El secreto del guisante @zoraidarosecristal
¿Comprometido?

¿Comprometido?

Estaba todo oscuro a su alrededor, era cálido, pero a la vez asfixiante, como si lo hubiesen envuelto en decenas de mantas, ¿y ese extraño olor que pelaba por colarse en su nariz? Parecía humo mezclado con aceites esenciales muy concentrados. Como si una dama hubiese arrojado su mejor perfume a las brasas ardientes de una hoguera. Tosió un poco, su garganta le picaba como si hubiese comido especias muy fuertes, una mano gentil le acerco una copa con agua fresca, se atraganto, pero la misma mano gentil le seco los labios cuidadosamente.

Poco a poco intento abrir sus ojos, la luz de la habitación le hizo lastimar las corneas, peor poco a poco la neblina de sus ojos se aclaró permitiéndole ver unas siluetas inteligibles a su alrededor. Aun así, consiguió distinguir la sombra de una larga cabellera negra, unos labios rojos y lo que parecía ojos castaños, su corazón le martillo en el pecho a medida que sus labios intentaban estirarse en una sonrisa esperanzada.

- oh, pobrecillo… - le hablo suavemente una voz.

- K… - se atraganto a mitad de la silaba, su garganta aún se sentía seca como el polvo del desierto.

- Shh, no te sobre esfuerces puchilito mío. – su vista por fin se aclaró, pero lejos de encontrarse con su amada porqueriza, se vio frente a frente con la arpía de Kikyo a medio centímetro de su nariz.

- ¡Hicks! – se echó para atrás como acto reflejo, pero enseguida se arrepintió, le dolía todo el cuerpo.

- Menos mal que has despertado Inuyasha – le saludo otra voz, entre sus pestañas pudo distinguir a Satoru entrando a la habitación, ¿acaso se había desmayado y lo habían traído al castillo?

- No sabes lo preocupado que me tenías, no quiero perder tan pronto a mi futuro yerno. – le bromeo dándole dos palmadas en el hombro.

- ¿tú futuro qué? – repitió Inuyasha, el mareo y ese penetrante olor debían estarle haciendo alucinar.

- Todo el castillo esta frenético por la noticia, están muy entusiasmados con los preparativos – asintió Satoru sin escucharle.

- Espera, espera, ¿de qué noticia me hablas? – pregunto Inuyasha frotándose los ojos, notando que tenía sus manos vendadas, estaba más que confundido con todo.

- Pues que has decidido casarte con Kikyo ¿Cuál va a ser? –

- ¡¿Cuándo demonios he dicho yo…?! – el príncipe se levantó de golpe furioso por aquellas palabras, pero un dolor paralizante le detuvo antes de continuar.

- ¡Argh! mi cabeza… - se quejó tocándose la frente con dolor.

- Oh príncipe, ¿no lo recuerda? – Naraku surgió de una esquina oscura e Inuyasha se estremeció al verlo, su mirada era como la de un demonio, y su sonrisa haría timbrar de miedo incluso a una víbora.

- Yo mismo le escuche declarar su amor por mi sobrina – le tomo de la barbilla para mirarlo a los ojos durante esas últimas palabras.

- ¿Pero cuando diablos…? – intento protestar de nuevo, no recordaba en absoluto haber dicho tal cosa.

- No sabes lo feliz que me has hecho Inuyasha, Kikyo ha cambiado completamente con la noticia, ahora es tan dulce y cariñosa, se parece tanto a su madre… - le interrumpió el rey emocionado mientras la princesa simulo una sonrisa tienda y abrazo a Satoru disimulando su disgusto, le daba rabia tener que fingir ser como la odiosa exreina, pero solo sería temporal hasta que estuviera casada y coronada.

- Momento, momento, ¿Qué es lo que ha pasado desde que estuve inconsciente? ¿Y dónde…? ¿Dónde está…? – empezó a preguntar, como si de por si toda la situación no fuera una locura enredada, también ese maldito dolor de cabeza que no lo dejaba concentrarse.

- Oh, me temo que, a pesar de los esfuerzos de mis valientes subordinados, no pudimos rescatar a esa pobre campesina del fuego. Todo ese tramo del bosque fue completamente calcinado, solo quedo polvo y cenizas. – explico Naraku distorsionando su rostro en una mueca funesta, que parecía afligida y regocijantemente dichosa a la vez.

- pero… - intento preguntar más Inuyasha, no podía creer lo que le estaba diciendo Naraku.

- Cariñin, ya he puesto en marcha los preparativos de la boda, ni te preocupes por nada. – Kikyo se le echó encima interrumpiendo sus pensamientos en el acto.

- Nos casaremos en cuanto puedas levantarte de la camita, así que concéntrate en descansar que tu princesa caramelo se hará cargo de todo. – se alejó de él dando de saltitos luego de que esquivara sus labios pringados de labial rojo, y salió dando saltitos mientras gritaba algo sobre encajes de velos.

- Kikyo tiene razón Inuyasha, ¿Por qué no duermes unas horas más?, estuviste inconsciente tres días y necesitas recuperar tus fuerzas. – Satoru hizo una señal para despedirse, pero Inuyasha, aun adolorido se incorporó de golpe para detenerlo.

- ¡Óyeme, espera un minuto! ¿Dónde está Myoga? Necesito pedirle que confirme unas cosas – pregunto con ansiedad, si había alguien que podría aclararle este embrollo serio Myoga, él estuvo presente en el lugar del incendio después de todo.

- ¿ese pajarraco raquítico? Inhalo demasiado humo en el incendio y perdió por completo la cabeza – la respuesta volvió a venir de Naraku, el cual ya casi no podía ocultar su satisfacción mientras señalaba una cesta de mimbre en una esquina, donde. Donde un Myoga cubierto de ventas repetía una y otra vez "Es la princesa no el guisante" en medio de carcajadas trastornadas.

En las ruinas calcinadas…

Kagome miro las ruinas antiguas que tanto había amado negras de hollín y con la vegetación completamente calcinadas, su precioso jardín secreto se había reducido a un pariambo árido. Sus ojos dolían, pero ya hacía varias horas que se hayan secado de lágrimas, lloro tal mar que parecía que los arroyos que resguardaban el pequeño fragmento de ladrillos en el que reposaba se viera como una laguna de plata tan inmensa como los juglares describían el océano. Su pecho se agrieto y apretó dolorosamente, ¿Qué le quedaba en este mundo? No podía volver al poblado, ni tampoco sabía a qué otro sitio podría ir, pero tampoco podía quedarse en las ruinas

Unos leves empujones la sacaron de su ensoñación, Sango la miro ansiosa antes de darle otro par de empujoncitos, cierto, tenía que marcharse; desde que sus padrastros la habían atrapado en medio del incendio, la habían dejado maniatada en una grieta de las ruinas mientras ellos planificaban su próximo movimiento, el cual, según alcanzo a escuchar, era huir del reino y posteriormente venderla como sirvienta a algún señor feudal, o lo que era peor, algún burdel. Para su fortuna ambos eran tan perezosos que después de algunas horas le desataron bajo la orden de que buscara cosas para prepararles el desayuno, ya que saldrían bien temprano al día siguiente mientras que ellos se tumbaban por ahí a dormir a pierna suelta.

Con la ayuda de Sango, Miroku y Shippo consiguió algunos trozos de cuerda y les ato de manos y pies, luego recogió algunos frutos y bayas silvestres que había por ahí con Shippo, no sabía a donde iría, pero no pensaba quedarse tampoco. Se enfadó su vieja capa, que ahora estaba llena de ceniza y agujeros donde el fuego casi la había quemado, tomo el morral improvisado que había tejido a toda prisa con el viejo delantal de su madrastra y comenzó a alejarse del lugar.

- Kagome – escucho que la llamaba su madrastra, sus pies casi se detuvieron por intento, pero se obligó a dar el siguiente paso.

- ¡Kagome! ¡¿Dónde te has metido chiquilla inútil?! – ahora le grito Kaijimbo, la joven tuvo que respirar profundo para aguantar su temor.

- ¡Queremos nuestro desayuno! – ante este último grito de su madrastra, siendo ya más lejano, Kagome se dio cuenta de que no estaban intentando perseguirla, y, es más, seguro de que aun ni se habían percatado de sus ataduras. Con esta nueva confianza, Kagome se güiro, tomo aire y formando una bocina con sus manos les grito.

- ¡PREPARENSELO VOSOTROS MISMOS! – nada más dejar que sus labios expresaran aquella respuesta una sensación de libertad y dicha invadió a la joven, como si hubiese desencadenado un fuerte candado de su pecho y ahora pudiese respirar con completa autonomía.

- ¡MOCOSA DEL DEMONIO! ¡NO SOBREVIVIRAS EN EL MUNDO POR TU CUENTA! ¡NADIE LE DARA NADA A UNA BRUJA FEA COMO TU! – las maldiciones de sus padrastros resonaron por todo el lugar, pero Kagome solo apretó más su capa alrededor de su rostro y siguió su camino seguida de Sango, Miroku y Shippo. Quizá no sabía muchas cosas del mundo, pero si sabía lo que era trabajar duro toda su vida, y esa sería su fortaleza para seguir adelante.

Inuyasha se arropo a si mismo hasta la cabeza en cuanto escucho la puerta de su habitación abrirse por quinta vez ese día, no necesitaba ni girarse para saber quién era el visitante inesperado, pero sobre todo indeseado. El ruido de los tacones sobre las baldosas de mármol del piso le hizo gruñir con una jaqueca que no se le había quitado desde hacía tres días, y el pestilente olor a perfume caro le daba nauseas a tal grado que apenas y podría probar algo de comer sin tener que devolver el estómago. Metió más su cabeza entre la almohada y la sabana y cerró los ojos, quizá si fingía dormir se largaría.

- ¿Cómo se siente mi tesorito esta mañana? - la princesa Kikyo se inclinó sobre él y le pellizco juguetonamente una mejilla.

- Oh, Cariñin, me enterado que no estas comiendo bien, así que he despedido al chef de palacio y he mandado a traer a los mejores cocineros del reino para que te preparen cosas ricas – se inclinó más sobre el e intento besarle, más Inuyasha gimió disgustado y la esquivo.

- debes ponerte fuerte pronto, los preparativos de la boda están casi listos, ¡podríamos casarnos ahora mismo! Pero si deseas adelantaremos la noche de bodas… – hizo un nuevo intento de besarle, esta vez más descaradamente, pero el príncipe se giró boca abajo y oculto su rostro entra la almohada.

- Oh querido ¿aun estas cansadito? Descuida, que tu princesa te traerá ahora mismo el desayuno. – Kikyo salió canturreando de la habitación, pero no se dirigió a la cocina, oh no, jamás arriesgaría ni el más viejo de sus vestidos a mancharse con alguna cosa grasosa o que quedara apestando a comida.

- ¿Por qué tan seria querida niña? – se giró para encarar a su madre, la cual le hizo una seña con su abanico para que ambas ingresaran en su habitación.

- Madre, ya no soporto tender que sonreír todo el día, ¡Mis pobres pómulos van a quedar con arrugas! Y lo que es peor ¿Cuánto más tengo que fingir ser tan dulce, cursi y tierna? ¡Puaj!, si tengo que volver a hacerle un alago a un criado juro que vomitare – se quejó llorosa, había pasado los últimos días intentando no perder la sonrisa y fingiendo ser amable y encantadora, especialmente porque su tío últimamente rondaba por ahí, se le pegaba como una lapa, siempre insistiendo en contarle historias sobre su "querida madre".

- Paciencia mi niña, paciencia – sonrió Tsubaky intentando calmarla mientras palmeaba suavemente su cabello con mucho cuidado de no deshacerle el peinado.

- Recuerda que una vez que te cases con el príncipe Inuyasha serás monarca de dos reinos, con ese poder ni siquiera hará falta que camines, podrás ordenar a los criados que te lleven siempre sobre un trono de oro a donde quieras y nadie podrá quejarse al respecto. – Kikyo sonrió ante eso, para un futuro tan brillante la paciencia valía la pena. ¿Qué era unos pocos días de nausea por exceso de azúcar comparado con semejante futuro?

Tragándose su malestar volvió a poner esa sonrisa pretenciosa en su cara y salió dirigiéndose a su ala privada; lo único que podría ponerla de verdadero buen humor era ver su precioso vestido de novia, había mandado a coser en las 100 gemas de 18 tipos en patrones preciosos, había mandado a traer las mejores sedas blancas desde oriente, así como una gran selección de joyas, tiaras, y muchos, muchísimos cosméticos y tratamientos de belleza, había suficiente como para dejar a todas las princesas del continente sin suministros para un año.

Después de consentirse con un tratamiento completo de belleza, deicidio que era hora de volver a ver a su prometido, lo había estado visitando mucho, no quería perderse el segundo en que se pusiera de pie, porque ya tenía listos más de 15 conjuntos para él y necesitaba que se los probara para ver cuál combinaría a la perfección con su vestido de novia, eso sin mencionar que le daría una buena idea de cómo necesitaría ajustar las prendas de su guardarropa, porque de ningún modo permitiría que su futuro esposo luciera menos que perfecto.

Estaba volviendo a la habitación de su madre para pedirle que le diera algunos consejos sobre joyería, de camino se cruzó con algunas criadas, como pudo estiro los labios en una mueca de sonrisa, la miraron extrañadas y luego de darle una rápida reverencia se esfumaron. Kikyo sentía que su estómago se descomponía, no solo por tener que ser tan buena con gente inferior, sino porque estos no la reverencian y adoran por su amabilidad, sin duda cuando fuera coronada iban a rodar cabezas… un murmullo proveniente de la habitación de su prometido la hizo ponerse alerta, ¿el príncipe Inuyasha estaba hablando con alguien? Algo se anudo en su interior, sus planes iban demasiado bien hasta ahora que cualquier anomalía podría arruinarlos, no podía dejar nada al aire. Con mucho cuidado se recogió los bordes de la falda y ando de puntillas hasta una de las esquinas del pasillo, y después de asegurarse de que no había nadie que la viera, movió uno de los tapices e ingreso al pasadizo secreto que daba justo para la mirilla en el cuarto de su prometido.

- … de verdad, no sé qué hacer… - pudo escuchar a Inuyasha antes de abrir la mirilla de su retrato para poder ver atentamente.

- ¿He de resignarme a casarme con la princesa Kikyo? Satoru dice que ha cambiado, pero… - suspiro el príncipe mientras que Kikyo apretaba los dientes hasta que los escuchó crujir. ¿había dicho "pero"? ¡Si se había estado sobre esforzando para volverse dulce y tierna como sugirió su padre! ¡¿Qué era lo que le faltaba según ese príncipe de…?! Se cubrió la boca para evitar soltar una palabra altisonante, entonces vio a Inuyasha jugar con el anillo de su mano derecha, el sello de príncipe heredero.

- Honor, deber, realeza… - se dijo a sí mismo como un niño que repite una lección de historia o aritmética mientras trazaba con su vista el escudo de armas de su familia, ¿siempre había sido tan pesado ese anillo en su mano?

- Ah… Myoga ¿Cómo debo proceder con esto? – se cubrió los ojos con el brazo y se regresó a su cama para reposar un poco más, tras él su fiel colmillo se acercó y se trepo también en la cama, Kikyo lo había estado corriendo de ahí a gritos, así que aprovechaba cada que ella no estaba al asecho para estar cerca de su amo.

La princesa cerro la mirilla y salió del pasadizo secreto tan rápido como el sigilo lo permite para dirigirse a las habitaciones de su padre. A pesar de que le había asegurado que aquella asquerosa plebeya que había seducido a su príncipe había muerto calcinada, le hecho de que no hubieran verificado su cadáver sumado al que Inuyasha tuviera dudas y la rechazara como la peste no la tenían tranquila, de hecho, tenía una mala sensación de nudo en el estómago, como una especie de mal presagio. Finalmente llego al ala donde su padre biológico se hospedaba e ingreso a su dormitorio sin formalidades. Le encontró dándose un tratamiento especial para las arrugas, se contuvo de decirle que siendo anciano eso apenas le servirá, ya que era más urgente resolver el problema actual para su boda.

- Padre – lo llamo con tono serio, Naraku la miro de reojo desde el espejo.

- Kikyo querida ¿Qué te trae por aquí a estas horas? ¿no sabes que desvelarse es malo para la piel? Especialmente en una futura reina – la saludo con una sonrisa, pero al ver su mirada la perdió por completo.

- habla – ordeno dejando de lado el frasco de loción para la piel.

- Necesito que verifiques la muerte de la porqueriza – dijo sin rodeos, Naraku arqueo una ceja.

- ¿Qué ha ocurrido? – pregunto realmente preocupado por aquella petitoria.

Lejos de ahí, Kagome y sus tres amigos acampaban en las raíces de un árbol hueco, era una noche fría, así que estaban todos acurrucados, luchado por cubrirse con la vieja capa de Kagome. No tenían más para cubrirse, y ya les quedaban muy pocas raciones de comida habían estado viajando por los bosques los últimos días, ya que tenía ser reconocida por alguno de los aldeanos y que intentaran quemarla nuevamente. Pero sabía que pronto tendría que encontrar algún lugar para trabajar y hospedarse, por suerte según había escuchado de los viajeros la capital del reino estaba cerca y como se acercaba la boda real muchos trabajos escaseaban de empleados, así que podría tener una buena oportunidad de conseguir empleo, aunque fuera temporal.

Mientras intentaba conciliar el sueño, no pudo evitar pensar en Inuyasha, recordaba que la había llamado durante el incendio, pero después de que ese par de viejos la capturaran no supo más; esperaba que no hubiese sido lastimado en el incendio. Aun temblando con el frio se acurruco más entre Miroku, Sango y Shippo los cuales se acercaron más a ella también en búsqueda de calor y se centraron en dormir. Al día siguiente llegarían a la ciudad y la situación mejoraría…

Esa mañana despunto con una gruesa capa de neblina espesa, como lagañas en el horizonte. Todo el cielo era gris y lúgubre, como si la tierra misma hubiera entrado en depresión, con ese mismo animo se despertó Inuyasha, la cabeza le mataba y tenía los ojos hinchados debido al insomnio, toda esa indecisión lo apaleaba dejándolo tan estresado que apenas y pegaba ojo a pesar de llevar tantos días en cama y las orejas bajo sus ojos parecían gruesos manchones de carbón. Se levanto desganado y luego fue a ver a Myoga, el cuervo roncaba mientras hablaba delirios entre sueños y su pico mostraba una extraña expresión de satisfacción. ¿seria que en su espejismo había descubierto el secreto del guisante? Se envolvió en una sábana y se dirigió a la ventana, se sentó y miro el amanecer antes de suspirar, no podía seguir haciéndose el loco con esto, tenia que seguir con su vida….

- ¡jajaja ja! Te he pillado mi querido, ¡ya puedes ponerte de pie! – el repentino abrazo y la fuerte pestilencia del perfume de la princesa Kikyo hicieron que Inuyasha se mareara al instante, y hubiera caído de broces al suelo si no fuera porque estaba sentado en el alfeizar de la ventana.

- ¡Clara, Mary! ¡vendí a vestir a este hombre! ¡Nos casaremos enseguida! – Kikyo llamo emocionada a sus ayudas de cámara y una vez se aseguró de que Inuyasha no fuera capaz de escaparse debido a los preparativos ella misma se marcho a que la vistieran. Esperaba que los temores de su padre fueran infundados, pero no iba a salirse del plan para apresurar la boda y arriesgar su destino tampoco.

Continuara…

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