H2O @aletwilighterforever
2008 PL

Forks Washington, 2008

Bella Pov

Suspiró y niego al ver el cielo de Seattle.

¿Cómo mierda había terminado aquí?

¿En qué momento había aceptado volver?

Había pasado medio siglo desde la última vez que estuve aquí, y, aunque tenía buenos recuerdos algunos no eran los mejores, es verdad que me había costado dos décadas dejar el pasado atrás, y lo había dejado…pero él, ahora estar aquí una vez más…parecía como si el tiempo nunca hubiera pasado…cómo sí se hubiera detenido.

Veo a mis amigas, ellas ignoran el hecho de que todo sigue igual, solo se dedican a subir sus cosas al auto de alquiler.

— ¡Eve! ¿Estás lista? — El gritó de Esme, nuestra "madre" adoptiva hace que salga de mis recuerdos.

Asiento solamente y avanzo hasta ella — Lo siento, solo recordaba. —respondo sencillamente mientras meto mis maletas en la cajuela.

— ¡Perfecto! ¡Ahora podemos partir! —Exclama Helena con una sonrisa mientras ve al cielo, su rubia cabellera se pega a sus labios mientras intenta hablar— Lloverá dentro de poco, es momento de irnos.

Esme, Adele y yo asentimos mientras subimos al auto, como es de esperar es mi turno de manejar, sin dudarlo me monto en el asiento de piloto y emprendo camino a Forks, el pequeño pueblo en el que viviremos.

Forks es un pequeño pueblo abandonado de la mano de Dios, cuenta con 3,500 habitantes, a partir de ahora 3,504. No es una gran diferencia, sin embargo. Suspiró mientras conduzco. No conocía Forks, solo los alrededores como la Push, nunca había estado aquí, pero sabía que Charlie, mi padre, era de aquí antes de mudarse a Seattle, a pesar de ello nunca se preocupó por llevarme a la casa donde creció a ver a los abuelos, para cuando ya comprendía todo esto ellos ya habían muerto.

Y ahora aquí estaba, intentando recordar si en algún momento de mi infancia había conocido al menos una porción de este lugar, pero lo dudaba, al igual que mis amigas nací y crecí en Seattle y solo conocía La Push, una antigua reserva quileute, y todo por un viaje que habíamos hecho cuando teníamos dieciocho hace cincuenta años.

— Acelera un poco o no llegaremos a tiempo.

— Adele, fue tu idea el venir aquí, no te quejes —respondo con una sonrisa irónica. Ella me ve "molesta" y saca la lengua de manera infantil.

— No tienes que ser tan perra.

Ignoró su último comentario, sin embargo acelero, es un hecho que yo no quería volver a Seattle, por lo que, cuando me negué terminamos por venir a Forks. El lugar más lluvioso de los Estados Unidos.

Esto era una pésima idea, y más considerando nuestra actual situación.

No sabía que pasaba con Adele, bueno ni siquiera Esme.

Es un hecho que la mejor opción para mudarnos hubiera sido Florida, dónde hay un inmenso océano, incluso Phoenix hubiera sido una gran opción…claro, no había playa, pero sí teníamos garantizado el nunca exponernos a ser descubiertas, o al menos podríamos intentar nadar en el desierto y descubrir si somos a su vez sirenas de tierra, pero no, ahora estábamos aquí y era un misterio porque Adele había decidido volver, la escusa valida había sido que Esme quería conocer dónde nacimos.

Pues bien, Forks no era Seattle.

La excusa para estar aquí y no en Seattle es que allá podrían reconocernos, ya que, después de cincuenta años deberíamos estar muertas o al menos tener sesenta y ocho.

— ¡Es ahí! —Estaciono frente a una casa blanca con negro de tres pisos. La casa, o mejor dicho mansión, se encuentra en el centro del bosque, lejos de la civilización, en pocas palabras apartada de los curiosos.

— Es hermosa —murmuro mientras apago el auto, tan pronto como lo está, todas bajamos mi vista se posa en el cielo—. Hay que bajar el equipaje, pronto lloverá.

Mis amigas y madre asienten, y es así como comenzamos a bajar todo.

— Adele, cariño —la llama Esme—. ¿No olvidaste mencionar que Forks es un poco húmedo para nosotras?

Ruedo los ojos.

¿Por qué nadie me presta atención cuando habló?

— Se los dije, nadie me escucho —intercedo, y apunto a Helena—. Ella también lo hizo.

Ella al igual que yo no quería volver, pero un pequeño capricho de Adele y el puchero y deseo de Esme por conocer dónde habíamos "nacido" nos terminó por convencer.

— Puede que eso nos cause un pequeño inconveniente, hija —Continuo Esme, y, antes de que pudiera seguir, Adele la interrumpió.

— Lo he visto todo, estaremos a salvo.

Esme suspira y procede a observar la casa, confía en Adele al igual que nosotras, pero…había un pequeño problema. Éramos cuatro mujeres adultas que se convierten en sirenas, y estamos viviendo en Forks, un pueblo en el que llueve por lo menos 355 días de los 365 del año.

¿Cómo nos mantendríamos seguras?

Era un misterio que no estaba segura de querer resolver.

De acuerdo, más tarde me encargaría de lidiar con esto, por ahora solo quería salir de aquí —: Mi cuarto…

— Tercer piso, y ve. Todo estará bien, solo llega antes de entrar a clases mañana— Dijo Adele, era claro que conocía mis intenciones—. Espera, antes de que te vayas…quiero pedirte algo —añade mientras muerde su labio— bueno a las dos —se giró a Helena y tomó aire antes de seguir hablando—. ¿Podríamos volver a usar nuestros nombres?

Mis músculos se tensaron. Su petición me tomo por sorpresa, a mi lado Helena sonríe de manera nostálgica antes de hablar—: No será lo mismo, Adele.

— No cambia nada —añado en esta ocasión—. Podemos correr riesgos innecesarios.

— He visto los resultados…estaremos bien —la miro fijamente, sé que dice la verdad, pero… ¿me encontraba lista para ser ella de nuevo? — ¿Por favor?

— ¿Qué apellido usaremos? —pregunta Helena, su voz se rompe un poco—.

— Será el mío. —Añade Esme con una sonrisa.

— ¿Estás segura? — Helena gira a Adele, y ésta asiente una vez más, me giro a Esme, nos ve suplicante, ella desea que usemos nuestros verdaderos nombres porque decían quienes realmente éramos—. Está bien.

Tan pronto como Helena acepta tres pares de ojos se vuelven a posar en mí.

Suspiró y con encogimientos de hombros respondo—: Sí.

— ¡Gracias Bella! —Asiento simplemente y salgo de la casa con las llaves del auto de alquiler en mis manos, tan pronto como me alejo de la casa vuelvo a respirar.

Manejo en dirección a La Push, cuando finalmente he llegado oculto el auto entre ramas y árboles caídos, no tengo intenciones de tener que reportarlo como robado en mi segundo día aquí.

Después de asegurarme de que ha quedado completamente oculto, camino hasta el acantilado de La Push. Escucho el viento silbar a mi alrededor, respiro completamente tranquila mientras permito que los recuerdos me invadan por primera vez, después de cuarenta y nueve años después de haber estado sepultados.

Alice cae después de que él y sus amigos la lanzaran, presiono mis ojos evitando que mis lágrimas caigan, entonces me alejo corriendo de la punta del precipicio, corro alejándome de todo hasta que termino junto al enorme océano. Camino entre las piedras hasta que soy capaz de acercarme por completo al océano y lanzarme al mar abierto. En menos de cinco segundos ya me encuentro convertida, ya no salgo a la superficie, sino que me sumerjo por completo, nado sin rumbo hasta que finalmente llego a la pequeña isla por medio del estanque subterráneo. Salgo de él y al tocar la arena desaparezco mi aleta y mis piernas vuelven.

Camino alrededor de la cueva mientras dejo que el dolor que nunca me permití sentir salga, y así lo hace. Sale, sale por completo.

Lloró y gritó por todo, me duele el haber dejado a Zayn, pero no me arrepiento, porque con el tiempo comprendí que realmente no lo amaba lo suficiente, pero sí me arrepiento de haber perdido tanto. De no tener permitido amar, y si lo llego hacer de sufrir las consecuencias, mis gritos finalmente cesan al igual que mis lágrimas, lo único que sé es que de alguna manera ellos se pierden en la densa noche.

¿Dónde…? — Mi pregunta se ve cortada al ver dónde me encuentro, los recuerdos de la noche anterior me golpean por completo, pasó mi mano por mi cabello, anoche saque todo lo que tenía guardado.

Ahora puedo seguir, finalmente he afrontado mis emociones he sentido lo que no me permití en medio siglo.

Rio, y sin evitarlo y me permito inhalar el aire de la costa, afuera sigue un poco oscuro, son alrededor de las seis cuando salgo de la cueva, llego a tierra en menos de cinco minutos, con cuidado me seco y corro rumbo a donde oculte el auto.

Tomo las llaves de la arena y lo enciendo saliendo directamente de La Push, manejo alrededor de treinta minutos hasta que finalmente llego a casa.

— ¡Por fin llegas! — Grita Ade…Alice desde la cocina— ¡Pensé que tendría que ir a buscarte! De lo contrario llegaremos tarde.

Ruedo los ojos, junto a ella se encuentran Rosalie y Esme desayunando, esta última me da la bienvenida con una cálida sonrisa. —Relájate Alice —Su nombre sale de mis labios con extrañeza, han pasado años desde que la llame así—. Tomaré una ducha y nos podremos ir.

Ella rueda los ojos y niega.

Ignorando cualquier argumento que me pueda dar, corro a mi cuarto. Antes de tomar la ducha que me volverá sirena una vez más, tomo de mi closet un par de jeans oscuros con una blusa de manga larga roja y chaleco afelpado negro, sé que Alice odiará mi atuendo, pero tendrá que aceptarlo después de todo lo que he cedido con ella, incluso tendrá que evitar su puchero cuando vea mis botines con tacón de seis, no podría argumentar que no estaba a la moda de una manera chic.

Tan pronto como entro a la bañera ya me encuentro con mi cola saliendo de esta, lavo el agua de mar y en menos de lo me toma normalmente ducharme me encuentro seca y cambiada, cuando bajo las escaleras lista me encuentro con que Alice y Rosalie se encuentran listas para partir, al igual que Esme con su nuevo uniforme de enfermera.

Rosalie, como es habitual ha escogido un atuendo de apariencia simple, pero con más estilo que ningún otro, jeans ajustados, blusa negra de manga larga y sobre esta un saco gris estilo gabardina con bufanda hueso, y claro, un par de stilettos plata de doce centímetros, incluso su cabello se encuentra en ondas mostrando que puesto empeño en él. El caso de Alice es muy similar de alguna manera, usa una blusa negra de manga corta con botones al frente y claro un par de jeans oscuros, y una cazadora café oscuro, sorprendentemente no usa un color llamativo, además de que está vistiendo un par de botas negras con tacón, y su cabello se encuentra extrañamente peinado como una corta melena.

Niego mientras las veo, tantos años juntas han pasado factura.

— Desayuna algo antes de irte, cariño —giro a Esme quién me sirve un par de waffles con helado y ron—.

— Gracias, mamá—respondo sonriendo, sé que Esme ama cuando la llamamos así, además de que ha sido como nuestra madre durante el último par de décadas—. Y, bien, ¿cómo iremos al instituto?

Cuando mis labios terminan de formular la pregunta Alice comienza a dar extraños saltos.

Todo apuntaba a que hoy sería un largo día.

Alice Pov.

¿No crees que exageraste un poco, Alice?

Giro a Rosalie enarcando una ceja, yo nunca exageraba —: Solo digo lo que vi, mi querida Rosalie. Ahora ve también a cambiarte.

Ella rueda los ojos, sin embargo se va en cuanto termina su jugo.

— ¿Estás segura, Alice? — Me giro a Esme en esta ocasión, sus ojos muestran la preocupación que esconde su rostro — ¿No deberían de saber la verdadera razón de por qué estamos aquí?

Suspiro, antes de responder —: Desearía poder decirles, pero he visto las consecuencias de hacerlo, ambas huirían. Tienen miedo del amor.

— ¿Estás segura hija?

— Completamente, mamá.

— Bien, no queda más que hacer, solo convencerles de que es lo correcto.

Una tierna sonrisa se posa en los labios de Esme antes de que se retiré a cambiar su camisón por su nuevo uniforme de enfermera.

Imitando a Esme y a las chicas corro a mi habitación a cambiarme, tomo lo primero que encuentro en mi armario, he visto lo que las chicas vestirán y opto por algo parecido: Jeans, una blusa de botones y mi chaqueta. Sencillo, pero a la moda, tal como diría Coco. Mientras me cambio no puedo evitar pensar en lo que vi hace un par de semanas mientras nos encontrábamos en Argentina de vacaciones, todo había comenzado como un día cualquiera, había salido a comprar mi habitual capuccino y rebanada de pie a La Biela, y, mientras comía el último trozo de mi pie de zarzamora, el mejor de Buenos Aires, sentada en mi mesa favorita con dirección a la calle, una extraña visión apareció.

Eran cuatro hombres de ojos dorados, increíblemente atractivos, pero había uno que destacaba de los cuatro. Ellos corrían por un bosque mientras reían, e, inmediatamente, así como llego mi visión, cambió con la misma rapidez. En la nueva visión aprecia Helena con un hombre moreno tan grande como un luchador de sumo, él había aparecido con los otros tres, ambos se besaban y corrían a una velocidad sobre humana por el bosque mientras se tomaban de la mano, y antes de que pudiera tomar un respiro, una nueva me atacó.

Esme besaba al hombre rubio de mi primera visión. Ambos estaban frente a un altar, Esme vestía de blanco no pude evitar el jadeo que salió de mi boca, ¡Esme se estaba casando! Vi a mi alrededor, buscando un indicio del lugar. Estaban los otros tres hombres, el tipo sumo abrazaba a Helena por la cintura, mientras que ella aplaudía. Junto a ellos Eve era abrazada por el chico de cabello cobrizo, y, finalmente el chico rubio me abrazaba por la cintura y escondía su rostro en el hueco de mi cuello. Suspiré cuando la imagen cambio, en ésta Eve besaba —muy— apasionadamente al chico cobrizo, ambos sentados frente a un piano de cola negro.

Tome una fuerte respiración cuando mi capuccino apareció frente a mí, pero, tan rápido como volvió mi vista se fue de nuevo. Ahora el hombre de cabellos rubios me besaba, y, entonces sin previo aviso una nueva visión me asalto. El hombre me besaba y sonreía. Me sonreía y yo le respondía de la misma manera mientras se acercaba y me tomaba por la cintura hasta pegarme a su pecho.

Te amo, Alice. Y, estaremos juntos por siempre. La eternidad había sido un castigo hasta que te encontré. Eres mi compañera. Y eres mía, así como yo soy tuyo…No pertenecemos.

— ¿Está bien señorita? —un hombre mayor, de lentes me veía fijamente. Asentí y sonreí, nunca había estado mejor.

Aún recuerdo haber dejado el dinero en la mesa y haber salido corriendo de La Biela, cuando llegue a casa solo se encontraba Esme, Helena y Eve habían salido a nadar. Nunca le conté todos los detalles de mi visión, basto con mencionar que Helena e Eve se enamorarían. Quería que ella fuera mi cómplice para conseguir unir a Eve con alguien, no todo lo contrario, que sería lo que hubiera pasado si ella supiera que se casaría.

Una semana después, las visiones comenzaron a llegar, vendríamos a Forks, un pueblo cerca de Seattle, en cuanto ella supo el destino me apoyo para hacer que Helena y Eve aceptarán sin problema alguno, y, ahora aquí estamos.

— ¿Estás lista Alice? —pregunta Rosalie entrando a mi habitación, sin tocar, tendría que cambiar esa actitud o dentro de poco vería cosas que no querría.

Sonreí, y la seguí escaleras abajo. Esme preparaba el desayuno para Bella, justo cuando ella apareció nos vio, sabía lo que pensaba. Años juntas estaban pasando factura, eso era lo que siempre decíamos cuando nos vestíamos similar, Rosalie y yo aguardamos hasta que termino de desayunar y pregunto por lo vehículos.

Sin poderlo evitar di pequeños saltos, esto era maravilloso.

Sonreí antes de responder —: Estaba pensando que el BMW de Rosalie es muy llamativo, mamá usará su audi para ir a trabajar, y, bueno mi porche es llamativo, y más por el color. Por lo que nos queda tu mercedes, es negro y menos llamativo.

Una extraña sonrisa se expandió en los labios de Bella antes de que me abrazará.

— Gracias por traer mi auto.

— Perfecto, ahora vámonos. —Juntas nos despedimos de Esme y montamos al auto de Bella en cuando salimos, hubiera preferido tomar mi porche al menos por hoy, porque si todo marchaba como tenía pensado mañana me encontraría en la parte trasera de una Ducati negra mate.

El mercedes destacaba a diferencia del resto de los autos, todos eran de los ochenta y setenta, el auto más nuevo era un volvo plata, que fue junto al cual Bella estacionó.

— ¿Iremos por los horarios? — La voz de Rosalie me sacó de mis pensamientos.

— No será necesario —respondí—, los enviaron por mail, al igual que el mapa. Tus dos primeras horas son de cálculo AP, Rosalie, edificio seis es el último del pasillo —apunte a mi derecha cuando bajamos, varias miradas se posaron en nosotras, como costumbre las ignoramos—. Bella, tú tienes una hora de literatura AP y la otra es de francés AP, ambas en el edificio tres, estás a cuatro salones del mío, yo tengo dos horas de español AP. Y, nuestro tercer periodo coincide en el desayuno.

Y, así sin más nos despedimos. Bella como era de esperar me acompaño hasta mi salón y finalmente se marchó al suyo, cuando entré me vi abordada por la Sra. Goff, una "dulce" mujer cerca de los cuarenta que fingía un horrible acento español.

¿Acaso conocerá a Goffy?

¿O estarán relacionados?

Me presente frente a todos como Alice Platt, y finalmente, cinco minutos después de responder que me acababa de mudar de Florida con mis primas y madre me mando a sentar al último asiento disponible en el fondo del salón. Y así, sin más la clase comenzó, garabateé palabras sin sentido, no quería que me tomará por sorpresa al darse cuenta que no me importaba realmente su clase.

Cuando sonó el timbre que marcaba el fin del primer período suspiré aliviada, una hora más y sería libre. Suspirando comencé analicé a mis "compañeros", y fue cuando los vi.

En la esquina contraria del salón se encontraban los dos chicos de mis visiones, ahora los podía ver con mayor claridad. El chico sumo veía aburrido al techo mientras resoplaba, su cabello era oscuro casi negro, y lucía un poco mayor a su compañero, junto a él, el chico de cabello bronce que aparecía con Bella abrazada a él en mi visión giro a verme, le sostuve la mirada mientras le analizaba sin disimulo alguno. Al igual que el chico sumo tenía una piel tan blanca como la cal, suaves ojeras adornaban sus ojos, y sus ojos eran dorados.

Cuando terminé de verlos mi mente gritó lo que nunca esperé. Ambos eran vampiros. Sus ojos se abrieron en sorpresa que disimulo rápidamente. Me gire a la pizarra, ¿era imposible que él…?

¿Acaso leería el pensamiento?

Negué, era ridículo e imposible.

El timbre que marcaba finalmente el fin del tercer período sonó, había pasado una hora analizándolos descaradamente, junté mis cosas cuando mi vista se nublo, una nueva visión llegaba. Me senté y fingí leer mis notas.

Bella salía de su clase de francés cuando "accidentalmente" un chico rubio chocaba con ella, era claro que no había sido así. Él buscaba enmendarlo invitándola a salir, la vi rechazarlo suavemente en consecuencia se terminaba ganando un perrito faldero. Cuando salí de mi visión él vampiro broncíneo me veía abiertamente.

Demonios.

Él era un jodido lector de mente.

Actuando por instinto comencé a pensar en griego, esa era mi única salida para mantenerlo fuera.

Salí del salón con los vampiros a mis espaldas, no habían decidido nada, si lo hicieran lo sabría inmediatamente al igual el broncíneo y eso podría bloquear cualquier acción que intentará para defenderme.

Mierda.

Estaba jodida, sabía que no me dañarían, o no al menos hasta que le encontrará, ahora necesitaba por lo menos mantenerme en una zona públi…

— ¿Alice por qué corres? — Me gire a Bella, sonreía mientras me veía curiosa.

Ella pasó caminado junto a los vampiros sin percatarse de ellos, pero vaya, el lector sí se había percatado de ella y su olor. Le vi de reojo, sus ojos mostraban desesperación, había comenzado a sentir el tirón del lazo, la conexión que sienten cuando conocen a su compañera, y él acababa de conocer a la suya.

Una nueva visión llego, Bella y él, era la misma visión que había tenido en Argentina, la diferencia ahora era más sólida. Él había tomado una decisión que había causado que se volviera más real.

— ¿Estás bien? —la voz de Bella me sacó devolvió a la realidad.

— Tranquila, lo estoy. ¿Y tú?

Me giré discretamente al vampiro, sus ojos estaban más abiertos que nunca, sin embargo no dejaba de ver a Bella con asombro —: Perfectamente.

Respondió de manera irónica, ella sabía que había visto lo que pasó con el rubio.

— ¿Qué pasa? —preguntó Rosalie llegando— ¿Hay una reunión y apenas me entero?

¿De dónde demonios había salido ella?

Vi de reojo a los vampiros, ahora había dos con mirada torturada.

Tipo sumo acababa de ver a Rosalie, y ella aún no se percataba de él.

Detrás de ellos se encontraba él, me veía fijamente, nuestras miradas se cruzaron, y sentí un extraño tirón en mi pecho.

Oh, sí.

Esto no debía pasar así, había una secuencia, ahora estábamos llamando la atención de los humanos.

Estábamos jodidas.

Mejor dicho, estaba jodida cuando Bella se enterara de la verdad.

Rosalie Pov.

¿Y bien, hay reunión? — pregunté de nuevo, era claro que Alice acababa de salir de una visión, pero los humanos comenzaban a observar, necesitaba desviar la atención.

— No realmente, pero pensaba que podríamos pasar del primer día e ir a comer fuera —respondió Alice con una extraña sonrisa, la misma que tenía hace cincuenta años cuando llegamos a Bilóxi, mi mirada se encontró con la de Bella. Recordé ese día, las tres vestíamos de manera similar. Fue la primera vez que cambiamos nuestros nombres, éramos Dorothy, Temperance y Barbie, lo que daría por volver a los 60s'.

— ¿Sabes? Esa era mi línea. Tenemos que celebrar, Dorothy. — respondí con una sonrisa, citando las mismas palabras que dije hace medio siglo.

¡Hey! ¿Qué hay de las clases? —preguntó siguiéndome el juego.

Ambas nos giramos a Bella aguardando por su respuesta, no nos decepcionó, sonrió y respondió—: Pequeña Dorothy, tenemos una vida para la escuela.

Y, así sin más jale a mis amigas y hermanas hasta la salida. Montamos en el mercedes de Bella, ella en su lugar de Piloto, manejando sin rumbo fijo hasta ahora, pero sabía que prometía ser inolvidable.

¡Actualización! Cómo verán es completamente diferente al inicio, el siguiente capítulo será de 1960!

Así será, pasado y presente.

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