Dos veces tentada @zoraidarosecristal
Traidor

Así me gusta chicos, ya saben que entre más comentarios reciba más me apuro en redactar, les dejo el siguiente cap. Ojala lo disfruten, y feliz fin de semana.

Traidor

Horas después, me levanté, envolviendo la sábana alrededor de mí como si fuera una enorme toalla.

- Es un poco tarde para la modestia. - Un bufido divertido sonó desde el otro lado de la cama.

- No es por ti. Es en caso de que tu personal decidiera limpiar la sala cuando estoy atravesándola. - Mi vejiga rogaba menos charla y más caminar al baño más cercano.

- Supongo que no notaste la nueva adquisición al baño esta mañana. - ¿Nueva adquisición? Entré al baño de mármol negro, que no había usado desde temprano porque me había duchado en mi ducha antigua por costumbre. En el espacio que solía abarcar la enorme bañera y ducha de vidrio ahora estaba un brillante inodoro negro.

- Sesshomaru, es... - Tal artículo innoble, sin embargo su presencia era como ser sorprendida con un cuarto lleno de rosas.

- Se supone debes usarlo, no componer sonetos sobre ello. - Cerré la puerta del baño.

Podía burlarse todo lo que quisiera, pero estaba conmovida por el gesto de cualquier manera. Unos minutos después volví, cabello peinado y dientes cepillados, también. El inodoro no había sido la única nueva adquisición. La mitad de la vanidad del mármol estaba ahora surtido con todo lo que podría alguna vez necesitar.

- Tu gente debe haber estado locamente ocupada ayer. - Noté.

- No fue puesto ayer - dijo él sin abrir sus ojos. La luz del fuego a través de su cuerpo, convirtiendo su pálida piel en una cálida de color ámbar. Volví a la cama y tracé el surco en su pecho antes de seguir hacia abajo a su duro, plano estómago.

- ¿Lo hiciste cuando estaba en coma? - Sus ojos permanecieron cerrados.

- Lo tuve todo hecho el día después que me dijiste que te ibas. - Me quedé sin palabras, pero ni mente no. ¿Qué? ¿Por qué? No actuaste como si me quisieras de vuelta. ¡Me evitaste por días y ni siquiera dijiste adiós antes que me fuera!

- Pensé que cambiarías de opinión. - Sonrisa sardónica.

- Mi orgullo no me permitía creer que realmente te fueras, así que modernicé el baño mientras esperaba porque te disculparas. - Un sonido estrangulado se me escapó. La boca de Sesshomaru se curvó hacia abajo.

- Imagina mi conmoción cuando abordaste aquel avión. Luego razoné que en una semana o dos, te darías cuenta lo mucho que me extrañabas y regresarías. Así que esperé otra vez, pero la única llamada que recibí fue de Jaken diciéndome sobre la explosión. Una vez que noté que no habías sido asesinada... había acabado de esperar. - Estoy viniendo por ti, había dicho él la primera vez que hablamos luego de eso. Había pensado que fue un sueño, y luego después supuse que estaba manteniendo su reputación como un formidable protector de su gente. Lucía como si uno hubiera subestimado al otro.

- Nunca preguntaste por qué ofrecí convertirte en yokai. - La declaración me sorprendió con la guardia baja por más razones que el abrupto cambio de tema. Sesshomaru abrió sus ojos, los anillos de escarlata rodeando su iris dorado casi brillando.

- No estoy cambiando el tema, de hecho. - Tragué para aliviar el bulto que crecía en mi garganta.

- Pensé que era porque estabas preocupado porque mis poderes me matarían. -

- Esa es una razón. No la principal. Antes ofrecí eso, y si tus poderes te matan ahora, tienes suficiente de mi sangre para ser traída de vuelta como un oni. No serías menos inmortal, así que ese no es el porqué. - Trazó la cicatriz desde mi sien hacia mis dedos antes de hablar.

- ¿Entonces qué es? - pregunté suavemente.

- Por una parte la mayoría de los yokais no reconoce nuestro matrimonio. –Declaró severamente.

- ¿Qué? - Sonrió levemente ante mi tono.

- Los yokais sólo honran un voto de sangre en frente de testigos, y debes ser un yokai para tomar ese voto. Mi gente te considera mi esposa porque dije que lo eras, pero en la sociedad yokai, no lo eres. - Ahora que lo mencionaba, Jaken me había dicho la misma cosa años atrás cuando por primera vez le pregunté sobre su especie. También explicaba el comentario de Sesshomaru sobre ser esta nuestra primera ceremonia.

- ¿Quieres cambiarme a yokai para hacer de mí una mujer honesta? Qué caballeroso - bromeé.

- Normalmente no me importan las opiniones de otros, pero sólo te será concedida protección con seguridad en mi mundo como mi esposa legal. Eso me preocupa, sin embargo no es mi razón principal. - Sesshomaru acarició mi mano. Mis corrientes fueron apagadas por toda la electricidad que había liberado haciéndole el amor, así que sólo una débil crepitación se mantenía. Eso no se comparaba con las sacudidas que sentía ante la repentina intensidad de su mirada.

- Desprecio el discurso floreado desde que aquellos que lo usan son usualmente culpables de las peores traiciones después. Eso y el tipo de vida que he vivido me han hecho incapaz de decir las palabras bonitas que mereces escuchar, sin embargo si te hago un yokai, sentirás mis emociones tan claramente como oyes tus pensamientos ahora. - Luego él atrajo mi mano a su pecho, colocándola sobre su corazón.

- Nunca convertí a ninguna de mis amantes previas porque no quería que sintieran cuán poco me importaban. Te amaba, y sin embargo me dejaste porque no podía verbalizar mis emociones. Eso probablemente pasará de nuevo, pero si pudieras sentir lo que significas para mí, Rin… Las palabras no importarían. - Su voz se profundizo.

Su corazón estaba silencioso debajo de mi mano. Había estado de esa forma por siglos, aunque Sesshomaru estaba más vivo que cualquiera que conociera. También era el hombre más complejo que conociera, así que el pensamiento de pelar sus capas a través de la conexión a sus emociones me llenaba con un voraz anhelo. Quería conocer sus sentimientos, sus secretos, y todo lo demás que lo convertían en el hombre que amaba. Pero por mucho que quería eso, no era suficiente para hacerme decir sí.

Toqué mi propio pecho. Los latidos firmes debajo de mi mano me mantenían viva, aunque no se tratara de la suma de vivir. Mis habilidades me habían enseñado eso. En vez, los latidos del corazón sólo eran la suma de la humanidad. Amor y odio, pasión y dolor, fuerza y tropiezos, desesperación y perdón, eso era vivir, así que la verdadera pregunta era, ¿cómo quiero vivir? ¿Como una humana que necesita beber sangre de yokai? O ¿Como un yokai que necesita sangre humana? Ambas venían con su parte de dolor y felicidad, aunque cuando pensé en mi futuro, sólo veía un camino correcto. Me giré encima de Sesshomaru, cepillando su cabello negro así podría ver cada matiz de su expresión cuando le diera mi respuesta.

- Ésta palabra importa. Sí, Sesshomaru. La respuesta es sí. -

Sesshomaru se había ido cuando desperté, pero no fue una sorpresa esta vez. Antes que me quedara dormida, él había dicho que tenía una reunión con Inuno esta mañana para comenzar a apretar la soga alrededor del traidor. Desde que Sesshomaru ya tenía todas las llamadas, textos, y e-mails monitoreados, además que su personal no estaba autorizado para irse, bajo el pretexto de continuar con las celebraciones de la boda, no podía imaginar cómo había tomado medidas más drásticas, pero debía tener un plan. Lo averiguaría una vez que hubiera vuelto.

Hasta entonces, tenía algunos asuntos propios de los que me tenía que ocupar, como contarle a mi familia sobre mi decisión. No iba a tomar el paso a los no-muerto hoy, pero tampoco veía ninguna razón para retrasarlo por meses o años. Entre mis habilidades además de vivir con dos yokais diferentes, era poco lo que no sabía sobre en lo que me estaba metiendo. Diablos, comparado en cómo mi accidente había cambiado mi vida, convertirme en un yokai ni siquiera sería la más grande transición que hubiese alguna vez sufrido.

Salí de la cama, mi pie atrapando algo suave mientras me dirigía hacia el baño. La camisa de Sesshomaru. La atrapé luego de una patada hacia arriba y luego comencé a recoger las otras ropas esparcidas alrededor del cuarto. Quizás estuviera acostumbrado a tener sirvientes que limpiaran luego de él, pero yo no lo estaba. Cuando tomé mi falda turquesa, sin embargo, el bulto en su bolsillo me hizo detener.

Mi alijo robado aún estaba ahí. Cuando Sesshomaru arrancó esto de mí, pensé que el contenido se habría dispersado. Sintiendo los artículos a través del material me llenó con la misma tentación que Pandora debe haber experimentado cuando abrió esa caja. ¿Era la identidad del traidor la que estaba encerrada dentro de esto? O ¿eran estos artículos la puerta para que perdiera mi mortalidad más pronto de lo que pretendía? La idea de comer la ocasional comida de "carne humana" como un oni no era atractiva, pero ¿cómo podría rehuir de vengar las muertes de todos en el carnaval además de proteger a los que estaban aquí? No había sufrido ningún efecto perjudicial por usar mis poderes ayer. Quizás aún tenía mucha de la sangre de Sesshomaru en mí que contrarrestaban el daño que mis poderes causaban.

Por ahora, de cualquier forma.

Había otra razón por la que no podía esperar. Cambiar a yokai podría extinguir mis habilidades psíquicas completamente. Por lo menos, podría ponerlas fuera de servicio por un largo tiempo. Esta quizás fuera la única oportunidad que tendría de descubrir quién había traicionado a Sesshomaru antes de que cualquier otro resultara herido, o peor. No puedo detenerte de hacer lo que sientes que debes, había dicho Sesshomaru, mientras me advertía sobre lo que él tenía que hacer si es que lo descubría. Di una larga, lenta respiración antes de quitarme mi guante derecho. Debía. Luego hundí mi mano desnuda dentro del bolsillo. Imágenes me sobrepasaron mientras tocaba todos los artículos de una vez. A través del tipo de avance rápido recreando a varios miembros del personal, una persona sobresalía, y era la última persona que esperaba ver.

¿Qué estaba haciendo Sandra ahí?

Sesshomaru me dio una mirada de tal sospecha que, si yo hubiera sido alguien más, habría esperado que hubiera seguido un interrogatorio.

- ¿Quieres ir de compras, hoy? - repitió.

- Sí. Vamos, nada de lo que estoy usando siquiera me pertenece... - dije, y era la absoluta verdad.

- Lo hacen, esas ropas son nuevas. - Me interrumpió.

- Y tú hiciste todo para nuestra boda escogiendo tu propio anillo. Incluso si no quisiera comprar un par de cosas para mí, cosa que quiero, también quiero comprarte algo. Si vas conmigo, no será una gran sorpresa, ¿cierto? - Eso me hizo ganar otra mirada de qué-estás-realmente-buscando, pero mis pensamientos estuvieron de acuerdo con mis palabras y mi expresión no podría haber sido más inocente si la hubiese tomado prestada de un ángel.

- Vamos, eres dueño del pueblo al que visitamos - añadí.

- No es como si quisiera tomar prestado el jet para una rápida excursión a París. - Por su expresión, estaba sopesando sus recelos contra el tiempo de prueba que a las mujeres les gustaba estar de compras.

- Guardias te acompañaran - dijo al final.

- Por supuesto. Estoy llevando a Gretchen y Sandra, también. - Ondeó una mano, los humanos no le preocupaban. Sonreí interiormente, pero continué pensando en nada más aparte de ropa, zapatos, lencería sexy. Por el ensanchamiento de sus fosas nasales, lo último lo complació.

- Tendré a tu escolta lista para partir en veinte minutos. - Luego se inclinó, sus colmillos rozando mi mejilla.

- No te preocupes por conseguirme algo. Tú eres todo lo que quiero. - No retuve mi sonrisa esta vez. Y dices que no eres bueno con las palabras bonitas.

- No tardaré mucho - prometí.

Veinte minutos después Sandra, Gretchen, y yo nos apilamos dentro de la parte trasera de la limosina. Condujo Shrapnel, desde que Maximus se había ido, él pasó a ocupar la posición de la mano derecha de Sesshomaru. Oscar manejó la escopeta, y cuatro guardias más nos siguieron en otro vehículo.

- ¿Qué pasa con el séquito? - preguntó Gretchen. Me encogí de hombros como si no tuviera idea.

- Como la esposa del Voivode, se esperan los guardias - dijo Sandra.

- ¿Qué significa voya-voda? - preguntó Gretchen, pronunciándolo.

- Príncipe, básicamente. Voivode era el título de Sesshomaru en esos días - respondí.

- ¿Así que eres una princesa ahora? - Mi hermana inclinó una sonrisa hacia mí.

- No – dije.

- Sí. - al mismo tiempo que Sandra exclamo.

- No - repetí más firmemente.

- Ya me he inclinado a eso. Si alguien me llama Su Alteza, mi cabeza podría explotar. - Sandra rió, sus dedos peinando su cabello rubio fresa.

- Si fuera una princesa, insistiría en ello. Y en una corona. - ¿Lo harías?, pensé fríamente, pero sonreí como si fuera una broma.

- Los rumanos están acostumbrados a la realeza. Los americanos, no tanto. - La limusina se inclinó mientras comenzamos a descender por la colina.

Miré afuera por la ventana a tiempo para ver la punta de la mansión desaparecer detrás de árboles y rocas. No veríamos mucho más aparte de esas dos cosas por los próximos treinta minutos. Este era el único camino que se dirigía al pueblo, y nadie excepto la gente de Sesshomaru lo usaba. Gretchen continuaba charlando sobre cómo si yo fuera una princesa, eso la haría famosa, también. Como la hermana de Kate Middlenton, Pippa. No me molesté en decirle que nadie fuera de los realmente viejos yokais rumanos o la gente de Sesshomaru lo consideraba un príncipe. ¿Por qué estropear sus sueños más pronto de lo que debía hacerlo?

Esperé hasta que estuvimos a mitad de camino entre la casa de Sesshomaru y el pueblo antes de hacer mi movida. No había hecho nada antes en caso de que Sandra hubiera estado en el cuarto de comunicaciones porque un miembro del personal estuviera hambriento. Si Sesshomaru supiera que tenía la más leve sospecha sobre ella, hubiera empleado sus métodos para encontrar la verdad, y no podía hacerle eso a una amiga cuando podría obtener los mismos resultados sin cicatrices emocionales o físicas. Así que una vez que Sesshomaru estaba demasiado lejos para leer mis pensamientos y Sandra no podía escapar con Shrapnel yendo a exceso de velocidad en las curvas con la indiferencia usual de un yokai por el terreno escarpado, sonreí a Sandra, quité mi guante derecho, y puse mi mano en su brazo. El grito que dejó salir ante el voltaje corriendo dentro de ella se perdió bajo las nubes instantáneas de imágenes.

Me acababa de dormir cuando el sonido de mi puerta cerrándose me sobresaltó despertándome. Una sombra oscura contrastaba contra las paredes rosas de algodón de azúcar, y cuando se acercó, la luz de la luna reveló un yokai, lo reconocí de inmediato.

- ¿Qué estas haciendo aquí? - mi voz era más gruesa por la somnolencia.

- No estoy en el horario de alimentación esta noche. - Él no habló, pero continuó acercándose hacia mí.

Por alguna razón, el miedo se coló a través de mis emociones. Eso no tenía sentido. Sesshomaru no se presentaría ante nosotros para ser tratado por enfermedad y yo había alimentado a este yokai muchas veces antes. Con todo cuando él alcanzó la cama, retrocedí, un instinto muy profundo en mis huesos invalidando mi lógica. ¡No de nuevo! Quería gritar, aún no sabía por qué. Luego el terror y la culpa crecieron, ambas sensaciones asquerosamente familiares y arrolladoras. Antes que pudiera hablar, un brillo escarlata me cegó. De una vez, mis preocupaciones desaparecieron. Mientras el yokai susurraba instrucciones, me encontré a mí misma asintiendo. Por supuesto yo transmitiría su mensaje, y tenía un mensaje para él, también...

El grito de Gretchen me tiro de vuelta antes de que las últimas imágenes se desvanecieran. Por un momento, estuve suspendida entre la mentalidad de Sandra y la mía. Es por eso que no reaccioné cuando el yokai en el asiento de en frente levantaba un pequeño dispositivo aunque sabía lo que era. Había visto uno de esos antes, y aunque no era más grande que un teléfono celular, su presencia significaba muerte. Luego los últimos lazos con la memoria de Sandra se soltaron. Luz blanca cubría mi mano mientras yo lanzaba corriente hacía el asiento del frente, pero era muy tarde. Shrapnel presionó el botón del detonador el instante antes que mi látigo cortara hacia él.

El subsiguiente ¡boom! sacudió la limosina, pero no explotamos. El auto detrás de nosotros lo hizo, y la repentina bola de fuego reclamó mi atención por un par de costosos segundos. Lo suficientemente largos para que Shrapnel tirara del volante a la izquierda, apuntando nuestro vehículo directo a la barandilla protectora antes de salir del auto. El grito de Gretchen mientras nos precipitábamos por el acantilado fue la última cosa que oí antes de que todo se volviera negro.

Sangre.

Su sabor sazonó mi boca mientras su esencia cobriza colgaba en el aire. Tragué, esperando que el dolor radiando a través de mí desapareciera, pero no lo hizo. Ahí fue cuando me di cuenta que no estaba tragando sangre de yokai para sanar. Era la mía. Forcé a mis ojos a abrirse aunque se sentía como si navajas hubieran reemplazado mis párpados. Luego lo que vi me hizo olvidar el dolor. Gretchen colgaba encima de mí, su cabello negro escondiendo su rostro, gotas rojas cayendo hacia los vidrios aplastados que me rodeaban. Sandra también estaba suspendida por su cinturón de seguridad, su sangre corriendo en un grueso rastro. Entre nosotras había una gruesa rama de árbol, de todas las cosas, sus hojas salpicadas con carmesí.

¿Por qué no estamos muertas?, fue mi primer pensamiento, seguido inmediatamente por ¿dónde está Shrapnel? Me senté derecha, tratando de no gritar del dolor. Una mirada al frente de la limusina mostraba que el asiento del conductor estaba vacío. El lado del pasajero no lo estaba. El rostro pálido de Oscar tenía una expresión de conmoción que incluso su rápidamente piel momificada no podía borrar. Él también estaba suspendido al revés por su cinturón de seguridad en la limusina volteada, la empuñadura de un cuchillo de plata enterrada en su pecho.

Me tambaleé hacia el cuchillo, enviando más arcos ardientes a través de mi cuerpo. Se sentía como si mis costillas, clavícula, y brazo izquierdos estuvieran fracturados, además tenía más cortes de los que podía contar por todos los vidrios rotos. Con todo, era afortunada. Sin las bolsas de aire de enfrente y al lado, estaría muerta. No había estado usando cinturón de seguridad desde que quería agarrar a Sandra en caso de que intentara cualquier cosa. Poco sabía que el peligro provenía del asiento delantero, no del de atrás. Se me escapaban gruñidos de agonía mientras me levantaba del vidrio roto en el asiento delantero de la limusina. Una vez ahí, vi a través del parabrisas quebrado que un árbol nos había detenido de descender por el acantilado. Esas eran buenas noticias. Las malas noticias eran los parpadeos anaranjados lengüeteando por debajo del capo.

Tiré del cuchillo del cuerpo de Oscar, con la intención de cortar el cinturón de seguridad de Gretchen y Sandra, cuando ruido desde afuera me hizo congelar. Alguien se estaba acercando, y no era lo suficientemente ingenua para pensar que eran rescatadores. Lamí la sangre que cubría el cuchillo tan rápido que corte mi lengua, pero antes de que el dolor estuviera plenamente registrado, desapareció. En los segundos que me tomó lamer el otro lado, todo mi cuerpo dolía menos. Para el mismo tiempo Shrapnel arrancó la puerta del lado del pasajero, yo estaba agachada en frente de Gretchen y Sandra, sosteniendo el cuchillo en una mano mientras la electricidad crepitaba en la otra. Él inmediatamente saltó lejos a varios metros, con el cuerpo tenso para esquivar cualquiera cosa que le dirigiera.

- ¿Por qué? - escupí.

La mitad de su camiseta y chaqueta colgaban en andrajos, la mancha roja de una cortada mostrando donde mi látigo había penetrado. A pesar de la severidad de la herida, no lo había matado. Sólo lo había retrasado hasta que sanara lo suficiente para venir y terminar el trabajo.

- Porque ahora lo sabes - dijo con una voz dura.

- No quiero decir esto ¿Por qué traicionaste a Sesshomaru? - dije, un movimiento de mi cabeza indicando la limusina arruinada.

- No intentaba hacerlo. - Ahora su voz era casi un susurro. La desesperación pasaba a través de sus rasgos moca, seguidos por una cansada determinación.

- Nada de estos se suponía debía suceder. ¿Crees que quería matar a mis amigos en ese auto? Nunca quise matarte, pero no tengo opción. - Alcé mi mano derecha más alto.

- Mueve un músculo y te cortaré por la mitad de verdad esta vez. - Estaba demasiado lejos para intentarlo ahora, pero si se acercaba, estaría en el rango.

No me atrevía a arriesgar debido a la pendiente inclinada, además que dejaría a Gretchen y Sandra desprotegidas. En cambio, esperé a que él arremetiera con su rapidez inhumana, pero mientras los segundos pasaban y Shrapnel no se movía, comencé a sospechar. Seguro, él sabía que no estaba engañándolo, pero no tomaría mucho en que las noticias del estrellamiento llegaran a Sesshomaru. Él tenía que saber eso, ¿por qué no estaba al menos intentando...? Luego el viento sopló un nocivo humo en mi dirección. Una vez que lo olí, entendí. Shrapnel no tenía que moverse para matarme. Todo lo que tenía que hacer era esperar a que el fuego alcanzara el tanque de gasolina.

- Si corres ahora, quizá lo logres antes de que Sesshomaru llegue - dije cambiando de táctica. No podía liberar a Gretchen y Sandra y pelear contra Shrapnel antes de que el carro explotara. Los dos sabíamos eso.

- Ya es tarde. Tú no moriste en el choque y me va a tomar mucho tiempo sanar antes de que llegue. - Otra vez sonaba más cansado que malvado.

- Ahora todo lo que queda es asegurar tu muerte. - Incluso suspiró como si cargara más de lo que podía soportar

- ¡¿Y yo qué te hice?! - le solté, esperando que alguien en la mansión hubiera visto el humo y la ayuda viniera en camino.

- Es lo que harías si vives. - Su mirada se posó en mi mano derecha.

- Mi muerte es algo cierto, la de ella no. - Ella. Tomé mi última oportunidad de hacerlo correr o cargarme.

- ¿Quieres decir la bonita morena yokai? Odio decírtelo, pero ella fue encontrada hace días, Sesshomaru ya tiene gente cazándola, nosotros solo no sabíamos quién era el traidor. - dije, apostando que era sobre la misma mujer que vislumbré en mi visión―.

- Mentiras - silbó Shrapnel. Se acercó un paso y yo contuve mi respiración, ¡vamos solo un poco más cerca!

- ¿Cómo puede ser mentira? Ella es como de uno sesenta y cinco, más curveada que yo, cabello delgado castaño, con un cadencioso acento... ¿quieres que continúe? - No podía, pero el olor a gasolina subía así como mi desesperación. Me debatía entre darle una descarga a pesar de la colina empinada y su increíble velocidad.

- ¿Cómo rompiste su hechizo para encontrarla? - Entonces él se acercó un paso más.

- Oh, eso fue fácil - dije pensando que era endemoniadamente bueno que Shrapnel no fuera un lector de mentes porque no tenía idea de qué estaba hablando.

- ¿De dónde crees que tengo todo este cabello negro lacio? Soy una cuarta parte Cherokee y mi abuela era una poderosa curandera. Nos enseñó a mi madre y a mí toda clase de trucos místicos, así que el hechizo de tu pequeña perra no era suficiente para la magia que yo conozco. - Excepto por la parte de un cuarto Cherokee, el resto eran todo mentiras. Mantuve mi respiración esperando que Shrapnel no se diera cuenta.

- ¡No hables de ella de esa manera! - gruñó.

Tomó otro paso más cerca y esa fue mi oportunidad. Exploté hacia él, descargando toda la electricidad que pude en un látigo que brilló como un relámpago. Se lanzó para evitarlo, pero aún con su velocidad no fue suficiente. Aquél electrizante cordón lo atrapó en la cadera y continuó su camino a través. Sus piernas cayeron como ramas de árboles talados, lanzando el resto del cuerpo hacia delante con un impulso. Terminó cayendo encima de mí, su peso me sacó el aire. Antes de que pudiera empujarlo me golpeó mientras sus colmillos trataban de morder lo que estuviera suficientemente cerca.

Grité ante el brutal doble asalto. Ser casi cortado por la mitad no disminuyó la ferocidad de Shrapnel, al contrario, se veía casi demoniaco en su determinación por matarme. Un duro golpe cayó en mi caja torácica cortando mi grito, el salvajismo del dolor robó todo pensamiento, descargando un instinto de supervivencia ciega. No estuve consiente de tocarlo y mandar una corriente hacia él. Todo lo que supe fue que su peso repentinamente se fue y yo era transportada a un valle decrépito. Las luces de la calle estaban rotas, pero no las necesité para ver que caminaba hacia un estrecho sendero entre los edificios.

- ¿Mataste al que hizo la bomba también? ¡Cuando vas a dejar de tomar tan imprudentes riesgos! - Mi bramido atrajo varias miradas, no me importaba. La mayoría de los yokais evitan los lugares de los desamparados. Ellos huelen demasiado para ser comida apetecible.

- No fue demasiado riesgo. - Fue lo respuesta ecuánime de mi amante.

- Tuve cuidado de eso querido. Su muerte terminará con cualquier posibilidad de que nos rastreen a nosotros. - La furia hizo que apretara el teléfono, me forcé a relajar mi mano para no romperlo y terminar con nuestra llamada.

- Si no lo hubieras usado para matar a Rin, no hubiéramos tenido necesidad de ocuparnos de él. No te hubiera dicho dónde estaba si hubiese sabido lo que intentabas. Si Sesshomaru no cree que la explosión fue un accidente, no descansaría hasta encontrar a sus asesinos. -

- Estás exagerando - dijo ella, y el aburrimiento en su tono de voz me golpeo como un balde de ácido.

- Aun si sospecha, no llegara a ningún lado. Lo que podría haber valido la pena, ella es menos peligrosa para nosotros muerta. - Mi risa fue dura.

- Un día me dirás la verdadera razón por la que no quieres que Sesshomaru sepa lo nuestro. Hasta entonces, el único motivo que veo que tienes para matar a Rin son celos. - Intenté que la acusación la picara, pero no había anticipado el veneno en su respuesta.

- Mis razones no importan. Lo que importa es que tú fuiste el que me dio su localización. Él te matará por eso, querido y eso solo después de años de torturarte. A menos que eso suene atractivo, no tienes más opción que mantener esto en secreto. - Colgué, me sentí igualmente desesperado del conocimiento de que ella tenía razón. Sesshomaru respondería solo de una forma por mi parte en la muerte de Rin, y no se detendría ahí. Le haría lo mismo a ella, y por encima de mi furia no podía permitir que eso pasara. La amaba, y si mintiendo la mantendría a salvo, entonces mentiría.

El callejón se disolvió y esperaba caer dentro de mi propia realidad, pero sin siquiera intentarlo, me conecté con la cómplice de Shrapnel. Por una fracción de segundo la vi, vistiendo un traje de falda y reclinada en un sofá con un Jaken en su mano. Antes de que pudiera enfocarme en su cara, sus facciones se volvieron borrosas, dejando nada más que una burbuja rodeando su lustroso cabello castaño. Entonces una ola de mareo me asaltó, como si algo me hubiera golpeado en la cabeza con una dos por cuatro. Solté el enlace, regresando al presente dónde estaba acurrucada de lado, tosiendo entre jadeos torturados por recuperar el aire. La sangre goteaba de mi boca y la presión de mi pecho crecía hasta que era insoportable.

Esto no fue por los golpes que Shrapnel me dio. No, reconocí este dolor. Mis habilidades habían golpeado la zona letal, y el único yokai lo suficientemente cerca para curarme me quería muerta. La frustración me hacía querer aullar por lo injusto de todo esto. Solo tenía que usar mis habilidades en Sandra, para ver si era culpable o inocente. No tenía intención de presionar a Shrapnel por su peor pecado, y mucho menos vincularme con la perra que había empezado todo este lío con la bomba en el carnaval. Ahora esas cosas me matarían.

Un gemido me hizo abrir los ojos. A través de una neblina roja, le eché un vistazo a Shrapnel. La corriente que le lancé lo había lanzado cerca de tres metros y medio. Le faltaban ambos brazos además de sus piernas, y su piel se veía como carne que hubiera pasado por un molino. A pesar de todo el daño causado por la corriente, todavía estaba vivo, entonces su cabeza dio la vuelta hacia mí y nuestros ojos se encontraron. Un dejo de sorpresa paso a través de la niebla de mi conciencia desvaneciéndose No esperaba ninguna empatía de su parte, pero no estaba preparada para la mezcla de alivio y orgullo de su expresión, el alivio tenía sentido, me quería muerta, y por el terrible dolor en mi pecho, pronto obtendría su deseo. ¿Pero por qué orgullo? No tenía nada que ver con mis habilidades sobrecargándose para poner los clavos finales en mi ataúd...

Demasiado tarde, me imaginé.

¿Cómo pudiste romper su hechizo para alcanzarla?, había preguntado Shrapnel. Pensé que se refería a que la yokai morena había preparado algo mágico para evitar que tuviera una vista clara de su cara si la vinculaba, pero era más que eso. El hechizo también trataba de matarme.

- ¡Rin! - La voz de mi hermana atravesó la agonía que me hizo querer estar en posición fetal y morir, lo que sea que doliera menos.

Gretchen. Sonaba preocupada, penetró a través de mi dolor, seguido por la siniestra memoria. La limo estaba quemándose. Me puse de rodillas, un grito gorgoteante escapo de mí. A través de mi vista que estaba comenzando a obscurecerse, capté un vistazo de color naranja. Las llamas se habían extendido más arriba del vehículo. Podrían alcanzar la fuga de gasolina en un segundo. Me lancé a la limusina, la sangre salía de mi boca mientras trataba de respirar a través de la casi paralizante presión en mi pecho. Mi visión era demasiado borrosa para encontrar el cuchillo que había tirado, y el dolor me hacía sentir como si estuviera ardiendo.

Tal vez lo estaba y no me había dado cuenta de eso. Aun así no podía detenerme. Me enfoqué en los gritos de mi hermana y eran como un golpe de adrenalina, dándome la fuerza para tratar de lanzarme hacia adelante una y otra vez. El lado del carro me golpeó en la cara mientras me tambaleaba hacia ella. Mi visión ahora era totalmente negra y la voz de Gretchen era más débil, pero mi mente seguía funcionando. Con mi mano izquierda, buscaba a tientas hasta que encontré el seguro del cinturón de seguridad. Entonces arrastré mi mano derecha sobre mi brazo hasta que alcancé el seguro, con el último poco de energía que tenía, mandé un rayo de electricidad a través de él. El repentino golpe de peso en mis hombros fue lo más maravilloso que pude haber sentido alguna vez.

- Salva a Sandra - traté de decir, pero todo lo que salió fue un murmullo ininteligible.

Algo me empujó bruscamente, haciendo explotar más dolor en mí. ¿Había regresado Shrapnel?, me pregunté, y entonces nada me importo más que el adorable entumecimiento que empezó a arrastrarse sobre mí. No es bueno, una parte racional advertía. ¡No te desmayes! ¡No vas a despertar! Traté de abrirme paso entre la obscuridad y la felicidad de la disminución del dolor. Se sentía como nadar en arenas movedizas, mientras más me resistía, más profundamente me hundía. Entonces la conciencia me regresó a la brutal sensación de ser arrastrada.

Mis costillas se sentían como ramitas que alguien rompió dentro de mí, pero traté de manejar algunas inhalaciones de aire. Eso y la nueva avalancha de dolor espantaron mi maravilloso letargo. Entonces un ruido estruendoso me hizo abrir los ojos, una ráfaga naranja me cegó momentáneamente. El fuego había alcanzado finalmente el tanque de gas. A través de pequeñas rendijas que quedaban de mi visión, vi que ahora estaba detrás de unos árboles, sus troncos habían sido alcanzados por los escombros de la explosión cercana. Sandra estaba cerca e inconsciente y Gretchen...

Tenía que estar alucinando. Si no fuera así, entonces mi hermana estaba a seis metros, agachada encima de Shrapnel. Tenía el cuchillo con el que él había matado a Oscar y lo estaba clavando en su pecho, y aunque su expresión mostraba que estaba aterrorizada, ambas manos estaban firmemente apretadas alrededor de la empuñadura.

- Ni siquiera pienses en intentar nada - le gritó.

Los ojos de Shrapnel estaban fijos en ella mientras astillas crecían de sus hombros y su cadera se movía. Pronto sus brazos y piernas se regenerarían completamente y el daño interno habría sanado. Estaba por avisarle a Gretchen que él trataría de hacer algo cuando tres formas cayeron cerca de ellos con la velocidad de meteoros. El cuarto aterrizó cerca de mí, sus llameantes ojos verdes y su cabello obscuro ondeaba salvajemente mientras desgarraba su muñeca abierta antes de empujarla contra mi boca.

Sesshomaru, alguien debió haber visto el humo después de todo. Mientras yo bebía del profundo corte, los guardias de Sesshomaru capturaban a Shrapnel, uno de ellos removió el cuchillo antes de que él pudiera clavárselo profundamente tomando su propia vida. Entonces mi visión se volvió completamente obscura. Tragué otra vez, pero el dolor que devanaba mi cuerpo no disminuía, al contrario, creció hasta que se sentía como navajas que me rasuraban el cráneo mientras la opresión de mi pecho engullía el resto de mi cuerpo. No podía tragar más, no podía incluso reunir la fuerza para un respiro más. Cuando el frío me envolvió, reemplazando el dolor con su fría caricia, sabía que él había llegado demasiado tarde.

- ¡No! - El gritó de Sesshomaru me detuvo, pero solo por un momento.

Entonces las cadenas internas que nunca antes había sentido se rompieron y salí con fuerza como una bala disparada por una pistola. Ya no estaba rota en el suelo nunca más. Me estaba elevando, y era más emocionante que cualquiera de los sueños que había tenido en el que podía volar. Mi visión ya no era una fea neblina carmesí obscura, en cambio todo estaba bañado en una luz brillante mientras me confortaba el aroma de agua de lluvia y flores que me envolvía. Lo había olido antes, hace tanto tiempo que lo había olvidado, pero ahora sabía de inmediato a quién pertenecía, y entonces la vi.

Las vetas plateadas en su cabello negro se veían radiantes, también las pequeñas líneas en su rostro cuando sonrió. Todo al mismo tiempo, la culpa que yo cargaba se fue. Ella no dijo nada. No necesitaba hacerlo. Sentí que nunca me había culpado de su muerte y me había perdonado por todos mis demás errores. Corrí hacia ella, pero con su adorable sonrisa, levantó una mano alejándome.

Todavía no nena, susurró a través de mi mente.

Entonces algo tiró de mí hacia abajo con una fuerza brutal. Su suave esencia se desvaneció, como si fuera un rayo de sol cristalino y yo volara a través de él, y comencé a caer con una velocidad aterrorizante, hice todo lo posible para oponerme con otro tirón implacable. El suelo se aproximaba deprisa y aun así no podía hacer nada para pelear contra la cuerda invisible que sin piedad continuaba jalándome hacia abajo. Cuando aterricé en la rígida superficie el impacto me rompió. Esperé por la fría caricia suave de la muerte, pero no llegó. En su lugar, todo lo que sentía era fuego.

Continuara…

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