El secreto del guisante @zoraidarosecristal
Una Verdadera Princesa

Una Verdadera Princesa

Inuyasha se vio rodeado por un ejército de criadas y pajes más rápido de lo que podía siquiera pestañar, fue desnudado, bañando, peinado, perfumado y vestido, tan rápido y eficiente que sin querer pensó que debería pedir referencias de alguno de esos criados para entrenar al personal de su castillo. Para cuando fue capaz de respirar sin tener a dos o tres ayudas de cámara a medio centímetro de su cuerpo encerrándolo como una barrera impenetrable de caballería se miró al espejo y no pudo evitar fruncir el ceño. Lo habían talqueado y cepillado como un potro de exhibición, luego varios modistas le probaron no menos de 3 docenas de trajes de boda, algunos más pomposos, otros rayando en lo ridículo y unos más que solo se podrían definir como un despilfarro gigantesco hecho ropa. Eso sí, puso una severa línea cuando intentaron trenzarle el cabello y maquillarlo, no era una princesa, a lo mucho permitió que le desenredaran y emparejaran su largo cabello plateado, pues no se había cepillado en varios días y parecía una especie de nido para Myoga.

Cuando por fin se le permito verse en el espejo estuvo al punto de dar un grito al cielo, ¡¿Qué le habían puesto?! palmeo los bombachos extra grandes de los pantalones del traje con abierto disgusto, él no era de esos príncipes que se vestían tan popofones, y con eso parecía que en vez de ropa traía dos grandes almohadones rellenos de plumas, el saco tenía rallas moradas y doradas con mangas también muy infladas, le habían puesto un sombrero de plumas de avestruz que lo hacían parecer una especie de mala imitación de teatro de un noble, por no mencionar las almohadillas que le pusieron a sus pantorrillas, parecía que tenía patas de caballo. Desganado miro el cielo nublado atraves del ventanal, al parecer el clima estaba tan emocionado como él por esa boda.

En la ciudad…

Kagome entro a la ciudad con un nudo en su pecho y ocultando constantemente su rostro con ayuda de su capa, estaba nerviosa, no solo era su primera vez fuera de su pueblo, sino que era consciente de que por su aspecto destacaría, incluso si sus perseguidores la habían tomado por muerta, no quería arriesgarse a ser reconocida. Se movió por las calles abarrotadas sufriendo constantes empujones de la multitud, toda la gente estaba corriendo, algunos intentaban refugiarse de la inminente lluvia, algunos mercaderes empacaban a toda prisa sus puestos por la misma causa, pero muchos otros simplemente estaban apurados con sus tareas para la inminente boda.

Estaba acercándose a una lona para resguardarse con un grupo de personas cuando un carruaje se acercó muy rápidamente a ella, consiguió saltar a un lado para esquivarlo, pero entonces un hombre con ropajes de paje la empujo a un lado llamándola "sucia campesina", a pesar de que intento no car la fuerza del empellón la mando contra un poste que sostenía una de las lonas en la que se refugiaban varias personas, derribándola y dejándolas sin refugió contra la lluvia.

- ¡Quítate de mi camino porquera! – uno de los hombres le pateo la pierna al pasar enfadado por estarse empapando.

Kagome se acuno su tobillo, pero no perdió el tiempo en levantarse, no podía quedarse ahí tirada en la lluvia en medio de la calle, Sango, Shippo y Miroku se agruparon junto a ella para ayudarla a mantener el equilibrio, pero no fue necesario, tristemente Kagome se dio cuenta de que aquella patada era una caricia comprada con las palizas que solian darle sus padrastros. Los tres corrieron a buscar refugio en alguno de los negocios o en una posada, pero todos le cerraron la puerta en la cara, la mayoría porque estaban llenos, otros por sus ropas andrajosas y sus pies manchados de lodo. Estaba buscando algún techo o puente para refugiarse y pasar la noche cuando una mujer escasamente vestida tiro de su manga.

- Acompáñame encantadora dama, estas tan empapada, vas a resfriarte, entra conmigo te pagaremos bien por tu juventud – comenzó a jalar de ella hacia una taberna.

- Ven pequeña doncella, aquí te daremos trabajo y un buen lecho, la paga será buena, no tendrás que levantarte más de lo necesario, también hay un lugar muy acogedor para tus cerditos en la cocina. – sonrió una señora en la puerta del establecimiento.

Estaba por agarrarle la otra mano a Kagome para jalarla dentro cuando el jadeo de una mujer llamo la atención de la joven, se giró y vio una anciana que había sido empujada y se había torcido un tobillo, aun a pesar de la lluvia y la tentadora chimenea en la taberna Kagome se safo del agarre de las mujeres y se acercó a ayudar a la anciana. Sango, Miroku y Shippo la siguieron, aunque Miroku dio un vistazo triste a la cálida taberna y a las jóvenes dentro.

- ¿Se encuentra bien señora? – se inclinó junto a la anciana, la cual parecía haberse torcido un tobillo, rasgo una parte de su capa para hacerle una venda mientras que sus tres cerditos ayudaban a recoger las compras de la mujer.

Los pasillos interiores del castillo estaban a rebosar de actividad, filas enteras de criadas y mozos iban de un lado al otro como si tuvieran fuego en sus zapatos. La mayoría cargaba candelabros, vajillas y otros neceseres pare el banquete, otros enormes ramos y arreglos florales, otras llevaban manteles finos y telas, sin mencionar las colosales cantidades de comida, cada platillo más grande, más fino y más exisito que el anterior. era tal la cantidad de trabajo que realmente nadie noto a la vieja nana de la princesa siendo escoltada por una joven extraña a una de las salas de descanso.

- Querida, a ti te ha enviado Dios, a ti y a tus cerditos – no paraba de murmurar la anciana mientras intentaba no apoyarse demasiado sobre los hombros de Kagome, mientras que sus tres amigos traían atados los bultos de la compra sobre sus espaldas.

- No ha sido nada señora, pero creo que debería ver a un médico cuanto antes – le respondió Kagome, le preocupaba que una mujer de su edad haya sufrido una caída tan fuerte.

- ¡Kaede! ¡qué bueno que al fin volviste! ¡en la cocina no nos damos abasto y la boda comienza en 5 minutos! – exclamo una de las doncellas cargada de una enorme pila de manteles de seda.

- ¡Oh el cielo me ampare! – exclamo la anciana en un lamento mientras Kagome la acomodaba en una silla de madera en lo que parecía un almacén de muebles, o eso le pareció, ya que vio una pobre cama con no menos de 20 colchones apilados encima.

- Esto es terrible, catastrófico, no se me ocurre que otra calamidad podría ocurrir hoy… - sollozo, no solo por la cantidad de trabajo que faltaba por hacer, sino por el propio hecho de que un buen joven fuera a casarse con, Dios la perdonara, semejante creatura como era la niña que tuvo que criar. Un relámpago surco el cielo seguido de un trueno ensordecedor que proyectaba una sombra grande y tenebrosa en la pared, ambas mujeres gritaron por la sorpresa y los cerditos se ocultaron en las faldas de Kagome hasta que la luz de la habitación volvió a la normalidad revelando al causante de la sombra.

- ¡MYOGA! ¡Pajarraco raquítico! – grito la anciana sorprendía al ver al cuervo lleno de vendajes, pero erguido como un caballero en el marco de la ventana.

- ¡Deberías estar en la cama en lugar de causarle un infarto a una indefensa anciana! – lo regaño, pero el viejo cuervo la ignoro.

- Silencio vieja carcamana, este gran historiador ha descubierto el secreto del guisante ¡y voy a comprobarlo científicamente! – grazno el historiador volando torpemente desde la ventana a una de las sillas cercanas a la cama repleta de colchones.

- ¡La flor que le faltaba al ramo!, este viejo plumero cerebro de polilla haciendo estupideces con legumbres mientras que tenemos una boda en 5 minutos - se quejó la vieja nana con un suspiro cansado.

- ¿Una boda? ¿Cuál boda? – pregunto Myoga irguiendo su cuello de un golpe.

- Viejo distraído ¿no te has enterado? el joven príncipe Inuyasha está por casarse con… con ella – ambos acianos se atragantaron ante la imagen mental.

- ¡¿Con Kikyo?! – exclamo el cuervo casi subiendo un paro cardiaco, Kaede se habría reído de él si no fuera por lo penoso de la situación.

Kagome todo ese tiempo se dedicó a intentar secarse a ella y a sus tres cerditos, pero no pudo conseguir mucho, los cuatro estaban empapados y temblando, al menos había una chimenea encendida, así que acomodo su capa y sus amigos se acomodaron para recibir calor, estaba planteándose el acompañarlos junto a la hoguera, pero su atención no dejaba de girarse hacia esos 20 colchones. En toda su vida solo había visto el de sus padrastros, y no era ni de lejos tan hermoso o grueso como aquellos, se veían suaves y mullidos, y no olían a sudor y humedad. Aunque no había forma que estuviera segura, pero se veían usados, aunque no desgastados o viejos, quizá ella… solo por esta vez…

- ¿Disculpe? ¿le importaría si… me tumbo ahí un momento? – señalo tímidamente los colchones.

La abuela Kaede la miro y sus ojos se suavizaron con lastima, no había sido consiente antes debido a que estaba envuelta en esa capa gastada como una monja, pero ahora que la veía sin ella era muy delgada, sus manos y pies tenían callos visibles, signos que trabajo duro desde una edad temprana, a pesar de todo no pudo evitar reconocer que también era bastante guapa, su largo cabello negro ondulado caía como una cascada de cielo nocturno bordeado de estrellas, sus somnolientos ojos castaños eran adorables como los de un gatito, y su piel, contrario al pronóstico de su origen y las gruesas ojeras y señales de delgades a causa de la poca alimentación se veía lechosa y blanca como una fina seda.

- Oh claro que si querida, de todos modos, serán desechados pronto – asintió mostrándole la escalera para subir aquella inmensa pila de colchones perfectamente útiles que Kikyo había mandado a desechar, y no iba a permitir que esa dulce niña siguiera de pie tiritante y a punto de desmayarse del cansancio.

- ¡Pero que calamidad! - el grito de Myoga distrajo a Kaede de sus reflexiones sobre cómo ayudar a esa pobre niña.

- ¡Ese mocoso inconsciente! ¿Qué va a pasar ahora con el guisante? ¿con las profecías? ¡Mi investigación de toda la vida esta arruinada! ¡yo estoy arruinado! – se puso a lloriquear el historiados mientras la niñera rodaba los ojos.

- Oh por lo más sagrado ¡Ni que fueras tú el que se casa con la princesa! ¡¿Por qué no usas ese cerebro tuyo que tanto presumes para ayudar al pobre Inuyasha?! –

- ¡¿Qué puedo hacer yo?! ¡Ese chiquillo ha decidido su suerte y tendrá que resignarse! – despotrico Myoga furioso e iba a seguir con su diatriba de no ser porque otro relámpago ilumino la habitación, más concretamente los pies descalzos de la doncella campesina.

- entonces ya nadie podrá salvarle, ah… pobre muchacho… - se lamentó la anciana niñera, peor Myoga no la escucho, los engranes de su cerebro se movían a una velocidad inaudita, todo en cálculos de una variable que no se le había ocurrido considerar antes de descifrar el acertijo del guisante.

- ¡Silencio vieja carcamana! Dejame probar mi experimento con ella – Kaede siguió la dirección en la que miraba Myoga y frunció el ceño.

- Deja a esa pobrecilla en paz, ¿Qué no tuviste suficiente con las decenas de princesas de todo el continente? – le reclamo, esa pobre niña apenas había cerrado los ojos después de quien sabe cuanto tiempo y ese cuervo demente quería molestarla con tonterías.

- Tu espera y veras – Myoga se acercó al colchón más bajo y con ayuda de una caña hueva solo un guisante seco justo en medio de ellos.

Ambos observaron atentamente a Kagome un par de minutos, pero la chica estaba tan agotada que había caído dormida tan pronto como su cuerpo se recostó sobre el suave material de los colchones. Kaede sonrió de que el estúpido de Myoga no le molestara su descanso, y el pobre cuervo comenzaba a decepcionarse al ver su teoría siendo errónea cuando, de pronto, la joven comenzó a gemir de incomodidad. Kagome giro para ponerse de costado, luego boca abajo y también intento cambiar de costado, pero no consiguió acomodarse. Con un jadeo de frustración se sentó ya que, aunque sus parpados aún se sentían pesados como piedras de molino no podía acomodarse.

- N-no puedo dormir… algo… hay algo que se me clava en la espalda – se quejo sin poder evitarlo, ya que el cansancio la estaba matando.

- Disculpen no quisiera parecer mal agradecida, pero, es como si hubiera algo bajo el colchón … - se dispensó apenada por dar molestias a esa amable abuela.

- ¡SCRRAAAKKK! ¡Ha pasado! ¡Esta señorita ha pasado la prueba del guisante! ¡Es una princesa! ¡Es una verdadera princesa! - Myoga grazno tan fuerte que la pobre Kaede se cayo se su silla y el pobre Shippo salió corriendo asustado.

- ¡Oh su excelentísima Majestad! Permitid que este humilde historiador sea el primero en felicitaros – voló directo a los pies de la joven y se inclino como si estuviera enfrente de una deidad, la boca de Kagome formo una "O" perfecta por la sorpresa ya que no comprendía que estaba pasando.

- Tenia que pasar, por fin le ha dado la chifladura a este pajarraco – se quejó Kaede poniéndose de pie con dificultad.

- Señora mía, no se preocupe, que me personalmente me ocupare de… ¡Oh! – exclamo una vez más exaltado al ver la marca en el pie descalzo de la doncella.

- Esa estrella de ocho puntas… - murmuro examinándola de cerca, le parecía demasiado familiar.

- Disculpe, es solo una marca de nacimiento y… - Kagome retiro el pie incomoda, pero Myoga solo batió sus alas nuevamente, emocionado.

- ¡Una estrella de ocho puntas! ¡he de verificarlo! ¡Está en la princesa, no en el guisante! ¡Está en la princesa, no en el guisante! ¡Está en la princesa, no en el guisante! – el cuervo hecho a volar saliendo de la habitación ignorando a todo y todos.

- Loco de atar – volvió a suspirar la niñera.

- Baja de ahí querida, será mejor que te cambiemos de ropa antes de que tenga que marcharme a la boda – llamo a la joven ya que ella consideraba que su incomodidad venia principalmente por su vestido rasgado y empapado.

Myoga, que había volado como un torpedo emplumado por los pasillos del castillo triando a más de un criado a su paso, revolvió todo su laboratorio hasta encontrar el viejo almanaque de registros de nacimiento reales. Salto de página en página tan arrebatadamente que casi arranco de cuajo varias hojas hasta encontrar el ultimo registro. "Primer princesa de Coratzion, nacida el quinto día de la segunda semana del invierno del primer año de la dinastía del rey Satoru IV" esa era la pagina correcta, ya que siempre se registraban los nombres de los príncipes y princesas después de su debut social debido a que muchos morían en la infancia.

- Ojos castaños, cabello negro, nariz fina, labios rosados y…. – comenzó a leer las viejas inscripciones somo si fueran fórmulas mágicas. Desde el piso Shippo, que estaba medio escondido en un maletín de cuero escuchaba al cuervo con su boquita abierta de la sorpresa.

- ¡Aquí esta! ¡Marca de nacimiento en forma de estrella de ocho puntas en medio del pie izquierdo! – profirió feliz de su descubrimiento.

- La doncella no es solo una verdadera princesa ¡Es nuestra autentica princesa! ¡la indiscutible hija de Sonomi y Satoru! ¡Esto explica todo! ¡Compases y rapaces! Ya sabía yo que ese monstruo narcisista y malcriado no podía ser hija de una pareja tan dulce ¡tengo que detener esta boda de inmediato! – continúo graznando eufórico.

Myoga no tuvo oportunidad si quiera de planificar su siguiente paso, pues solo un segundo después de su descubrimiento se vio tacleado con fuerza por Plaga. El halcón le sujeto el pescuezo con fuerza con sus garras ahogando cualquier grito que pudiese haber emitido al mismo tiempo que lo mantenía sometido contra la medra del escritorio. El cuervo intento pelear, pero sus viejos huesos no eran rivales para las fuertes zarpas de aquel depredador nato. Aún estaba intentando zafarse de su agarre cuando un chirrido extraño trono en sus oídos.

- Tks, tks, tks, Ay, Myoga, siempre metiendo el pico donde no te llaman – Naraku sonrió abriendo por completo la entrada al pasaje oculto tras el retrato de Kikyo.

- Efectivamente querido, por suerte sus graznidos escandalosos esta vez sirvieron para algo - Tsubaky chasqueo la lengua tras su abanico mientras Naraku la ayudaba a salir del pasadizo.

- Yo me ocupare de esta nimiedad - aproximo una de sus manos con guantes de encaje al libro de registros y arranco la página que estaba leyendo Myoga antes de alejarse de regreso al pasaje, después de todo aún tenía que terminar de abrillantar a su preciosa hija.

- Adelántate mi amada, yo atare los últimos cabos sueltos y te alcanzo – Naraku tomo a Myoga de las garras de plaga con ayuda de uno de los frascos de vidrio le amordazo el pico y luego tomo el maletín donde se escondía Shippo.

- Oh, siento mucho tener que dejarte en este enredo viejo amigo, pero debo de dar la bienvenida a mi nuevo yerno – se rio Naraku mientras ataba fuertemente al cuervo a las azas del maletín.

- además, de una bonita reunión familiar – dicho eso arrojo arrojó el maletín a una pila de libros para luego marcharse también, después de todo era un hombre tan ocupado.

Continuara…

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