Bionic Woman @aletwilighterforever
Forks, Washington

Forks, Washington

Me concentro en mi blanco, el numero uno resaltan tentándome a acertar. Ajusto mis googles y jalo el gatillo, el sonido del disparo es amortiguado por mis orejeras protectoras. Siento la sonrisa extenderse en mis labios tan pronto la bala atraviesa el blanco, ni un milímetro lejos del blanco, directo a la cabeza.

Vacío el cartucho en cuestión de segundos y me concentro en disparar el resto de los blancos.

— Definitivamente no me gustaría verte molesta—.

Una sonrisa tira mi rostro al reconocer la voz de Steve, sus ojos fijos en mi blanco completamente destruido por las balas; dejo mi arma de lado y me lanzo a sus brazos. Han pasado dos meses desde que fue a Rusia por una misión la cual consistía en sacar a un Martín Morrow, un científico estadounidense, de la Unión Soviética.

— ¡Steve! ¿Cuándo volviste?

— Hace un par de horas. Oscar me envío.

Resoplo divertida— ¿Nueva misión?

Una disculpa crece en sus labios; niego, había pasado más de una semana desde mi última misión, y tener ahora una nueva en conjunto con Steve solo podía significar que era algo grande. Oscar nunca nos enviaría juntos sino considerara que existe un alto riesgo de que varias personas salieran heridas, y es que, dos agentes en una misión significaba un alto riesgo de peligro, pero tener dos agentes bionicos en una sola misión era una nueva modalidad.

Observo entre mi hermano y mi blanco. Suspiro derrotada desasiéndome de mi equipo, la práctica de tiro tendría que esperar. Dejo el cuarto de entrenamientos y camino junto a Steve, los largos pasillos de la organización se encuentran extrañamente tranquilos, y más considerando que hay más de un agente que ya ha vuelto de alguna misión lejos de Estados Unidos.

— El señor Goldman les espera —Ignoró las palabras de Olivia, ella no era más que una suplente de la secretaria de Oscar, Rita. Ella había tenido que marcharse por un permiso de maternidad, y ahora aquí estábamos, tolerando a una mujer fuera de sus cabales.

— Podrías ser más amable con ella.

Ruedo los ojos, es increíble que después de lo que hizo se atreva a pedirme que sea amable con ella.

— Isabella…

— Coronel Austin, —Le corto— Ella me llamo perra, además nos acusó de incesto justo después de meterme en mi propia cama dónde ella casualmente aguardaba desnuda, ¿de verdad esperas que sea amable?

— Ella dijo que fue un accidente.

Resopló. ¿Cómo pudo creerle?Corrección, Oscar también le había creído, después de reír como un desquiciado ante la situación. Los hombres pueden ser realmente estúpidos en algunas ocasiones. Y más este par.

Antes de que Steve pueda decir algo para defenderle entro a la oficina, es increíble que Olivia nos hubiera acusado de incesto cuando ni siquiera corría por nuestras venas la misma sangre, sin embargo ese era el precio a pagar al trabajar en la OSI alguna información debía encontrarse clasificada, o inteligentemente alterada.

Me concentro en Oscar, luce preocupado, más de lo que normalmente lo haría, no me sorprende sin embargo, la OSI podía ser un gran dolor en el culo. Y lo era, y más para él quién era el jefe encargado de soportar al secretario todo el tiempo.

— No respondiste tu buscador.

Busco en mis jeans, resoplo ante la falta de este, golpeo mi rostro contra mis palmas y me sitúo frente a su escritorio—: Lo lamento, lo olvide en casa.

Observo como se frunce su ceño, su ceja se enarca mientras niega con una suspiro cansado — Esta mañana nuestros satélites detectaron el lanzamiento de un objeto no identificado. Este salió desde Forks, Washington un pequeño pueblo cerca de la costa Este, es un lugar olvidado de la mano de Dios.

— Déjame adivinar, ¿los alienígenas nos visitan?

— Desearía que esa fuera la situación. Antes de que entraran me encontraba hablando con el Coronel Warren. El objeto cayó en Florida, y no era alguna nave espacial. Era un misil completamente vacío lo peor es que era de los nuestros. Ahora tememos…

— …que el siguiente no lo esté. —Completo por él.

— ¿Cuál es el protocolo a seguir, Oscar?

—Ustedes irán a Forks Washington e investigaran el lugar de dónde salió. Deben localizar su centro de operación y evitar que esto vuelva a suceder. No podemos correr ningún riesgo, pudieron haber muerto miles de personas si el misil se hubiera encontrado cargado.

— ¿Tenemos sospechosos? —Me concentro en Steve— ¿Quiénes conocían la existencia de los misiles?

Un suspiro cansado sale de los labios de Oscar cuando nos extiende una carpeta con un informe detallado, Alexander Connor. Reconozco el nombre, era un hombre tan brillante capaz de recrear una bomba atómica con un alcance como nunca antes ha sido visto. Connor había trabajado en más de una ocasión con mis padres. Recuerdo haberles escuchado hablar de que tan inteligente era en la física cuantica, un genio había dicho ellos, dado que fácilmente, en opinión de Charlie y René Swan, él podría haber sido el siguiente Einstein.

Desafortunadamente, lo último que había escuchado de él fue cómo abandonó la OSI después de que su esposa e hijo murieras en manos de unos secuestradores que buscaban sus fórmulas para utilizarlas en contra del gobierno estadounidense.

— Es lo más cercano que tenemos a un posible culpable. Desapareció hace un par de años, justo después de la muerte de su esposa e hijo. Siempre culpó a la OSI de su muerte, argumentaba que nunca se les protegió de una manera adecuada, tristemente no teníamos manera de saber que su familia sería secuestrada mientras él se encontraba trabajando en los laboratorios.

Frunzo mis labios. Lo había visto antes, uno de los buenos volviéndose malo cuando su estabilidad emocional, o mejor dicho, uno de los tuyos se ve comprometido o en este caso afectado como lo habían sido su familia, puede que ahora busque venganza sin saber que eso no cambiaría nada.

— ¿Cuáles serán nuestras cubiertas?

La pregunta deja mis labios, mis ojos siguen fijos en la información que nos ha dado, además, siempre había una cubierta. Un protocolo a seguir.

— Viajaran a Washington e investigaran. Es un pueblo pequeño, no pasaran desapercibidos. Se harán pasar por hermanos, nadie sospechará de ustedes. Steve, había una vacante de entrenador, serás el nuevo entrenador de Forks High. Desgraciadamente Bella, era la única vacante, tú serás su hermana menor, una estudiante de último curso.

Le observo escéptica, mi voz tartamudea al hablar —Oscar tengo veintidós años, soy una de las más jóvenes y mejor pagadas abogadas corporativas en Wall Street. Me gradué con honores en Yale, fui la primera de mi clase. Posee varios grados en economía, estoy por hacer un doctoradomis clientes me aman en la corte, mis oponentes odian enfrentarse a mí. He publicado cinco artículos a mi corta edad sobre el derecho corporativo ¿Y ahora me haces ver como una morena que agita pompones rosados para divertir trogloditas sin cerebro mientras atrapan una pelota?

Una extraña sonrisa se forma en sus labios, le puedo ver reprimir su risa mientras habla. Entorno mis ojos. Tiene que ser una broma de mal gusto —: Bueno, recuerda que no tomaste ciertas clases debido a tu coeficiente intelectual cuando eras una adolescente, ve esto como el momento perfecto de tomar los cursos que nunca tomaste, y tener la vida que cualquier joven bella de dieciocho desearía tener.

Resopló, Steve a mi lado suelta una estridente carcajada, Oscar le acompaña en cuestión de segundos.

— ¡Eh! Aguarda morena agita pompones —Observó a Steve, quién aún busca mantener a raya su diversión— Yo era uno de esos, y recuerdo que varias chicas solían pedirme mi número.

Ruedo los ojos, siempre sería un niño en el cuerpo de un adulto. Y un troglodita sin cerebro.

— Confío en que todo saldrá bien Bella.

No digo más, solo asiento ante sus palabras. Todo por evitar que otro misil sea lanzado.

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Cuando el señor Oscar Goldman habló de un lugar olvidado de la mano de Dios, lo decía en serio. Forks, Washington es un pequeño pueblo con 3,123 habitantes. Ahora, 3,125 más. Es un lugar que puede ser fácilmente confundido con Alaska debido al terrible frío que hace, froto mis manos una vez más, todo en un pobre intento de generar un poco de calor.

Observo mi alrededor.

Todo es verde, terriblemente verde.

— ¿Cómo demonios espera Oscar que no llamemos la atención con estos autos? — gruño entre dientes. Steve a mi lado lanza un silbido al ver un precioso Jeep verde militar —como si no existiera ya suficiente verde— estacionado junto a uno blanco.

Era más que obvio a quién pertenecía cada Jeep. Además, quedaba más que claro que resaltaríamos en un pequeño pueblo como Forks.

— El hombre pensó en todo —Veo al idiota que a partir de este momento se hará pasar por mi hermano sonreír como un niño en la mañana de navidad después de abrir sus regalos—. Es claro que el viejo nos adora. —Añade por último antes de volver a la casa por las llaves de su nuevo 'juguete'.

— Maldición, Oscar—Gruñó entre dientes por tercera vez mientras veo a Steve dirigirse al sótano, más bien, su nuevo cuarto.

Apenas había pasado una semana desde nuestra llegada y la misión ya se encontraba comprometida, a mi ver, estos autos se encargarían de ello en más de una forma. Si Connor se encontraba realmente aquí, era más que obvio que un par de ostentosos Jeeps atraerían su atención, además del hecho de que dos citadinos se habían mudado a Forks hace aproximadamente una semana

Bufo una vez más, y repaso los últimos acontecimientos. Siete días atrás habíamos llegado a Forks alrededor de las diez treinta de la noche y nos habíamos topado con la sorpresa de que la casa se encontraba a un costado de la carretera con un bosque trasero, no estaría mal si nuestros nuevos vecinos que viven a quince minutos en auto no nos hubieran seguido desde Port Ángeles solo para presentarse. Tal parecía que los Stanley podrían ser un potencial problema, ellos y su adorable y encantadora hija Jessica. Los tres amables pueblerinos nos habían dado una cálida bienvenida característica del sur. Claro, todo estaría bien si nos encontráramos en el sur, ellos fueran sureños, no hubieran seguido nuestro auto en la oscuridad en medio de la nada y no fueran los dueños del pequeño periódico local del pueblo.

— ¡Relájate, Bella! —Gritó Steve con una sonrisa mientras entraba a la cocina vistiendo su atuendo de entrenador de P.E.

Ruedo los ojos por su inmadurez antes de hablar —: Hemos venido a Forks por una misión. No de vacaciones.

Como es de esperar, Steve ríe divertido—; Será mejor que te alistes para las clases señorita, no querrás llegar tarde, ya ha pasado una semana llegar tarde a tu 'primer día' no es una buena impresión. —continua, la burla baila en el verde de sus ojos. Gimoteo, demasiado verde— ¡Te veré en clases!

— ¿No iremos juntos? —Vierto un poco de jugo de arándano en un vaso, necesitaba encontrarme alerta, y el jugo me mantendría así. — ¡Eh! ¿Cómo te atreves Austin?

— Deberías verter un poco más, para ti — reprimo mi fuerza mientras sujeto el cartón, el canalla ha bebido mi vaso—. Tengo reunión para conocer al resto de los profesores. Nos vemos más tarde, ¡y recuerda cariño, ahora soy Swan!

Y eso es lo último que escucho de él mientras sale corriendo al garaje.

Suspiró y niego mientras como una barra de cereal con las sobras de jugo que Steve ha dejado. Cuando veo que faltan cuarenta y cinco minutos para entrar corro a mi cuarto y cambio mi cómodo pijama de bóxer y blusa holgada por jeans azul oscuro ajustados, botas a la rodilla y una simple blusa de botones en compañía de un chaleco blanco. No quería que pensarán que era una gótica total. Finalmente, me encargue de dejar mi cabello en suaves ondas suelto por completo. Una última mirada al espejo y estaba lista. No recordaba vestir así cuando aún cursaba el instituto, pero funcionaria por el momento, o al menos eso es lo que espero.

Al subir al Jeep lancé mi mochila al asiento de copiloto y salí directo al instituto de Forks, el cielo se veía de un horrible gris, pronosticaba una tormenta para más tarde. Manejo alrededor de diez minutos a través de una selva tropical; Me percato de que he llegado a mi destino al ver un viejo edificio verde y marrón —'vaya novedad…"— pensé con ironía mientras rodaba los ojos.

¿Acaso no les bastaba con la jungla tropical que tenían a la vuelta de la esquina?

Sin poderlo evitar comencé a comparar mi antiguo instituto en Nueva York con la pequeña escuela pública de Forks. No tenía ambiente ninguno.

¿Dónde estaban los detectores de metales y los chicos góticos que aman fumar porros?

No había ni siquiera un policía llamado Bob…

Era casi una norma que todos los institutos tuvieran un policía llamado Bob, o al menos así era en mis antiguos institutos. Siempre estaba el buen hombre regordete de mediana edad que se encargaba de que ningún vándalo traspasará las puertas de la educación durante su turno…

Suspiré y entre en el aparcamiento navegando a través de varios autos hasta la administración. Era un hecho que no encajaría aquí, o si lo hacía…no podría evitar llamar la atención.

Tres vueltas por el aparcamiento y cinco minutos más tarde encontré la administración, tomo una gran bocanada de aire y bajo del enorme Jeep, entre a la pequeña oficina que casualmente es de un color verde pasto con plantas artificiales a los lados del estrecho pasillo, mientras que al final se encontraba una pequeña ventana que gritaba 'coordinación' a cada extremo de la ventanilla había pequeños arboles verdes.

Como si afuera no hubiera ya suficiente verde—pensé. Casi, sólo casi, pude evitar rodar los ojos.

— Hola. Disculpe, soy Isabella Swan. La chica nueva. —Sonreí a la pequeña mujer de traje marrón.

— Claro, aquí tienes cariño —Respondió en menos de un segundo—. Tu hermano vino esta mañana y me pidió que lo tuviera listo. —Añadió con una sonrisa mientras terminaba por marcar un mapa para mí.

Sonreí una vez más a la Sra. Cope —eso decía su identificación—, y salí de la cálida oficina para exponerme a la fría temperatura de Forks.

Subo al enorme Jeep una vez más y conduzco hasta el parking de los estudiantes, algunos miraban de reojo, mientras que otros lo hacían con absoluto descaro, no los podía juzgar. Todos los autos eran de los 70s', o puede que incluso fueran de los 60', un volvo plateado era el auto más nuevo que había, sino fuera por él mi vehículo sería el único foco de atención. Aparque justo enfrente del volvo después de comprobar, por cuarta vez, que no había un lugar más cercado a la entrada que ése.

Reviso mi horario una vez más, resoplo sin poderme contener, maldito Oscar Goldman. Observo a mi alrededor, más de un estudiante observa mi Jeep, ruedo los ojos, es increíble lo que hace la gente en pueblos pequeños, nunca tuve que pasar por esto en Nueva York. Ni siquiera en la corte recibía tanta atención. Reviso mi reloj una vez, es imposible el apartarme de la realidad por más tiempo, solo entonces bajo del enorme Jeep blanco. Frente a mí, el volvo también abre sus puertas.

Son diferentes a cualquier persona que hubiera visto antes. No parecen pertenecer a Forks, más que chicos lucían como modelos de Vogue, poseían el clásico porte que encontrarías en cualquier esquina de Manhattan. Había dos chicas y tres chicos. Las chicas eran dos polos opuestos; una era alta y rubia mientras que la otra era un poco más pequeña que yo; además de que tenía el pelo negro cortado con las puntas apuntando a todos lados, uno de los chicos era alto, de cabello negro y muy musculoso. Incluso, podría haberse hecho pasar por un luchador profesional, el otro era rubio, era más delgado mientras que el último era verdaderamente guapo tenía un cabello cobrizo además de que era un poco más musculoso que el rubio pero no tanto como el moreno, me corto la respiración.

No pude evitar apartar mis ojos de él, había algo que le hacía diferente a los otros, sus ojos eran un magnetismo, y, sin querer nuestras miradas se cruzaron y me sorprendí al darme cuenta que me tuve que sostener de la puerta del vehículo para evitar avanzar hasta él, mis pies habían decidido cobrar vida propia. Niego, e intento tranquilizarme. El metal casi cruje bajo mis dedos.

— ¡Por fin llegas! —La exclamación de alegría de mi hermano me hace salir del trance en el cual caigo, Observo confundida y permito que la niebla de mi mente se disipe hasta desaparecer por completo— ¡Creí que te habías perdido!

Una sonrisa irónica se forma en mis labios — Oh, vamos Steve. ¿En serio? ¿Perderme en Forks?

— Es una posibilidad, ¿Qué tal el viaje? ¿Fue fácil llegar?

Asiento y acorto la distancia entre nosotros entregándole la mochila que ha remplazado mi bolso de Prada. — ¿Qué hay de ti? ¿Cómo ha ido la reunión?

La diversión deja su rostro, y una mueca surca sus agradables rasgos. — No tienes ni idea. La mujer de la recepción me comía con los ojos cuando fui a ver tu horario. Isabella, esa mujer me causa escalofríos. Pretendía convertirse en la futura señora de Austin, y solo me interesa una persona para ese puesto.

Ruedo los ojos e ignoro su guiño.

— Me alegra saber que nos encontramos en la misma sintonía.

Steve rueda los ojos, paso mi brazo por su cintura y permito que me guíe.

— Como sea Isabella —Golpeo su nuca, sabía que detesto mi nombre completo— ¿Qué clase tienes ahora? No quiero que vayas a saltarte las clases.

Bufo.

Maldita OSI.

— Vamos, Steve. Sabes perfectamente que puedo abogar por mi libertad y que ganaría incluso con los ojos cerrados, soy buena en lo que hago— Me limito a responder mientras pasa un brazo por mis hombros.

Sin poderlo evitar, giro mi rostro al escuchar algo parecido a un gruñido, entorno mis ojos.

— ¿Está todo bien, Bella?

Muerdo mis labios, y a punto discretamente a la parte del bosque que se encuentra justo a mis espaldas, cerca de los adolescentes del volvo plateado. Observo a Steve ver más allá del extraño grupo de individuos que rodean el auto. Me permito estudiarles por un segundo, no hay nada fuera de lo normal en ellos, a menos que hablemos de su increíble belleza que parece destacar.

— Lo que haya sido, se ha ido. Vamos, te acompañaré a tu primera clase.

Asiento sin más, y me limito a seguirle, ignorando aún a los extraños individuos que dejamos atrás.

Edward Pov:

El humano se aleja con ella, su brazo sobre sus hombros. No es a él a quién debe de abrazar.

No es él quien debe caminar junto a ella.

¡Suéltenme!

Demando, el agarre de Emmett y Jasper se vuelve completamente rigido.

— No hasta que te calmes —Alice sostiene mi rostro—. Escucha hermano, no sabía que estaba con alguien, no puedes ir simplemente y marcar tu territorio. Ni siquiera has hablado con ella…

"Todo saldrá bien, Edward. Confía en mí"

—….aún…—Un nuevo gruñido brota de mi garganta—.

—¡Contrólate! —siseó Rosalie— Llamarás la atención de los humanos. Escúchame de una vez Edward Cullen y deja de comportarte como un crío. Ella sintió el lazo, lo hizo. Y estuvo a punto de venir hacia a ti —. Ella suspiró antes de continuar—: "Es solo cuestión de tiempo, ya has esperado ciento diez años, y cincuenta desde que decidiste comenzar a buscarla ¿qué tan malo puede ser una semana más? Recuerda la visión de Alice. Ambos estarán juntos"

Inhalo profundamente, Rosalie tenía razón. Isabella y yo estaríamos juntos tarde o temprano. Ella era mía como yo era completamente suyo, solo era cuestión de esperar un poco más.

— Edward, ella y yo compartimos clase ahora mismo. Hablaré con ella. Intentaré conocerla y la invitaré a desayunar —añadió con burla Jasper— con nosotros.

Observo sorprendido, él siempre ha evitado a los humanos, o al menos hasta ahora lo había hecho, pero todo había cambiado, y ahora estaba dispuesto a hacerlo por mí —Gracias. —Murmuré aún aturdido.

"Ella es tu compañera Edward, y eso la hace mi hermana". —Sus pensamientos me invaden— "Si te sirve de algo no sentí amor por parte de ella ni de él. Y en cuanto te vio sus emociones se revolucionaron por completo, ya ha empezado el vínculo, y ella no tardará en necesitarte tanto o más de lo que ya la necesitas tú"

Mis cejas se surcan en confusión, he escuchado todo este tiempo la mente de quiénes me rodean, a excepción de una, la mente que más me intrigaba escuchar.

Y, fue entonces cuando me percate que no había escuchado en ningún momento su mente.

¡Baaaaam! Mil años después, aquí estoy de regreso. (Noticia de último momento, H2O se encuentra finalmente actualizado)

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