Bionic Woman @aletwilighterforever
Sentimientos abordo pt I

Sentimientos abordo pt. I

Bella Pov

Rio sin poderme contener tan pronto una par de níveos, fuertes brazos rodean mi cintura y un rostro sonriente se entierra en el hueco que hay entre mi cuello y hombro, muerdo mis labios cuando su respiración me causa un cosquilleo. El enorme sofá de cuero negro cruje bajo nuestro peso, descanso mi cabeza sobre su pecho, un extraño, pero reconfortante sentimiento de seguridad me invade; me permito perderme en el maremoto de emociones incomprendidas.

Ha sido así el último mes, desde mi llegada a Forks con Steve han pasado exactamente treinta días en los cuales la misión que nos había traído principalmente se había visto pospuesta, debido a que, la base que había descubierto ahora se encontraba completamente desaparecida, parecía ser que el frondoso bosque había terminado con ella y cualquier posible conexión con el misil que había caído en Florida. Justo después de que las puntadas fueran retiradas por el doctor Cullen, Steve y yo habíamos dedicado todas nuestras noches a buscar la nueva base sin tener éxito alguno, por otro lado algunas cosas también habían cambiado.

De alguna extraña manera me había unido a los Cullen, más específicamente, a Edward, con quién pasaba, voluntariamente, la mayoría de mi tiempo libre. Suspiro y me permito relajarme, el extraño sentimiento de calidez me invade una vez más.

— Un penique por tus pensamientos, niña bonita…

Niña bonita.

Mi corazón se acelera como ya es costumbre cada que me llama así, calor sube por mi pecho, recorriendo mi cuello hasta instalarse en mis mejillas, repaso con cuidado sus palabras.

Giro en sus brazos, observo sus ojos, caramelo líquido me devuelve la mirada, en ningún momento se apartan de mí.

— Pienso en…en cómo ha cambiado todo desde que llegue —respondo, al menos no me he visto en la necesidad de mentirle. Odiaba hacerlo, y buscaba la manera de reducir mis mentiras, pero, si había algo que odiaba más era el hecho de que mi misión en Forks algún día terminaría, llegaría el día en que tendría que decir adiós a los Cullen, y no estoy segura de estar lista para renunciar a Edward Cullen o alguien de su familia.

No todavía.

— Así, ¿y qué es lo que ha cambiado? —sus palabras son susurradas sobre mi oído, un escalofrío sube por mi espalda. Me estremezco ante la cercanía de sus labios contra mi piel.

Mi voz tiembla —: nosotros.

Nos a punto a ambos, giro en sus brazos encontrando nuestros rostros.

— ¿Te arrepientes de estar aquí?

Por un segundo dejo de pensar en la OSI, la misión, lo que realmente me ha trajo aquí, y llego a la conclusión de que no me arrepiento, de no haber venido nunca le habría conocido, nunca hubiera sabido qué existía.

Y, ahora que sé existe, no me siento capaz de estar sin él.

— Nunca— Tan pronto las palabras son dichas, mojo mis labios, mis ojos se posan en sobre los suyos, nunca me arrepentiría.

Y, es en ese momento nuestros labios se encuentran unidos por primera vez, movimientos torpes y lentos, roces suaves. Muerdo su labio, disfrutando la sensación de sostenerle entre mis dientes, más tarde pensaría en las consecuencias de mis actos, más tarde pensaría en ellas y como afectarían nuestra relación desde este momento, puede que después de besarle no sea capaz de volver a verle a la cara, o de mantenerle la mirada, o alguna conversación coherente sin sonrojarme o quedarme sin palabras al recordar estos momentos.

Gruño, cuando el sonido de mi móvil me obliga apartarme de sus labios, suprimo mi deseo de volver a unirnos.

— Oscar—atiendo. Intento ponerme en pie, pero sorprendentemente los brazos de Edward se vuelven una jaula a mí alrededor, le veo inquisitivamente. Mi ceño se frunce, observo aún confundida como su rostro cambia.

Me contengo de reír.

Nunca imagine que Edward Cullen haría pucheros.

Beso su gélida mejilla, relajo mi cuerpo sobre su pecho, más tarde le sonsacaría el por qué no me dejo ir, sus músculos se relajan, su rostro se entierra en mi cuello. Contengo la respiración cuando deja un casto beso cerca de mi clavícula.

— ¿Sigues ahí Bella?

Aclaro mi voz— Lo siento, ¿qué decías?

Casi lo puedo imaginar rodando sus ojos ante mi carencia de atención. Un suspiro de exasperación se escucha al otro lado de la línea, puedo estar segura que en estos momentos se encuentra frotando su frente mientras su ceño se encuentra completamente fruncido—: Necesito hablar con Steve y contigo, arreglaré un vuelo para mañana.

Edward a mis espaldas se tensa ¿Acaso le escuchó?

— No será necesario —respondo evitando que diga más, no puedo arriesgarme a qué Edward escuche algo comprometedor—, podemos manejar a Seattle, te recogeremos, dile a Meredith que empaque ropa de invierno.

— Perfecto —responde, un resoplido abandona sus labios. El sarcasmo destila en su voz antes de continuar—. Pasaremos una semana como familia. Informa a Steve de mi llegada, no olvides mencionarle a Meredith. Les enviaré los detalles de mi vuelo.

Me relajo, había comprendido que no era capaz de hablar ahora mismo, la línea se corta rápidamente. Tragó, y giro en brazos del hombre que ahora me sostiene cerca de su corazón, el calor sube por mis mejillas al recordar la sensación de sus labios sobre mi piel—: ¿Qué ha sido eso?

— No sé de qué hablas.

Enarco una ceja —: ¿Por qué no me has dejado ir?

— Me gusta tenerte conmigo.

Su respuesta me deja sin habla, no esperaba que fuera tan sincero, le siento enterrar su nariz en mi cabello. Contengo la respiración, muerdo mi labio, y decido abordar el tema que he estado evitando los últimos segundos.

— Edward… —murmuro después de unos segundos.

— Huh…

— Lo lam…

— ¿Quién es Oscar? —Su pregunta me corta, tragó cuando es él quien ha decidido cambiar el tema.

Me tenso.

— Oscar, es lo más cercano que tengo a un padre —Aceptó—, él y su novia —me contengo de reír— vendrán de vacaciones; ha pasado un tiempo desde la última vez que les vi.

La mentira se desliza fácilmente entre mis labios, suspiro. Odio mentirle, pero es lo mejor que puedo hacer sin arriesgar comprometer mi identidad.

Su postura se tensa a mí alrededor.

— Me gustaría conocerle.

Su rostro es serio, le observo fijamente. Un par de piscinas doradas me devuelven la vista, no hay ni un gramo de mentira en ellas, me estremezco. Él sería el primer hombre con el que salía que conocería a Oscar, mi pecho se oprime.

Yo quería que Edward fuera el primero y el único, pero no como parte de una mentira que tarde o temprano terminaría cuando la misión concluyera.

— Lo harás —me fuerzo a mentir, un nudo en mi garganta se forma al darme cuenta de la gravedad del problema en el que me encontraba metida.

— ¿Qué me dices de mañana? Podría acompañarles al aeropuerto y sería un buen momento.

Niego, una sonrisa forzada se forma en mis labios, ruego porque no vea el dolor en ella—: ¿En un aeropuerto dónde hay cientos de personas? No estoy segura, me gustaría algo un poco más privado —La comprensión cambia su rostro—. ¿Qué te parece si cenas con nosotros?

Una sonrisa rompe en sus labios.

Nunca antes me había odiado tanto a mí misma o a mi trabajo.

(::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::…..:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::)

Son cerca de las diez cuando dejo la casa Cullen. Edward insiste en que puede llevarme, me niego, no estaba lista para tener una pelea más con respecto a mi seguridad.

— Estaré bien, llamaré cuando llegue —Y, sin poderme contener me lanzo a sus brazos dejando un casto beso en sus labios—. Lo si...en…to — tartamudeo apenada, miro a mi alrededor su familia se ha ido, nadie más se ha percatado de mi atrevimiento.

Su frío dedo detiene mi tartamudeo, mi rostro arde. La mujer que una vez fui ya no existe, ha sido remplazada por la personalidad de una tonta adolescente; la fría abogada corporativa de Wall Street ahora es una colegiada que se sonroja al ver a un chico —menor que ella—, y tartamudea al hablar.

— No mientas, al menos no a mí. No digas que lo sientes cuando ambos sabemos que no es así, niña bonita. Si de verdad te arrepintieras nunca hubieras permitido que lo que paso en la habitación se repitiera.

— Edward...

— Sé que aún no estás lista —Sus manos acunan mi rostro, sus labios demasiado cerca de los míos—... pero no importa. Esperaré por ti, amor. Llámame cuando llegues a casa, necesito saber que has llegado bien.

Sus labios dejan un casto beso en los míos, finalmente besa mi frente y me deja ir.

Subo aturdida a mi auto, mi mente nunca deja fuera lo que acaba de suceder.

¿Qué me has hecho Edward Cullen?

Suspiro y manejo por la carretera hasta que finalmente llego a casa, abro el garaje con el control electrónico y estaciono junto al jeep de Steve, finalmente entro a la casa por la puerta del garaje encontrándolo frente al televisor. Sin cruzar palabras me siento junto a él, está revisando su mail.

— Oscar mandó la información, el helicóptero descenderá en el patio trasero en una hora más.

— Pensé que iríamos a Seattle…—murmuró confundida.

— Yo también, cuando le llame para confirmar me dijo que quería evitar perder tiempo, dijo que era de suma importancia que estuviéramos lo antes posible en la sede.

Asiento en comprensión, Oscar debe de tener una buena razón.

Steve suspira a mi lado antes de volver hablar—: ¿Qué has dicho a los Cullen?

— Aún no lo saben —confieso—. Mañana les llamaré y diré que hubo un cambio de planes, Edward piensa que cenará con nosotros por la noche.

— Bella…

— Lo sé —lo corto antes de que siga, mi corazón se contrae—. Llegará el momento en que tendremos que desaparecer o simplemente decir adiós, sólo espero que no sea en un futuro cercano.

Mi hermano asiente sin decir palabra, suspiro y reviso mi reloj, son las once menos diez, me despido de él con un beso en la mejilla y subo a arreglar mi equipaje para la próxima semana, así como para llamar a Edward. Le había prometido que le llamaría en cuanto llegará, marco su número, atiende al primer tono.

— ¿Estás bien? — Su voz suena preocupada cuando responde. La sonrisa se forma en mis labios tan pronto le escucho, se preocupa por mí.

— Tranquilo, he llegado bien

— Lo siento, es solo que…

— Te preocupaste, lo entiendo.

Guardo silencio mientras hago una pequeña maleta, solo necesito un par de conjuntos, en Washington tenía un armario esperándome.

— Entonces… ¿A qué hora llega Oscar?

— Cerca de las seis… —miento rápidamente.

— ¿Te veré en la cena?

Mi corazón se aprieta mientras respondo —: Por supuesto, cerca de las ocho.

— Magnifico. Bella, ten cuidado por favor. Sé que no somos nada como para pedirte esto, pero…me preocupo por ti —contengo la respiración, sus palabras me atraviesan— No importa la hora, llámame cuando salgan… y cuando lleguen a por él… por favor.

— Lo haré Edward, qué descanses.

— Dulces sueños, princesa.

Escucho la línea quedar en silencio, y, con mis manos temblorosas cuelgo el iPhone. Despeino mi cabello, un acto que he tomado de Edward cuando está nervioso o preocupado.

— ¿Por qué lo complicas todo Edward? —murmuro a la nada mientras termino por cerrar mi bolso de viaje.

(::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::)

El helicóptero no tarda en llegar, tomo mi bolsa de viaje tan pronto le escucho descender, bajo las escaleras rápidamente, Steve se encuentra sosteniendo su propio equipaje, para cuando salimos nos saluda un hombre cerca de los cuarenta, sonrió cuando le reconozco, es Brandon, el piloto personal de Oscar.

Tiemblo cuando la frescura de Forks me envuelve, dentro de poco estaría congelándome sino abordábamos el helicóptero pronto.

— Es bueno verlos de nuevo chicos.

— Lo mismo pensamos Brandon —dijo Steve sonriendo.

— Gracias —respondo cuando me ayuda a subir. Los minutos pasan, y, cuando menos lo espero ya nos encontramos de camino a Washington.

Steve va en su usual posición de copiloto con Brandon, observo por la ventana como la pequeña casa en medio del bosque queda atrás tan pronto las nubes nos envuelven, tomo mi iPhone, han pasado treinta minutos desde que dejamos tierra, ya es seguro usar el móvil, y, antes de que me pueda arrepentir, envió un mensaje a Edward notificando del cambio de planes.

De: Bella S.

Para: Edward Cullen.

Edward, hubo un cambio de planes, Steve y yo tendremos que viajar, te llamaré en cuanto vuelva.

Te quiero, B.

Presiono enviar, y tan pronto como lo he hecho no pasa ni un minuto y mi móvil comienza a sonar. Lo pongo en modo avión, y en cuanto lo hago un extraño se instala en mi pecho, comienzo a hiperventilar, inhalo y exhalo, normalizando mi respiración; comprendo inmediatamente lo que sucede.

Un ataque de ansiedad.

Me concentro en las nubes, de alguna manera sus cristales de hielo en constante movimiento me tranquilizan, permito mi vista perderse en ellas durante todo el transcurso a Washington. Han pasado tres horas y treinta minutos cuando el avión desciende en el resguardado aleo puerto de la base aérea militar, me permito bajar y respirar, cierro los ojos he inhalo fuertemente mientras permito que la frialdad de la noche entre en mi piel, finalmente hemos llegado. Abro mis ojos, mi vista ajustándose a la oscuridad, miro al frente, Oscar se encuentra afuera de una camioneta BMW negra, usa sus inconfundibles gafas negras a juego con su sofisticado traje marrón.

Sin contenerme, sonrío y corro a abrazarle, no tenía idea de cuando le había extrañado hasta que me devuelve el abrazo.

— ¿Y qué tal Forks?

La sola mención de lo que he dejado atrás hace que mi corazón se estruje. Me obligo a encogerme de hombros, un resoplido abandona mis labios—: Demasiado verde.

— Oscar, ¿qué ha pasado para que hayamos tenido que venir personalmente? —Pregunta Steve mientras montamos en la enorme camioneta—. Oscar se apoya en sus rodillas antes de girar a vernos, un suspiro abandona sus labios, su ceño fruncido apartando sus gafas—: Hace un año Jaime salvo al shadé albín Alí-Benga-cín y su hijo Ishmael de un atentado de su consejero real, Hassan. Ahora tenemos motivos para creer que alguien quiere matarles de nuevo.

— Eso fue en Monte Carlo —Murmuro, recordando a Jaime vistiendo como Mary Poppis.

— Así es. Sé que la misión de los misiles es de seguridad nacional, pero ahora necesitamos proteger al shadé y su hijo. Enviaría a Jaime pero ella…

— Está en una misión —completa Steve con una mueca—.

— Así es, se comunicó a la base. No me dio detalles de lo que paso, pero sí dijo que se encontraba en cubierto, por ello no había podido comunicarse con nosotros, pero ahora, volviendo a la misión de Monte Carlo…necesito que alguno de ustedes vaya ahí y que el otro cubra un vuelo internacional.

Observo sorprendida, sus ojos me ven fijamente al mencionar el vuelo.

— Necesitamos hablar, chicos, esto también es seguridad nacional.

Ruedo los ojos, Últimamente todo era considerado seguridad nacional.

El resto del camino lo pasamos en un inquietante silencio, y es hasta que cuarenta y cinco minutos más tarde que hemos llegado a las instalaciones de la OSI. Juntos subimos hasta la oficina de Oscar, el edificio se encuentra casi completamente vacío a excepción por los guardias de seguridad que cuidan el recinto. Su oficina luce exactamente como lo hacía la última vez que estuvimos aquí, es como si nada hubiera cambiado.

— Primero tú —Sus ojos se enfocan en Steve—, debes ir a Monte Carlo y proteger al shadé y su hijo. Y evitar cualquier atentado en su contra, son ellos —añade mostrando una impresión a color.

Me detengo a verla, es un hombre cerca de los cincuenta mientras que el otro en un joven que puede tener fácil dieciocho.

— Debes protegerlos, un avión te llevará a Monte Carlo. Saldrás en cuarenta minutos. Llegarás al anochecer. Te enviaría a ti Bella, pero no creo que te haga gracia tener un adolescente enamorado….

Mi hermano asiente y analiza la foto antes de responder —: No creo que funcionará, Bella ya tiene un enamorado en Forks…

Oscar enarca una ceja y se gira en mi dirección, me encojo de hombros. —: No es nada. Él solo exagera.

Steve por su parte resopla —: Deberías verlos —declara—. Se atraen en sobre manera, el chico de llama Edward Cullen y está limpio. Es un buen partido.

— Oh, calla, Steve. —le riño, es verdad que Edward y yo no nos comportamos como amigos, pero tampoco somos algo más, aún. —Además, tiene dieciocho.

Ruedo los ojos cuando Oscar sonríe pícaramente.

Hombres, nunca cambiaran.

Resopló —: Bueno, ¿cuál es mi misión?

Oscar se suelta a reír, espero pacientemente a que su risa ceda, cuando lo hace finalmente responde—: Erick, un amigo de Rudy, le dio su fórmula cobalto 247, un arma que es una bomba. Hace un mes intentaron robarla; destruyo cualquier registro que pudiera quedar de ella, a excepción de una copia que entrego a Rudy. Por lo que ahora necesitamos que lleve la formula a las bóvedas de la OSI en Río.

— ¿Brasil? —pregunto asombrada.

— Así es, necesito que protejas a Rudy de cualquier problema hasta que ambos lleguen a la fuerza aérea.

— ¿Cómo iré?

Aguardo su respuesta, siempre viajo en cubierto con este tipo de misiones.

— Serás azafata, ese es tu disfraz.

Suspirando, me concentro en la enorme bolsa negra que cuelga en la puerta. La cremallera aja sin problema, niego fervientemente — De ninguna manera —Declaro al ver el contenido.

— Será mejor que te vayas a cambiar, Bella. Puedes usar el baño.

— Oscar. No lo haré.

No sé como pero veinte minutos después me veo en el espejo del baño, visto una falda negra a la cintura a medio muslo con un saco del mismo color, un pañuelo rojo adorna mi cuello con el símbolo de la aerolínea, y finalmente llevo un pequeño sombrero negro con tacos del mismo color. Me veo al espejo por última vez, ajusto mi apretado moño sin dejar un solo cabello fuera y salgo a hacer frente a Oscar y Steve.

— Y, ¿qué piensan?

Oscar y Steve se observan mutuamente, sonrisas reprimidas. Ruedo los ojos, un sonoro bufido abandona mis labios.

— Luces perfecta. —Me giró a la nueva voz al reconocerle, sonrío y corro abrazarle.

La última vez que vi a Rudy Wells fue un mes antes de marcharme, le había echado de menos.

— Bueno, opino lo mismo que Rudy, pero Bella, será mejor que te vayas ahora. Te esperan para el vuelo de las seis, así que todo irá bien.

Me separó de Rudy y me giró a Oscar, le veo mal por un par de segundos, él suelta a reír y se despide con un abrazo, por su parte Steve imita la despedida de Oscar. Y en menos de diez minutos me encuentro tomando un taxi que me llevara en este caso al aeropuerto.

Los minutos en el taxi pasan sin problemas, finalmente arribo a mi destino, y sin pensarlo dos veces corro a comer algo, no había comido nada desde el almuerzo en la casa Cullen. Pido un emparedado de pollo, con una ensalada, malteada y finalmente me siento a comer en una mesa apartada del resto.

Mientras como no puedo evitar pensar en Edward, ¿cómo estarán?

Finalmente con miedo quitó el modo avión del iPhone, contengo un jadeo cuando leo la pantalla.

Treinta y tres llamadas pérdidas de Edward.

Tres de Jasper.

Diez de Alice.

Cinco de Rosalie.

Seis de Emmett.

Cinco mensajes de voz, y, por si fuera poco, veinte textos.

Contengo la respiración y comienzo a escuchar mi buzón de voz.

Bella, soy Edward. ¿Qué fue lo que pasó? ¿A dónde fuiste? Bella, responde cuando escuches este mensaje.

¡Isabella! —Aparto un poco el móvil de mi oído al escuchar la voz molesta de Alice— ¿Por qué demonios te fuiste sin avisar? ¡Todos estamos muy preocupados por ti! Edward se está volviendo loco. ¿Dónde estás?

Bella, cariño, por favor llámame en cuanto escuches este mensaje. Por favor. Princesa, ¿por qué no respondes? ¿Dónde estás? Bella, me estoy volviendo loco al no saber nada de ti. Llámame.

Suspiró mientras decido escuchar el último correo de voz, rindiéndome presionó uno y su voz inicia una vez más, lo había dejado hace diez minutos.

Amor, responde por favor…No he sabido de ti en todo el día. Me estoy volviendo loco al no saber nada. Bella, por favor. Te lo ruego. Llámame. Necesito saber que estás bien. Por favor, cariño, si algo te pasa no sé cómo continuaría…solo existo por ti. Necesitamos hablar.

Contengo la respiración cuando una nueva llamada de Edward entra, suspiro y atiendo, tarde o temprano tendría que afrontarlo.

— Hola.

— Bella, ¿Dónde estás? —su voz suena desesperada, inmediatamente me odio por hacerle esto.

— Ha… —me aclaro la voz y sigo—... Ha habido un inconveniente…y Steve y yo hemos tenido que viajar de emergencia a Phoenix —odio mentirle pero es lo mejor para él—. Estaremos de vuelta en unos cuantos días.

— Bella…

— Lo siento Edward, acabo de llegar a Phoenix. Te llamaré más tarde. —me obligo a decir.

— ¡ESPERA!

— ¿Qué pasa?

— Prométeme que volverás a mí.

— Te lo prometo —murmuro antes de colgar.

Maldición.

¿Qué rayos me has hecho Edward Cullen?

¡Nos leemos pronto!

Anonymous reviews have been disabled. Login to review. 1. Chapter 1 510 0 0 2. Forks, Washington 3386 0 0 3. Libro abierto 1317 0 0 4. Misión peligro 1325 0 0 5. Punto muerto 3015 0 0 6. Sentimientos abordo pt I 3372 0 0 7. Ira 998 0 0 8. Sentimientos abordo pt II 2891 0 0 9. Aislados 2342 0 0