenta. Miré el cuchillo con más cautela que antes. Como un yokai, otro ataque de corazón o una hemorragia espontanea podría lastimar, pero no sería fatal. Sin embargo, si era una poderosa bruja disfrazada, había la posibilidad de que Sarah, tendría preparado un encantamiento letal contra los yokais, también.

- Mantén un ojo en lo que hago con el cuchillo, ¿de acuerdo? - Cuando levanté la vista, los ojos de Sesshomaru, se habían estrechado.

- ¿Por qué? - Inhaló y luego sonrió como si debiera tomar eso como una advertencia.

- Si tu ex resulta ser más una malvada bruja de lo que creemos, hay una posibilidad de que tenga un encantamiento que me obligue a tratar de estacarme a mí misma, he, he, en el corazón. - Mi risilla indicó que no pensaba ni remotamente que eso funcionara. Su cara entera comenzó a ensombrecerse, aunque esa encantadora sonrisa nunca despareció.

- Puedes ser la persona más cruel que he conocido - dijo en un tono conversacional.

- ¿Qué? - jadeé.

- Mi primera esposa se mató a sí misma. Me tomó siglos recuperarme de eso y amar de nuevo, aun así no ibas a mencionar que podrías ser forzada a matarte a ti misma en frente de mí. - Su tono casual desapareció, reemplazado por uno de rabia pura.

- Sesshomaru, yo... - Eso no era nada comparado con la furia que inundaba mis emociones, abruptamente como una presa repleta y tan enérgica que di un paso atrás.

- No. Hables. - Fuego surgió de sus manos, escalando por sus brazos hasta sus hombros antes de ser una aureola por todo su cuerpo con un resplandor naranja. Pensaría que está tratando de intimidarme, excepto por el torbellino de sus emociones, no puede detener esto.

- He tratado de permitirte hacer lo que sientes porque respeto tu valentía, pero me estás empujando muy lejos. - Otra llamarada de fuego.

- Intenta una vez más el arriesgar obstinadamente tu vida, y juro que voy a encarcelarte. - Antes de que pudiera expresar mi indignación ante ese ultimátum, él se desvaneció, sin dejar nada atrás excepto el olor a humo.

- Hola, mocosa. - Eché una mirada hacia Jaken en la puerta de la celda de piedra.

Ni siquiera me había dado cuenta que la habían abierto. Me encerré a mí misma aquí porque no quería lastimar a nadie si otro ataque de hambre me golpeaba, además tenía un sistema de entrega de plasma. Ahogar mi frustración con sangre sonaba desagradable en teoría. En la práctica, era tan efectivo como licor y helado combinado.

- Maximus tenía razón cuando me advirtió sobre Sesshomaru - dije con aire sombrío.

- ¿Lo oíste amenazarme con encarcelarme? - Una mirada compasiva cruzó el rostro de Jaken, lo cual fue mi respuesta.

- No sé qué es lo que voy a hacer. Amo a Sesshomaru, pero a veces es tan anticuado. ¿Imaginas su reacción si le dijera que no tiene permitido arriesgar su vida por su pueblo nunca más? - continué, palmeando el lugar junto a mí en invitación.

- No escucharía - dijo Jaken, sentándose junto a mí en la cama.

- Correcto. ¿Así que, qué es tan diferente de mí asumiendo algo de riesgo con el fin de cazar a la perra que estuvo cerca de matarme tres veces y tuvo éxito en el cuarto intento? – seguí preguntando.

- ¿Es machista? - ofreció Jaken.

- Exactamente. ¿Qué? - Entonces le eché un vistazo, viendo la ironía estampada en su rostro.

―Tú eres la única que se sorprende con esto, tontita. Te casaste con alguien que está al borde de ser un psicótico, quien supera las circunstancias brutales en las que creció siendo aún más brutal. Agrega el convertirte en un yokai y siglos de luchas de poder entre no muertos, y tienes el loco bastardo cruel del que te enamoraste. ¿Piensas realmente que alguien así permitiría que su esposa peleara contra sus enemigos por él? Ellos lo llaman Sesshomaru el Empalador, no Sesshomaru el Castrador - Me dio una palmadita en la rodilla de manera amistosa.

- No estoy tratando de pelear con sus enemigos por él - Solté un bufido.

- A sus ojos lo estás, y peor, estas dispuesta a morir por eso. Como ya hiciste una vez, pequeña demonio. - Otra palmadita.

- ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Permitirle ordenar cada uno de mis movimientos porque es de la versión medieval de anticuado? No firmé eso. - Me apoyé en él, inclinando mi cabeza para que descansara en su hombro.

- No, firmaste algo mucho más duro. Matrimonio. - Él soltó una risita seca.

- Sabelotodo. - Pero mi voz carecía de rencor.

En el fondo, sabía que estaba en lo cierto. Casarme con un dragón significaba lidiar con las veces en que exhalaba fuego, pero no iba a renunciar. Estaba en esto por un largo plazo, así que era el momento para dejar de cavilar sobre lo irregular que era el camino, y prepararme para los golpes, manteniendo mi pie en el acelerador.

- Gracias. - Besé a Jaken en la mejilla.

- ¿Por qué? Te dije que no te involucraras con él y aún no he cambiado mi pensar que esto era una mala idea. - Él gruñó.

- Gracias por ser un buen amigo. Desde que estuviste escuchando a escondidas, ¿sabes a dónde fue? Oh, espera, no importa. Ya lo sé. - Entonces me paré, llena de renovada determinación. Sesshomaru podría ser un cruel bastardo loco, pero era mi cruel bastardo loco y nosotros haríamos que esto funcionara.

Descendí por la angosta escalera, arrugando la nariz ante el olor que se hacía más picante. Molesta a un chico moderno y probablemente irá a un bar local. Jode a un yokai con el hábito de empalamiento y una mazmorra en casa, y no tendrías que usar el cerebro para saber a dónde fue.

- Hola - le dije al guardia que me miraba cautelosamente mientras me acercaba.

- Por favor dile a Sesshomaru que me gustaría hablar con él. - El guardia se inclinó, luciendo aliviado de que no tratara de empujarlo para pasar, eso creo.

Entonces tocó algo en su collar y hablo en rumano. Ah, lo maravilloso de la tecnología. Necesitaba un traje de caucho que cubriera todo mi cuerpo para usar un cable sin freírlo. Mis nuevos súper sentidos significaban que podía oír la réplica que recibió el guardia, pero como también era en rumano, no lo entendí.

- Por favor espere aquí - dijo finalmente en un acentuado inglés.

No dije nada, preguntándome si Sesshomaru estaba viniendo, o si estaba esperando para ser escoltada por alguien más. Casi diez minutos después, Sesshomaru apareció. Una capa de cenizas oscurecía sus ropas, piel, y cabello, lo que era para puntualizar que era imposible ser quemado. El color moreno agregado a su apariencia lo hacía lucir aún más peligroso, como si su expresión no fuera un presagio suficiente.

- ¿Qué? - Una palabra que significaba devolverme por mi camino con esa brusquedad, y el hecho de que no podía sentir ninguna de sus emociones. Enderecé mis hombros y planté mis pies. Si realmente no quería verme, no habría venido.

- Tengo una solución que podría funcionar para ambos – dije. Una ceja se curvo. Lancé una mirada explícitamente hacia el guardia.

- ¿Quieres hacer esto aquí? - La boca de Sesshomaru se apretó, pero pasó por delante de mí y empezó a subir las escaleras. Lo seguí al cerrado pasillo que era el principal corredor del sótano. Allí se detuvo y me miró.

- ¿Qué? - Seguía rudo, pero su tono era menos brusco. Cerré la distancia entre nosotros y empecé a cepillar las cenizas de sus ropas. Se tensó, pero no hizo intento de detenerme.

- Por tu humor, no has obtenido la ubicación de Sarah por Shrapnel aún. Él es resistente, además podría haberlo hechizado así que no puede decirte dónde está ella. - Hice notar casualmente.

- Eso también se me ocurrió. - Sus ojos seguían cada movimiento que yo hacía, aunque permanecía completamente quieto.

- Claro que lo hizo. Tú has hecho esto por mucho más tiempo que yo. - Corrí mis dedos a través su cabello para cepillar los residuos en él.

- Si los cumplidos son tu solución, no te molestes. No usaras su cuchillo para conectar con ella. Ya he dispuesto de él. - Su sonrisa era tan fría que hubiera podido convertir vapor en hielo seco.

- Está bien. - Continúe limpiando el polvo gris de él.

- No tocaras a Shrapnel para hacer conexión con ella, tampoco. - Su mirada se estrechó ante mi conformidad.

- No lo necesito - dije de forma ágil.

- No puedo hacerlo sin evocar tus técnicas de interrogatorio, gracias. - Ante eso, agarró mis manos y me empujó más cerca.

- Para de mentir, Rin. No te rendirás y ambos sabemos eso. - Su rostro estaba a simples centímetros ahora, su barba oscura de cenizas y sus labios presionados en una dura línea. Miré arriba hacia él, erguida ante la intensidad en su mirada.

- Todo lo que Shrapnel tiene que hacer es resistir por unos pocos días hasta que Sarah se dé cuenta de que fue capturado y escape. Él lo sabe y tú lo sabes. Pero ella vivió aquí, así que su vieja habitación debe estar llena de su esencia, objetos con lo que posiblemente no podría matarme a mí misma. Si quieres realmente exagerar para asegurar que este a salvo, encadéname antes de que trate de usar uno de esos objetos para hacer conexión con ella. - Ante eso ambas cejas se levantaron.

- ¿Encadenarte? - repitió.

- Vamos, estoy segura de que has fantaseado con eso. - Destellé hacia él una pícara sonrisa.

- Más y más cada día - murmuró en tono siniestro, pero el muro a su alrededor se quebró y pude sentir algo de sus emociones.

Seguía enojado, sí. Frustrado, también. Aún más hondo había una pista de apreciación. Si alguien podría entender mi decidida determinación para derribar a un enemigo, ese era Sesshomaru. Entonces soltó un severo suspiro.

- Eso se me ocurrió también, pero en su habitación, podrías ver cosas que no quiero que veas. - Furia ciega se disparó a través de mí ante el pensamiento de experiencia mental de Sesshomaru haciéndole el amor a otra mujer. Nunca había sabido si era del tipo celoso, pero claramente tenía algunos problemas. Entonces forcé esos sentimientos de vuelta, remplazándolos con la fría oscura parte de mí.

- Si es así, tendré que superarlo al ver como la matas lenta y medievalmente después. - Él miró fijamente hacia mí de una manera penetrante que dimensionó mis palabras en piezas en mí que solo él podía ver. Lo miré de regreso. Si pensaba que no quise decir lo que dije, estaba equivocado.

- Da la casualidad que tengo algunas cadenas. - Por último, inclinó su cabeza, el fantasma de una sonrisa en sus labios.

Continuara…

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