Dos veces tentada @zoraidarosecristal
Prologo

Dos veces tentada

Esta no era la primera vez que despertaba cautiva. Ni siquiera la segunda. Necesitaba revaluar mis opciones de vida. A partir de la experiencia pasada, supe que no debía abrir mis ojos ni alterar mi respiración. En vez de eso, tomé inventario mientras fingía que seguía inconsciente. Dolor de cabeza, sin sorpresa, pero además de eso me sentía bien. Mis brazos estaban atados detrás de mi espalda, la presión alrededor de mis manos eran guantes, la presión alrededor de mis tobillos, restricciones. Incómoda mordaza en mi boca, evidentemente.

Una vez hube terminado de verificar mi condición física, seguí con los alrededores. El cabeceo y balanceo debajo de mí debían ser ondas, lo que significaba que estaba en un barco. Alguno de mis captores estaba arriba, por las voces, pero uno de ellos estaba en la habitación conmigo. Él no había dicho una palabra, pero años de vivir con yokais, me había vuelto experta en notar hasta los más imperceptibles sonidos que había hecho. Así que cuando abrí mis ojos, mi mirada se fijó infaliblemente en el yokai de cabello negro que cruzaba la habitación. La única sorpresa que mostró fue un parpadeo.

-No esperaba que despertaras tan temprano - arrastró las palabras Eché una mirada a mi mordaza y luego a él, levantó una ceja. Tradujo el silencioso mensaje.

- ¿No necesito decirte que gritar es inútil? - Rodé mis ojos. ¿Que era esto, el día de los aprendices?

- Creo que no. – Sonrió antes de levantarse de la litera opuesta.

Por el poco tiempo que le tomó cruzar la habitación y remover la mordaza, también supe de lo que era capaz, el yokai lucía alrededor de mi edad, pero con su cabello corto, su cara limpia, libre de cicatrices y muy bien afeitada, más el promedio normal, juzgue que tenía menos de cien años. Yokais mayores que eso tendían a tener más marcas en la piel y por lo general despreciaban los peinados modernos. Pero el aspecto más delator era su mirada. Realmente los viejos yokais tenían un cierto…. Peso en su mirada. Como si el paso de los siglos dejara una pesadez tangible. Mi secuestrador sin nombre no tenía eso, y si tenía suerte, nadie más en este barco. Los yokais jóvenes eran fáciles de matar.

- Agua - dije una vez que la mordaza fue removida.

Entre eso y el efecto posterior a ser drogada, mi boca estaba tan sedienta que mi lengua la sentía como un calcetín arrugado. El yokai desapareció y entonces regresó con una lata de coca cola. Tragué cuando el yokai lo sostuvo en mis labios, lo que significó que dejará escapar un eructo prolongado. Si ese eructo fue dirigido a la cara de mi captor, bueno, no era mi culpa. Estaba atada.

- Encantador - dijo lentamente.

- Perdí el interés por las formalidades sociales cuando le disparaste a mi amigo con plata liquida - repliqué sin ningún cambio en la voz.

- Hablando de eso, deseo verlo. - La boca del yokai se retrajo.

- No estás en posición de hacer demandas, pero sí, él sigue vivo. – se encogió de hombros.

- No deseas llevarme ante él, bien - dije, pensando rápido.

- Asumo que sabes que recojo impresiones síquicas por el contacto, quítame estos guantes y déjame tocarte. Así sabré si estás diciendo la verdad. - El yokai rió entre dientes, el brillante color verde titilaba en sus ojos.

- ¿Tocarme? ¿No te referirás a usar ese mortal látigo eléctrico que eres capaz de manifestar para cortarme por la mitad? - Me paralicé. ¿Cómo sabia él acerca de eso? La mayoría de la gente que me vio usar ese poder estaba muerta.

- Ese es el porqué de que uses los guantes de goma. Por si acaso. - continúo imperturbable.

- ¿Me dices tu nombre otra vez? - pregunté, sonando agradable y casual. Esos gruesos labios se estrecharon.

- Llámame Hannibal. - Sonreí de regreso.

- Está bien Hannibal, ¿qué deseas que haga? ¿Usar mis habilidades para encontrar a alguno de tus enemigos? ¿Decirte si alguien te está traicionando? O, ¿leer el pasado de algún objeto? - Hannibal rió, y pensé que fue más Dr. Evil que glacial, presentimiento suficiente para arrastrarme hacia afuera.

- No quiero hagas nada, pequeña pájaro. Soy solo el chico de las entregas. Ni siquiera sé a quién te estoy llevando. Todo lo que sé es que vales tres veces más viva, pero si intentas algo, muerta sigue siendo una buena paga para mí. - Hannibal me hizo un alegre gesto antes de salir del cuarto.

No dije nada, tratando de pensar una forma de sacarme de esta situación. No iba a dejar que me entregaran a algún villano desconocido. Buscaría una forma de escapar aunque eso me matara.

Continuara…

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