El secreto del guisante @zoraidarosecristal
Las dos doncellas

Las dos doncellas

El crudo invierno dio paso pronto a la primavera, la nieve derretida poco a poco se volvió claros y cristalinos espejos de agua rodeados de hierbas esmeraldas flores como joyas preciosas y el gran perfume divino de los frutos que despertaban de su letargo. Y así como cambiaban las estaciones ella cambiaba. Desde aquel estanque de cristales de nube año tras año podía ver como su rostro perdía sus formas rosadas y regordetas para volverse más afilado, su cabello negro y ondulado que antes no servía para ser peinado poco a poco creció hasta llegarle a la cadera y ojos se transformaban en dos gemas color madera. Con cuidado se acomodó la capucha sobre la cabeza, a pesar de que se había derretid la nieve, la bruma de la mañana era helada como un carámbano.

- ¡KAGOME! – el grito rasposo de la lejanía la hizo saltar de su lugar, ¿se habían despertado ya? Pero si aún era demasiado temprano.

- ¡KAGOME NIÑA INÚTIL! ¡¿DÓNDE TE HAS METIDO?! – gritaron de nuevo. Kagome se levantó rápido y tomo su canasta, si no se apresuraba la castigarían de nuevo.

- ya voy – respondió saltando una piedra para cruzar el arroyo.

- ¡DATE PRISA! ¡VAMOS! – le ordenaron. Rápidamente cruzo el portal de la casa, por suerte había dejado la estufa calentándose, así que ahora solo tenía que comenzar a cocinar.

- ¡deja de gritar Kaijimbo! ¡No es bueno para mis oídos! – se quejó una segunda voz rasposa y agrietada. Kagome intento pasar desapercibida, pero no lo consiguió.

- ¡Kagome! ¡¿Dónde está el desayuno?! – volvió a gritarle, aunque después de 18 años no le extrañaba, parecía que el único idioma que conocían para hablarle era dar de gritos.

- ya lo estoy preparando madrastra… - se apersono en la alcoba donde sus padrastros permanecían tumbados en la única cama de la casa, y donde se quedaban la mayoría del tiempo desde hace 15 años.

- ustedes me pidieron huevos de pato y es difícil encontrarlos – murmuro como justificación.

- ¡no seas descarada! – le regaño con severidad.

- perdóneme - se encogió bajando la cabeza antes de volver a la cocina.

- entonces mi querida Urasue ¿nos levantaremos hoy? – pregunto el hombre calvo y arrugado mientras se cepillaba las pocas hebras de pelo que le hacían de bigote.

- ¿mmm? Esta semana bien podríamos salir de la cama ¿a ver cómo están mis huesos? – la mujer que era de apariencia vieja, con el largo cabello blanco parecido a una mata de telas de araña y saltones ojos rojos.

- suenan mejor, levantémonos. - movió sus extremidades que chillaron como puertas oxidadas.

- el desayuno está listo – exclamo Kagome cargado dos grandes bandejas humeantes.

- después de comer tendremos que hacer la digestión hasta la hora del almuerzo – murmuro Kaijimbo viendo la cantidad de comida. Había huevos fritos, duros y revueltos, salchichas, pato asado, pollo frito, maíz con mantequilla, vegetales cocidos y sazonados, panes y también mucha leche fresca.

- ¿Qué es esto? Nos matamos trabajando todo el día ¡¿y no hay postre?! No sé porque la acogimos – chillo su madrastra.

- porque nos pagan ¿recuerdas? – gruño Kaijimbo con la boca llena.

- ¡NO LO SUFICENTE! – chillo Urasue antes de morder un enorme muslo de pavo asado. Kagome lentamente se retiró del dormitorio dejándolos comer.

El día de Kagome comenzó como de costumbre, tenía que encargarse de la granja, alimentar a los animales, especialmente a sus tres amigos, Sango, Miroku y Shippo, tres cerditos que habían crecido con ella y la acompañaban en todos lados. Después barrió el gallinero y recogió las plumas y los huevos. Quito las piedras y deshierbo el campo. Luego saco al viejo caballo de su establo, y después de asegurarse de que había comido bien le puso con mucho cuidado el arnés y comenzó a hartar, tras ella sango esparcía las semillas cuidadosamente llevando un saco especial con un hoyo del tamaño exacto, Shippo la seguía de cerca empuñado la tierra con sus patitas para cerrar el surco y cerrando la marcha Miroku con un barrilete de agua atado a su espalda dejaba caer un pequeño chorrito para ayudar a fertilizar.

Para media mañana había terminado las labores de la granja, pero eso no significaba el final de su jornada. Tomando una única manzana como almuerzo se dirigió al rio. Pero de camino, como siempre, se detuvo a ver el hermoso prado que colindaba con su granja. Lo miro ilusionada, había arroyos y hierbas verdes ahí, también flores y bosques, lo sabía pero nunca lo había visto por sí misma. Sus padrastros no le permitían alejarse de la granja más de lo necesario, y casi nunca la llevaban al pueblo. Le decían que era tonta y fea, que los demás se burlarían de ella y la repudiaron. Pero eso no le impedía soñar, ¿Cuántas cosas que ni siquiera podría soñar estarían ahí fuera? Lejos en el mundo…

En el arroyo comenzó a lavar la ropa con ayuda de una roca peluda la tallaba cuidadosamente antes de ponerla a colgar en las ramas de un árbol cercano. Mientras tallaba las telas se dejaba llevar por sus sueños y fantasías. En su favorita, un muchacho, quizá hijo de un molinero, más guapo de lo que se podría imaginar, y que querría abrazarla con fuerza para llevarla lejos de ahí. Donde no tuviera que volver corriendo con la ropa a medio secar para prepararles la comida a sus padrastros antes de seguir con sus labores. Después de colocar pesadas piedras una sobre otra para hacer una cerca en el límite de la granja, la siguiente tarea era recoger bayas silvestres para hacer conservas que sus padrinos venderían en el mercado junto con los huevos y la cosecha.

Mientras llenaba su cesta con zarzamoras, fresas y frambuesas su mente viajaba junto con las palomas por los cielos. Las envidiaba por su capacidad de trasladarse por el mundo, pera ellas las barreras eran inexistentes. Si pudiera ir con ellas… solía suspirar mientras se trepaba a los árboles para bajar fruta ¿Qué otros misterios o felicidad habría lejos en el mundo?

Siguió trabajando hasta casi entrado el atardecer claro que se tardaba porque Sango y Miroku andaban come que come de sus canastas. Se rio al ver como Sango le gruñía a Miroku para poder ser la primera en elegir, y lo mejor era que Miroku la seguía y la mimaba en todo, era todo un enamorado. Miro luego al pequeño Shippo, era su cerdito más dulce, pero también era muy tímido y un poco asustadizo, de hecho salto asustado cuando una ranita salto fuera de un charco sobre su nariz. Riendo se bajó del árbol y le dejo enfrente unas moras azules que había guardado en su bolsillo para casos como ese, se arrodillo y se las ofreció a Shippo que las tomo gustoso, a veces sospechaba que se hacia el asustado para que le diera dulces.

- aquí tienes más, ¿Qué tal? ¿Te gusta? – pregunto sonriente.

- ¡NO ME GUSTA! – el chillido femenino resonó por todo el castillo, muchos habrían saltado del susto, pero después dieciocho años ya se habían acostumbrado a ello.

- ¿Por qué nunca nada está a mi gusto en este palacio? ¡Este anillo es de plata y ópalo! ¡QUE ASCO! - el grito fue seguido inmediatamente por el tintineo de una joya siendo arrojada al suelo.

- ¡yo soy la princesa real! ¡MIS MANOS ESTAN HECHAS PARA LLEVAR SOLO DIAMANTES Y ORO! – volvió a gritar pisoteando con sus zapatos dorados en el mármol del piso.

- o bueno… quizá algún rubí o esmeralda de vez en cuando – sonrió arreglándose el tocado, a su lado su tía e institutriz miraba la escena orgullosa.

- ¡Kikyo has tirado el anillo de tu madre! Ella pidió que se te diera a los dieciocho años – exclamo Satoru recogiendo rápidamente el anillo de Sonomi, era su predilecto, el que su propia madre le había dado antes de su boda con él.

- nada de las cosas de mi madre me interesan en lo más minino, son viejas y carecen de buen gusto – gruño antes de irse altiva de la sala del trono.

Aquella dama no era otra que la princesa Kikyo, una hija y heredera al trono de Coratzion. Su padre no había vuelto a casarse después de la muerte de su amada reina Sonomi, y eso que pretendientes no le habían faltado. Muchos nobles y reyes le habían ofrecido a sus hijas y sobrinas por años sin éxito. Mejor para mi… solía pensar Kikyo, la verdad no había solo el gran amor de su padre por su difunta madre lo que había entorpecido las propuestas de matrimonio de las aspirantes, ella había hecho su buena parte para estropearlas, incriminándolas por robar sus joyas e incluso pagando para arruinar sus reputaciones. ¿Acaso no estaba en su derecho? una nueva reina significaba posibles hermanas o lo que era aún peor hermanos, hermanos varones, y eso sería un estorbo para su ascenso al trono. Ella era la primogénita y única futura reina, esa corona era suya por derecho.

Tomo elegantemente los extremos de su vestido y camino por el pasillo con arrogancia, sabía que detrás de ella su tía Tsubaky la seguía y evaluaba constantemente, aunque ya le había repetido hasta el cansancio que no había necesidad de ello. Había dominado perfectamente todas las clases de etiqueta a los ocho años, un record que ninguna princesa jamás podría igualar. Paso por uno de los muchos espejos del pasillo y se admiró, ¿Cómo era posible que cada día se volviera más y más perfecta? Tenía su piel blanca como las perlas más finas, sus labios eran rojos y delicados como pétalos de rosa, sus preciosos ojos color ágata tenían una perfecta forma almendrada resaltada por el más fino maquillaje, sin mencionar su largo cabello ébano que hacía que la seda, más fina pareciera un arrapo sucio y mal oliente. Acomodo su tocado y se arregló el pelo con sus perfectas uñas antes de seguir con su apretada agenda.

A veces no entendía porque los sirvientes se quejaban de su trabajo, solo tenían que levantarse antes de que clareara la mañana para barrer, trapear, sacudir, zurcir, remendar, ordenar las 1500 habitaciones, arreglar los jardines, cambiar las flores de cada jarrón del palacio, cocinas sus 20 platillos reglamentarios, ir al mercado, y mantener cada detalle perfecto antes de que ella desayunara. Ella sí que estaba ocupada, después de despertarse pasado el amanecer tenía que tomar un desayuno bien diversificado con solo dos o tres bocados por platillo para cuidar su figura, luego debía ir a ver a los modistas para sus vestidos y zapatos nuevos, luego escoger sus joyas, ir a que le arreglen el cabello, las uñas, que le den masajes y también a sus lecciones de modales y etiqueta además de sus sesiones de cuidado de piel y cutis. No era fácil ser una princesa en absoluto. Y ahora venía una parte muy importante, ver como estaba quedando su retrato oficial, pronto seria su debut en sociedad y seria nombrada formalmente como la heredera al trono.

- ¿pero qué es esto? - exclamo indignada al entrar al estudio del pintor real, (que estaba lleno a tope de retratos de ella).

- su retrato, alteza real – contesto el pintor desde su caballete.

- ¿y qué altura se supone que tiene? – pregunto mirando con desdén la pintura.

- tres metros exactos, princesa – volvió a asentir tranquilo el pintor, él como todos no era ajeno a los berrinches de la princesa malcriada.

- ¡qué tamaño más vulgar! – se quejó.

- mi retrato debe medir nueve… ¡no! ¡Quince metros de alto! – grito, ¿Cómo se atrevían a hacerle un retrato tan pequeño? El pobre pintor boqueo como un pez dorado.

- p-pero… ¡pero el techo solo mide 4 metros su alteza! – tartamudeo espantado por este nuevo capricho.

- entonces solo rompe el techo – le desprecio Kikyo, tras ella Tsubaky se abanicó sonriente, estaba tan satisfecha de cómo había moldeado a su hija, aunque en público tenía que llamarla sobrina. Pero ¿Qué importaba? Gracias a esa mentira ella y su hija podían vivir como merecían en el palacio en lugar de ese pestilente feudo lleno de cerdos y campesinos.

- pero Kikyo, ese retrato es del mismo tamaño que… - apareció Satoru tras ellas.

- ya se, ya se, "el de mi madre" – arremedo la princesa de forma grosera.

- es tradición colgarlos uno al lado del otro, sé que a ella le habría gustado – explico el rey dejando pasar por alto la falta de respeto de su hija.

- ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? ¡No quiero escuchar ni una palabra sobre mi madre! – chillo enfada, e incluso Tsubaky rodo los ojos, ¿Por qué Satoru seguía tan obsesionado con la simplona de su cuñada? ¡Ni siquiera había sido una bella dama de noble cuna! solo la hija de un burdo comerciante que ni siquiera lleva a los mínimos estándares de belleza como ella y su hija.

- no me interesa quien fuera ella, ni como viviera ¡yo soy la princesa real! ¡Y MI RETRATO HA DE SER EL MÁS GRANDIOSO DE TODOS! – decreto tan alto que incluso el pobre pintor estuvo a punto de caerse sobre su trabajo.

Pronto el día acabo y la oscura noche se apodero de los cielos, mientras que la primera luna llena de primavera regalo a los hombres las gotas plateadas de su brillo y su luz para guiarles en el camino. El viento gélido soplo renuente a partir aun con la llegada de la cálida primavera. Poco a poco los hombres y las bestias se retiraron a tomar un merecido descanso de su arduo día.

- lo has hecho muy bien querida, una princesa no acepta negativas de nadie – alago Tsubaky a Kikyo mientras terminaba de redactar su acostumbrado reporte semanal a su marido.

- llévaselo a Naraku y vuelve enseguida – entrego el pergamino al halcón plaga que voló inmediatamente fuera de la habitación.

- no te comas tus perfectas uñas – riño a la princesa que acaba de ponerse uno de sus cientos de camisones de seda y perlas.

- a veces realmente suenas como mi verdadera madre – se quejó llendo hasta su cama de doncel.

- oh me olvidaba, ese pajarraco polvoriento de Myoga te mando un obsequio de cumpleaños, veinte colchones y edredones de plumas, de sus amigos ha dicho – le menciono casualmente mientras que Kikyo comenzaba a subir por la escalera de su increíble lecho.

- ¿de sus amigos voladores? ¡Ojala se hayan quedado todos calvos! – ambas se echaron a reír y luego Tsubaky se retiró a su propia habitación para dormir.

Ya era bien entrada la noche cuando Kagome por fin pudo volver a su recamara, que no era más que un cuartucho donde también domina los gansos y las gallinas, así como el caballo y sus tres amigos. Estaba completamente exhausta y con el cuerpo adolorido por todo el trabajo del día. Co ella entraron el resto de los animales, y comenzaron a acomodarse para dormir. Pero ella no se tumbó de inmediato, primeros arrodillo frente al montón de paja y plumas que le servía de cama y junto sus manos.

- doy gracias por poder disfrutar otro día con mis queridos amigos, y por las gallinas, los patos y los gansos que con sus hermosas plumas me hacen un suave lecho… - hizo una pausa para ahogar un bostezo.

- y espero que… algún día… pueda encontrar la verdadera… - no pudo acabar, el sueño la venció y callo dormida sobre las plumas y la paja. Sango, Miroku y Shippo lo vieron y con mucho cuidado la cubrieron con su mantita especial, aquella que la había acompañado a lo largo de todos estos años.

Pasada la media noche Myoga se escabullo en el cuarto de Kikyo y con el mayor sigilo que pudo quito el pequeño guisante seco que había escondido debajo de los 20 colchones y edredones. Con cuidado lo examino con su lupa, pero no pudo ni ver una arruga del mismo cuando Plaga, que había vuelto de su misión le pillo y comenzó a perseguirle, no por molestar a la princesa, que ajena y todo solo roncaba en su lecho. Pero para fortuna de Myoga el halcón era muy tonto y pudo burlarlo con facilidad. Habiendo escapado exitosamente voló directo al estudio privado de Satoru.

- ¡majestad! ¡Mire lo que me he encontrado! ¡"para hallar un corazón noble de princesa un guisante bajo 20 colchones y edredones pondrás"! – exclamaba alegre mientras revoloteaba.

- ¡vente colchones y edredones! ¡Pronto descubriré el secreto del guisante! – sonrió feliz, pero fue entonces que noto que Satoru no se única a sus festejos, sino que se mantenía agachado y cabizbajo sobre el escritorio.

- pero muchacho ¿Qué te ocurre para estar así de deprimido? – pregunto acercándose a ver el semblante pálido y miserable del rey.

- ¿Qué es lo que voy a hacer co Kikyo? – sollozo Satoru con lágrimas en los ojos.

Continuara…

Anonymous reviews have been disabled. Login to review. 1. Chapter 1 164 0 0 2. El decimoctavo rey 3186 0 0 3. Primera Princesa 2460 0 0 4. Las dos doncellas 2761 0 0 5. Verdad y conspiración 4483 0 0 6. Belleza escondida 2282 0 0 7. Princesas ¿perfectas? 2787 0 0 8. Detonante 4397 0 0