El secreto del guisante @zoraidarosecristal
Verdad y conspiración

Hola muchachos, sé que llevo una eternidad de retraso pero como parece que seguiremos encerrados hasta el 2021 tratare de ser más rápida publicando, espero disfruten el capítulo y porfa comenten.

Verdad y conspiración

Encerrado en su laboratorio Myoga miraba por todos los ángulos aquel pequeño y diminuto grano verde, sabía que todos los enigmas tenían su respuesta, solo tenía que buscar y buscar por el menor indicio y llegaría a la respuesta. Durante 18 años había hecho toda clase de experimentos con esas legumbres, a gran escala, a pequeña… los había hervido, disecado y diseccionado. Todos y cada uno de sus frascos, y matraces habían sido usados en el proceso. Pero no podía rendirse, ese pequeño guisante tenía la clave de todo.

Bajo 20 colchones había que colocarlo ¿y después que? ¿Brillaría? ¿Se abriría? ¿Cobraría vida? ¿Cómo podía un guisante indicarle que el corazón de una dama era noble? Su más reciente experimento era colocar el guisante que había colocado en secreto en la cama de la presumida de Kikyo en un matraz con concentrado de guisante que había estado destilando por tres años y esperar una nueva reacción. Con cuidado hecho el guisante en la preparación la cerró con un corcho y espero. Luego de que empezó a burbujear puso su estetoscopio cerca dela base y escucho.

- mmm, parece que hay un sonido, como un… tintineo – murmuro sin dejar de escuchar

- matraces y rapaces, ¡esto es un gran avance! – sobrino revoloteando.

- ¡MÁS TEMPERATURA! – grito poniendo más velas bajo el recipiente. La mezcla comenzó a burbujear furiosamente.

- ¡si, si! ¡Hay una reacción! ¡Por fin! – se puso a saltar y revolotear Myoga emocionado.

¡KABOOM!

- oh abuelo pico de piedra… - mascullo Myoga estampado contra la pared y cubierto de la viscosa masa verde.

- ¿me podrías inspirar para el misterio desvelar? – pregunto mirando al cielo Razo de su laboratorio.

- ¡Y EL ENIGMA DEL GUISANTE DESCUBRIR! – chillo furioso, esa era la décimo novena explosión de la semana ¡Y NO HABÍA DESENMASCARADO NADA!

En otra ala del castillo Satoru ocupaban su tiempo en una labor olvidada de su juventud, la práctica de la esgrima. No había practicado nada desde que nació Kikyo, y no era porque sus ocupaciones como rey le comieran el tiempo, lo que le faltaba era aún más precioso que eso. Dio un golpe al maniquí de manera torpe y apretó los dientes, era un movimiento básico y ni siquiera podía realizarlo adecuadamente. Intento otros movimientos pero no consiguió ninguno. Frustrado apretó los dientes y dio un golpe ciego al maniquí, para su mala suerte este giro sobre sí mismo y el arma de madera aterrizo sobre su nariz.

- ouch… - se quejó frotándose el tabique. Estaba tan distraído que no escucho los pasos que se aproximaban a la sala de entrenamiento.

- su majestad ha perdido la forma – hablo una voz burlesca cerca de una esquina.

- cuesta distinguir quien es el hombre y quien el muñeco – se rio el intruso, Satoru le miro enfadado.

- ¿Quiere comprobarlo usted señor…? – pregunto levantándose y tomando su espada, el extraño, que portaba un yelmo de caballero como única protección instaló una pose arrogante.

- puede llamarme "El Caballero de la Mancha" – no podía ver su boca pero Satoru estaba seguro de que estaba sonriendo.

- entonces en guardia caballero – ordeno el rey, los aceros chocaron un instante después.

- se dice la gente en vuestro reino no ha sonreído en un tiempo mi señor – volvió a burlarse.

- he estado ocupado con… problemas domésticos – respondió Saturo empujándole con fuerza hacia atrás.

- es vergonzoso para un rey – otra risa.

- ¿por eso está aquí señor de la mancha? – pregunto Satoru intentando desarmarle pero fallo.

- NO. Estoy buscando la belleza, de una dama singular, para unirme a ella de forma conyugal – continuo hablando el extraño mientras seguía moviendo su espada.

Satoru esquivo un golpe y sin querer queriendo mando a su oponente rodando escaleras abajo con un par de barriles que había derribado de camino de una patada. Se habría reído, pero cuando escucho un fuerte grito abajo el monarca no tuvo de otra que bajar corriendo a comprobar todo. El misterioso caballero no solo había rodado fuera del cuarto de entrenamiento sino que había roto una puerta y destrozado casi todo el laboratorio de Myoga, aunque sorprendentemente Satoru se encontró pensando que se veía mucho más ordenado que antes. Descontando los constantes graznidos indignados de Myoga.

- ¿mmmm? Sopa de guisantes… - murmuro el caballero con una sustancia verde cubriendo su yelmo.

- ¡PRINCIPE INUYASHA! ¡SO DEMONIO! ¡HAS DESTROZADO MI LABORATORIO! – grito el viejo cuervo mientras sacaba la cabeza de dentro de uno de sus libros, donde se había escondido por la conmoción.

- Hola a ti también viejo cuervo ¿sigues con tus pociones de amor con legumbres? – preguntó el príncipe sacándose el casco para revelar a un apuesto joven de unos 25 años, con largo cabello plateado y ojos dorados.

- Pues para que te lo sepas, esa "sopa de legumbres" como la llamaste aún podría ser capaz de salvar este reino – chillo Myoga intentando salir de entre las hojas del libro.

- Así que eras tú Inuyasha, debía haberlo sabido – la voz de Satoru resonó en el lugar pero no sonaba molesto en absoluto.

- Hola rey Satoru, Inuyasha de Sengoku, El Caballero De La Mancha a sus pies – Saludo el príncipe con tono más formal, pero al final ambos se echaron a reír estrechándose la mano.

- Han pasado muchos años, pero ¿entendí bien? ¿Estás buscando una esposa? – pregunto cuando se soltaron, Inuyasha se rasco la nuca con aburrimiento.

- ¡Feh! Algo así, debo encontrar una belleza, de un reino prospero, que sea de ubicación estratégica y por supuesto muy rica – bufo sin darle denunciada importancia, pero Satoru le vio con decepción.

- así que le has dado la razón a Naraku, necesitas oro para gobernar… ¿Qué ha sido de aquel príncipe idealista y energético que conocí hace dieciocho años? – pregunto mostrando su disgusto.

- ¡Hey! ¡No es culpa mía! Son mis consejeros, insisten que necesito una alianza con un reino rico y poderoso por no sé qué cuestión política, se han negado a darme el trono por años debido a eso – gruño cruzándose de brazos con molestia.

- pero tu ¿Qué es lo que tú quieres? – pregunto Satoru presionándole la mano en su hombro.

- ¿siendo sincero? Me gustaría enamorarme de una mujer dulce, con sentido del humor y… no sé qué me mire con los mismos ojos con los que tú mirabas a tu esposa, que en paz descanse – medito, Myoga los oía a los dos rodando los ojos y murmurando cosas sobre el amor adolecente.

- aunque con un poco de suerte podría encontrar a una mujer que al menos no sea una molestia – sonrió al final el príncipe arrancando una pluma de la espalda de Myoga.

- ¡WAAHHH! ¡Probetas y cometas! ¡Que juventud más grosera! ¿No te parece abuelo pico de piedra? – chillo mirando a la pared, pero soltó otro graznido al mirar lo que ahí colgaba.

- Ah caramba, siempre olvido que te han sustituido – escupió mirando la pintura de la princesa Kikyo que había reemplazado a la de su honorable abuelo.

- Wow ¿Quién es esa? No es nada fea, quiera poder verla – exclamo Inuyasha viendo a la bella princesa en el retrato.

- ¡Puaj! Te será fácil, no hay pared en este castillo que no tenga un retrato de esa vanidosa – volvió a escupir Myoga.

- ¿Ella está disponible y tiene una buena dote? – pregunto el príncipe aún más interesado.

Myoga miro a Satoru, que estaba consternado, sabía que le tenía gran cariño a Inuyasha, y aunque aquella dama retratada era su propia hija podía leer en su expresión que él sabía que cazarla con Inuyasha no sería más que condenar a aquel príncipe a un infierno en la tierra. Esperanzado por eso Myoga voló a su hombro y le susurro que le dijera la verdad, que no era más que una princesa malcriada, egoísta y caprichosa que solo le haría infeliz.

- ¡MYOGA! – reacciono enfadado Satoru por aquella osadía.

- esa es la pura verdad ¡Y tu mocosos! Olvídate de esa pretenciosa, yo te encontrare una esposa adecuada, ¡en cuanto termine mi investigación! – exclamo el pájaro volviendo a encender el mechero con solución fresca de guisantes.

- ¿Sigues convencido de esa vieja leyenda? – pregunto Inuyasha serio.

- Como suele decirse "nunca subestime la fuerza de…" – comenzó a decir Myoga, pero la mescla de pronto se ajito violentamente, el cuervo intento contener el frasco pero de pronto…

¡POOM!

El mechero exploto junto con el recipiente de mezcla, mandando al pobre historiador a bolar como una luciérnaga por el techo rompió una ventana y se estrelló contra la torre opuesta del palacio. Satoru e Inuyasha corrieron tras el llamándole a gritos, pero le encontrar casi ileso dentro de una bañera llena de agua, el pobre historiador floto unos segundos en el agua murmurando algo sobre no subestimar a las semillas y luego se hundió en el agua con un constante burbujeo, el príncipe y el rey se miraron sin saber si echarse a reír o llamar a un médico.

El día era soleado y hermoso, y el mercado del pueblo era el ejemplo de la alegría y la vivacidad, el aire estaba perfumado con aroma a dulces, frutas y distintos manjares, se oía el alegre pregón d ellos campesinos y comerciantes ensalzando sus mercancías. Incluso los pastores y creadores habían llevado algunos de sus animales para la venta. Kagome estaba sentada en la fuente, y a pesar del calor del día llevaba puesta su capucha de tela áspera, estaba sudando y las gotas de su rostro parecían perlas sobre satín rojo debido a su sonrojo pero aun así no se atrevía a quitársela o moverla para que el aire le diera en el rostro, sus padrastros no la dejarían salir hasta el siguiente invierno si llegaba a quitársela.

Ignorando el calor ayudo a que sus amigos e acomodaran el borde para beber agua fresca, ella también bebió un poco formando un pocillo con sus manos. Entonces el viejo caballo resoplo de calor, Kagome se levantó de un salto, lo había olvidado por completo. Asegurándose de que sus padrastros no la veían se levantó y fue a buscar el cubo de madera que llevaban en la carreta. Por suerte para ella Urasue y Kaijimbo se encontraban más entretenidos paseándose como si fueran nobleza por el mercado mirando tabacos, licores, manjares y telas. A pesar de su aspecto esquelético demacrado sus ropas eran bastante finas para un campesino e incluso Urasue llevaba un par de joyas.

- ¡Sombreros! ¡Vendo sombreros para toda ocasión! – anuncio un mercader llamando la atención de la desagradable pareja.

- ¡Oh mira que encanto! Con esto si me veré como una noble y rica princesa – sonrió la vieja con sus únicos seis dientes. El vendedor mantuvo su sonrisa como pudo y empezó a mostrarle los sombreros hasta montarle un bicornio dorado.

- te queda estupendo mi pasita – sonrió Kaijimbo entre sonrisas podridas.

- AH… una imagen de ternura y encanto – suspiro el vendedor.

- AAAUUUU… pero que dulce es usted - Urasue se sonrojo haciéndola ver como una fresa reseca.

- una joven doncella hablando con sus animalillos… ah… da un aura mágica… - suspiro el sombrerero mirando a Kagome.

- ¿mágica? Puaj, más bien raro diría yo – se quejó la vieja Urasue.

- espeluznante, hablando como si esos cerdos fueran personas - asintió Kaijimbo, mientras que Kagome, ajena a toda la atención que despertaba se reía en voz baja mirando a Sango empujar a Miroku al agua cuando este se acercó demasiado a ella.

Kikyo se levantó como de costumbre después del amanecer y ahora, justo terminando su desayuno se dedicaba a pasear por los pasillos del palacio, ese día no tenía lecciones de etiqueta así que pensaba hacer llamar al sastre y al joyero para que le hicieran un conjunto nuevo, no había comprado nada desde hace una semana y todo lo de su armario comenzaba a ponerse anticuado nuevamente. Estaba recorriendo el pasillo cerca de la entrada principal cuando una voz extraña llamo su atención. ¿Su padre tenía visitas? Su padre era un rey tan simplón que nadie iba a visitarlo a menos que… apretó las faldas de su vestido rojo y rechino los dientes ¿era una comitiva otra vez? La última vez que una comitiva de otro reino había visitado Coratzion le habían ofrecido a su padre la mano de una princesa en matrimonio ¡no iba a permitirlo!

- ¡Kikyo no corras! ¡Las princesas no deben correr! – la persigo Tsubaky jadeando, jamás lo admitiría pero ya no era tan joven como antes.

Cuando por fin la encontró estaba reclinada sobre la barandilla del balcón que daba a la recepción principal del castillo tenía medio cuerpo de fuera y el trasero directamente apuntando al techo. Tsubaky grito horrorizada ¡¿CÓMO PODIA SU HIJA ESTAR EN UNA POSICION TAN INDECENTE?! Furiosa tomo su abanico del bolsillo de su vestido dispuesta, por primera vez en su vida a darle una tanda de merecidos azotes cuando Kikyo se irguió, y la volteo a ver con ojos de mariposa borracha con las mejillas sonrojadas.

- Mira tía ¡Que hombre tan guapo! – exclamo dando de saltitos emocionada. Tsubaky arqueo una ceja, y se aproximó al balcón para mirar mejor.

- Ah… ese es el príncipe Inuyasha, heredero al trono de Sengoku – suspiro de alivio al mirar el cabello plateado y ropa roja familiares del mocoso que les había costado el trono a ella y su marido antes, solo que ya no era ningún mocosuelo.

Miro a su hija que seguía impresionada por su galanura y casi sonrió. Bueno no le extrañaba del todo el comportamiento infantil de Kikyo. Nunca le había permitido interactuar con hombres de su edad, solo criados ancianos y Satoru eran permitidos a su alrededor con el fin de evitar cualquier escándalo que pudiera arruinarla para un buen matrimonio. Pero pronto cumpliría los dieciocho años y quizá fuera tiempo de ir considerando a un futuro candidato para su princesa, y quizá ese niñato podría ser útil.

- ¿Un príncipe? – repitió Kikyo emocionada, nunca había conocido a un príncipe antes, y menos a uno tan joven y guapo, además ¿había dicho su tía que era un heredero? Su corazón latió por mil, ¡Había encontrado al candidato perfecto para ella!

- ¿Sengoku es un reino rico? – pregunto cuidadosamente, antes que nada debía asegurarse de que cubría sus estándares.

- Rico y muy poderoso – le susurro Tsubaky en complicidad mientras ocultaba su propia sonrisa tras su abanico.

- lo quiero – sirnio ambiciosamente, ese príncipe seria su mayor y mejor adquisición.

Inuyasha suspiro mientras terminaba de escuchar los consejos de Satoru, él tenía razón, no debería elegir una esposa solo pro su apariencia y riqueza, pero ¿Qué más podía hacer? Aunque si bien la belleza era secundaria de alguna manera, necesitaba una alianza política sí o sí. Sabía que muchos de sus cortesanos habían comenzado a apoyar a otros herederos en secreto, incluso su primo Sesshomaru, que ya era rey regente de su propio reino estaba siendo considerado para el trono y eso no era algo que pudiera permitirse.

- si entiendo lo que intentas decirme Satoru, pero créeme que no hay mucho que puedo hacer al respecto ¿o donde sugieres que encuentre una esposa? – pregunto rascándose el cabello. El rey le miro con una sonrisa paternal y justo estaba abriendo la boca para aconsejarle cuando una voz femenina les distrajo.

- ¡YUJUUUU! He decidido que voy a tenerte – sonrió la princesa bajando de la forma más elegante la escalera.

- ¿Tenerme? – repitió Inuyasha sintiéndose como si de pronto le hubiesen colgado un letrero con su precio al cuello en un mercado.

- Kikyo… así no es como se hace... ¡Kikyo! – empezó a regañarla Tsubaky en voz baja, pero la princesa no la escucho, estaba decidida a tener, como siempre, lo que quería.

- tú necesitas una esposa – afirmo la princesa alisando un poco su precioso cabello negro.

- Um... ¿sí? – pregunto Inuyasha sintiendo un nudo en la garganta.

- y yo he decidido que quiero tenerte – sonrió la princesa aún más, luego noto la presencia de Myoga y su sonrisa se agrando aún más.

- ¡Myoga! arréglalo todo para la boda, quiero que mi velo de novia este hecho del más fino encaje tejido a mano con cinco ¡No! ¡Diez metros de largo! Y una tiara dorada con 12 diamantes rosados distribuidos en forma de rosa… - comenzó a ordenar entusiasmada de imaginarse vestida para su boda y como de lujosa seria la fiesta, tendría que ser bien grande para que todos los reinos la envidiaran.

- ¡CORRE PRINCIPE INUYASHA! ¡O NO SERAS CAPAZ DE SALIR DE ESTA TORMENTA! – grazno el cuervo escandalizado, Inuyasha se despertó de la sorpresa por las palabras de aquella chica y empezó a retorcer.

- Lo… lo siento mucho pero tengo que lavar mi espada… ¡Digo! Que tengo alergia a los diamantes… y ¡Y voy tarde a una cruzada! – sin despedirse de Satoru o Myoga el príncipe salió corriendo del salón silbando para llamar a su caballo y escapar de las zarpas de esa princesa loca.

- ¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉ?! – chillo Kikyo encolerizada por semejante grosería por parte de Inuyasha.

- ¡Nadie dice que no a la princesa real! ¡VUELVE AQUÍ Y ENFRENTATE A LA MARCHA NUPCIAL COMO UN HOMBRE! – le llamo a gritos, pero cuando Inuyasha la ignoro y se trepo de un salto a su caballo para salir de ahí al galope ella enrojeció de furia.

- ¡GUARDIAS! ¡ATRAPEN A ESE ROMPE BODAS! – ordeno saltando de las escaleras para llegar a la puerta.

- ¡Kikyo es suficiente! – ordenó Satoru a su hija, pero ella ni siquiera lo miro mientras ordenaba a gritos estridentes que le trajeran su carroza.

- ¡VOY A ATRAPAR A ESE PRINCIPE YO MISMA! – gruño subiéndose en un segundo a su carruaje negro y dorado, Tsubaky le dio una sonrisa nerviosa a Satoru antes de subir tras ella, después de todo debía asegurarse que Kikyo no arruinara su reputación por este berrinche.

- ¡Kikyo bájate ahora mismo y entra! ¡ES UNA ORDEN! – volvió a gritarle sin resultados.

- ¡MI CABALLO! – ordeno, ya había tenido suficiente de la actitud malcriada de Kikyo su hija o no, ¡no iba a permitir ese comportamiento!

El carruaje de la princesa corrió a toda velocidad por la ciudad, salió a la carretera y en menos de una hora había llegado al feudo de los porquerizos. A su paso dejaba tal estela de polvo que pronto el precioso carruaje de color ébano pareció una tabla de panadero lleno de harina. Eso sin mencionar que estuvo a punto de atropellar a un par de decenas de hombres, mujeres niños e incontables animales en su persecución. Finalmente la princesa dio orden de detenerse en la plaza del pueblo de los porquerizos ya que había perdido de vista al caballo de su príncipe.

- ¡¿pero qué clase de mula corre así?! – chillo la anciana Urasue tosiendo a causa de la nube de polvo levantada por el carruaje al detenerse tan abruptamente, pero antes de que pudiera soltar una maldición la mano de su marido le cerro la boca.

- eh es un placer verla su maltesa… ¡Digo su Alteza! – comenzó a elogiar Kaijimbo a la princesa que se asomaba por la ventanilla enfadada.

- verla es el mayor honor, la mayor de las fortunas, la más… - continuo alagándola pero Kikyo solo le miro con asco.

- Ayúdame a bajar, plebeyo – ordeno mandándolo a callar con una seña.

- ¡pero sería un honor su belleza, su grandes, su…! – canturreo feliz el anciano ofreciendo su mano cual caballero hasta que la princesa le lanzo una mirada mordaz.

- al suelo – ordeno Kikyo, Kaijimbo se quedó en blanco hasta que de pronto comprendió la idea y se tumbó al piso para que la princesa usara su espalda como banquillo.

Kikyo bajo y de inmediato zapateado enojada porque sus preciosos tacones dorados hubiesen pisado semejante porquería, y su enfado se multiplico cuando miro alrededor y no vio señales del príncipe Inuyasha ¿se le habría escapado? Negó con la cabeza al instante, aquello no era posible, sus caballos eran pura sangre criados especialmente para ser rápidos, elegantes y eficientes. Entonces la única respuesta lógica es que ese príncipe escurridizo debería haberse escondido por algún lugar. Dio un paso para alejarse del carruaje y buscarlo ella misma cuando una silueta se interpuso en su camino.

- Usted debe ser la princesa real – saludo una voz educada pero oscura a la vez. Kikyo encaro al hombre, era más alto que ella, tenía los ojos castaños casi rojos y el cabello negro brillante con algunos mechones grises. Debía ser un poco mayor que su padre pero no se le notaban arrugas e iba muy elegantemente vestido, incluso llevaba zapatos dorados como ella.

- Apártate de mi camino, estúpido petimetre – le gruño elevando la barbilla y cuadrando los hombros antes de rebasarlo de manera frívola.

Naraku jadeo con complacida sorpresa, era la primera vez en dieciocho años que había visto a su hija, y no podía estar más encantado, no solo era absolutamente bella, tenía una postura perfecta, un carácter fuerte y dominante, paso firme, buen gusto en el estilo de vestirse y lo mejor, era una profunda mal criada egoísta. Podía verlo en el brillo helado de sus ojos, ¡ERA ABSOLUTAMENTE PERFECTA!

- ¡Oh Naraku! pero que horrendo viaje… ¡Y todo ese triquitraque! Mis pobres huesos están molidos – sollozo Tsubaky bajando también del carruaje con el rostro verde por culpa de la náusea.

- ¡querida! ¡LA NIÑA ES PREFECTA Y EXTRAORDINARIA! – Naraku emocionado hizo girar a su mujer en brazos y le dio el beso más apasionado de toda su vida de casados.

- ¡Bájame ya que me ahogas! – ordeno la dama sintiéndose devolver el estómago en cualquier momento.

- esta hija tuya ha sacado toda tu ambición, ¡ESTA EMPECINADA EN CASARSE CON EL PRÍNCIPE INUYASHA! – Naraku rio aún más encantado, ¡esto era perfecto! Ahora no solo podría vengarse de su usurpador hermano ¡sino que también su hija le serviría para apoderarse de otro reino rico y poderoso!

- Magnifica idea, hay que empezar a versarla en la falsedad e hipocresía, algunas moscas deben ser atraídas por la miel como sabes mi amada – le guiño un ojo antes de darle un último beso a su mujer. Todo su plan estaba saliendo a pedir de boca.

Ajena a la discusión entre Tsubaky y Naraku Kikyo recorrió la plaza con una mezcla de enfado, impaciencia y asco, nunca había estado en una plaza fuera del palacio y ciertamente no volvería a pisar ninguna en su vida ¡todo el lugar apestaba horrible! Los campesinos pulgosos abundaban al igual que las pulgas, las moscas y las cucarachas eso por no mencionar a esos asquerosos cerdos que iban de aquí para haya. ¡El único cerdo bueno es el que está en el estofado! Pensó despectivamente asomándose en otro asqueroso barril, pero nada que encontraba la príncipe Inuyasha ¡seguro que ya se le había escapado! Estaba por volver a su carruaje para reanudar la persecución cuando algo la hizo hervir aún más en su rabia.

- ¡Hey tu! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! – grito señalando a una joven con una capucha de tela café áspera y desgastada que estaba cerca de sus preciosos caballos.

- perdonad mi atrevimiento su alteza, pero vuestros caballos estaban muy sedientos… – se inclinó cortésmente Kagome antes de pasar con su cubo de agua fresca al siguiente corcel que no dejaba de jadear.

- ¡YO SOY QUIEN DECIDE CUADO BEBEN! – grito Kikyo arrebatándole el cubo y tirando el contenido sobre la muchacha frente a ella. Kagome retrocedió bajando la cabeza, segura de que sus padrastros la castigarían por su descaro ante la princesa real.

- hoy no tengo tiempo de lidiar con tu crimen, así que seré benevolente, pero no olvides que ellos viven solo para servirme a mí – ordeno empujando el cubo vacío de vuelta a sus manos casi tirándola de espaldas, luego le dio la espalda y subió de vuelta al carruaje con toda la dignidad y etiqueta de la que disponía.

Naraku observo la escena en silencio, aunque por dentro no pudo evitar reírse de como su hija había humillado a la hija de su hermano, pero aun así había algo que lo molestaba. Durante esos años había vigilado de cerca a su sobrina, y si bien había crecido privada de todo lujo y delicadeza había prosperado como una extraña flor silvestre en un campo de estiércol, tenía el cabello largo y brillante y su rostro no podía ser llamado feo aunque palidecía en comparación con el de su hija. Tendría que vigilarla de cerca para evitar cualquier amenaza. Cuando noto a la carreta de los viejos marcharse con la niña se rasco la barbilla, quizá no estaría de más dar otro paso delante de su plan, después de todo, una vez Kikyo se casara con Inuyasha su futuro estaría asegurado y el habría tenido la última y mayor victoria de todas.

- Esta noche debes contarle nuestro secreto, por mientras me hare a la labor de casamentero para ella – susurro a Tsubaky mientras la ayudaba a subir al carruaje. Partieron de inmediato con Satoru, que recién les había dado alcance pingando de gritos para ordenar que se detuvieras mientras cabalgaba a tal velocidad que ni fue consciente de que su hermano mayor le observaba riendo a carcajadas.

- ¡puedes salir ahora príncipe Inuyasha! – llamo mientras secaba sus lágrimas por tanta risa. Un montón de paja tembló graciosamente antes de que el nombrado príncipe emergiera cubierto de pajillas, hojas y plumas de gallina por todo el cabello.

- tu caballo ha sido acomodado en mi establo y he ordenado que te preparen un baño y un refrigero – le ayudo a salir mientras que el príncipe tosía a causa del polvo.

- gracias Naraku… has cambiado más de lo que esperaba – tuvo que admitir Inuyasha, sino hubiese sido por la sugerencia de Naraku de esconderse entre esa paja aquella princesa loca lo había atrapado entre sus zarpas.

- oh ¿tú crees? Habría que agradecer a mi hermano, gracias a su edicto he aprendido mucho sobre las apariencias en estos años viviendo con los porquerizos – se fingió alagado.

- tome a la princesa Kikyo por ejemplo – continuo esa línea.

- ¿Qué? – pregunto Inuyasha sorprendido por el cambio repentino de tema.

- si… esa pobre niña… ha tenido una vida tan dura… siempre al crecer a la sombra de la imagen de su madre, por eso es así en público, pero veras que si la conoces es una chica dulce, tímida, sencilla y muy humilde… - se decido en halagos sobre su hija.

- ¡¿QUÉ YO SOY QUÉ?! – el grito ensordecedor de la princesa rompió la quietud de aquella noche seguido por el estallido de una ventana cuando proyecto su tacón más caro contra ella por la furia.

- Eres nuestra hija – repitió conciliadoramente Tsubaky mientras mantenía una distancia prudencial.

- Yo… nacida… nacida en el feudo… ¡DE LOS PORQUERIZOS! – repitió llevándose las manos a la cabeza escandalizada y pálida.

- ¡dios que vergüenza! ¡QUE BULGARIDAD! – se tiro al piso a sollozar, como alguien se enterara de eso ¡TODA SU REPUTACIÓN ESTARIA ARRUINADA!

- ¡MI VIDA SE ARRUINADO! ¡AHORA NADA TIENE SENTIDO! – derramo a llorar como una mártir.

- no, no, no querida ¿no lo comprendes? ¡AHORA PODREMOS TRABAJAR JUNTAS! – la abrazo Tsubaky contra su pecho sin dejar de sonreír maquiavélicamente.

- ¿juntas? – repitió Kikyo secando un poco sus ojos.

- si mi hija, el trono, el reino, todo será nuestro solo tenemos que trabajar juntos, como una familia – la sonrisa de Tsubaky calmo la flama de su corazón y la reemplazo por una increíble avaricia.

Continuara…

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