Dos veces tentada @zoraidarosecristal
Sangre

Tercer capítulo en pocos días, agradezcan que acabe mis exámenes, y esta parte muchos la han esperado, espero la disfruten y ya conocen las reglas para seguir publicando más rápido.

Sangre.

Mi boca estaba húmeda con ella mientras su aroma perfumaba el aire, ya no cobriza y nítida, sino embriagadora e intoxicaste. Tragué y respiré al mismo tiempo, tratando de llenarme todos los sentidos con el maravilloso líquido que hizo desaparecer el dolor. Por unos momentos, estuve perdida en la saciedad tan completa, fue como bajar y subir una altura increíble al mismo tiempo. Después, como toda altura, revivía a través de mis habilidades, el choque me dejó temblando, sufriendo, y desesperada por otro golpe. Alguien gruñó "Más", en un tono que cabría esperar de un animal rabioso si este pudiera hablar. La respuesta fue un paño húmedo y frío en mi cara que quitó la sangre que había estado lamiendo, y mis ojos se abrieron de golpe por la indignación. Una vez que lo hicieron, todo fue tan brillante y vívido que por un segundo, no pude concentrarme.

- ¡Dije más! - Registre dos cosas al mismo tiempo. Esa voz salvaje salió de mí, y no había respirado mientras hablaba. Sintiendo pequeñas dagas pinchándome en el labio fue casi redundante.

Realmente la hiciste esta vez, se burló mi voz interior. Mis dientes bajaron, impulsando lo que sabía que eran colmillos más profundamente en el labio inferior. Parecía que morir y ser traída de vuelta como un yokai no había matado mí odiada voz interna. A continuación, el caleidoscopio de colores se convirtió en formas claras y Sesshomaru entró en foco. Su pantalón negro y camisa índigo apestaban a humo y plástico quemado, pero debajo de eso, capture el rico aroma de la sangre, y todo lo demás desapareció. Salté sobre él, en busca de las huellas deliciosas con una urgencia que me tenía desgarrando su piel y ropa con mis nuevos colmillos.

Murmuró algo que no comprendí en mi búsqueda de la fuente de ese olor. Una parte de mí estaba horrorizada por mi salvajismo, pero el resto sólo se preocupaba por una cosa. Sangre. La necesitaba. AHORA. Sesshomaru me apartó de un empujón, una mano sosteniendo mi boca que daba mordiscos mientras que la otra mano alcanzaba algo detrás de él. Ese ardor interior había vuelto, me asolaba un dolor tan intenso que no podía pensar en otra cosa que en la necesidad de hacer que se detuviera. Entonces la ambrosia se deslizó por mi garganta, sofocando mi angustia tan a fondo que lágrimas de agradecimiento se deslizaron por mis mejillas. Tragué como si estuviera tratando de ahogarme, mis ojos se cerraron con un alivio tan profundo que pensé que podría perder el conocimiento.

Después otra cosa se superpuso a través de mi alivio. Ira, seguida por una oleada de la emoción más cruda y desenfrenada que jamás había sentido. Llamarlo amor era comparar una lluvia de primavera con un huracán, y cuando me di cuenta de que esa emoción no venía de mí, sino del yokai que aún estaba sosteniendo mi mandíbula con mano de hierro, me quedé conmocionada.

- Puedo sentirte - susurré haciendo que su mirada se tornara más brillante de lo que hubiera visto antes, pero ahora, no me dolía sostenérsela.

- Debido a tu engaño de compras la cual te costó tu humanidad. - La dureza en su tono me hubiera hecho estremecer de no ser por la oleada fresca que atravesaba mis emociones.

Más rabia, sí, pero nacía del miedo a perderme. No había pensado que Sesshomaru fuera capaz de sentir miedo, sin embargo surgía a través de mi subconsciente junto a una nueva oleada de emoción furiosa y desquiciante prima hermana del amor. Pensaba que su comportamiento controlador se derivaba de la arrogancia, pero más bien esto venía de una necesidad patológica de protegerme. Si no estuviera aún obsesionada con pensamientos acerca de sangre, estaría sorprendida de todo lo que él había consentido al mismo tiempo que esa compulsión rugía dentro de él. En seguida otro dolor paralizante me golpeó, borrando el resto bajo un hambre tan severa que era como estarse muriendo de inanición miles de veces en cuestión de segundos. Me habría derrumbado de no ser por el agarre de Sesshomaru, y antes de que pudiera gritar debido a esa horrible combustión interna, un nuevo trago de ambrosia alejó la agonía.

Tragué tan vorazmente como antes, esta vez regresando a mis sentidos antes de que él arrancara los jirones de plástico empapados fuera de mis manos. Bolsas de plasma, me di cuenta mientras lamía mis manos hasta dejarlas limpias, con un impulso que no podía controlar. Qué moderno de su parte. Si la memoria no me fallaba, sería una maníaca enloquecida por la sangre durante varios días hasta que tuviera la fuerza suficiente para no matar a la primera persona viva que se cruzara en mi camino. La idea era deprimente. Luego otro pensamiento tardío me golpeó.

- ¿Cómo es que soy un yokai en vez de un oni? Me recuerdo muriendo... - Y viendo a mi madre.

Eso me aturdió tanto que momentáneamente olvidé lo que estaba preguntando. Ella no había sido un sueño o una ilusión, lo sabía con tanta seguridad como sabía cuál era mi propio nombre. Eso significaba que había algo después de la muerte. Nunca creí en eso porque no lo había visto en las muertes que había revivido, pero tal vez vislumbrar lo que hay más allá tenía que ser experimentado personalmente.

- Mi sangre no es suficiente para sanarte en este momento. Ha iniciado, sin embargo, el proceso de transformación. - El agarre de Sesshomaru se soltó hasta acariciar mi garganta en lugar de restringir mi mandíbula.

- ¿Cómo? - Sus dientes brillaron en una sonrisa sin humor.

- En transformaciones normales, te drenaría hasta el punto de morir antes de tenerte bebiendo de mi sangre. Tú misma te drenaste hasta la muerte con tus heridas, y tuviste suficiente de la cantidad adicional de mi sangre en ti que te di apenas como para estar sobre el límite. - Luego dejó caer la mano, rabia infundida con angustia rascando a través de mis emociones antes de que continuara.

- Por supuesto que no lo supe hasta después de tu muerte, cuando de repente, comenzaste a desgarrar mi garganta como una gata salvaje. - No recordaba eso, ni tenía ningún recuerdo de ser traída aquí.

- Gretchen. Está bien, ¿verdad? - Lo último que recordaba era ver a Shrapnel arrastrado por los guardias y a Sesshomaru arrodillado junto a mí.

- Solamente lesiones menores y algún arañazo. - Esta vez, el alivio que sentí no fue alimentado por la ingestión hasta tener la panza llena de sangre.

- ¿Y Sandra? – pregunte.

- Lesiones más graves, pero se recuperará. - No quería preguntar, pero tenía que saberlo.

- ¿Shrapnel? - Su boca se apretó.

- Donde debe estar. - Eso significaba el calabozo, sin duda.

Tal vez ahí era donde estábamos también. Esta habitación parecía una versión más elegante de una de las celdas de Sesshomaru debido a que las paredes, el techo y el suelo eran roca sólida sin salida aparente, pero había dos colchonetas apiladas en la esquina cubiertas por varias mantas gruesas. Eso no había sido lo que había visto como norma en los alojamientos de las mazmorras, a pesar de la ausencia de luces fue... Y todavía podía ver perfectamente. Parpadeé como esperando a que eso fuera a cambiar, lo cual por supuesto no pasó. Ninguna luz iluminaba los espacios estrechos, sin embargo, veía cada centímetro hasta las manchas rojas rayando las paredes que olían tan bien que quería lamerlas. Cuando dos pinchazos de dolor se me clavaron en el labio, sabía que mis nuevos colmillos habían surgido de nuevo.

Cerré los ojos, sintiéndome abrumada. No había querido esto tan pronto y no sabía si podría soportarlo. Pero lista o no, ahora era un yokai. Mi mano se deslizó hacia mi pecho a mi corazón. Veinticinco años latiendo, y sin embargo por siempre jamás sería tan silencioso como un tambor que alguien había abandonado. Cuando abrí los ojos, Sesshomaru me miraba. No dijo nada, sin embargo, una extraña mezcla de empatía e implacabilidad ametralló mi subconsciente. Te has ocasionado esto a ti misma, sus emociones parecían trasmitir el mensaje, pero no te enfrentarás a ello sola.

Miré de nuevo notando una pequeña cicatriz en su nariz que no había visto antes. Eso no fue lo único. Su piel ya no parecía pálida, sino ligeramente luminosa, como si estuviera cubriendo una luz que llevara dentro. Su cabello no era solo de color platinado, sino de un rico collage de blanco, plateado y azulado. El aire alrededor de él crepitaba con energía, y cuando acarició mi garganta otra vez, su mano se estremeció como si él fuera el que se impregnara con electricidad interior.

- Tú también eres diferente ahora - dije con asombro. Su boca se curvó, medio burlón, medio divertido.

- Eres un yokai. Puedes ver los detalles a los que los humanos son ciegos, poderes sensoriales que ellos no entienden, y sentir emociones con más fuerza de lo que ellos pueden siquiera imaginar. - Entonces me agarró del cabello y lo uso para tirar de mi cabeza hacia atrás antes de bajar su boca.

- Ahora siente esto - murmuró.

La caricia áspera de su boca y la suavidad sensual de sus labios palidecían al lado de las emociones que salían a chorro a través de mi subconsciente. La lujuria se desgarró través de mí como un fuego repentino, casi haciéndome caer de rodillas. Esto quemó mis terminaciones nerviosas tan a fondo como el hambre que tenía, pero no con el dolor. En cambio, me sentí abrumada por la necesidad de dominar por placer hasta que gritos entusiastas resonaban en mis oídos, y para hacerlo ahora mismo. Mi boca se abrió, enredé la lengua con la suya mientras me agarraba de su camisa. Esta se vino abajo en mis manos tan fácilmente como papel mojado, y luego su calor me hizo jadear cuando me jaló hacia él. Siempre había sido caliente, pero ahora se sentía como una llama encerrada en carne.

Él arrancó mi vestido, sujetador y bragas tan despiadadamente como yo había destruido su camisa antes arrojándome sobre la colchoneta más cercana. Gemí cuando su cuerpo cubrió el mío, sorprendida por lo diferente que también era eso. Cada roce de su piel intensifica las sensaciones que me hacían arquearme contra él con demanda primaria. Cada caricia parecía penetrar en las partes ocultas de mí que se morían de hambre por su toque. Todo lo anterior se desvaneció en una memoria sin color como las visiones psíquicas que tomaba del pasado. Era como si se tratara de la primera vez que hacíamos el amor, y cuando abrió mis muslos y su boca descendió entre ellos, un brote de éxtasis me hizo gritar.

No sé cuánto tiempo me retorcí contra él, el placer me desgarraba en pedazos con cada lametazo abrasador de su lengua. Cuando él se levantó y arrancó la parte delantera de sus pantalones, yo seguía estremeciéndome por el orgasmo, pero al ver que su longitud gruesa se hinchaba la necesidad en mí volvió otra vez. Me deslicé hacia abajo, tirando de él encima de mí. Entonces mi cabeza cayó hacia atrás por la fuerza de su beso cuando su boca reclamaba la mía.

Su sabor era más agudo, más salado, y tan explícitamente carnal que me dolía donde estaba húmeda. Su cuerpo era un infierno, y la anticipación corto mis emociones en una franja visceral cuando él se desplazó abajo entre nosotros. Rompí nuestro beso y le mordí el hombro sin pensar, sorprendida por lo natural que eso se sentía. El placer corrió atreves de mí cuando hundí mis colmillos más profundo. Ya fuera el mío o el suyo, no sabía, y cuando tiró de mis caderas hacia arriba para encontrarme con su empuje, ya no me importaba. Dejé de morderlo para gritar cuando su carne ardiente empujó dentro de mí. ¿Se había sentido así antes? No, no se podría. No habría sido capaz de soportar el exquisito apretón de mis músculos internos cuando él se enterró hasta mi clítoris después de que no pudiera llegar más profundo.

O el gozo cuando su boca se cerró sobre mi garganta y mordió donde había estado mi pulso. Entonces él empujó hacia adelante, mi garganta aún capturada entre sus colmillos, y la sensación de estar completamente dominada y sin embargo potentemente arrancadas mis inhibiciones. Me despegué de su boca, apenas notando el pinchazo de sus colmillos mientras mi piel se desgarraba. Entonces envolví mis brazos alrededor de él y le mordí en el mismo lugar. El placer sobrecargó mis terminaciones nerviosas desde la conexión hasta sus sentimientos, conduciéndome a un frenesí. Él se movió más rápido, más profundo, su agarre convirtiéndose en marcas, y me vanagloriaba en ello, hundiendo mis colmillos en su cuello para que coincidiera con cada golpe duro.

Mis uñas rasgando a través de su espalda, trazando una tersura que no era sudor. El éxtasis creció junto con un dolor interior que exigía más sin importar si era demasiado. Él estaba demasiado caliente, demasiado grande, demasiado rudo y moriría si se detenía. Arranque mi boca de su cuello, jadeando.

- Te amo tanto. - Justo antes de que otro orgasmo me dejara temblando por su intensidad.

A través de los ojos medio entornados vi que la cabeza de Sesshomaru se echaba hacia atrás, rayas de color carmesí estropeaban la elegante línea de su garganta. Luego bajó la cabeza y me miró mientras sus ardientes manos acariciaban mi rostro.

- Y yo te amo a ti, mi esposa. - No tuve oportunidad de responder.

Se deslizó hacia abajo, su boca descendiendo entre mis piernas con una ferocidad apasionada. Yo me arqueé contra él con un gemido que era mitad éxtasis, mitad frustración. Esto se sentía increíble, pero lo quería dentro de mí de nuevo... Todo pensamiento se desvaneció en mi mente cuando sus colmillos sustituyeron la lengua, perforando mi clítoris en lugar de lamerlo. Placer al rojo vivo atacó a través de mí, haciendo disparar la electricidad de mi mano derecha. Humo encrespado se elevó del agujero que perforé en la cama, pero lo único que pude hacer fue aferrarme a las sábanas cuando empezó a succionar con empujes largos y profundos.

Su nombre salió de mi garganta en un sollozo ahogado. Otra fuerte succión me tenía gritándolo, y después ya no podía pensar lo suficiente como para hacer eso. Todo lo que podía hacer era sujetarme a él mientras llanto sin palabras era arrancado de mí, y cuando me volteó boca abajo justo después de una última succión enloquecedora, ya ni siquiera podía moverme. Jaló mis caderas hacia arriba, una estocada profunda produjo otro grito ahogado en mí. Mi carne palpitaba y se estremecía, apretando convulsivamente a su alrededor mientras se retiraba. Me levantó, llevándome hacia su regazo.

Otro arco de sus caderas hundiéndose en mí otra vez. Agarré sus muslos mientras me mecía hacia atrás contra él, sintiendo sus labios ardientes en el cuello cuando hizo a un lado mi cabello para darme un beso allí. Entonces no hubo nada, excepto el feroz ritmo que me llevó al clímax un instante antes de que llegara él, y los estremecimientos nos conmovieron por dentro y por fuera.

Cuando Sesshomaru me liberó, caí contra el colchón, sin jadear solo porque no necesitaba respirar. Nunca había fumado antes, pero si en esta celda hubiera cigarrillos, hubiera encendido uno en saludable conmemoración. Luego mi estómago se apretujó. Mi satisfacción se desvaneció, reemplazada por un hambre tan intensa que comencé a temblar. Sesshomaru me levantó, empujándome contra el muro con una mano mientras con la otra apretaba números en un teclado numérico que no había notado antes. Una gaveta se deslizó fuera de la superficie de piedra, y un solo vistazo a lo que contenía hizo que mi mente se fuera en blanco por la necesidad.

Los próximos minutos fueron un carrusel girando de dolor y alivio. Cuando mi cordura volvió, seguía contra la pared, succionando los restos de una bolsa plástica mientras Sesshomaru observaba. Extendió su mano y me forcé a abandonar la bolsa a pesar de que tenía unas deliciosas rayas carmesí sobrantes. Aun así, no actuaría como un animal un momento más de lo necesario. Él la tomó junto con la otra bolsa a mis pies, depositándolas en la ranura de donde había salido.

- ¿Cómo supiste? ―logré preguntar calmadamente. Un encogimiento de hombros.

- Es lo mismo con todos los nuevos yokais. Sexo, furia y violencia dispararan tu hambre. Hasta que puedas controlarla, debes aprender a anticiparte. - Eché un vistazo abajo.

La sangre salpicó frente a mí de lo loco que destruí las bolsas de plasma, haciéndome lucir como una actriz de una película pornográfica de terror. Tenía muchos días de frenética alimentación sin sentido por venir, por algunas cosas no podía esperar a controlar mi nueva hambre. Fui hacia la cama y me envolví en la sábana. Lo que tenía que decir era demasiado serio para hablarlo todavía desnuda.

- Así que descubriste que Shrapnel era el traidor - comencé.

- No pensé que lo cortarías en pedacitos porque "accidentalmente" te tiró de un acantilado. – Un corto bufido me interrumpió.

- Él era el único traidor en tu casa, pero no era el único cómplice. - Sostuve su mirada.

- Explícate. - La mirada de Sesshomaru se volvió de un rojo brillante.

- Sandra estaba pasando mensajes... - No alcancé a decir nada más antes que Sesshomaru girara, presionando una parte del muro que no se veía diferente del resto, pero igual una puerta de repente apareció.

- Waters. Aseguren a Sandra inmediatamente. - ladró en el espacio abierto.

No, grité mentalmente. ¡No es su culpa! Él no respondió. Correcto, ya no podía escuchar mis pensamientos. Había puesto eso y un sexo espectacular en los pros de ser un yokai.

- Ella no sabía - dije.

- Shrapnel la hipnotizó para que lo hiciera. Lo vi cuando la toqué. - Él giró, su expresión no era menos aprehensiva

- Asegúrenla gentilmente, Waters. – Agrego antes de cerrar presionando otro panel indistinguible.

- ¿Qué más viste? - No podría decir si el desagrado curvándose dentro de mis emociones era debido a las acciones de Shrapnel o las mías.

- Primero promete que no lastimarás a Sandra. - Él cruzó sus brazos sobre su pecho. Con su constitución muscular y la sangre salpicada sobre él por mi alimentación rabiosa, no podría verse más amenazante pero me rehusé a retractarme.

- Promételo - repetí.

- Tengo otras formas de descubrirlo - dijo sedosamente. Liberé un bufido siniestro.

- ¿Por qué crees que lo hice a tus espaldas? Estoy bien consciente de tus "formas" de obtener información. Es por eso que no voy a someter a mi amiga a ellas si no ha hecho nada malo. - Su boca se tensó mientras ecos de su ira atacaron mis emociones, pero eso no era todo. Tan mordaz como un recuerdo agridulce, el pesar flotó dentro de mi subconsciente. Perder mi mortalidad era mi culpa, pero me di cuenta que Sesshomaru se culpaba a sí mismo también. Luego presionó la pared y la puerta oculta apareció de nuevo.

- Está bien, ve - dijo con un barrido de su mano.

- ¿No se supone que esté encerrada debido a que mi sed de sangre es una amenaza ahora mismo? - Observé la entrada abierta sospechosamente.

- Sí, pero vienes conmigo para ver por ti misma que Sandra no será lastimada, siempre y cuando no me haya traicionado conscientemente. A menos claro... que termines arrancándole la garganta tú misma. -una sonrisa como de tiburón.

No había esperado regresar al calabozo tan rápido, sin embargo después de ducharme, vestirme, ir a otra alimentación frenéticamente, ducharme y descansar de nuevo, acá estaba. Cuando entramos a la primera cámara del calabozo, el hedor me hizo retroceder. Olía como si alguien hubiera mezclado keroseno, fruta podrida, sangre rancia, orina y excremento de perro, luego explotado todo. ¿Cómo no había notado esto antes?

- Este lugar apesta. - No estaba ni siquiera respirando, pero el olor rancio encontró su camino a mi nariz de todas formas.

- ¿Los guardias olvidaron echar Febreze? - preguntó Sesshomaru en fingida indignación. Luego me dio una mirada hastiada.

- Es un calabozo, Rin. Se supone que huelan así. - Misión cumplida. El hedor podría incluso haber matado mi nuevo apetito. Si el Infierno pudiera echarse un gas, olería así.

- ¡Rin! - Me giré hacia la voz de Sandra. No estaba encadenada al gran monolito de piedra para mi alivio. En vez de eso, estaba acurrucada en el piso, su expresión tan afligida que de seguro pensaba que nunca dejaría este lugar. Tan pronto como me vio, arremetió contra mí.

- ¡Por favor, diles que ha habido un error! - Uno de los guardias apareció de la nada, atrapándola incluso antes de alcanzarme.

Algo bueno también. Además se había duchado y cambiado de ropas desde el accidente, pero podía oler la sangre seca en sus raspones, costras, y la herida cosida de su cabeza incluso sobre el horrible hedor. Presioné los colmillos contra las encías. Acabas de comer, me recordé, y Sandra NO es el postre.

- Está bien, Sesshomaru solo necesita buscar en tus recuerdos por unas cositas. - le dije.

Estábamos haciendo esto porque él quería que Shrapnel presenciara la exposición de su traición y solo había un lugar donde se iba a quedar. A pesar del desafío a mi control, no me iría hasta que Sesshomaru terminara de probar la mente de Sandra. Yo era lo único que ella tenía, y el calabozo era lo suficientemente aterrorizante sin tener un amigo a tu lado. Sesshomaru podría tentarme acerca de arrancarle la garganta a Sandra, pero nunca me dejaría hacerlo. Además, también quería escuchar más acerca de la yokai morena con la que Shrapnel se había estado enrollando. Como por qué había estado tan determinada a matarme, para empezar. Por supuesto, estar acá abajo significaba enfrentarme cara-a-cara con el lado obscuro de Sesshomaru, y él no había desperdiciado ningún momento en dejarlo salir.

- Deténganlo - dijo, apuntando a Shrapnel.

Tres yokais de nuevo aparecieron como ninjas, pero a medida que movían las muchas esposas atando a Shrapnel al muro de piedra, sus movimientos ya no parecieron borrosamente rápidos. Antes que la última cadena de plata cayera, Sesshomaru levantó un largo palo de madera y lo atravesó contra la sección media de Shrapnel. Sandra jadeo. Intenté no notar cómo se aceleraron sus latidos tratando de atrapar mi atención. A escondidas, apreté la bolsa de plasma que llevaba dentro de mi chaqueta. Si sentía una punzada de hambre, la rompería a ella, dando a los guardias más tiempo para proteger a Sandra. ¿Qué te parece eso como anticipación?

Sesshomaru llevó a Shrapnel hacia uno de los hoyos en la piedra, dejando caer el final del palo como si casualmente pusiera una flor en un jarrón. A pesar de todo, Shrapnel dejó salir varios gruñidos ásperos, pero eso fue todo. Su fortaleza era impresionante, pero mientras más fuerte fuera, más aguantaría mientras Sesshomaru buscaba para descubrir con quién lo había traicionado y por qué. Shrapnel había intentado matarme dos veces, sin embargo no podía evitar sentir lástima por él. Un sorbido devolvió mi atención a Sandra. Su cabeza estaba gacha, largo cabello entre rojo y dorado blindaba su expresión.

- ¿Hice algo horrible, verdad? - susurró.

- No lo recuerdo, pero cuando él me tocó en el coche, lo sentí. - Quería palmearla para consolarla pero su pulso estaba empezando a sonar como una campana de cena, así que no confiaba en mí para acercarme más.

- Sesshomaru no está enojado contigo. De hecho, vas a ayudarnos a encontrar a la otra persona que te forzó para traicionarlo, y luego vas a detenerla. - dije en mi más tranquilizadora voz.

- ¿Ella? - La ceja de Sesshomaru se arqueó.

- Ella. Y aparentemente, ella es una lanzadora de hechizos. - repetí, mirando hacia Shrapnel. Me miró fijamente y su mirada de obsidiana se volvió brillante por el rojo.

- Me mentiste. No sabes quién es ella. - Sonaba más sorprendido que enojado, no es que tendría alguna razón para señalar con el dedo el tema de la falta de honradez.

- No lo sabemos todavía, pero estamos a punto - le respondí con frialdad. Con Shrapnel ahora al alcance de la vista, Sesshomaru se acercó a Sandra.

- Si no fuiste consciente de ninguna de tus acciones porque ellos alteraron tu memoria, te voy conservar sin culparte. - Palabras condicionales de consuelo, pero funcionaron. Sandra cayó sobre una rodilla e inclinó la cabeza.

- Tú me sacaste de las calles después de que mis padres me abandonaron. Me diste un hogar, una educación, y la promesa de un futuro mejor. Nunca te traicionaría a sabiendas. - La boca de Sesshomaru se curvó con ironía mientras echaba una mirada hacia Shrapnel.

- Entonces tú serías más fiel de lo que dos de mis más cercanos amigos resultaron ser. - Ante esas palabras, una mezcla punzante de ira y dolor se enroscó en mis emociones. Hice una mueca de dolor, recordé que las acciones de Shrapnel eran más que las de un yokai yendo en contra de su señor. Un cuchillo en la espalda dolía mucho peor cuando venía de un amigo.

- ¿Me permite? ¡Pruebe mi príncipe! - Sandra se levantó y se empujó el cabello a un lado.

Sesshomaru agarró su cuello y bajó su boca. Mientras la mordió, algo se levantó en mí que no esperaba. No el hambre, aunque el fresco olor de la sangre hizo que mi propios colmillos bajaran. Ni la preocupación por Sandra perdiendo más sangre ya que ella ya estaba en mal estado. En cambio, tuve la imperiosa necesidad de arrancarla de los brazos de Sesshomaru y luego golpearla con un sofocante látigo eléctrico hasta que nada quedara sino piezas irregulares. Estaba celosa. Qué absurdo. Él era un yokai, ella era un ser humano que había tenido su mente alterada, y la mejor manera de moverse alrededor de eso era tomar su sangre antes de hipnotizarla. Sabía eso, pero no detuvo la oleada de emociones que hicieron que chispas cayeran de mi mano.

Su boca en ella. Su cabeza cayendo hacia atrás en una forma que no denotaba dolor. La línea de su garganta mientras él tragaba... Un chispazo golpeó en el suelo de roca debajo de mi mano. Convirtiéndome en un yokai que no había gastado mi electricidad interior ni un poco. A la vez, cubrí la grieta con mi pie, como si eso evitaría que alguien dejara de notarlo. Sesshomaru alzó la cabeza, su mirada yendo infaliblemente al lugar antes de que él me mirara. Esperaba una rodada de ojos por mi muestra de celos irracionales, pero en cambio, parecía pensativo.

Entonces soltó a Sandra, secando las heridas punzantes en su cuello con su pulgar después de haberlo atravesado con un colmillo. Traté de frenar mis emociones, y las corrientes que mantenían mi mano chispeando, mientras mentalmente cantaba la canción de Sting "Every Breath You Take". La vida y la muerte siguen pasando, Rin. Mantén tus prioridades enfocadas.

- Entró en su habitación para hipnotizarla - le dije, en caso de que ese detalle ayudara. Los ojos de Sesshomaru se pusieron rojos mientras miraba a Sandra como si fuera la única persona en la habitación.

- Shrapnel entró en tu habitación. Te quería para transmitir un mensaje. ¿Cuál era? - repitió él, su voz resonante.

- No lo sé - susurró ella.

- Sí, lo sabes. - El aire crujía, haciendo que los vellos de mis brazos se erizaran. Una onda invisible parecía rodar de Sesshomaru, llenando la habitación con energía suficiente para hacer que mi piel se estremeciera. ¿Qué estaba haciendo?

- Puedes verlo en tu habitación… Escuchas su voz, incluso ahora. ¿Qué está diciendo? - continuó Sesshomaru en ese mismo tono vibrante.

- Él dice... - Su rostro se tensó como si se esforzara en escuchar un susurro lejano.

- Dile que sus poderes están de vuelta. Ella casi murió usándolos, pero Sesshomaru la revivió y ahora no va a irse de su lado. Voy a tratar de envenenar su alimento si se despierta. - Levanté una mirada acusadora en dirección de Shrapnel. ¿Mientras estaba en coma, estaba planeando envenenarme? La rabia rozó mis emociones, pero Sesshomaru no dijo nada y no alejó la mirada de Sandra.

- Ese no fue su único mensaje. ¿Qué más? - En el tono monótono que yo había llegado a asociar con las personas bajo la influencia de un yokai.

Sandra relató que Shrapnel le dijo a su cómplice todos los detalles de mis capacidades, mi posición en el carnaval, y mi ubicación en el hotel con Maximus. Incluso afirmó que Maximus tendría que ser neutralizado por medidas extremas. Las balas de plata líquida cruzaron por mi mente. No hay nada más extremo que eso. Cuando Sesshomaru le ordenó a Sandra que repitiera los mensajes de la mujer, estos comenzaron como preguntas benignas acerca de mí que parecían más curiosos que amenazantes. Eso cambió después del bombardeo del carnaval.

Una vez que sus intenciones reales fueron expuestas, no fue una sorpresa que los mensajes subsecuentes consistieran en variaciones de Mata a Rin. Mátala ahora. Mientras mi ira crecía, la mayor parte de esto ya lo sabíamos, y no necesitaba sentir las emociones de Sesshomaru para saber que se sentía frustrado por eso, también.

- ¿Dónde la encontrabas para pasar estos mensajes? - preguntó él. Sandra frunció el ceño.

- Nunca me he reunido con ella, pero cada dos días, voy a la ciudad a la tienda de libros. Escribo los mensajes y los coloco en La Odisea de Homero. Si La Odisea tiene un nuevo mensaje en espera de ella, lo memorizo, lo tiro, y luego se lo repito a Shrapnel, pero sólo si me pregunta. De lo contrario, nunca lo menciono. Incluso no recuerdo los mensajes. - Sandra dijo la última parte como si estuviera repitiendo un conjunto de instrucciones. No hay duda de que lo estaba, y se las habían dado bajo las mismas circunstancias de control mental en que estaba ahora.

- Ve a la tienda de libros - dijo Sesshomaru sin alejar la mirada de Sandra. Uno de sus guardias se inclinó con elegancia y luego se fue.

- Nunca la has conocido, pero ¿él te dijo su nombre? - Más de esa energía escalofriante salió de Sesshomaru, hasta que me estaba frotando mis brazos para alejar las sensaciones de hormigueo. ¿Era esto lo que Jaken quería decir cuando me dijo que los yokais podían medir la fuerza de cada uno sintiendo sus auras? Si es así, entonces la de Sesshomaru tenía escrito por todas partes Peligroso: No ataques.

- No creo que se suponga que la conozca. - Sandra parecía desconcertada.

- Pero una vez, Shrapnel la llamó Sarah. - Los rasgos de Sesshomaru se endurecieron como si su rostro se hubiera transformado en piedra.

Claramente reconoció el nombre. Este me sonaba familiar a mí también, pero no pude ubicar dónde lo había oído. Shrapnel cerró los ojos, su expresión mostrando más dolor que cuando Sesshomaru embistió un poste largo de madera a través de su torso. A pesar de todo, Shrapnel seguía amándola, y su peor temor ahora se había realizado porque ella acababa de aterrizar a la cabeza de la lista de más buscados de Sesshomaru.

- Sarah. ¿No es ese el nombre de la mujer con quien saliste antes de mí? - Mi mirada se volvió hacia Sesshomaru mientras el recuerdo encajaba.

- Lo es - dijo Sesshomaru, sin dejar de mirar a Shrapnel.

Sacudí mi cerebro para recordar qué más había dicho Maximus. Ella había estado con Sesshomaru por un tiempo ridículamente largo, que yo recordara, y cuando la echó, ella hizo algo. ¿Qué era? Cierto, se citó con uno de sus amigos tratando de ponerlo celoso. El truco más viejo en el libro, pero no había funcionado... Y ese amigo había sido Shrapnel. Miré hacia él.

- ¿Sarah pensó que si yo estaba muerta, tendría otra oportunidad con Sesshomaru? De ser así, ¿por qué estarías de acuerdo con eso? La amas; lo sentí cuando me vinculé contigo. - Shrapnel no dijo nada.

Su silencio era una prueba más de sus sentimientos, pero si ella no estaba motivada por los celos, ¿por qué Sarah arriesgaría su propia vida por tratar repetidamente de terminar con la mía? Por las razones que fueran, ella había asesinado a un grupo de personas inocentes antes de que su trampa explosiva vinculante finalmente me hubiera matado, temporalmente. La cara de Dawn brilló en mi mente. Ella no merecía morir antes de poder encontrar su camino en la vida. Tampoco lo había merecido nadie más en el carnaval, y los guardias de Sesshomaru no habían merecido volar por los aires debido a que Shrapnel estaba haciendo un último esfuerzo para cubrir sus pistas. Por último, yo no había merecido nada de la basura que había soportado a causa de las intenciones asesinas de Sarah.

- Puedes irte, Sandra - dijo Sesshomaru, con sus ojos oscureciéndose de nuevo a su color dorado normal.

- Tu parte en esto está perdonada. - Liberada de su mirada, ella parpadeó, luego dijo algo muy rápido en rumano.

- Por supuesto, este sigue siendo tu hogar - respondió Sesshomaru con impaciencia. Luego hizo un gesto desdeñoso con la mano.

- Vete. - Un guardia barbudo escoltó a Sandra. Estaba contenta de verla partir.

Ella no había hecho nada para merecer estar aquí, a diferencia de los yokais suspendidos en el alto poste de madera. Sesshomaru miró a Shrapnel. Por un instante, un tornado de furia, frustración, y lamento asaltó mis emociones. Entonces fue como si una pared se estrellara, cortando todo excepto mis propios sentimientos de enojo. Incluso la energía girando procedente de Sesshomaru se disipó.

- Sabes qué pasará ahora - dijo él, sonando totalmente desapasionado.

Yo también. ¡Tráelo!, gruñó una parte vengativa de mí. Entonces me acordé de las máquinas espeluznantes en la siguiente caverna. Sesshomaru no mostraría piedad con el fin de descubrir dónde estaba Sarah, pero si yo pudiera enlazarme con la yokai morena, podría evitarle a Shrapnel algo de eso. Él merecía morir por lo que había hecho, pero si mis poderes se habían mantenido a través de mi transformación, podría conseguirle una muerte más rápida y menos dolorosa. Si no lo hacía, al menos lo intenté, ¿yo no era tan despiadada como la perra que había asesinado a sangre fría a varias personas en sus intentos por matarme?

- Vamos a intentar algo más primero. - Sólo los ojos de Sesshomaru se movieron mientras miraba hacia mí.

- Ha llegado demasiado lejos para ser engatusado para entregarla ahora. - Shrapnel le enseñó los dientes. No una sonrisa. Una advertencia de un depredador a otro. Luego dijo algo en un idioma que sonaba como rumano, pero más gutural.

- No tengo dudas de que me vas a hacer trabajar por esto, mi amigo. - Sesshomaru gruñó.

- Vete. No vas a querer ver esto. - Entonces me dijo simplemente.

- Él es muy resistente, así que puedes hacer que dure por semanas... o dejarme hacer lo que mejor hago en minutos. - De eso, no tenía ninguna duda, pero no había acabado.

- Es muy probable que tus habilidades no funcionen tan pronto después de tu transformación, si es que regresan. - Sesshomaru miró mis manos con una pequeña sonrisa dura.

- Todavía estoy llena de voltaje. El resto tiene que estar allí, también. - Y diciendo esto, me incliné y toqué el suelo con mi mano derecha. Nada.

Después de unos pocos segundos, un sonido escapó de Shrapnel; medio suspiro, medio risa. A pesar de que sabía lo que significaba su tortura, estaba alegre. Mi boca se adelgazó, mientras tocaba el suelo de nuevo. Aún nada más que fría y desigual piedra. Lo hice una tercera vez, sin embargo, a pesar de que debían estar empapadas en esencia estas rocas, no vi nada.

- Rin. - Sesshomaru sonaba casi cansado.

- No puedes parar esto. - Él no se dio cuenta, pero esas palabras solo alimentaban mi determinación.

Toda mi vida, se me había dicho, "No puedes." Primero fue "No puedes competir a nivel olímpico," pero gané una oportunidad de ser parte del equipo de gimnasia. Entonces, después por todo el daño en los nervios a causa del accidente, fue "No puedes caminar de nuevo," pero no sólo caminé, me uní al circo como acróbata. Luego fue "No puedes tocar a nadie," pero conocí a Jaken, un yokai que se convirtió en mi compañero de trabajo y mejor amigo. Luego, más tarde, fue "No puedes pedirme que te amé," pero ahora yo era la señora de Sesshomaru Dracul, muchas gracias.

Miré al suelo de piedra gris. De ninguna manera un pedazo de roca me vencería después de todo por lo que había pasado. No lo toqué de nuevo, rastrillé mi mano sobre este tan duro que me corté con los pequeños bordes de la piedra. Entonces me concentré hasta que no escuché las continuas advertencias de Sesshomaru de detenerme o la risa burlona de Shrapnel. Ahí está. No más fuerte que un susurro, mucho más fugaz que un vistazo, pero algo estaba allí, ¡maldita sea! Me concentré hasta que todo mi ser estaba enfocado en la piedra debajo de mi mano, y entonces lo vi. Imágenes gloriosamente horribles de un yokai calcinado golpeando el piso, con un ruido sordo, donde yo tocaba, su boca abierta en un último grito silencioso. Me levanté, notando sólo ahora que Sesshomaru se arrodilló a mi lado, dándome una mirada de exasperación mientras alejaba mi mano.

- Rin, suficiente... - Lo que sea que vio en mi rostro lo hizo dejar de hablar. Muy despacio, me dejó ir. Luego se levantó mientras la mezcla más extraña de orgullo e irritación salpicaba mis emociones.

- La buena noticia es, que te salvas de la tortura. La mala noticia es, que voy tras tu novia, y ahora su hechizo no importa porque ya estoy muerta. - le dije a Shrapnel.

Continuara…

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